Durante mi último viaje a la estancia “Patagonia Bay”, lugar en el que un grupo de amigos estamos iniciando la construcción de un refugio a orillas del Lago General Carrera –Patagonia de Aysén–  donde poder escaparnos del mundanal ruido, tuve ocasión de escuchar y vivir una historia que no puedo borrar de mi mente, por lo fantástica e increíble que parece.

 

miren ángulo posterior izq. parte sombra oscura

Observen el ángulo inferior izquierdo, donde se refleja la sombra.

Me encontraba con mi amigo Fernando en la desembocadura de uno de los tantos ríos que desaguan en el Carrera. Íbamos a comenzar allí una nueva jornada de pesca y –mientras preparabamos las cañas y las artes– disfrutábamos de un paisaje de indescriptible belleza y de un reconfortante mate con el que combatir el frío. A esas tempranas horas de la mañana –y en pleno otoño austral– la temperatura era muy baja, pese a asomar tras las montañas unos  brillantes rayos de sol que prometían un hermoso día despejado. Repentinamente, aparecieron tras la penetrante arboleda que nos rodeaba dos “baqueanos” que fueron reconocidos de inmediato por mi amigo Fernando, que nació y pasó toda su juventud en la zona. Notamos que, tras dirigirnos un rápido pero atento saludo, picaron con sus típicas espuelas chilenas las sudadas cabalgaduras con la intención de alejarse cuanto antes de la rivera del lago, como si los persiguiera el diablo. Al darse cuenta, mi amigo les gritó: “¡Chanten la moto, muchachos! ¿Qué les pasa? ¿Les persigue acaso algún león?”

monstruo 2Nos habían comentado que, un par de días atrás, habían sorprendido muy cerca del lugar a una pareja de pumas acechando a los animales que crían los campesinos de la zona. Debido a los frios y a la falta de alimentos en los cerros donde habitan, estos hermosos felinos están empezando a aproximarse demasiado a las poblaciones y ranchitos de los lugareños.

Los dos hombres detuvieron sus caballos y volvieron hacia nosotros: “No patrón, es que vimos nuevamente al “engendro del lago”… ¡Se lo juro!”, dijo uno de ellos con voz alterada. Parecían sobrios, así que Fernando –con una medio sonrisa en su rostro– le espetó: “Momentito, Lautaro. ¡Cálmese, pues hombre..! usted es un baqueano recio. ¿Qué mierda le está pasando..? Cálmese, tómese un matecito y cuéntenos con detalle.”

Así que, por segunda vez, escuché de boca de un lugareño la fantástica historia de la aparición de un extraño animal marino que empezó a avistarse cerca de las Catedrales de Mármol del Lago General Carrera, tras la erupción del volcán Hudson en agosto de 1991. Yo, sinceramente, nunca he creído demasiado en estas leyendas (incluida la del Monstruo del Lago Ness), pero debo reconocer que existen muchos informes sobre extrañas bestias acuáticas aún por identificar en muchos lagos del mundo. Es, ciertamente, uno de los enigmas más fascinante de hoy día para bastantes zoólogos y –según recuerdo haber leído en alguna revista– existen en nuestro planeta unos treinta lagos que albergan un monstruo en sus aguas: “Nahuelito”, llamado así porque según dicen habita el argentino lago Nahuel Huapi –no demasiado lejos de aquí si tenemos en cuenta las enormes distancias patagónicas–, es el primero que se me viena a la cabeza.

monstruo 3Lautaro, el mayor de los lugareños, logró finalmente relatarnos lo vivido por ellos minutos antes. Según él –y su tono de voz me pareció absolutamente sincero– cuando volvían de Puerto Tranquilo  escucharon un ligero chapoteo no muy lejos de la orilla del lago. Cuando ambos miraron en dirección a ese punto, pudieron observar una misteriosa criatura, de unos seis metros de largo, que emergió lentamente de las aguas para volver a hundirse en ellas pocos instantes después. “Parecía una serpiente, don Fernando… tenía la piel lisa en la parte delantera del cuerpo y medio escamosa en la cola… Es verdad lo que le estoy contando, patrón… Otra gente también lo ha visto en el lago…”

Tranquilizamos al buen hombre –su compañero no habló en ningún momento– y le dijimos con un falso tono de humor que no se preocupara, que él no era pescador y tampoco se iba a meter en el agua con este frío. Pero Lautaro seguía con una expresión seria en su rostro, y se despidió de nosotros con gesto apurado. Mi amigo y yo nos miramos, después giramos al mismo tiempo nuestras cabezas en dirección al lago y nos encogimos de hombros… Estuvimos pescando más de cuatro horas y capturamos un par de enormes salmones, pero en aquella ocasión no vimos al “monstruo” del Lago Carrera.

Mientras volvíamos a Patagonia Bay, sin hablar demasiado y todavía impresionado por la historia que nos había contado Lautaro, yo monstruo 4pensaba para mí: ¿Realmente existe un extraño ser en el Lago Carrera? ¿Es posible que un reptil marino de tales proporciones sobreviva en aguas tan frías y australes? Le hice estas preguntas a Fernando, pero me respondió con evasivas… “Tal vez el tiempo, y con suerte un pescador que capture a la bestia lo dirá…”, dijo finalmente. Dos semanas después de mi viaje a la Patagonia de Aysén — y ya de nuevo en Viña del Mar– recibí un mail de mi amigo en el que me adjuntaba las cuatro fotos que pueden ver en este post. Sólo había escrito: “Querido Luis: ¿Nos acecha el monstruo del Lago Carrera..? Tal vez el tiempo lo dirá.”

Luis Irles

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