“La Guerra de la oreja de Jenkins”  o el  “Sitio de Cartagena de Indias”  fue el último episodio, o desenlace, de uno de tantos conflictos armados entre España y Gran Bretaña, ocurrido durante el siglo XVIII.

En la época para los ingleses era muy importante disponer de plazas fuertes en tierra firme del Golfo de México, que querían convertir en inglés y en el que ya disponían de algunas islas. No era la primera vez que intentaban poner pié en la costa, atacando ciudades o puertos poco protegidos, algunas veces con éxito momentáneo pero que siempre fueron reconquistados por los españoles. Como fondo de la cuestión estaba el dominio de los mares, que los españoles ostentaban desde hacía siglos y el Reino Unido quería (y estaba en camino de) obtener.

Dentro de este panorama, los problemas del contrabando y el corso en el Caribe eran corrientes en la época y afectaban por igual a ambas potencias, aunque con ventaja española. Los ingleses reconocen haber capturado 231 buques españoles frente a 331 ingleses capturados por los españoles, hasta septiembre de 1741, mientras que los recuentos españoles hablan de 25 frente a 186, y aunque pueden ser cifras infladas, ambos recuentos reconocen ventaja para los españoles.

La historia inglesa conoce esta guerra por el nombre de Guerra de la Oreja de Jenkins. Y precisamente uno de los muchos problemas de contrabando, ocurrido en 1738, fue el que dio origen a este curioso nombre, cuando un guardacostas español, al mando del capitán Julio León Fandiño,  apresó en el Caribe a un capitán contrabandista inglés, Jenkins, y en castigo le cortó una oreja al tiempo que le decía: “Ve y dile a tu Rey que lo mismo le haré si a lo mismo se atreve”.

En octubre de 1739, tras conocerse el incidente de la oreja, en el Parlamento británico se consideró la frase de Fandiño una ofensa al rey, merecedora de la declaración de guerra a España; es decir, una ocasión más para conseguir el ansiado predominio de los mares.

La guerra

El almirante Sir Edward Vernon, atacó Portobelo en el itsmo de Panamá- escasamente defendido- con éxito (este suceso da nombre a la calle Portobello Road, en Londres) mientras las fuerzas del Comodoro Anson, con el navio “Septentrión” y dos buques menores acosaba las colonias del Pacífico Sur, como maniobra de distracción, pero sin producir daños apreciables.

Tras ese triunfo inicial, Vernon decidió dar un golpe más importante, para lo que reunió una formidable flota de 186 buques, con 23.600 hombres, armada con 2.000 cañones, que salió desde Port Royal (Jamaica) y llegó a principios de marzo de 1741 a Cartagena de Indias, la ciudad más importante del Caribe, a la que llegaban todas las mercancias del comercio entre España y las Indias. La flota era, probablemente, la más grande jamás reunida (superaba en más de 60 navíos a la Gran Armada de Felipe II).  “La historia no volvería a ver una batalla anfibia de tal magnitud, hasta el desembarco de Normadía dos siglos después”.

La ciudad estaba defendida por Blas de Lezo, marino con experiencia en batallar con los ingleses, que disponía solamente de unos 3.600 hombres y de una flota de 6 buques. La mayor experiencia de Lezo en batalla, que produjo entre los ingleses bajas muy grandes en las batallas y las enfermedades que se produjeron entre los tripulantes de la flota inglesa (porque los españoles no los dejaban desembarcar), acabaron con un completo desastre para los atacantes, que se retiraron el 20 de mayo de 1741. Habían perdido tantos hombres que, al retirarse, tuvieron que incendiar algunos navíos por falta de tripulantes.

Sin embargo, Vernon había enviado ya mensajes a la Gran Bretaña diciendo que había sido un triunfo, y hasta se llegaron a acuñar medallas en las que se representaba a Lezo de rodillas entregando su espada a Vernon (que llegaron a circular por España con gran burla de la gente). Pero los ingleses empezaron a preguntarse cuando volverían los navíos y hombres que faltaban, y se descubrió la verdad, por lo que el rey Jorge II de Inglaterra, avergonzado, prohibió a sus cronistas que hicieran mención alguna de tal suceso. Vernon murió en 1757, repudiado y olvidado por su pueblo.

Tal “olvido oficial” resultó nefasto para el almirante Nelson que, convencido de que los españoles sabían construir buques, pero no pelear, intentó tomar Santa Cruz de Tenerife (56 años después, en julio de 1797), perdió un brazo, 1500 hombres y salió derrotado.

Como resultado de esta batalla quedó afirmado el dominio español sobre los mares durante 60 años más (que perdería definitivamente en la batalla de Trafalgar). Y además,  no acabaron ahí los descalabros ingleses en el golfo, pues en 1781, el gobernador español de la Luisiana, Gálvez, consiguió echarles de la última colonia inglesa en tierra firme del Golfo, la Florida, lo que fue confirmado por el Tratado de Versalles (1783), quedándose nada más que con la isla de Jamaica.

La Guerra de la oreja de Jenkins se continuaría en la Guerra de Sucesión Austriaca.

Fuente: Enciclopedia Militar El Gran Capitán