Muchos de nuestros lectores recordarán una emotiva película protagonizada por Burt Lancaster titulada «El hombre de Alcatraz» (1962), que narraba la vida de un presidiario americano en la isla de Alcatraz, convertido en experto ornitólogo por sus estudios sobre los pájaros que frecuentaban el tétrico islote. El film sobre la historia de Robert Stroud, magistralmente dirigida por John Frankenheimer, está considerado como una de las mejores obras de tema carcelario.

alcatraz

Esta amistad entre los presos y algunos animales que gozaban de una libertad que no tenía el hombre, ha existido en todos los tiempos. La historia carcelaria refiere numerosos ejemplos de esta curiosa relación. Sobre todo, con pájaros –gorriones y palomas–, arañas y ratones. Animalitos que en un principio deberían despertar un sentimiento de repulsión, a través de una convivencia de meses  –y a veces de años– han sido elementos de una buena amistad.

Henri Masers de Latude –más conocido, simplemente, por Latude– que pasó largos periodos de su vida en distintas prisiones, logró trabar una curiosa amistad con un grupo de ratas –un total de diez– a las que dio nombre a cada una de ellas, que le conocían, comían de su mano y se dejaban acariciar por el preso. Igualmente, y en otra prisión, domesticó a unas palomas cuya muerte le causó uno de los mayores disgustos de su vida. Durante cuarenta meses, estas sencillas amistades lograron aminorar los sufrimientos e incomodidades de la cárcel.

palomasOtro animal que puede hacerse amigo del hombre y que abundaba en las antiguas cárceles eran las arañas. Quatremere Disjonval, hecho prisionero en Holanda en el año 1787, observó con tanta paciencia las arañas de su celda, sus hábitos y costumbres, que escribió un auténtico tratado de Araneología, bien conocido en su tiempo. Llegó incluso a pronosticar los cambios de tiempo, especialmente las heladas, y puso sus conocimientos al servicio del ejército revolucionario francés mandado por Pichegru. No conocemos, por el contrario, relaciones de amistad alguna entre los presos y los animales más frecuentes de las cárceles: chinches, pulgas, piojos y cucarachas. En estos casos, los intereses siempre han sido opuestos y la guerra sin cuartel. Y en ella, siempre ha triunfado el hombre.