El activista ambiental brasileño Chico Mendes, luchador infatigable contra la extracción de madera y la expansión de los pastizales en el Amazonas, fue asesinado frente a su casa el 22 de diciembre de 1988. Tras su muerte, más de treinta entidades sindicales, religiosas, políticas, de derechos humanos y ambientalistas se unieron para exigir que el crimen no quedase impune. Dos años más tarde, los culpables fueron detenidos, juzgados y condenados a 20 años de prisión.

Mendes tuvo –mientras vivió– el apoyo internacional, recibiendo en 1987 el premio Global 500 que otorga las Naciones Unidas. Ese mismo año también ganó la Medalla por el medio ambiente de la organización Better World Society, aunque de poco le sirvió a este incansable y pacifista defensor de la Amazonía.

A mí esta entrega de Chico Mendes con su fracaso a cuestas –ya sabemos que la próxima cumbre sobre cambio climático en Copenhague nace herida de muerte después de que China y Estados Unidos no hayan querido comprometerse a reducir las emisiones contaminantes– me recuerda aquella leyenda de Thor que cuenta Carlyle. Un día Thor, el dios del trueno, junto a su escudero Tialfi y su compañero Loke, se encaminó al país de los gigantes. Hicieron noche en una profunda caverna. Unos misteriosos bramidos les desvelaron y les mantuvieron vigilantes toda la noche, hasta que con el día, descubrieron que los impresionantes ruidos eran los ronquidos de un gigante. La caverna era su guante, caído en el suelo.

Se trataba de un gigante pacífico y se ofreció a guiarles por el país de los suyos. Pero Thor desconfiaba. A la noche siguiente, mientras el gigante dormía le descargó en el rostro por tres veces su poderoso martillo. El gigante no se inmutó. ¿Ha caído alguna hoja? ¿Ha caído algún grano de arena? ¿Hay gorriones en este árbol? Estos fueron sus comentarios entre sueños.

Llegados al jardín de los gigantes, fueron invitados a participar en sus juegos. A Thor le alargaron un cuenco de cerveza. Es costumbre, le dijeron, vaciarlo de un sorbo. Al tercer trago, Thor sólo había conseguido hacer bajar la cerveza un par de dedos.

Le invitaron, a continuación, a que levantara en vilo un enorme gato. Sólo logró conmoverle.

Por fin, le enfrentaron a una vieja decrépita. Thor no logró derrotarla.

Al regresar, el gigante les acompañó un trecho. “¿Te entristece tu derrota? –le dijo a Thor–. Quiero revelarte que sólo es una ilusión. Aquel cuenco de cerveza era el mar. Dos dedos le hiciste descender. El gato era la Gran Serpiente del Universo. Tú la conmoviste. La vieja a la que plantaste cara era el Tiempo. ¿Quién puede vencerle? ¿Recuerdas los tres golpes que diste con tu maza? Mira frente a tí. Han surgido tres nuevos valles entre las montañas.

Chico Mendes quizá no logró tampoco partirle el espinazo a la realidad, pero en sus sueños la hizo geografia más anchurosa, plagada de valles, ríos cristalinos y selvas. Una vez iniciado ese camino, vale la pena discurrir por él.