La creciente inquietud por la seguridad del suministro alimentario ha impulsado a un grupo internacional de científicos a almacenar y conservar importantes colecciones de diversos cultivos en la Bóveda Global de Semillas de Svalbard (o «Bóveda del fin del mundo»), una reserva de semillas con sede en Noruega. Su finalidad es prevenir la posibilidad de que se produzca una escasez de alimentos que reduzca la biodiversidad de cultivos existentes y, en último término, colapse la producción mundial de alimentos.

La creación de este gigantesco almacén situado en el archipiélago noruego de Svalbard es obra de Global Crop Diversity Trust, una entidad con sede en Italia y constituida por la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) y el instituto de investigación Bioversity International. Según fuentes de dicho Trust, con las últimas incorporaciones se ha superado el medio millón de variedades de semillas conservadas en la Bóveda.

«La noticia de haber superado la cifra de medio millón inspira sentimientos encontrados porque, aunque resalta que la Bóveda de Svalbard se ha erigido en el “patrón oro” de la diversidad, se produce en un momento en el que la estabilidad de nuestros sistemas agrarios pende de un hilo», explicó el director ejecutivo del citado Trust, el Dr. Cary Fowler. La Bóveda tiene capacidad para alojar 4,5 millones de semillas.

La ubicación de la Bóveda, en las entrañas de la montaña Plataberget de Svalbard, es un factor fundamental, puesto que el permafrost del lugar favorece la conservación de los depósitos de semillas y la actividad tectónica es baja. La Bóveda contiene semillas procedentes de todas partes del mundo, por ejemplo un resistente tomate rosa de Alemania, una variedad rara trasladada hasta Iowa (Estados Unidos) en 1883 por un inmigrante bávaro. Éste era el abuelo de uno de los fundadores de Seed Savers Exchange, una organización sin ánimo de lucro con sede en Estados Unidos que conserva y difunde especies hortícolas raras y que ya ha remitido más de cuatrocientas muestras a la Bóveda.

Ésta contiene también una especie de fresa muy valiosa venida de las faldas del volcán Atsonupuri, en la zona sur de las Islas Kuriles (Rusia), tan sólo 150 kilómetros al noreste de Hokkaido (Japón), y también un tipo de alubia silvestre sudamericana.

Esta alubia, llamada Phaseolus costaricensis, parece ser resistente a la podredumbre blanca (Sclerotinia sclerotiorum), que ataca a variedades de alubia cultivadas comúnmente y que constituyen un elemento básico de la dieta en Sudamérica.

«Esta alubia resistente a patógenos fúngicos es un caso destacable que resalta la necesidad de recoger y conservar no sólo cultivos, sino también sus parientes silvestres», comentó el Dr. Daniel Debouck, jefe de la unidad de recursos genéticos del Centro Internacional de Agricultura Tropical (CIAT, Colombia), que hasta ahora ha enviado a la Bóveda noruega 3.837 variedades de cultivo de 75 países.

La amplísima gama de cultivos ya protegidos en estas instalaciones de Noruega y también en otros almacenes de semillas del resto del mundo «es fundamental para que los agricultores de todo el planeta se adapten al cambio climático», declaró el Dr. Fowler, que fue profesor en la Universidad de Ciencias de la Vida de Noruega.

Los estudios más recientes sobre cultivos y agricultura indican, entre otros hallazgos, que la producción de maíz podría menguar un 25% o más en África antes de 2030. De cumplirse, este acontecimiento podría desestabilizar al conjunto de África y seguidamente provocar una crisis alimentaria de proporciones mundiales. Por ello los expertos en la materia opinan que los fitogenetistas deben desarrollar variedades resistentes al calor y la sequía sin demora.

«Si los cultivos y la agricultura no se adaptan al cambio climático, tampoco lo logrará la humanidad», advirtió el Dr. Fowler. «Pero para facilitar el trabajo a los agricultores, los fitogenetistas precisan acceso a la mayor diversidad genética posible, con el fin de proteger el vigor y la productividad de los cultivos frente a alteraciones climáticas.»

Por su parte, el Dr. Debouck señaló: «Ya hay fitogenetistas trabajando con denuedo para averiguar si la alubia silvestre se puede cruzar con variedades cultivadas y, de este modo, evitar lo que sería una interrupción problemática de la producción de alimentos.»

Por último, el Dr. Fowler aseveró: «Svalbard contiene una “copia de seguridad” infalible a la que podrá recurrir cualquier banco de semillas emisor si pierde sus reservas o parte de ellas, pero antes de nada debemos dedicar los mismos esfuerzos a prevenir catástrofes. Los bancos genéticos de cultivos son nuestro mecanismo de defensa primordial y más eficaz, pero cabe la posibilidad de que algo tan simple como el fallo de un congelador eche a perder un almacén que podría resultar indispensable para impedir una crisis alimentaria dentro de diez años.»

Global Crop Diversity Trust colabora con el gobierno noruega. La Bóveda, cuya construcción tuvo un coste superior a los 6 millones de euros, es administrada por el Nordic Genetic Resource Center, situado en Suecia.

The Global Crop Diversity Trust:    http://www.croptrust.org

Fuente: cordis.europa.eu

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