En 1988, un grupo de destacados artistas de la canción anglosajona grabaron un álbum para homenajear a dos leyendas de la música norteamericana: Woody Guthrie y Leadbelly. La pareja de intérpretes que fueron objeto de este homenaje establecieron una tradición a la hora de escribir música, con tal conciencia social, que han influenciado en gran parte de las nuevas generaciones de cantautores de los Estados Unidos. Fueron amigos y cantaron juntos en innunmerables acontecimientos sociales de la década de los años cuarenta y sus canciones ensalzaban el espíritu americano al tiempo que denunciaban la avaricia, el racismo y los abusos del poder. A pesar de que tuvieron unas vidas difíciles y murieron en la pobreza, el mundo entero ha estado inspirado por su música.

En el cortometraje que se realizó para la ocasión –y que tuve la suerte de visionar ayer– se recogen las ya históricas imágenes de sus primeras grabaciones en 1930 y 1940. Bob Dylan, Fishbone, Emmylou Harris, Little Richard, John Mellencamp, Willie Nelson, Pete Seeger, Bruce Springsteen, Sweet Honey in the Rock, Little Red School House Chorus, Taj Mahal, U2 y Brian Wilson rindieron homenaje a estos dos míticos cantantes prestando toda su energía y emoción en la interpretación de las obras de ambos en conciertos, grabaciones de estudio y actuaciones al aire libre.

Asimismo, todos estos artistas comentaron ante las cámaras el profundo efecto que la música de estos dos cantautores ha tenido en sus vidas y a la hora de escribir sus canciones. De alguna manera, estas actuaciones llenas de emoción y los elocuenes testimonios prestaron nueva vida a estas figuras legendarias del folk americano a traves de este festival de música con raíces en la tradicion de los pueblos. Y estas actuaciones han quedado registradas para el futuro mediante un disco titulado “Folkways: A Vision Shared – A Tribute to Woody Guthrie and Leadbelly”, que obtuvo un premio Grammy.

Todas las revisiones de las canciones ponen un halo de luz sobre sus autores, a la vez que redefinen la producción de estos cantantes y Bob Dylan es quien tiende un puente hacia el presente. Su version de “Pretty boy Floyd” con guitarra acústica y armónica, está llena de la sorpresa violenta de un hombre que busca su pasado y, contra todo pronóstico, llega a encontrarlo.

Las dos canciones de Bruce tocan el fondo de otra de las facetas de Guthrie: toda la rabia amarga y desesperada con el orgullo que utilizó para escribir sobre la sociedad que deseaba.

Asimismo, la desgarrada versión de los U 2 del “Jesus Christ” tiene una fuerza musical que se ajusta fácilmente al sonido de la actualidad. A pesar de las periódicas reconciliaciones, el rock siempre ha mirado al folk con una cierta incomodidad. Para los amantes del segundo, el rock arriesgaba un compromiso social, mientras que los roqueros siempre desconfiaron de lo que denominaban mojigatería de los dedicados al folklore.

Una producción, este homenaje, que te deja un gusto por una época de las música de nuestro tiempo y otras décadas claves para entender lo que está sucediendo a nuestro alrededor.

Nino Rota

Y seguimos escuchando música, en este caso a través de la palabra escrita. Hace poco más de 33 años fallecía en Roma Nino Rota. Entre los muchos libros que se han escrito sobre él uno de ellos (publicado al cumplirse el onceavo aniversario de su desaparición) deviene motivo de inflamado recuerdo, de un justo homenaje, del apasionado análisis de su obra, de la aproximación a la persona y al compositor, del avisado comentario del panorama histórico-cultural-musical italiano, a través de las páginas de “Nino Rota, la imagen de la música”, de José María Latorre; suerte de asignatura personal pendiente, como cabe deducir de la confesión del autor en el prólogo a propósito de que este es un libro que se debía a sí mismo. Latorre se acerca a Rota y a su música con el corazón, desde posiciones de rendido admirador que no duda en manifestar que la música del “maestro” le ha acompañado siempre.

Contraviniendo el manido tópico del Rota “músico de cine”, del Rota felliniano, cuando no del Rota estrictamente desconocido, la mirada de Latorre incide tanto en su labor de compositor de bandas sonoras para el cine como de óperas, música sinfónica, sacra y hasta de ballets. A medida que avanza el libro se va perfilando el dibujo de un Rota generoso, fértil, afable, amigo de sus amigos, siempre disponible, melancólico y feliz, incapaz de una negativa, de ahí que sólo se arrepintiera de una cosa: de haber trabajado demasiado en cine.

Mr. Arriflex