Leo en la prensa que el presidente Barack Obama acudió, ayer miércoles, al Cementerio Nacional de Arlington para rendir homenje a los norteamericanos caídos en combate. Se trata de la tradicional ceremonia del Día de los Veteranos de Guerra, o Veterans Day, que se celebra anualmente en los Estados Unidos y en otros países europeos. También en Nueva York tuvo lugar un acto en la plaza Madison, donde se colocó una ofrenda floral bajo la llama eterna que conmemora la Primera Guerra Mundial.

gran.ilusion

Esta noticia me hizo recordar una de las mejores películas de la historia de la cinematografía: La gran ilusión, del director francés Jean Renoir. Aunque realizada tardíamente, en 1937, La gran ilusión es una visión de aquellos dramáticos años de la Primera Guerra Mundial, en la que Jean Renoir participó y de la que sacó los principales elementos para concebir el guión; guión que ya tenía escrito Renoir en colaboración con Charles Spaak, pero que no podían trasladar al celuloide por falta de medios. Pero en 1937 llegó a París Erich von Stroheim, y, entusiasmado con la idea, se brindó a proporcionarles ayuda financiera. El guión, en un principio, contaba con dos protagonistas de importancia: el capitán De Boeldieu y el teniente Maréchal, aviadores franceses que son derribados y apresados por los alemanes. Los productores germanos, sin embargo, quisieron que el papel del oficial alemán, el comandante Van Rauffenstein, fuera ampliado de su inicial rol secundario, hasta erigirse en uno más de los protagonistas principales. Renoir accedió a esta petición y finalmente entre estos tres personajes se debate la película.

aficheEl comandante Van Rauffenstein, como hemos dicho, vio ampliado y engrandecido su papel. Magistralmente interpretado por el propio Erich van Stroheim, este oficial alemán, aristócrata, militar por vocación, siente un hondo sentimiento de patriotismo, que lo impulsa a ofrecer lo mejor de sí mismo en beneficio de su país. Caballeroso, honesto, cumple con sus deberes y obligaciones, aunque le repugna el cariz que ha tomado la guerra, muy lejos de la caballerosidad que imperaba en otros tiempos entre la gente de armas. El capitán De Boeldieu –Pierre Fresnay– es también de familia aristocrática y, como Van Rauffenstein, también él es un militar de carrera. Distinguido y serio, mostrará su mejor faceta en las postrimerías de la historia. Maréchal –Jean Gabin–, mecánico de oficio, teniente ascendido por méritos de guerra, se siente siempre socialmente inferior a Boeldieu aunque su patriotismo sea igualmente profundo. Juntos iban en el avión que los alemanes derribaron, y juntos vivirán el cautiverio.

El argumento de la película muestra los esfuerzos de Boeldieu y Maréchal para escaparse de los campamentos donde los encierran los alemanes. Su primer intento es a través de un túnel, que excavan trabajosamente con los otros compañeros de barracón. Desgraciadamente, el mismo día acordado para fugarse son trasladados del campemento donde están hasta una vieja fortaleza convertida en prisión. Rauffenstein, comandante del primer campamento, después de sufrir un terrible accidente con su avión, es destinado a la vieja prisión y vuelven los tres protagonistas a reunirse. Ya en el primer encuentro, el comandante Van Rauffenstein repasa el expediente de los dos oficiales franceses, en el que figuran todas sus tentativas de evasión.

«Capitán De Boeldieu, cuatro tentativas de evasión: por la calefacción, en un volquete de basuras, por la cloaca, dentro de un cesto de ropa del lavadero… Lugarteniente Maréchal, cinco tentativas evasión: disfrazado de deshollinador, disfrazado de soldado alemán, disfrazado de mujer…»

Finalmente, Maréchal logra escaparse de la prisión junto a un compañero; lo consiguen bajando por una pared del edificio, mientras De Boeldieu, que había comprendido que sólo dos podían huir, distrae a los soldados alemanes hasta que Van Rauffenstein, cumpliendo con un deber que detesta, ha de dispararle, matándolo. Maréchal y su compañero, gracias al sacrificio del capitán De Boeldieu, logran escapar hasta Francia.

3Renoir y Spaak, en un principio, tenían la intención de realizar un film que fuera un alegato a favor de la abolición de las clases sociales, mostrando el entendimiento y la comprensión entre los dos franceses. Eran los tiempos del Frente Popular… Sin embargo, en la película se encuentran estos dos personajes muy distanciados humanamente entre sí. Poco antes de separarse definitivamente, De Boeldieu ofrece un cigarrillo a Maréchal, que le responde:

–El tabaco inglés me irrita la garganta. Decididamente… su tabaco, sus guantes, todo nos separa.

Por contra, entre De Boeldieu y Van Rauffenstein existe una identificación harto sugestiva. Ambos han frecuentado los mismos ambientes y tienen ideas parecidas. No sienten enemistad el uno por el otro, pues saben que, en otras circunstancias, entre ellos se hubiera establecido un lazo de amistad. Los dos, sencillamente, han de cumplir con su deber, uno buscando fugarse, el otro intentando evitar la evasión.

La película es, en definitiva, una ardiente proclama antibelicista, de gran fuerza dramática. El propio realizador –hijo del famoso pintor impresionista Auguste Renoir– la definió así: «La gran ilusión no es un film pensado como tal, sino una serie de recuerdos que dormían en el fondo de mi corazón; es también la expresión de mi ideal de entendimiento entre los hombres de naciones y razas diferentes.»