Mientras en todo el mundo el millonario tesoro que se ocultaría en las tierras del Archipiélago de Juan Fernández ha cautivado la atención de diversos medios de comunicación, en Chile, todos comienzan a cuestionarse si realmente existe tan deseado botín.  Una de las voces más autorizadas para hablar del tema conversó en entrevista y desmitificó algunas informaciones que han circulado sobre el tesoro, avaluado en 10 mil millones de dólares y escondido por piratas en la Isla Robinson Crusoe a principios del siglo XVIII.


Maura Brescia
, historiadora que vivió durante doce años en la isla y que ha escrito dos libros relativos a estas tierras, asegura que el tesoro no pesaría 800 toneladas. Descarta que los “anillos papales” así como un “tesoro inca”  formen parte de él y, de paso, sostiene que según antecedentes históricos, sólo se produjo un entierro de riquezas piratas en Robinson Crusoe.

Las primeras dudas

La “fiebre del oro” se desató luego de que la empresa Wagner asegurara haber encontrado en la isla Robinson Crusoe no uno, sino tres tesoros. Uno de 800 toneladas y dos de entre 30 y 50 toneladas cada uno, avaluados en 10 mil millones de dólares, casi el 25% de la deuda externa de Chile. Hasta ahora sólo han indicado que uno de ellos se ubicaría en el sector de Tres Puntas, al noroeste de la isla y a unos 400 metros de la costa.
Sin embargo, Brescia, que aún mantiene una casa en Robinson Crusoe y se está construyendo otra, asegura que incluso ahora el sector de Tres Puntas es prácticamente inaccesible. “Conociendo el terreno“, dice, “éste sólo podría haber sido abordado por la Bahía Carvajal“, que está detrás de las bahías más comunes de la isla (Inglesa y Cumberland) y que además “es de muy difícil acceso y bastante inhóspita“, agrega. Incluso argumenta que las condiciones climáticas impedirían que cualquier embarcación de la época pudiera llegar, ya que el viento es muy fuerte y cambiante.

Pero no sólo cuestiona las factibilidades topográficas, sino también la forma en que se hicieron públicos los supuestos descubrimientos. “No es habitual -entre los caza tesoros- lo que hizo el grupo Wagner, que anunció su hallazgo a los cuatro vientos… estas son cosas sigilosas. La gente se cuida hasta de los guardacostas cuando están buscando”, reflexiona. “Es muy raro que digan aquí hay algo y luego vayan a pedir permiso para extraerlo, eso no lo hace ningún profesional“.

Ni anillos papales ni tesoros incas

Lo de las 800 toneladas es imposible“. Y agrega: “lo que se habla es de ochocientos barriles de oro, plata y joyas” que es el buscado por Bernard Keiser bajo el nombre del tesoro de Ubilla y Echeverría, aunque precisa que sí tendrían un valor de 10 mil millones de dólares. De paso desmitifica que estén los anillos papales, el tesoro azteca y las joyas del inca Atahualpa. “Son todas mentiras“, dice segura.
“Lo que sí se está buscando, desde hace mucho tiempo, tanto en la isla como en la bahía de Guayacán (en La Serena), es la famosa “Rosa” que -algunos dicen- es la de los vientos, y es de esmeraldas. Otros dicen que es la “Rosa de Francia“.

Los dos tesoros documentados

La historiadora, que tiene dos libros que tratan del tema  –“Mares de Leyenda” (1982) y Selkirk Robinson: El Mito (2004)–   dice que sólo hay un entierro de riquezas documentado y una repartición de bienes. Nadas más. “En septiembre de 1742, George Anson (después llamado Lord Anson) capturó un galeón español llamado “Nuestra Señora de Montecarmelo, logrando apoderarse de cofres de oro, joyas y plata“, sin que se señale la cantidad, dice. No obstante, “sí hay antecedentes concretos de que estos tesoros fueron escondidos en la Isla Robinson Crusoe”, ya que en la bitácora y en la documentación de ese viaje, escrita por el cronista Richard Walter, se sostiene que se enterraron cofres de oro, plata y joyas.
Según relata Brescia, los ocultaron porque pensaban regresar, pero cuando llegaron a Inglaterra en 1744, por diversas razones decidieron no hacerlo. Pero mucho antes de que se ocultara este botín, en 1686, un grupo de piratas, que venía del Caribe -específicamente de la isla La Tortuga– comandados por Edward Davis, llegan a las costas de Robinson Crusoe y se reparten el numeroso botín que traían tras un largo viaje. Según los antecedentes que maneja la experta, más de 640 tripulantes habrían participado en esta repartición, por lo que se estima que llegaron con grandes cantidades de oro y joyas. Y agrega, que la división de las riquezas fue en grande, que hasta al último marinero le correspondió una parte bastante cuantiosa, que sumó más de 5 mil pesos castellanos de la época.
Esta repartición también es importante -a la hora de hablar de posibles tesoros- ya que muchos de los tripulantes escondieron sus pertenencias en la isla, porque volvieron a ella en innumerables ocasiones. “Para ellos era como un paradero de autobus“, afirma Brescia, aunque destaca que no se tiene certeza de cuántos lo enterraron ni qué cantidades fueron.

Respecto a la búsqueda que realiza Bernard Keiser desde 1998, la historiadora sostiene que él no busca ninguno de los dos tesoros antes documentados, sino un tercero, que correspondería al de un galeón de Manila, que incluso es posible que ni siquiera esté enterrado. Brescia sostiene esta teoría argumentando que no hay un texto concreto donde se indique que el marino de la corona española, Juan Esteban Ubilla y Echeverría enterró sus tesoros en la isla. “Sólo en el archivos de Indias se dice que viajó con ellos hasta “Robinson Crusoe” pero el destino final no es claro, argumenta.

Fuente:  http://www.todoschile.cl/