¿Por qué una lectora media (como yo creo ser) no tenía ninguna noticia de este libro? ¿Qué razón hay para que “El ancho mar de los Sargazos” no sea una referencia más común en las librerías, en las recomendaciones y críticas de revistas y suplementos literarios? ¿Alguien podría explicar por qué ningún avispado escritor o librero no hace venta o promoción conjunta con “Jane Eyre”? Sinceramente, tras leer esta novela de Jean Rhys no alcanzo a perdonarme mi ignorancia con respecto a esta obra ni a comprender su limitada difusión.

La escritora Jean Rhys en 1921

Escribo apresuradamente estas líneas, en el aeropuerto de Lisboa, pues no quiero dejar de reflejar enseguida mi estado de confusión y asombro ante uno de los libros que más me ha impactado en los últimos años. No voy a decir aquello de “cómo he podido vivir hasta ahora sin haberlo leído”, pero lo cierto es que ha sido una experiencia muy placentera, y es francamente reconfortante saber que aún existen textos tan arrebatadores, sublimes, bellos y desconcertantes. Y que están al alcance de nuestra mano y nuestros ojos. Sólo es necesario que alguien te los descubra. (…)

En cuanto al ejercicio literario de Jean Rhys, opino que es sublime. En el cambio de narrador y en el tratamiento de los puntos de vista, en el uso de sobrentendidos y elipsis, en las descripciones de la naturaleza (voluptuosa, exuberante y sofocante, en paralelo a las tramas emocionales). Inquietante la atmósfera que consigue, permanentemente cargada de electricidad, como los cielos tormentosos del Caribe, en la que intuimos que algo está a punto de pasar, y que ese acontecimiento no será sino sórdido, una nueva vuelta de tuerca, una incursión en el abismo de la miseria humana. En lo que al uso de personajes de un libro anterior para ser la base de una nueva creación, mi memoria no me devuelve ningún otro ejemplo. Los hay, estoy segura. No es un recurso muy utilizado, aunque podría dar mucho juego, sobre todo si, como hace Jean Rhys, no hay intento de enmendar la plana al anterior autor ni de hacer una nueva versión de un personaje ya definido, ni de ajustar cuentas. Sí, es cierto que describiendo a Berta, Jean Rhys nos descubre el lado oscuro de Rochester (por otra parte intuido en “Jane Eyre”). Podría leerse “El ancho mar de los Sargazos” sin tener referencia ninguna de “Jane Eyre”, y sería una excelente novela. Pero una vez descubierto ese lado oscuro, después de haber admirado su lealtad y entrega hacia Jane, nada vuelve a ser lo mismo.

elena

Jean Rhys. Viaje a la oscuridad (fragmento)

“A veces era como si hubiera vuelto allí, e Inglaterra fuera un sueño. En otros momentos Inglaterra era lo real y el sueño estaba allá, pero nunca pude reconciliar ambas cosas. Pasado un cierto tiempo me acostumbré a Inglaterra, y empezó a gustarme, me acostumbré a todo, excepto al frío y a que las ciudades que visitábamos parecieran todas exactamente iguales. Uno se trasladaba perpetuamente a otro lugar que era perpetuamente el mismo. Había siempre una callejuela gris y otra callejuela gris donde estaba tu alojamiento, e hileras de casitas con chimeneas que parecían pertenecer a barcos de vapor falsos y humo del mismo color que el cielo. (…)

Soñé que iba en un barco. Y había un marinero que llevaba un ataúd de niño. Levantó la tapa, hizo una reverencia y dijo: “El niño obispo…” Y un enanito completamente calvo se sentó en el ataúd. Vestía sotana, y llevaba un gran anillo azul en el dedo mediano. Cuando se puso en pie, el niño obispo era como un muñeco. Sus enormes ojos claros en un rostro exiguo y cruel, rodaban como los de un muñeco, cuando lo inclinabas de uno a otro lado. Saludó con una inclinación de derecha a izquierda cuando el marinero lo sostuvo en pie. Pero yo pensaba: –¿Qué hay en el agua?– y el corazón me dio aquel terrible vuelco. (…)

Todavía estaba intentando atravesar la cubierta y llegar a la orilla. Daba zancadas enormes, trepando, casi volando entre figuras confusas. Estaba exánime y muy cansada, pero tenía que seguir adelante. Y el sueño siguió hasta alcanzar un clímax de insensatez, fatiga y agotamiento, la cubierta cabeceaba todavía arriba y abajo. Fue curioso cómo, a partir de entonces, seguí soñando con el mar. “