Acaba de reeditarse en México el libro de Jean-Luc Godard titulado Introducción a una verdadera historia del cine, que es, en realidad, la transcripción del curso de cine dado hace años por el genial director francés en el Conservatorio de Arte Cinematográfico de Montreal.

Jane Fonda e Yves Montand en "Tout va bien" (1972)

Él mismo explica el objetivo de ese trabajo: “Es un poco como un psicoanálisis de mí mismo, de mi trabajo…, volver a ver, delante de otras personas, con ellas…, no mi propio pasado, sino mis muchos años de cine, y tratar de verlos un poco de otra manera”.

Si echamos una mirada a la filmografía de Godard nos damos cuenta de la dificultad de análisis que presenta su obra, por su carácter excepcional, por la multitud de facetas y preocupaciones por las que ha atravesado, por las polémicas que ha suscitado y por la manera caótica e incompleta como ha sido exhibido recientemente en Londres. Es de esperar que pronto sea proyectado su film Sauve qui peut (la vie), pero en cambio quedó frustrado el ciclo anunciado en el Charles Chaplin Cinema, y muchos espectadores británicos seguirán desconociendo gran parte de su obra: justamente la que sigue a Tout va bien, entre 1972 y 1980. Esa es la razón por la que hemos preferido llevarles aquí para que consulten toda su filmografía, que cubre a su vez dos bloques distinguibles en su trabajo: una primera etapa en la que se descubre como uno de los principales “autores” del cine contemporáneo, y que tiene sus puntos claves en A bout de soufle, Pierrot le fou y Weekend, y en la que logra que Louis Aragon llegue a decir de él que “Godard es el cine”; una segunda que tiene como punto crítico “mayo del 68” y que supone, según las propias palabras de Godard en Le gai savoir, “una larga marcha hacia un cine que puede servir a la causa del pueblo”. Se trata de una “larga marcha” condicionada por su inclusión en el grupo “Dziga Vertov”, junto con Gorin, Gerard Martin, Nathalle Billard y Armand Marco, y marcada por un esquematismo político de tendencia maoista que les llevaría a elegir el nombre de “Dziga Vertov”, partiendo del simplismo de considerar, en el interior del cine de la antigua URSS, a Pudovkin “de derechas”, a Eisenstein “de centro” y a Vertov “de izquierdas”.

La elección de Tout va bien como el final de una etapa es porque este film supone, en cierta manera, el reconocimiento del fracaso de unas prácticas de difusión que pretenden llegar a las masas y son condenadas a lo subterráneo” Así lo reconocía Godard en una entrevista a “Cinema 70”: “Pensamos que estos films están mal producidos, y el caso es que los que se difunden así no predican más que a los convencidos”.

Tout va bien signifícó su vuelta a los canales de la industria y también un fracaso en esa línea. Desde ese film hasta Sauve qui peut (la vie) hay una serie de trabajos en video que suponen la transformación del Godard que hace “políticamente films políticos” a un Godard que se presenta como “investigador de la imagen y el sonido”. De este último Godard daremos noticia en un próximo artículo.

Mr. Arriflex