El mar en la pantalla

Gregory Peck en "El hidalgo de los mares" (1951), de R. Walsh.

Nacido por y para la aventura, el cine surcó de inmediato los mares. Por tanto, debía asimilar forzosamente las tradiciones y personajes propuestos por la literatura marítima. Ninguna espectacularidad le estaba vedada, y el mar facilitaría la prosecución de un universo poético, aventurero, majestuoso. El bramido del viento, la negrura de la noche incierta, los temibles monstruos marinos, la línea del horizonte escudriñada con esperanza y la violencia de la tormenta son sensaciones que el cine objetiva sin demasiado esfuerzo. La realidad superpuesta del cine encuentra en el mar un excelente medio donde desarrollarse. Por si fuera poco, el polaco Anton Grot (director artistico de la Warner) ideó un ingenioso dispositivo mecánico para reproducir con todo verismo el efecto de las olas en el estudio, utilizándolo por vez primera en El halcón de los mares (Michael Curtiz, 1940), según la novela de Rafael Sabatini, y un año más tarde en The Sea Wolf, también de Curtiz, adaptación de la obra de Jack London.

El mar tiene una fotogenia indiscutible. Y además sirve para ubicar a unos seres lanzados a la aventura. El mar es emblema de la libertad. También goza de un indudable atractivo romántico. Piratas, filibusteros, bucaneros, contrabandistas, fugitivos de la justicia … La película marítima ofrece un vasto repertorio de personajes y situaciones.

La rehabilitación del cine de aventuras, casi siempre made in USA, corre pareja con la recuperación de autores a quienes los perjuicios culturales sepultaron en la indiferencia. Cualquier aficionado al cine piensa, por ejemplo, que el mejor film sobre la aventura subacuática es Veinte mil leguas de viaje submarino, en la versión que Richard Fleischer realizó para Disney, en 1954. La imaginación de Julio Verne  halló por una vez la adecuada réplica cinematográfica.

Llamadme Ismael

Ballenero, estibador y amotinado, la suerte cinematográfica de Herman Melville (1819-1891) ha sido muy desigual. Hasta llegar al Moby Dick –no siempre valorado con justicia– de John Huston, encontramos las dos versiones que bajo el título de La fiera del mar (M. Webb, 1925 y Lloyd Bacon, 1930) interpretó John Barrymore. La aventura melvilliana que Huston rodó entre 1954 y 1956 tuvo detalles tan curiosos como la presencia de Orson Welles en una suntuosa aparición –cinco minutos en pantalla– como reverendo Mapple (Huston relató que tras sucesivos fracasos, Welles rodó la escena de un tirón mediante la «ayuda» de una botella entera de coñac francés) y el hecho de que Huston escribiera el guión en colaboración con Ray Bradbury, el reputado escritor de ciencia-ficción. La película de Huston defraudó en su día a los apologistas de este gran director, pero vista desde la perspectiva actual revela su inequívoco carácter hustoniano.

En 1934, Victor Fleming se responsabilizó de la segunda y más popular versión cinematográfica de la célebre novela de Robert Louis Stevenson (1850-1894), La isla del tesoro, interpretada por Wallace Beery, Jackie Cooper, Lionel Barrymore y Lewis Stone. En 1950 Byron Haskin dirigió otra adaptación de la misma, con Robert Newton en un antológico Long John. También Orson Welles se haría cargo del personaje en un irrelevante remake rodado en 1972.

La aventura cobra a veces un aspecto menos romántico, aunque conserve su carácter de innata rebeldía. El mar ofrece refugio y es sinónimo de libertad. Alguien escribió que «los hombres aventureros se han lanzado al mar por el simple placer de romper la línea perfecta de su horizonte». Pero otro motivo impulsó a la tripulación de la «Bounty» a sublevarse contra el despótico capitán Bligh y conducir la goleta hasta la isla de Pitcairn. Cinco guionistas intervinieron sucesivamente en el guión y por lo menos tres directores –Carol Reed, Lewis Milestone y George Seaton– fueron necesarios para una película firmada oficialmente por Milestone.

A Frank Lloyd, por otra parte, se le adjudicó con una cierta preciptación la etiqueta de «maestro del mar», olvidando las aportaciones de Michael Curtiz y Raoul Walsh. Curtiz colaboró decisivamente en el lanzamiento de Errol Flynn con El capitán Blood (1935) y El halcón de los mares (1940), según las novelas de Sabatini. Raoul Walsh, por su parte, llevaría a cabo una curiosa adaptación de Les travaillerus de la mer, de Víctor Hugo, en Los gavilanes del estrecho (1953), Yvonne de Carla y Rack Hudson. Sin olvidar El hidalgo de los mares (1951), versión de una novela de C. S. Forester; El mundo en sus manos, (1952), según la obra de Rex Beach, y El pirata Barbanegra (1952), con aquella inolvidable escena final en la que Robert Newton (Barbanegra), enterrado hasta el cuello en la arena de una playa, muere ahogado al subir la marea.

Cómo olvidar, por otra parte, el Robinsón Crusoe de Daniel Defoe, objeto de diversas versiones que culminan, en 1975, con la del inglés Jack Gold, quien, en Yo, Viernes, desarrolla la narración a partir de la óptica de un Viernes incorporado por el actor negro Richard Roundtree. En una coproducción realizada entre México y Estados Unidos en 1952, Luis Buñuel llevó a cabo su primer largometraje en color dejando bien claro que «no me gustaba la novela de Daniel Defoe, pero me gustó el personaje de Robinson».

Este apresurado recorrido a través del cine inspirado en la literatura marítima debe concluir, por obvias razones de espacio, con Joseph Conrad (1857-1924), cuyas obras han sido trasvasadas a diferentes películas. Sería Richard Brooks quien en 1965 se enfrentara a la difícil tarea de producir, escribir y dirigir Lord Jim. Esta película queda como un exponente de las contradicciones a que se encuentra sujeta la obra cinematográfica cuando intenta ser fiel al original literario, aceptando al mismo tiempo las convenciones del espectáculo cinematográfico.

Pero, repitámoslo una vez más, el cine del mar es imposible interpretarlo sin su vinculación aventurera. En realidad, autores como Melville o Conrad reflejaron en su obra literaria una aventura personal llevada hasta sus últimas consecuencias.

Mr. Arriflex

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18 comentarios sobre “El mar en la pantalla

  1. Una entrada muy interesante para los amantes del mar, del cine y de la literatura entre los cuales me encuentro.
    Un cordial saludo.
    José Carlos Aranda, Besançon (Francia)

  2. Qué gran entrada Luis!. El mar es inagotable, y así serán las obras literarias que sigan naciendo de él, ni hablar de las cinematográficas. Recuerdo que a los 6 años, mi padre me “obligó” a ver El viejo y el mar…tuve que esperar a crecer para entenderla y sentir la fascinación de mi padre por esa película. Mi personaje favorito es Sandokán de Salgari (la versión de las series tv italianas me parecen un lujo), no solo por la parte aventurera y de entretenimiento, sino por la ideología que la sustenta.
    Un abrazo y gracias por otra magnífica entrada!

  3. José Carlos: Gracias por escribirnos desde Besançon, hermosa ciudad que visité en 1982 y en la que un buen amigo mío se gana la vida dando clases en su prestigiosa universidad.

    * * *

    Claudia: Agradezco tus elogiosas palabras que, como siempre, tanto te agradezco. Efectivamente –y como muy bien dices– “el mar es inagotable, y así serán las obras literarias que sigan naciendo de él”… Es fantástica la apasionante singladura de los escritores que cantaron al mar o lo utilizaron como escenario de la acción que describían. Y es que en el mar se dan cita tanto el aliento poético como el épico, no sólo en la literatura y el cine sino también en la pintura y en la música.
    Debo confesarte que la versión de “El viejo y el mar” de John Sturges, con el inolvidable Spencer Tracy, está entre mis cien películas favoritas.
    Un fuerte abrazo, estimada amiga.

  4. De entre los comentarios me quedo con el de Malory. Es bastante curioso el hecho de que muy pocos españoles hayan escrito historias sobre el mar. Tampoco lo han hecho nuestros cineastas. La verdad, no recuerdo ninguna película española sobre el tema. Una de mis películas favoritas sobre el tema es “El capitán Blood” protagonizada por Errol Flyn y Olivia de Havilland. Me encanta. Soy muy del cine de aquella época.
    Un saludo y felicidades por la entrada.

  5. Lo mismo me ocurre a mí, pipermenta. En los últimos años sólo recuerdo haber visto un par de películas españolas en las que el mar únicamente aparece como una especie de paisaje emocional: “Son de mar”, de Bigas Luna y “Mar adentro”, de Amenabar… Creo que el Mediterráneo tiene más protagonismo en la antigua serie de tv “Verano azul”, ¿no crees?
    Respecto a “El Capitán Blood” estamos de acuerdo: es una excelente película. De Rafael Sabatini también se llevaron al cine varias otras de sus novelas de mares y aventuras, como “El halcón de mar”, “Scaramouche” y “El cisne negro”.
    Saludos desde el puerto de Valparaíso.

  6. “If you want to build a ship, don’t drum up people together to collect wood and don’t assign them tasks and work, but rather teach them to long for the endless immensity of the sea”
    Antoine de Saint-Exupery

    Muy interesante post, amigo.

  7. Mucho se ha dicho sobre el mar y mucho se ha filmado sobre el mar, sin lugar a dudas. Desde ese mar en piscinas interiores de los antiguos set de los años 50, pasando por las bestias de papel maché, hasta lograr épicas tomas de gloriosos atardeceres con las velas henchidas y el horizonte despejado, en los mares de Bahamas o Baja California.
    Conservando las proporciones, me atrevo a agregar a tu fantástica lista de filmes uno un poco más contemporáneo, pero que le hizo plena justicia al género. Capitán de Mar y Guerra (o Master and Commander) pone de manifiesto el espíritu del océano y de aquella raza única de hombres de mar.
    La fotografía que inicia esta entrada la recuerdo perfectamente. Es de las primeras películas que miré al lado de mi padre, un amante empedernido del cine.
    Un abrazo Luis y las gracias por tus siempre interesantes crónicas.

  8. Gracias por su visita, amigo Bloomberg.
    Su blog me ha parecido excelente.
    Cheers!

    * * *

    Querida chrieseli: Añadir a la lista de películas Master and Commander –sin duda un magnífico film– me parece muy oportuno por tu parte, pese a que esta entrada sólo pretendía recoger filmografía marinera hasta los 70’s, aproximadamente. En realidad, la razón por la que Mr. Arriflex ha querido dedicar el post a la siempre apasionante travesía de los escritores y los cienastas por los océanos del mundo, se debe a la profunda admiración que siente por Camoens y su canto en Os Lusiadas a maravillas tan sublimes como las islas del Océano Índico que Venus hace aparecer ante las naves de Vasco de Gama.
    Un fuerte abrazo y mil gracias por tus letras.

  9. Creo que el mar es maravilloso, es algo sublime sentarme a tomar café porque soy cafetero frente al mar, sentir la brisa marina en un atardecer leyendo un buen libro es algo espectacular.
    Ahora jamás me he perdido una película de mar, y si se recuerdan mis amigos lectores todas las películas que han visto les aseguro que en más de un 60% está involucrado el mar. Si mal no recuerdo varias películas han tenido como protagonista el mar, Titanic, Willy, Tiburón, Buscando a Nemo, Ben hur, Náufrago, Rebelión a Bordo, El gran Azul, 2000 leguas de viaje submarino, El cuchillo en el agua, Master y Comander, Viaje al fondo del Mar, suma y sigue. Tienen éxito todas estas películas, sobre todo aquellas en que hay batallas en el mar son interesantes,……., saludos sinBalas

  10. Yo también soy un cafeinómano empedernido, amigo sinbalas. Y al igual que tú, considero que lo más parecido a la felicidad es sentarse a leer un libro frente al mar mientras saboreas un buen espresso italiano. Igualmente hermoso es meterse en un cine de barrio (ya quedan pocos) y disfrutar de cualquiera de esas excelentes películas de aventuras marineras que tú mencionas en tu interesante comentario… Un comentario que te agradezco profundamente.

    Un saludo.

  11. Cómo nos hizo Charles Laughton aborrecer al justiciero Blight, cuando parece que fue más justo que cruel, porque la pericia marinera es de sobra conocida. Qué personaje, cuyo nombre en este mundo carecía de la consonante dental oclusiva sorda, ¿conocía la portentosa travesía de odio, millas y venganza a que le llevaría su severidad? No lo sé, que digo que no era como lo pintan (alguién ha dicho que si otros capitanes pasaban por la quilla, Bligh sólo azotaba, y que si otros ahorcaban, Bligh solamente pasaba por la quilla).

    Así que los españoles no hemos filmado películas de marineros ni escrito novelas de mar, con la excepción puntual de Baroja. Y es que siendo nación entre mares no nos hemos proyectado sino en empresas individuales porque nuestro ensimismamiento nos ha empujado a reconcentrarnos en quimeras continentales y en querellas familiares.

    Es un placer leerle…

  12. Así es, Phil. Al parecer, el auténtico y experimentado capitán Blight no fue el sádico y arrogante oficial mostrado por el cine. Todo fue una verdadera patraña, una campaña de difamación emprendida por el abogado de uno de los jóvenes oficiales amotinados –por cierto muy bien relacionado con el Almirantazgo– que el cine se ocupó de amplificar.

    En lo que respecta a las razones por las que los españoles no hemos filmado películas de marinos ni escrito demasiadas novelas de mar (comparándonos con Inglaterra, por ejemplo) tal vez haya influido el hecho de que Inglaterra es una isla. Una hermosa isla rodeada de un mar que desde las leyendas celtas y los ciclos artúricos, desde las sagas de los normandos o sus mitos marinos a caballo con los franceses, despliega hacia el mar ese fervor que llenará los océanos de sus más preclaros ingenios y sus héroes más arrojados… Un fervor que quizás le haya faltado a nuestro país.

    Saludos cordiales.

  13. Umm, el mar. Sí, no hay nada más renovador, más fresco, y más puro quizá. Creo que las leyendas populares que más éxito han tenido siempre han sido aquellas marinas.

    ¡Un saludo!

  14. Gracias por tus palabras y bienvenida a nuestro faro.
    Te respondo con un breve poema de Vicente Aleixandre, titulado precisamente “El Mar”. Espero que te guste.

    ¿Quién dijo acaso que la mar suspira,
    labio de amor hacia las playas, triste?
    Dejad que envuelta por la luz campee.
    ¡Gloria, gloria en la altura, y en la mar, el oro!
    ¡Ah soberana luz que envuelve, canta
    la inmarcesible edad del mar gozante!
    Allá, reververando
    sin tiempo, el mar existe.
    ¡Un corazón de dios sin muerte, late!

    Saludos.

  15. Excelente artículo que nos hace sumergirnos en ese ambiente maravilloso para todos los que de alguna manera amamos el mar. Me hace pensar en los momentos vividos disfrutando de lecturas y películas que han ido formando parte de mis hábitos.

    Son muchas las horas vividas sintiendo formar parte de las tripulaciones de navegantes aventureros, navíos militares y un género que en su momento me apasionó, el mundo recreado de los submarinos. Igualmente todas las aventuras y singladuras de veleros, piratas y corsarios. Por cierto “El viejo y el mar” de Sturges es también una de mis películas favoritas, al igual que “Capitanes intrépidos” de Victor Fleming, con Spencer Tracy igualmente.

    Gracias por los rayos de ese faro que siempre nos ilumina. Un abrazo, Luis.

  16. Gracias por tu comentario, estimado Ernesto. No me sorprende lo más mínimo que seas un amante del mar, siendo tú (como eres) un hombre culto, inteligente y sensible. Creo que las novelas y el cine sobre el mar han influido bastante en muchos de nosotros, aunque –como suele ocurrir en casi todos los géneros– éste último nos remite a la eterna polémica de las difíciles relaciones entre cine y literatura… Sin embargo, las dos grandes películas que citas (“El viejo y el mar” de Hemingway y “Capitanes intrépidos”, de Rudyard Kipling) son ejemplos de una magnífica sintaxis autónoma, ya que lograron sublimar la imaginación de estos dos grandes novelistas.
    Un fuerte abrazo.

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