Las modas son la apariencia y también una de las consecuencias de la manera de ser del hombre de cada época. En literatura últimamente parece tenderse a la evasión. A una evasión culta, a una literatura que no deja de escribirse con mayúsculas aunque para ello sea preciso revalorizar géneros que se subvaloraban. A esa tendencia que va ganando terreno pertenece la renovada afición por lo policíaco, por el escándalo real hecho ficción. Pero aún no se había dado de forma tan íntegra y deliciosa la inmersión creativa en ese terreno.

libroHasta hoy, con Jerónimo Tristante y su novela 1969. Y no se trata de defender a ultranza esta manera de contar que tiene el joven escritor murciano –paisano mío por lo tanto–, aún menos oponiéndola a otras formas de hacer literatura, como la novela intimista, la novela de tesis. Sencillamente no puede negarse su personalidad, su razón de ser, su vigencia, su lugar en este mundo de la pasión escrita. Para él no hay maestros en los que se sienta identificado, pero sí pertenece a la tradición de los grandes artesanos de la fantasía, de los descubridores de mundos subterráneos y sórdidos, de los más verdaderos fabuladores.

En este excelente thriller, donde la trama principal es una investigación policíaca, Jerónimo Tristante nos sorprende con una original historia donde nada es lo que parece y lo que resulta más evidente a ojos vista termina por sorprender al lector más avezado. La ciudad de Murcia y sus habitantes en los años tardíos del franquismo: ese es el escenario que aparece en las páginas del libro.

Jerónimo Tristante

Jerónimo Tristante

El personaje principal de la novela es Julio Alsina, un policía alcohólico abandonado por su mujer, que se enfrenta a un supuesto caso de suicidio: una mujer se ha arrojado desde el campanario de la impresionante catedral murciana. Sin embargo, la suicida resulta ser una prostituta de lujo que antes de ser arrojada al vacío ha sido asesinada. Alsina decide tirar de la cuerda y averiguar lo que se esconde detrás de este caso, a pesar de las reticencias de sus superiores. La investigación lo lleva a una localidad, La Tercia, donde Julio conoce a una vecina que, a pesar de la primera impresión, logra reavivar viejos sentimientos en él. Juntos se encontrarán con un pueblo consternado por otras desapariciones. Personajes reales o de pura fantasía que el autor descoloca de su lugar y su espacio para manejarlos a su capricho junto a otros seres originales y con el propio lector, que se ve obligado a participar obligatoriamente del pálpito extraño de Alsina.

Y, como se puede ir viendo mientras avanza la lectura, no se trata sólo de un montón bien ordenado de personajes cuya anécdota va más allá del papel de comparsas de una idea o de una fábula: tienen ellos mismos vida propia y son ellos la historia, convertidos en el pulso de la existencia en ese mundo provinciano anclado en medio de la huerta donde empieza a hacerse notar el llamado milagro económico, la irrupción de la televisión en los hogares, las luchas internas de los distintos sectores del franquismo, las primeras algaradas estudiantiles y la llegada del hombre a la Luna. Decorado de esta obra de intriga en la que Jerónimo Tristante nos plantea un gran misterio relacionado con uno de los eventos clave de la historia del siglo XX.

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