París: Guía secreta para mentecatos

Fotografía de Xose / enfocado.com

Tomar dos litros de agua de Vichy. Entrar en la ciudad. Leer a Paul Verlaine en voz alta y a horcajadas en las faldas de la colina del Sacré-Coeur, Montmartre. No orinar durante la lectura.

Sin París los seres humanos no conocerían el pecado, y todos necesitamos ese coitus interruptus de vez en cuando. Pero la ciudad se esconde, evita su presencia ante nosotros. A veces gira en torno a uno que otro pazguato con cara de ángel consternado, tomando la forma de aquel espacio en silencio, en medio de los intervalos de un ritmo musical, o tomando la forma de aquel suspiro ahogado entre cada sorbo que le damos al vaso con agua, o tomando la forma de alguna semilla a medio germinar, o formando el cuerpo abstracto que se obtiene del trozo desprendido de una figura de porcelana de Sèvres que cayó –fatal, bella, sumisa caída– de un anaquel. Es el lapso de tiempo entre la caída de la figura y el impacto en el suelo. El caos parisino es efímero y adorable.

Si llueve, intente cobijarse del diluvio bajo el toldo del Café de Marais y disfrute –durante un tiempo que no pueda considerarse como largo o corto– de la iluminación fascinante que irradia ese rincón único y especial. A tan sólo unos metros de distancia el caudal del Sena podría desbordarse, pero no se preocupe… siga observando las luces intermitentes reflejadas por el suelo mojado. Le aconsejamos, asimismo, que preste atención al eco destemplado de las voces y los ruidos que se escuchan en las calles de la capital francesa: componen una interesante melodía bailable que puede competir con la cálida voz de Juliette Greco, reproducida una y otra vez en el viejo aparato de radio que suena lejano en el interior del Café.

Y ahora, háganos caso: váyase al hotel y procure descansar durante unas horas. Más tarde podrá acompañarnos a recorrer ese París secreto que tenemos preparado para usted.

Totó Reboud

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26 comentarios sobre “París: Guía secreta para mentecatos

  1. Luis, me ha encantado la óptica adoptada por el narrador para sentir Paris: la sanadora agua de Vichy apta para curar hasta el más bobo de los mantecatos, lluvia y burbujas desde lo más alto, el Sena y Verlaine: “Il pleut sur mon coeur comme il pleut sur la ville…”
    Paris llena de secretos,(como todas las ciudades), efímera y adorable o pesada de atascos y enervante de parisinos malhumorados. Para los amantes del té hay en el Marais un lugar donde venden tés maravillosos. Se llama “Mariage Frères”, lo recomiendo y también recomiendo no beber demasiada cantidad. Puede tener el mismo efecto que dos litros de agua de Vichy!
    Personalmente prefiero brindar a tu salud con una copa de champagne rosé.
    Un abrazo,

  2. Gracias por dejar tus hermosas palabras en este faro, estimada Anne (me sigue sorprendiendo mucho que puedas escribir el español tan primorosamente…) Totó y yo nos sentimos muy halagados por ese brindis a nuestra salud con una copa de champagne rosé. Desde Chile –que está en plena celebración del bicentenario de su independencia– también brindamos por ti con el mejor vino que pueda criarse en este país: À votre santé!

    Prometo visitar “Mariage Frères” cuando vuelva a pisar las calles de París, aunque siempre he preferido el café al té.
    Un fuerte abrazo

    Ps. No consigo entrar en tu blog. El error 520 –u otro parecido– se interpone entre nosotros.

  3. Gracias, Totó Reboud. La lectura de tu breve pero genial texto me ha hecho derramar unas cuantas lagrimitas. Nada extraño por otra parte, ya que al ser yo un tipo de temperamento melancólico el llanto ha sido siempre un elemento fundamental de mi vida. Las lágrimas, como todo el mundo sabe, tienen mucho que ver con el recuerdo… Y hermosos recuerdos son los que has logrado despertar en mí al escribir sobre París –ciudad en la que viví siete inolvidables años– y mencionar de pasada a Juliette Greco, la musa de los existencialistas como yo… Amigo: Desde hace años me persigue, me aturde una obsesión increíble por Juliette Greco y sus canciones. Sobre todo por “Les feuilles mortes”, “Je suis comme je suis”, “Vieille” y “Si tu t’imagines”, que prácticamente tarareo todos los días. Y no creo que se trate una extraña forma de fetichismo, pues eso vendría a parecerte algo sospechosamente vulgar, sino simplemente de una emoción profunda, maravillosa e incontrolada.
    Gracias nuevamente. Un fuerte abrazo.

  4. La melancolía en el ser humano, amigo Gishman, es una tenue brisa de escombros a heredar. Nosotros, siplemente, somos los herederos de esa soledad transportada y consentida. Estoy de acuerdo contigo: todas las pasiones que derraman las gotas de poesía contenidas en las canciones de Juliette Greco son un crudo espejo de lo que nos fue legado por los dioses… Y me reafirmo en lo que digo cuando, súbitamente, penetran en mi cerebro imágenes, notas musicales y sentimientos como los expresados aquí por ti, estimado llorón. Al final he llegado (lo de he llegado es un decir) a la conclusión de que tu “emoción profunda” lo que intenta transmitir (utilizando sabiamente para ello una metáfora propia del ying y el yang, o viceversa), es que: “La pena, con música, es menos pena”, ¿o no?
    Un abrazo, pues, y este regalo de parte de don Luis.
    Totó

  5. Encontrarse con que París es el de siempre: París es bello. Pero Irles dice que también es malo. O en tránsito de serlo. Así las cosas. Hermoso repicar de los sentidos, con Agua de Vichy o el Sena encasillado y vuelto loco en Notre Dame. O recorrerse, junto al río, sobre un delgado y ligero camión de pasajeros, camino a la Gare donde alguna vez los impresionistas no residían, pero que alguna vez, también, habrán recorrido, hurtado, solicitado algún favor en sus andenes. Orsay, como muestra.
    Un abrazo, cálido, en la conmemoración del inicio de la lucha por la independencia, al menos en México.

  6. Así es, Federico. París es el de siempre, frase que me recuerda la bonita película que protagonizó hace ya muchos años el gran Yves Montand. La Cité de la Lumière, permanentemente con música y sin sueño, sigue conservando su vida artística y bohemia a pesar de los millones de turistas que la desbordan… Basta con darse una vuelta por la rue du Petit Point, entrar al Quartier Latin y tomarse un vino en el Café Saint Germain. Allí uno puede sentir –yo la he sentido– toda la intensa sensibilidad con la que esta maravillosa ciudad nos acompaña.

    Un abrazo desde Chile, que mañana celebra sus doscientos años de independencia.

  7. He leído muchos textos sobre París, pero lo cierto es que ninguno me pareció tan bello…de la primera frase, se me vino a la mente ¿qué sería de la humanidad sin París? Aún para los que no la conocemos, para los que aunque no viajamos demasiado no perdemos las esperanzas…qué sería de todos nosotros sin París?…no me lo imagino. Precioso y placentero el texto que nos regalaste Luis. Un abrazo!

  8. Buena pregunta, Claudia. Supongo que la humanidad se acostumbraría a prescindir de París, como se acostumbra a casi todo, pero sería una auténtica tragedia. Por eso, ante la remota posibilidad de que a unos perversos extraterrestres se les ocurriera abducirla para trasladarla a su planeta, te recomiendo vivamente que hagas todo lo posible por conocerla cuanto antes.

    Gracias por tus lindas palabras. Un gran abrazo.

  9. La bella quark había vivido siempre adherida indefectiblemente a ese pedacito de porcelana azul de Sèvres desde su existencia anterior al recuerdo. Tal vez fue que había llegado haciendo compañía al átomo de pigmento que estuvo destinado a dar ese color azulino añil del que se sentía tan orgullosa. Reflexionando sobre la continuidad de su existencia fue que sorpresivamente tuvo conciencia de su caída libre, lo que le produjo una gran preocupación junto a la tranquilidad que le proporcionaban todos sus escuderos que giraban a su alrededor, como había sucedido siempre desde que tuvo memoria. Siempre sucedía así: en cuanto se aventuraba por seguir un impulso sin control, siempre la rodeaban esos tan ordenaditos y obedientes protectores que no perdían en lo absoluto la exacta distancia que debían mantener entre sí cada uno de estos guardianes. Uno a uno se sucedieron los recuerdos importantes de su trayectoria desde siempre, o al menos tiempos inmemoriales, y se sorprendió al comprobar lo contenta que se sentía, sobre todo disfrutando de esa sensación que debía ser idéntica a la de sus amigos los volantines, cada vez que los percibía soltándose de sus amarras. Recordó también haber llegado al Café de Marais en épocas muy pretéritas, donde quedó por siempre prisionera de las miradas de embelesos y caramelos de grandes y reconocidos admiradores. Mientras continuaba en su viaje al eterno, se le ocurrió que Totó podría comentar que a los mentecatos también les parecería lo que a ella su transformación para dar forma al ente abstracto proveniente de su ciudad de origen: una vida llena de experiencias, belleza, amores y sensaciones dentro de su inmenso universo, y a penas menos de un suspiro para la humanidad. Casi como volver desde la Luna.

  10. Querida Josefina: Creo que no necesito extenderme demasido en mi respuesta, ya que me basta con decir que he quedado absolutamente sorprendido y conmovido al leer tu excelente texto que, a modo de comentario, has tenido la gentileza de enviarnos. Es realmente notable y está escrito con un impecable estilo, así que me tomé la libertad de publicarlo en la sección de “Cuentos”, lugar donde sin duda merece estar.

    Mil gracias por este regalo tan creativo, estimada amiga. Un fuerte abrazo.

  11. París, siempre París, el de los lejanos inicios de los setenta, donde se aprovisionaba uno de lo último de Arrabal, cuando aún no se le había aparecido la virgen, sus “Cartas a Franco”; los paseos y descubrimientos del Quartier Latin, las cenas en algún rincón de Montparnase. Los buquinistas, la primera visita a la “Shakespeare”…
    La ciudad del arte, de los paseos, del lujo, desconocido en nuestro ambiente gris; el despertar canalla de Pigalle. Montparnase a la escasa luz de las farolas.
    Y volver, volver para redescubrir, perderse en las calles, ahora La Defense, otro París, y las banlieu.
    Pero París siempre será París.

    Conciso, mordaz y magnífico texto de Totó Reboud.

    Abrazos.

  12. Es evidente que conoces muy bien París, querido Ernesto. Sobre todo barrios como Montmartre o Montparnasse, a los que acudías (supongo) cada vez que viajabas a aquella hermosa ciudad. Yo también creo que sigue existiendo ese París de leyenda, a pesar de que la capital francesa –como el resto de las grandes capitales del mundo– se está convirtiendo en una megalópolis que a veces se aleja de la poética e idealizada visión que muchos de nosotros tenemos de ella. La magna inspiración de Verlaine parece comenzar a diluirse en el corazón de muchos franceses, pero afortunadamente –y como muy bien dices– París siempre será París.

    Un fuerte abrazo.

  13. Qué curiosa esta presentación vuestra de la capital del arte y las ideas. Olores, sonidos, todo hace que vuelva a sus calles con una sonrisa. Gracias por el viaje.

  14. ¡Cuantos anteojos para ver París! Soy persona de pecados, devota de las pasiones, y pazguata con cara de pazguata. Me encantaría conocer París para verla con mis propios anteojos, y bailar esa bella melodía que aquí se expone. París…Ciudad mítica de los ilustrados.
    Se entiende que todos debemos conocer París.
    Un cariñoso abrazo, amigo.

  15. Casi me atrevería a afirmar, sin temor a equivocarme, que eres el tipo de persona que congeniaría de inmediato y sin problemas con París. Lo que se entiende por un amor a primera vista, vamos… Y lo cómoda que te ibas a sentir allí sin necesidad de ponerte los anteojos, estimada Piper. Venga, anímate! 🙂
    Un fuerte abrazo.

  16. Lo mejor de París es que siempre lo tendremos, como decía Ilsa….

    Un besote, Capitán (hoy me levanté un tanto críptica).

  17. Levantarse un tanto críptica no es nada grave, apreciada y admirada Milla. En cualquier caso, sabes que cuentas con mi total apoyo y comprensión. 🙂

    Y tienes razón, amiga, tranquiliza mucho saber que siempre tendremos una hermosa ciudad llamada París.

    Gracias por pasarte. Un fuerte abrazo.

  18. “El lapso de tiempo entre la caída de la figura y el impacto en el suelo. El caos parisino es efímero y adorable”. Creo que nada define mejor la ciudad luz para aquellos que la ven con ojitos asombrados las primeras veces. Ha sido estímulo para las pobres capitales sudamericanas, desde el 1800, con una grandeza mítica, un gusto innegable y una cultura que chorrea por la ciudad, como el río Sena.
    Francia tiene esa facultad, efímera y adorablemente caótica. Con inmensos monumentos por doquier y en las cornisas nidos de palomas de la época de Napoleón. Vive La France!!!
    Un abrazo caluroso desde este lado tan alejado de Paris, donde la primavera nos va despertando de a poquito.

  19. Peinture, dessin et sculpture: Rétrospective Claude Monet au Grand Palais. Pascal Dombis déroule le tapis au Palais-Royal. Rétrospective Arman au Centre Pompidou… Estas son tres de las más de 150 actividades culturales que se celebrarán mañana en París. Lástima que no podamos pasar el día en la Ciudad Luz, ¿no es cierto, estimada Chrieseli?
    En fin, para consolarme me uno a ti y grito moi aussi un vibrante Vive la France! 🙂
    Abrazos.

  20. Después de 10 días de vacaciones por tierras gaditanas con calorcito, volé hasta París buscando la lluvia y el clima, y me encontré en esta nueva visita a Paris, con cinco días de calor (28-30º), cielos azules y sin nubes, pero con la magia de la Ciudad de la Luz.
    No perderse en el Grand Palais la exposición restrospectiva de Claude Monet, que se inauguraba el día de mi regreso (22 S). Espero volver antes de su clausura.

    Saludos

  21. Estimado Ramón: Como dice la famosa canción de Cole Porter (que cantaba el gran Frank Sinatra) “I love Paris in the spring time, I love Paris in the fall, I love Paris in the summer when it sizzles…” etc, etc. Yo, personalmente, prefiero visitar la Ciudad Luz en primavera u otoño, pero como tú dices, la magia de París se percibe en cualquier época del año.
    Me alegro de verte por el faro, Un saludo.

  22. trapatroles, estaba en Paris en estos días de calor y también me quedé con ganas de ver la exposición de Monet en el Grand Palais. No sé si lo has visto después de su renovación, ha quedado espléndido.
    Saludos,

  23. Y yo me pregunto: ¿La foto que sale al principio del texto es de Totó Reboud? De no ser así ¿no merece el fotógrafo ser mencionado también?

  24. Así es, estimado amigo. Totó Rebaud –que colaboró enviándonos el texto– olvidó mecionar al autor de esta excelente fotografía, cuyo nombre es Xose; es decir, tú. Un fabuloso trabajo el tuyo, que nuestros lectores pueden admirar en la magnífica web enfocado. Sentimos la involuntaria omisión que de inmediato, y pidiéndote disculpas, queda corregida.
    Un cordial saludo y mil gracias por ponerte en contacto con nosotros.

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