Hace dieciocho años que nos dejó Miles Davis, considerado por los amantes del jazz como el genio más grande que ha dado la música afro-americana. Y nos es ésta una apreciación subjetiva, ya que toda la crítica especializada llegó a la misma conclusión tras presenciar los conciertos que el gran quinteto de Miles ofreció en el Plugged Nickel Club de Chicago, los días 22 y 23 de diciembre de 1.965. “Es lo más emocionante que he escuchado en mi vida. El trompetista Miles Davis se ha convertido ya en un símbolo para muchos, y no sólo por su música. Tal vez ninguna otra figura del jazz evoca una imagen tan viva como lo hace él, desde la simple enunciación de su nombre.”, escribió al día siguiente Albert Russell en las páginas del “Chicago Tribune”.

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Miles Dewey Davis nació en Alton, Illinois el 26 de mayo de 1926 y falleció en Santa Mónica (California), el 28 de septiembre de 1991. Su padre le regaló una trompeta cuando Miles cumplió los 13 años, poco después comenzó a tomar lecciones con Joseph Gustat, músico de la Orquesta Sinfónica de St. Louis, de quien aprendió la técnica y los fundamentos básicos de este instrumento. Fue el mismo Gustat quien le inculcó su predilección por los tonos suaves que él era capaz de arrancarle a la trompeta, algo parecido a lo que hacían Bobby Hackett y Harold “Shorty” Baker, en oposición  a las poderosos y vibrantes notas de Louis Armstrong, que dominaba los gustos de la época. Tras formar parte de la revolución estilística que supuso el be bop, el joven Miles decidió formar una banda que pudiera expresar libremente el estilo que había probado junto al saxofonista Charlie Parker; es decir, el intento de crear una mayor condensación instrumental y una minuciosa exactitud en los arreglos.

davis2Tan sólo una década más tarde, Miles Davis cambió la historia del jazz con un disco que ha pasado a la posteridad como su mejor obra y que, precisamente, ha sido reeditado hace muy poco tiempo para conmemorar así los cincuenta años transcurridos desde su grabación original: “Kind of Blue”. En esta impresionante obra, Miles contó con la colaboración de dos grandes saxofonistas: John Coltrane –un experimentador con tendencias barrocas– y Cannonball Adderley, un maestro del blues. Ante el piano se sentaba el admirable Bill Evans, un músico intelectual de la escuela europea que consiguió trasladar al jazz el espectro sonoro de algunos compositores impresionistas, tales como Maurice Ravel y Claude Debussy. No cabe duda que la aportación de estos músicos tan aparentemente dispares (que incluía además al baterista Jimmy Cobb y al contrabajista Paul Chambers) produjo uno de los discos de jazz más admirados de todos los tiempos.

Al igual que otros muchos músicos de jazz de su generación, Miles se convirtió en un adicto a la heroína alrededor de 1946. En septiembre de 1950 fue detenido junto con Art Blakey en el aeropuerto de Los Angeles, siendo acusados de posesión de narcóticos. A pesar de esta experiencia traumática, la adicción a esta droga continuó hasta 1954, año en el que –según confiesa en sus Memorias– logró desintoxicarse. No obstante, son muchas las personas cercanas a él las que afirman que su dependencia a la heroína prosiguió hasta su temprana muerte.

Miles Davis nos dejó un enorme legado musical –tal vez más apreciado en Europa que en los propios Estados Unidos– producto de su incesante búsqueda de nuevas expresiones y acentos dentro de lo que yo denominaría “el jazz existencial”, y desde luego, la proeza de haber sido –además de un prodigioso instrumentista– el creador de la más bella y profunda corriente del jazz contemporáneo.

Miles Davis, Kind of Blue