Ayer  23  de agosto del año 2010, partió nuestro amigo Francisco de la Puente, aquel pintor de barbas largas amigo de todos, ese pintor con el cual compartí momento inolvidables en su taller de Santiago y su rincón secreto ubicado en las montañas del Ingenio, suena extraño saber que ya no está, que su obra se fue, que sus risas estarán guardadas en lo más profundo de nuestra alma.

Cómo recuerdo que mi Tata Pablo –amante del arte y la pintura–  me decía que me acercara al taller de Pancho y  lo ayudara a limpiar sus pinceles que,  de esa forma aprendería pintura y algo para desasnarme, como decía mi abuela…..cosa que nunca hice.

Siento su muerte como propia, siento que se  fue una parte de mí….  Me recuerdo de su habilidad para la cocina, un gozador siempre atento de prepararte algo rico con las cosas más sencillas y compartirlas con un tinto, el cual nunca faltaba en la mesa y en la conversa.

Conocí el éxito de su carrera artística del cual no hablaré ahora, pero él siempre humilde y acogedor, cariñoso con su hermana Carmen, su cuñado Sergio y sus sobrinos Jorge, Sergio y Tomás, y conmigo…, como sobrino agregado.

Capa, te fuiste a comer a la mejor mesa tomando el mejor vino y nos dejaste, pero por algo lo hiciste. Siempre tuviste las cosas tan claras y decididas, tu forma de vida te llevó a no transar tus principios en nada, lo cual es un gran mérito.

Fuiste  testigo presencial en la noche que reencontré  a la Malu en el Ingenio, estaba en tu mesa, en tu casa, bajo el cielo más estrellado que existiera.

Cuando el domingo pasado fui a buscar el balón de gas a la casa de Jorge y vi tu  auto Citroen viejo y añoso estacionado, me alegré mucho por que estabas ahí, te saludé y te juro que me hubiera quedado toda una tarde hablándote y riéndonos, con la fuerte risa de Jorge de música ambiental, pero nos despedimos rápido, porque para variar yo estaba apurado y me miraste de frente con la vista fija y me dijiste ADIOS.

José Miguel Ferrada Montt