Patria, mi patria, vuelvo hacia ti la sangre. 
Pero te pido, como a la madre el niño 
lleno de llanto. 
Acoge 
esta guitarra ciega 
y esta frente perdida.
Salí a encontrarte hijos por la tierra, 
salí a cuidar caídos con tu nombre de nieve,
salí a hacer una casa con tu madera pura,
salí a llevar tu estrella a los héroes heridos. 
Ahora quiero dormir en tu substancia. 
Dame tu clara noche de penetrantes cuerdas, 
tu noche de navío, tu estatura estrellada.
 
Patria mía: quiero mudar de sombra. 
Patria mía: quiero cambiar de rosa. 
Quiero poner mi brazo en tu cintura exigua 
y sentarme en tus piedras por el mar calcinadas, 
a detener el trigo y mirarlo por dentro. 
Voy a escoger la flora delgada del nitrato, 
voy a hilar el estambre glacial de la campana,
y mirando tu ilustre y solitaria espuma 
un ramo litoral tejeré a tu belleza.
Patria, mi patria 
toda rodeada de agua combatiente 
y nieve combatida, 
en ti se junta el águila al azufre, 
y en tu antártica mano de armiño y de zafiro 
una gota de pura luz humana 
brilla encendiendo el enemigo cielo.
– 
Guarda tu luz, oh patria!, mantén 
tu dura espiga de esperanza en medio 
del ciego aire temible. 
En tu remota tierra ha caído toda esta luz difícil, 
este destino de los hombres 
que te hace defender una flor misteriosa 
sola, en la inmensidad de América dormida.
Pablo Neruda (Canto General)