La primera película que vi de Andrei Tarkovski –uno de los más importantes e influyentes directores de la historia del cine– fue “Nostalgia”. Me impresionó entonces el misticismo que emanaba de ella, y al visionarla de nuevo –después de más de veinte años– he llegado a la conclusión de que se trata de un film profético y espiritual, fantasmagórico y fascinante, como casi toda su obra.

Cuando Andrei Tarkovski hablaba sobre el cine lo hacía simultáneamente sobre la poesía, pero no de la poesía como especie literaria sino como una imagen del mundo. “La poesía es una manera particular de tomar conciencia del mundo conectándose con la realidad, llegando entonces a ser una filosofía que dirige al hombre durante toda su vida. Por eso, en el mundo oriental, la poesía es ante todo una imagen que tiene que registrar sucesos únicos e irrepetibles”.

Paralelamente, para Tarkovski el factor soberano de la imagen fílmica es el ritmo con el que se expresa el paso del tiempo en el marco del film. Y es el ritmo el que relaciona las palabras y permite la compresión de las mísmas, como ocurre en las lenguas china y japonesa. Según el sociólogo y sinólogo francés Marcel Granet, “para que alguien pueda componer un texto en lengua china tiene obligatoriamente que basarse en la magia de los ritmos”. Los significados no tienen una explicación única, sino que pueden cambiar según las pausas, algo que tiene que ver con la estructura del lenguaje mismo. Efectivamente, el ritmo controla todo el lenguaje intimista que caracteriza su filmografía.

De la misma manera, Tarkovski aseguraba que “para que el montaje de una película sea correcto, las diferentes planos y escenas deben estar secuenciados espontáneamente porque, de alguna manera, estas secuencias tienen su propio modo de automontarse siguiendo su propia lógica intrínseca”. Esa relación entre las partes y el todo se expresa a través del montaje, el cual une planos que ya están llenos de tiempo, organizando así el conjunto, la viva estructura que existe en la película. El cine de Tarkovski, por otra parte, pone en escena el conflicto entre lo espiritual y lo material, la naturaleza y lo social, la historia y el individuo, abordando cuestiones tan esenciales como el poder de la memoria, la identidad rusa, el sentido del arte y la enajenación de la vida moderna.

Cabe señalar, por último, que en toda su filmografía —Andréi Rubliov, Solaris, El espejo, Stalker, Boris Godunov, Nostalgia y Sacrificio— se aprecia claramente la búsqueda de respuestas a fenómenos tales como la decadencia de la verdadera espiritualidad en la sociedad moderna o la incapacidad de la humanidad para responder adecuadamente a las demandas de la tecnología.

Mr. Arriflex