Sandra Gilbert y Susan Gubar dieron un vuelco a los estudios literarios sobre mujeres escritoras con su voluminoso trabajo, La loca del desván, subtitulado La escritora y la imaginación literaria del siglo XIX, y se convirtieron en las grandes innovadoras de la critica literaria feminista angloamericana.

Más conocido como «el Gilbert y Gubar», este libro, publicado en 1979, Premio Nacional de Critica literaria de ese año y finalista del Premio Pulitzer de ensayo en 1980, había surgido a partir de un curso que las autoras impartieron en la Universidad de Indiana. El estudio, que ha sido recientemente reeditado en México, no ha perdido en absoluto rigor y originalidad con el paso del tiempo, es un vigoroso y creativo análisis de las obras y contextos de las grandes escritoras inglesas del siglo XIX (se incluye también a la poeta norteamericana Emily Dickinson), pero sobre todo es una portentosa summa que profundiza en las autoras que nos precedieron, con la intención de investigar la naturaleza de una tradición literaria específicamente valedera para las mujeres.

Queda demostrado que todas las autoras estudiadas encontraron estímulo en sus antepasadas: Dickinson admiró la poesía de Elizabeth Barrett Browning, George Eliot conocía con precisión los escenarios rurales descritos por Jane Austen, y la misma Austen enmendó la plana con humor a sus hermanas mayores góticas.

Según Gilbert y Gubar las dualidades de ángel y monstruo, de dulce heroína y de loca de atar, de «mártir del hogar» y de bruja lujuriosa, son desdoblamientos psicológicos de las propias autoras obligadas por su época y su sociedad a identificarse con modelos de resignación angelical o a considerarse mujeres perversas, raras, demonizadas incluso por los estrictos patrones patriarcales. Y así lo contemplan las autoras del estudio en la enfermedad a que da origen el matrimonio sin amor de Catherine en Cumbres borrascosas, de Emily Bronte, y su renuncia al atormentado héroe de la historia.

La retórica está de más en este libro que trata de enseñar, de descubrir la verdad, o al menos parte de la verdad de lo que significa ser mujer y escritora. Esta verdad es la del sentimiento. Las autoras en una introducción, justifican el libro diciendo que –en realidad– su única pretensión ha sido hacer un libro que hable de lo que es ser mujer en un mundo de hombres, insinuándolo todo a través de una enorme ternura y un lirismo sin adornos.

En Middlemarch, la novela de Eliot, se aprecia que, bajo un retrato social sin especial dramatismo, se está hablando de «la trágica complicidad y la violencia resultante de los hombres y las mujeres que habitan en una cultura definida como masculina.»