Durante mi último viaje a Europa –que incluyó una breve estancia en Alemania– tuve la oportunidad de visitar el Museo Ludwig de Colonia, que presentaba en esos días la primera exposición individual del pintor francés Balthus. “Balthus existe”, escribió el poeta Rainer Maria Rilke, queriendo borrar así las sospechas que rondaban en las mentes de muchos críticos de que se trataba de un personaje de ficción. Y añadió algo más sobre el entonces jovencísimo creador plástico: “Estoy convencido de que, en unos pocos años, se convertirá en un artista con talento, tal vez con genio.” Sin lugar a dudas, el vaticinio de Rilke se cumplió ampliamente.

"Paciencia", 1943

"Paciencia", 1943

Balthasar Klossowski de Rola –este era su auténtico nombre– nació en 1908 en París. Era hijo de un matrimonio de orígen polaco, residente en la capital francesa, formado por Erich Klossowski –destacado historiador de arte– y por Elisabeth Dorothea Spiro, conocida como Baladine Klossowska. Ambos formaban parte de la élite cultural de la Ciudad-Luz. El hermano mayor de Balthus, Pierre Klossowski, fue un conocido filósofo muy influido por los escritos del Marqués de Sade. Esta peculiar familia sirvió de inspiración a Jean Cocteau, que los visitaba asiduamente, para su conocida novela Les Enfants Terribles. Balthus murió, como correspondía a su condición social, en una aristocrática mansión situada junto a la ladera de una montaña cercana a los Alpes suizos.

Autorretrato

Autorretrato

Balthus, que se definía a sí mismo como  “el rey de los gatos” (su único autorretrato lleva precisamente ese título), era una persona bastante introvertida aunque muy relacionada con los grandes artistas de la década de los 30. Su trabajo comenzó a ser admirado por muchos intelectuales y artistas parisinos –entre los que se encontraban André Bretón y Pablo Picasso. El gato, por supuesto, fue siempre el animal preferido de este excepcional artista. Rilke llegó a escribir un breve prefació para un librito que Balthus escribió siendo casi un niño. Era la historia del seductor, inquietante y misterioso gato “Mitsou”, que aparecía de la nada y desaparecía en la nada. Las tranquilizadoras palabras del poeta, al final de su breve prefacio, aclaran: “El gato no, pero Balthus existe.

Y por supuesto que existía: era dueño de una serie de castillos en Francia y Suiza, y siempre afirmó que poseía un antiguo título nobiliario — el de Conde Klossowski de Rola– con raíces familiares en las Highlands escocesas. Afirmaba también ser pariente directo de Lord Byron, y poco importa comprobar si era cierto o no. Lo que verdaderamente interesa es su extraordinaria obra pictórica. Para mí, los rasgos que mejor definen sus lienzos son –además de la perturbadora belleza de sus trazos intemporalmente clásicos, alejados de las modas y vanguardias imperantes en  aquellos años– la rigurosa ordenación compositiva y su pasión por unos pocos artistas auténticamente importantes, que de alguna u otra manera influyeron en su concepción del arte, especialmente Piero della Francesca y Masaccio.

2Fueron muchos los que injustamente calificaron a Balthus de pintor ‘voyeurista’ y algo impúdico al que le atraían las adolescentes . El primer cuadro que llamó la atención del crítico de arte Wilhelm Uhde y de Adré Breton fue “La calle”, de 1933. Dos aspectos convierten esta tela en una obra maestra: su estructura compositiva y una escena inquietante que aparece camuflada en la zona izquierda de la obra. Y es que el erotismo, para Balthus, siempre estará subordinado a la pintura. En el año 1934 expuso en la Galería Pierre de París “La lección de guitarra”, un cuadro que inicia uno de los temas más habituales en su pintura, el de las nabokovianas “lolitas”. Las adolescentes de Balthus, presentadas frecuentemente en posiciones insinuantes, se encuentran en espacios cerrados, dedicadas a la lectura, abandonadas al sueño o enfrascadas en sus pensamientos. Ciertamente, constituyen la mejor prueba del significado más puro y último de su pintura: la imposible recuperación del único paraíso perdido en la vida del hombre, es decir, la infancia.