Con una sonrisa cómplice, mi buen amigo Sergi, propietario de una pequeña y prestigiosa librería de Barcelona, me arrastró hacia la sección de poesía y me mostró una pila de libros, diciéndome satisfecho: “En menos de un mes hemos vendido más de cien ejemplares. ¿Qué te parece?”

El libro en cuestión –capaz de despertar tanto interés en medio de una crisis económica generalizada– no era un best-seller de Dan Brown, sino la obra literaria completa de Jaime Gil de Biedma, para muchos el mejor poeta de la llamada ‘Generación de Barcelona’ (1950-60), entre los que también se encontraban Carlos Barral y José Agustín Goytisolo… En un único volumen se puede leer toda la poesía que el escritor barcelonés –fallecido hace veinte años– reunió en Las personas del verbo, el Diario de 1956 y los ensayos de El pie de la letra.

El súbito interés de tantos lectores por un libro de poesía vendría a confirmar que el reciente estreno de la película “El cónsul de Sodoma” –un recorrido por la vida de Jaime Gil de Biedma– puede haber sido determinante en la difusión de la poesía de este gran escritor que no recibió en vida ningún reconocimiento oficial, ni galardones ni premios. Sin embargo, Gil de Biedma es uno de los escasos poetas necesarios, lo cual implica que es uno de los escasos poetas verdaderos. Toda su poesía está recogida en Las personas del verbo. En total 87 poemas, algunos muy breves, agrupados bajo tres epígrafes que se corresponden en su ensencia con tres de sus libros publicados: Compañeros de viaje, Moralidades, Poemas póstumos. Pura coherencia poética es lo que predomina en estas tres obras de un intelectual comprometido, burgués con mala conciencia de clase y poeta con sentido moral de la existencia.

Jordi Mollá en "El cónsul de Sodoma"

Aunque Gil de Biedma –desde el escepticismo y la ironía, no exenta de emoción y dolor– trata temas relacionados con la España social e histórica del momento, su poesía se centra en el yo personal e intransferible. En palabras de Pere Gimferrer: “La creación y consolidación de una poesía de la experiencia personal”. Y ese yo sensual, desdoblado en el espejo de poema es Gil de Biedma. Rigor y sensualidad alcanzan en su poesía categoría existencial. Vida y obra coinciden, se reflejan. Gil de Biedma es muchos poetas en una sola persona, o un poeta de múltiples ángulos: moral, antirretórico, homosexual (motivo por el cual no fue admitido en el Partido Comunista), cívico, sensual, exquisito, intelectual, irónico, social… Su preocupación fundamental fue el paso del tiempo y, cómo éste, afecta al hombre consciente, al yo.

Poeta de claras influencias. Poeta de la experiencia a la manera de Cernuda o Auden, pero con esa nota cínica del Quevedo clásico (Amor más poderoso que la vida). Poeta de excepcional sobriedad y afiliado al escepticismo, para quien, la poesía –aunque sea una mezcla de comunicación y conocimiento– no sirve para cambiar el mundo. Quizá por eso eligió el silencio frente a la repetición, frente a un tiempo que ya no le pertenecía. Tal vez por ello, con terca voluntad, decidió: “Vivir como un noble arruinado/ entre las ruinas de mi inteligencia”.

Mr. Arriflex