Antonio Vivaldi, un veneciano inmortal

Durante unos minutos, el 4 de marzo de 1678, se agitaron los cimientos de los muchos palacios de Venecia. El temblor de tierra sembró de inquietud el discurrir cotidiano de una ciudad que vivía entonces para la diversión y el placer y sus ondas coincidieron con los primeros latidos de Antonio Lucio Vivaldi, que vio la luz por vez primera ese día en la bella ciudad de los canales.

Antonio Vivaldi, se convertía ese 4 de marzo en el primogénito del matrimonio formado por Giovanni Battista Vivaldi y Camilla Calicchio, que tendría después cinco hijos más. Pero el recién nacido vino al mundo con una salud delicada que hizo que los progenitores temieran por su vida durante sus primeros días. Una misteriosa enfermedad, seguramente asma, anidaba en el pecho del que se convertiría con los años en uno de los músicos más famosos de Europa, y sus familiares no esperaban que sobreviviese más de unas semanas.

Bautismo a toda prisa y extremaunción a los dos meses de edad en una iglesia que se encontraba a pocos metros de su casa, ese fue el difícil comienzo de Vivaldi. El pequeño sobrevivió, pero la enfermedad fue desde entonces su compañera inseparable hasta el día de su muerte, complicando su existencia en sus más mínimos detalles: su rutina diaria, su “atípico” temperamento y toda su obra.

La familia Vivaldi no nadaba ni mucho menos en la abundancia. El padre había sido barbero antes de ingresar como violinista en la prestigiosa orquesta de San Marcos, una de las más importantes de Venecia. Su sueldo escaso no debía ser suficiente para alimentar a la numerosa prole nacida de su matrimonio. Esta fue seguramente la razón –además del estado de salud del pequeño, que le impedía el ejercicio de otras profesiones– por la que escogió la carrera sacerdotal para su primogénito. Pero Giovanni Battista no descuidó por ello la educación musical del joven Antonio, y le enseñó él mismo a leer música y a tocar el violín, aspecto en el que pronto se puso de manifiesto el talento del hijo, que no tardó en acompañar a su padre en algunos conciertos.

LA JUVENTUD
El joven empezaba también a vivir el espíritu de Venecia, una de las ciudades más ricas de Europa, centro neurálgico del comercio continental y hogar de cientos de artistas de distintos países que acudían allí atraídos por el boato y la fama de la metrópoli. Los espectáculos, y sobre todo la música, eran una de las más insignes muestras de identidad venecianas. Al amparo de grandes señores que gustaban de ejercer de mecenas, los compositores vendían sus obras al mejor postor –ricos burgueses, reyes, nobles– y componían a la mayor velocidad que les era posible para abastecer un mercado constantemente necesitado de novedades.

Los poderosos se servían de la música para celebrar cualquier acontecimiento, desde una fiesta religiosa hasta un cumpleaños o una victoria militar o política. Los conciertos tenían lugar casi a diario aunque no conseguían restar protagonismo a la ópera, que gracias a las aportaciones de Monteverdi se había convertido en la máxima atracción del momento. Seis representaciones distintas llegaban a coincidir en un mismo día en la ciudad durante la temporada de carnaval, la más activa del año, que empezaba en el mes de diciembre.

Vivaldi, que compaginó durante años su formación eclesiástica con la musical, empezó a ser conocido en esta ciudad de la alegría como el Cura Pelirrojo. Se ordenó sacerdote a los 25 años, el 23 de marzo de 1703, e inmediatamente publicó su primera obra, una colección de sonatas en trío en las que imitaba sin ningún rubor a Corelli, que era considerado el gran maestro de aquel tiempo. Sin embargo, tal copia tenía su razón de ser: componer en el más puro estilo corelliano era una muestra de madurez y solvencia para todo joven músico que quisiera hacer carrera, una especie de carta de presentación, y era por tanto una obligación si quería ser aceptado en el mundo de la música. La publicación de las sonatas de Vivaldi obtuvo el éxito esperado y en septiembre, gracias a su dominio del violín, ingresó como maestro en el hospicio della Pietá.

Era costumbre en Venecia que los hospicios femeninos se esmeraran en la enseñanza de las niñas, incidiendo de manera especial en la faceta musical. Las jóvenes que demostraban mayor talento entraban a formar parte de los coros y grupos instrumentales de estos centros, que obtenían importantes ingresos de los nobles que acudían a los conciertos de las alumnas. El nivel de estas orquestas –en las que no se admitía a ningún varón– era altísimo y provocaba la admiración de los ilustres invitados que asistían a las audiciones. Las jóvenes llegaban a dominar varios instrumentos y sólo los usos sociales de la época impedían a estas niñas prosperar en el mundo de la música cuando llegaban a la juventud. Sus dos únicos caminos eran o bien una boda concertada o bien permanecer para siempre en el hospicio como maestras para las más pequeñas.

De los cuatro hospicios que había en la ciudad la Pietá era el más famoso y Vivaldi trabajó allí con pequeños intervalos, durante casi toda su vida, no sólo por los honorarios recibidos sino también por el prestigio que ello suponía. Trabajos que obligaban al joven compositor a una actividad frenética porque simultaneaba estas ocupaciones con otros encargos y su labor empresarial en el teatro de Sant’Angelo.

COMPOSITOR DE OPERAS
El Cura Pelirrojo empezó su vinculación con dicho teatro, y por tanto con la ópera, alrededor de 1710. Con ello también comenzaron sus problemas económicos, porque aunque el género lírico era muy popular, en contadísimas ocasiones resultaba rentable. Había muchos teatros y una gran competencia, lo que obligaba a los empresarios que no gozaban del apoyo de un noble a contratar a cantantes mediocres y a reducir el precio de las entradas.

Antes de decidirse por estrenar en Venecia, en 1713 Vivaldi pidió un permiso de un mes en la Pietá para presentar su primera ópera, Ottone in Villa, en Vicenza. El resultado no debió ser malo y con la confianza que le dio este estreno volvió a la ciudad de los canales y comenzó una labor operística que incluiría a lo largo de su vida alrededor de 95 obras. Su facilidad para el género era asombrosa, como demuestra el hecho de que compusiera Tito Manlio en cinco días. Además de sus propias obras, arreglaba y añadía fragmentos a las de otros compositores.

El vestíbulo de un teatro veneciano. Óleo de Pietro Longui.

Con el estreno de sus óperas y la aparición de su primer grupo de conciertos, L’estro armonico, fue conocido en toda Europa, gracias a la rapidez con que los visitantes de la ciudad distribuían los libretos de vuelta a su país. Luego se sucederín unos 500 conciertos, que Vivaldi vendía acuciado por una penuria económica agravada por su célebre prodigalidad.

El Cura Pelirrojo había conseguido una altura y una perfección sin igual en la forma de concierto y la fama de sus magníficos ritomellos y del preciosismo de sus obras, que le sirvió también para viajar. Lo hizo en Mantua, Roma y Praga. Vivía con la famosa cartante Anna Giraud y su hermana, que le ayudaban en su trabaio y en su limitada vida de enfermo. Vivaldi agradecía la ayuda de las hermanas ofreciendo los papeles principales de sus óperas a Anna Giraud, dando así pie a las malas lenguas, que daban por hecho la existencia de una relación sentimental entre ambos.

En su madurez, en la que se jactaba de “tener el honor de escribirme con nueve principes ilustres”, fue recibido por el emperador austríaco Carlos VI. Un contemporáno, Antonio Conti, dejó constancia del encuentro en una de sus cartas: “El emperador habló largo rato con Vivaldi sobre música, y la gente dice que charló más con él en privado en dos semanas que con sus ministros en dos años.”

“El viejo cuya manía es componer”, según el ilustrado De Brosses, no pensaba con el carácter del caprichoso público veneciano, que empezó a cansarse de su estilo. Esta nueva situación, junto a una invitación de Carlos VI, le llevaron a Viena en 1740, cuando decrecía su fama en Venecia, “ciudad donde la música del año pasado no proporciona ganancias.” Allí murió en julio de 1741. El sofocante calor obligó a enterrarlo el mismo día de su muerte, siendo su funeral el de un pobre. Costó el precio mínimo, acompañado sólo por un “un breve repique de campanas”.

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19 comentarios sobre “Antonio Vivaldi, un veneciano inmortal

  1. Como ya estamos acostumbrados, nos ofreces un extraordinario y documentado artículo sobre la vida y la obra del gran Vivaldi. Debo decirte como dato curioso que, en mis años de juventud, casi infancia aún, gracias a este compositor conocí y aprendí a amar la música clásica, en aquellos conciertos para estudiantes en nuestro Teatro Real de Madrid donde eran habituales las interpretaciones de “Las cuatro estaciones”.

    Has realizado un interesante trabajo de investigación sobre el músico y el personaje, singular en su época sin duda. Veo que incluyes entre las ilustraciones del texto, el cartel de la película de Jean Louis Guillermou, que proporciona un retrato interesante sobre el personaje.

    Gracias por tu esfuerzo, y por compartirlo con nosotros desde el Faro.

    Un fuerte abrazo y un buen fin de semana.

  2. De todas las óperas que Vivaldi compuso a lo largo de su vida, hubo una que estuvo perdida durante más de 250 años. Se trata de “Moctezuma”, cuyo libreto fue encontrado hace ocho años en unos archivos que estuvieron a punto de ser destruidos al terminar la II Guerra Mundial. Desde entonces la obra se ha representado en Europa y América. Existe una excelente grabación realizada por el sello Archiv Produktion en 2006.
    Le felicito sinceramente por su interesante artículo sobre Vivaldi.
    Saludos.

  3. Cuando fui adolescente vendí un anillo, fui a una tienda y me compré un tocadiscos estereofónico y con dos parlantes. Los llamábamos pick up y fueron los seguidores de la radio electrola que había en muchas casas. A mí no me había tocado este adelanto. En el momento de comprar algún disco, pensé en Elvis o Los Beatles o Paul Robeson pero, presumiendo de sabihonda y con mucho de pose por hacerme la interesante, pregunté por los clásicos y terminé comprando dos LP que me sonaron: Vivaldi y Teleman. Hasta el día de hoy sigo rendida ante ambos. Y ante los tres primeros nombrados también, por si acaso…
    Gracias una vez más al Faro por hacerme sonreír hoy mientras trabajaba escuchando Las cuatro estaciones.

  4. Una noticia publicada recientemente en el diario “La Jornada”, afirma que la directora de cine mexicana Patricia Riggen cumplirá finalmente su sueño de llevar a la pantalla el idilio entre Antonio Vivaldi y su pupila, la cantante Anna Tessieri Giraud, quien le habría inspirado su famosa obra “Las cuatro estaciones”. Al parecer, los papeles protagónicos estarán a cargo del británico Luke Evans, la estadounidense Jessica Biel y el también británico Ben Kingsley.

    Reciban un cordial saludo desde Cuernavaca, México
    Edith Vivancos

  5. Ernesto: Agradezco muy sinceramente tus halagadoras palabras. Creo que de nuestra generación somos muchos –y muchas, puesto que la amiga Josefina también lo confiesa– los que aprendimos a amar la música clásica con Vivaldi, especialmente con “Las cuatro estaciones”.
    Efectivamente, una de las ilustraciones del texto corresponde al cartel de la película de Jean Louis Guillermou “Vivaldi, un príncipe en Venecia”. Por cierto, este director francés también filmó en 2003 “Il était une fois Jean-Sébastien Bach”.
    Otro fuerte abrazo para ti, estimado amigo.

    * * *

    José Luis: Precisamente adquirí esa estupenda grabación durante mi última visita a España, ya que cuando leí la noticia de la aparición del libreto de “Moctezuma” sentí mucha curiosidad por escucharla. Es una buena ópera, aunque Vivaldi y el letrista Giusti –seguramente para no romper con la tradición de la ópera barroca– se apartaron totalmente de los hechos históricos y la terminaron con un final feliz.
    Muchas gracias por tu información y por la visita a este blog.
    Saludos cordiales.

    * * *

    Josefina: Es realmente deliciosa la anécdota que nos relatas. Podría ser perfectamente el inicio de una novela de Françoise Sagan o de una película de la “Nouvelle vague” francesa… En cualquier caso, queda de manifiesto tu exquisito gusto musical. Ah, y gracias por recordarme al gran Paul Robenson y su ‘Old man river’, casi lo había olvidado.

    Como siempre, muy agradecido por tus palabras. Un fuerte abrazo.

    * * *

    Edith: Ignoraba por completo la noticia que has tenido la gentileza de enviarnos. Es más, tampoco conocía a la directora Patricia Riggen que –según he podido leer– filmó una obra co-producida con Estados Unidos que tuvo bastante éxito en su país. Espero que esta nueva película aporte algo nuevo sobre la vida del genial músico italiano.
    Gracias por comentar. Un saludo cordial.

  6. Me sumo a los que se iniciaron en la música clásica con Vivaldi y las Cuatro Estaciones (para ser más precisa, también Beethoven) ya que, en mi caso, los dibujos animados que veía desde mis 4 años en adelante venían con música clasica de fondo.
    Gracias por la reseña llena de detalles que amplían los conocimientos básicos que ya tenía sobre su vida y que ahora son más. Un abrazo querido Luis!.

  7. Bienvenida al “Club de Iniciados a la Música Clásica gracias a Vivaldi”, querida Claudia..! Creo que nos hemos reunido cinco aquí, si no he contado mal.
    Fuera de bromas, pienso que las composiciones musicales del maestro veneciano son bastante diferentes entre sí, adquiriendo un especial relieve cuando se profundiza en su estudio, sobre todo si tenemos en cuenta que el público –en su gran mayoría– sólo conoce una veintena de sus obras. ¿No te parece?
    Cariñosos saludos musicales!

  8. Las cuatro estaciones se me antoja como una de las piezas de música clásica más conocidas del mundo. Me identifiqué con la primavera cuando era joven, con el verano en el esplendor de la vida y ahora lo hago con el otoño. Al invierno todavía no he llegado, aunque todos tenemos a cualquier edad, días primaverales, veraniegos, otoñales e invernales. Me asombra esta capacidad de plasmar con notas una gama tan extensa y exquisita de sentimientos.
    Me ha interesado mucho conocer de forma detallada la vida de Vivaldi, me ayuda a entender su obra igual que lo hizo Venecia cuando la visité por primera vez. Un retrato muy interesante, muchas gracias Luis.
    Un cordial saludo,

  9. Muy interesante tu comentario, estimada Anne. Es cierto que “Las cuatro estaciones” es, probablemente, una de las obras musicales más conocidas y populares del mundo, cosa verdaderamente extraña puesto que la obra de Vivaldi quedó relegada al olvido hasta su redescubrimiento a principios del siglo XX. Incluso en aquella época, varios músicos famosos lo tildaron de “compositor de segunda”. Baste recordar la famosa frase de Igor Stravinsky, quien llegó a decir que Vivaldi no había compuesto quinientos conciertos, sino que había escrito “quinientas veces el mismo concierto”. Habrá que perdonarle a Stravinsky su inoportuno comentario porque estoy seguro de que, cuando lo dijo, no había escuchado “Al Santo Sepolcro”, una obra visionaria de Vivaldi que se adelantó en poco más de un siglo al Romanticismo.
    Por cierto, me parece perfecto que te identifiques ahora con el otoño, época romántica por excelencia… No tengas ninguna prisa en llegar a la próxima estación.

    Un fuerte abrazo.

  10. ¡Seis!! Creo que soy la sexta…Yo también amanecí a la música clásica con Vivaldí, que por cierto, este apellido me suena, no sé muy bien la razón, a alegría y primavera…
    Handel y Vivaldi son dos de los compositores que adoro. Normalmente cuando escribo necesito hacerlo con música clásica. Es una forma de que las ideas fluyan sin que interfieran en la inspiración o quizá conduzcan las ideas con mayor concentración.
    Interesantes apuntes sobre un genio.
    Encantada de pasear por tan variado bazar en el cual uno puede revolver y encontrarse con personas y personajes tan dispares.
    Un sonoro aplauso de castañuelas!

  11. Un club muy selecto el que hemos formado, querida Piper. Si alguno de los miembros (o aspirante a serlo) sabe música, podría hacer el favor de componer un pequeño himno para nosotros. De la letra te encargas tú, ¿vale? 🙂

    Gracias por tus siempre interesantes y cariñosas palabras, simpática amiga. Un fuerte abrazo con la pandereta en la mano izquierda.

  12. ¡Caramba!. Estaba al tanto de los “curas rojos”, pero no tenía ni idea del “cura pelirrojo”. Yo me lo tenía en brazos de Anna Giraud, sin voto alguno. Ojalá fuese así y se le dibujase media sonrisa al mirar hacia atrás en su vida lejos de imaginar, estoy seguro, las grandes satisfacciones que es capaz de ofrecernos hoy en día. Me entristece ese final tan común de algunos grandes como Mozart o Caravaggio…sin ni siquiera dinero en casa para pagar un entierro
    ¿Cómo quedan las cuentas bancarias de nuestros grandes de la cultura cuando fallecen?
    En agosto de este año, se publicitó en los medios (http://www.lavanguardia.es/cultura/noticias/20100811/53981419218/salen-a-la-luz-los-testamentos-de-personajes-como-marx-darwin-o-dickens-charles-darwin-karl-marx-lon.html) la puesta en marcha de una web donde se recogían los testamentos de gente como Karl Marx, Charles Darwin, Arthur Conan Doyle, Lewis Carroll, Ernest Shackleton, Neville Chamberlain (forrado, por cierto…)…
    Cuestiones de la historia que nos resultaban insospechadas.
    Gracias por tu trabajo, Luis. Un abrazo.

  13. “Prete rosso o prete nero, chi a Roma vò gode s’ha da fa frate”, que dicen los italianos… No es el caso de Vivaldi, cuyo final fue ciertamente triste.
    Y hablando de finales extrafutbolísticas: me ha resultado sumamente interesante la lectura de los testamentos que has tenido la amabilidad de enviarnos. Muchas gracias, estimado Joselu. Los de Darwin y Shackleton me han llamado poderosamente la atención.
    Un abrazo, amigo. Disfruta del fin de semana.

  14. Mi querido Luis: recuerdos extraordinarios vienen a mi mente cada vez que escucho a Vivaldi. Ahora, este texto, deja uno más, imborrable, en ella. Muchas gracias.
    Un abrazote

  15. Nada mejor que la música del maestro veneciano para sentir hondamente la verde primavera del sur.
    Abrazos, querida chrieseli. Te deseo un feliz fin de semana.

  16. Me considero una persona que se inició en el gusto por la música clásica con Vivaldi, un genio realmente. saludos

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