Claude Debussy, 150 aniversario

Para el compositor y director de orquesta Pierre Boulez, «sólo a Debussy podemos situarlo junto a Webern en una misma tendencia a destruir la organización formal preexistente en la obra, en un mismo recurrir a la belleza del sonido por sí mismo, en una misma pulverización elíptica del lenguaje». En detrimento de la tríada Stravinski, Schönberg y Bartok, para Boulez el verdadero precursor de la música contemporánea es este músico francés: sin su obra no se entendería no ya la de Ravel, sino tampoco la de Edgard Varèse u Olivier Messiaen. Fue Debussy, quien, al romper con la forma clásico-romántica de su tiempo, descubrió un lenguaje musical nuevo, libre, oscilante, abierto a posibilidades infinitas. Un lenguaje que, aunque tenía su origen en Wagner, establecía una alternativa diferente al modelo propuesto por éste en todos los parámetros que rigen la composición musical. A pesar de ello, no hay que ver en Claude Debussy, un artista iconoclasta que reacciona contra el legado del pasado: la tradición, sobre todo la del Barroco francés, reviste una trascendental importancia en su música, particularmente en sus últimas composiciones, tales como las tres sonatas de cámara. Esta dualidad otorga al legado debussysta su perenne actualidad.

Nacido en el seno de una familia modesta sin preocupaciones artísticas, desde pequeño gozó de la protección de un acaudalado mecenas, Achille Rosa. Una discípula de Chopin, madame Mauté de Fleurville, lo preparó para afrontar las pruebas de acceso de París, que Debussy superó con brillantez cuando contaba diez años. En la época que pasó en dicha institución, el joven músico empezó a distinguirse por su inconformismo, su desprecio por las reglas académicas y su singular imaginación en el terreno de la armonía, cualidades que le acarrearon la enemistad de los profesores más conservadores. Aun así, en 1884 obtuvo el máximo galardón que concedía el Conservatorio, el prestigioso Premio de Roma. Sus obras de ese período revelan la fascinación que el futuro autor de Pelléas et Mélisande sentía entonces por la música de Wagner. Su estilo no empezó a adquirir un carácter personal hasta La demoiselle élue, cantata de inspiración simbolista que en su ambigua armonía y su gusto por lo indeterminado, la insinuación matizada y el ornamento refinado anuncia ya algunas constantes de su producción. Aunque en numerosas ocasiones se ha calificado su música de «impresionista», lo cierto es que se halla más cerca de la poética simbolista que del impresionismo pictórico de Monet o Pissarro.

En 1894 llegó su primera gran obra maestra, el Preludio a la siesta de un fauno, partitura orquestal inspirada en un poema de Mallarmé en la cual la música adquiere una dimensión puramente sonora. Algo similar puede decirse del posterior Pelléas et Mélisande, un drama lírico que sobresale por su atmósfera evocadora e indefinida, alejada de todo pathos posromántico. Su estreno convirtió a Debussy en el jefe de filas de la nueva generación de músicos franceses, a pesar de la hostilidad con que esta ópera innovadora y audaz fue acogida por la crítica y un sector del público. El tríptico sinfónico La mer supuso un nuevo salto adelante en el desarrollo de su estilo y un alejamiento de la estética de Pelléas que no todos sus seguidores comprendieron. Estrenada esta partitura en 1905, ese mismo año estuvo marcado por el escándalo público que supuso el divorcio del músico y su unión con Emma Bardac, esposa de un rico banquero. Los últimos años de Debussy estuvieron marcados por el cáncer que acabaría con su vida y por la Primera Guerra Mundial, a raíz de la cual su ideología y su música derivaron hacia posicionamientos de clara inspiración nacionalista.

Fuente: http://www.biografica.info/

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20 comentarios sobre “Claude Debussy, 150 aniversario

  1. El impresionismo musical no tuvo una fácil aceptación en los círculos musicales franceses, pero la compuesta por Debussy, por el contrario, llegó a ser aclamada finalmente tanto en las salas de concierto como en otros ambientes musicales menos cultos de París. Reconocimiento que el gran compositor francés le confesó por escrito a Charles Gounod con estas palabras: “El día que escuché mi música en la calle, entonada por gente que ni siquiera conocía mi nombre, empecé a creer que gozaba ya de cierta reputación”. Así lo refleja Emile Vuillermoz en su libro ‘Épocas musicales’.
    Gracias por publicar este post dedicado a uno de los grandes músicos de la historia.
    Gloria

  2. Te quedo muy agradecido por el magnífico comentario que has enviado a este blog, estimada Gloria. E igualmente por dar a conocer el libro ‘Épocas musicales’ de Emile Vuillermoz
    Un saludo cordial

  3. Estimado amigo. La lectura de este magnífico artículo me hizo recordar a una de mis antiguas amantes, una aristócrata húngara cuya belleza y glamour se apoyaban en el puro idealismo que le conferían su larga cabellera rubia, su tez pálida y sus ojos azules. Era exquisita. Leía a Novalis, hablaba con voz sueve e interpretaba al piano por las noches, junto a la encendida chimenea del gran salón de su mansión parisina, la música evanescente de Debussy. Precisamente el “Clair de Lune” que interpreta Michael Houstoun en su ecléctica y magnífica bitácora… Un día (era previsible) ella me abandonó y se fugó con un marqués español propietario de una ganadería en Salamanca. Sin embargo, siempre le agradeceré que me convirtiera en un fanático admirador del maestro de Saint-Germain-en-Laye.
    Saludos cordiales

  4. Dicen que es de bien nacidos ser agradecidos, Marc. Y tú lo has demostrado sobradamente. Perder a una bella aristócrata húngara, idealista, exquisita, buena lectora y amante de la música no me parece algo irreparable –las hay a montones en este ancho mundo– si a cambió te dejó una herencia tan hermosa como la plácida música de Debussy.
    Un abrazo y todo mi apoyo.

  5. Estimado amigo Luis Irles, hace tiempo que leo este maravilloso blog, porque entre otras cosas en él se manifiesta la sensibilidad al arte en su más amplio y extenso sentido de la palabra. Enhorabuena por su creación.
    Respecto a la entrada de Debussy, magnifica, sublime, si tenemos en cuenta que la he ido leyendo a la vez que oía la interpretación al piano del “Claro de Luna”.
    Gracias por mantener este faro de cultura para el mundo entero y gracias por interesarte por mi recién estrenado blog. Te dejo una muestra. Saludos desde España.

    http://enmiscriptorium.wordpress.com/2012/10/02/el-teatro-romano-de-malaga-mas-de-2000-anos-de-historia/

  6. Muchísimas gracias por tus elogiosas y amabiles palabras, Cruz de Malta. Por mi parte quisiera decirte que tu blog me ha parecido muy interesante, especialmente los temas relacionados con el sector sanitario, ya que tengo familiares cercanos que ejercen esa profesión. Aunque no he tenido tiempo de leer todos los artículos con detenimiento, algunos de ellos (como el del Teatro Romano de Málaga) me han encantado. Prometo volver a tu magnífica bitácora –que supongo escribes desde tierras malacitanas– para leerla con la mayor atención.

    Un cordial saludo desde Chile, en plena primavera austral.

    Pd. Me olvidaba decirte que tu blog quedó enlazado a este faro hace ya unos días.

  7. Estimado amigo. Gracias a tí, por estar al otro lado del mundo alumbrándonos. Efectivamente escribo desde Málaga, ciudad andaluza del Sur de España, maravillosa por cierto, y con un clima execpcional, pero nada que envidiar a la tierra en la que te encuentras. No tengo la fortuna de conocer Chile, pero desde hace muchos años siempre he querido conocer la Tierra del Fuego, la Patagonia, y sobre todo Chile. Me parece un paraíso en el fin del mundo. Sueño conocer esa primavera austral. De hecho llegué a tu blog a través de unas fotos de la Patagonia que encontré un día y, fascinada por ellas, me fuí adentrando en este universo de cultura.
    Me interesa mucho.
    Nos mantendremos en contacto y tendrás la oportunidad de leer post en materia sanitaria, pues a ello me dedico.
    Cordiales saludos desde el Otoño malacitano.

  8. Conozco muy bien Málaga, me encanta esa ciudad y siempre procuro darme una vuelta por allí cuando voy a España, estimada Cruz de Malta. Por eso te agradezco doblemente que hayas dedicado a este faro las hermosas palabras que has escrito sobre él. Respecto a tus deseos de conocer Chile y su espectacular Patagonia sólo me cabe animarte a que lo hagas, ya que no te decepcionará y, además, aquí contarás con un amigo que te recibirá con aprecio y con una canción típica de esta tierra que dice: “… y verás como quieren en Chile al amigo cuando es forastero”.

    Un abrazo, amiga.

  9. Muchas gracias de nuevo amigo Luis, siempre es agradable tener amigos al otro lado del mundo, como bien dice este blog, donde habita el faro del fin del mundo, por cierto estupenda novela.
    Si eres tan amable de mostrarme el enlace en tu blog a fotografías de Chile. Me gustaría verlas. Un abrazo.

  10. La verdad es que no tengo un enlace específico en el blog para ver fotografías de Chile, estimada amiga. Yo creo que buscando en Google encontrarás bastantes, aunque la mayoría están publicadas en webs turísticas y algunas, por lo que he podido ver, no tienen suficiente calidad. Espero que tengas más suerte que yo… 🙂
    En todo caso aquí y aquí hay algunas que pueden darte una ligera idea de la hermosura de este país de poetas y volcanes nevados.
    Un fuerte abrazo

  11. Tengo el profundo sentimiento de discrepar bastante con el artículo sobre Debussy. Algunas afirmaciones me perturban y otras me confunden.

    Debussy nunca tuvo influencia de, ni aprecio por Wagner. Sólo curiosidad. Hay que comprender que en su época Wagner atrajo la atención de toda Europa al romper muchos esquemas con gran estrépito (bueno, con Wagner siempre todo es con gran estrépito… ) en fin, Debussy siguió a la multitud, hasta que finalmente lo escuchó por primera vez siendo profesor de música de los hijos de Madame von Meck, una aristócrata rusa muy aficionada a la música y que a menudo tocaba a dos pianos con el joven francés las sinfonías de Tchaicowsky, su amor platónico y bastante imposible, y en general las obras de todos los compositores de la época que tenían algo que decir. Fue con este cortège que Debussy escuchó en Viena Tristan und Isolde, y en 1887 en Paris Lohengrin, en una función muy escandalosa. Escandalosa por la afortunada reacción adversa del público, sin la cual, la función habría sido un aburrimiento. Ya entonces Debussy estaba bastante desilusionado por Wagner, y finalmente en 1888, después de asistir al Festival de Bayreuth, perdió el interés por completo.

    No entiendo entonces, que se afirme que en 1884, en la época del Prix de Rome “las obras de ese período revelan la fascinación que el futuro autor de Pelléas et Mélisande sentía entonces por la música de Wagner.” Pelléas et Mélisande está en las Antípodas de Wagner. En el momento culminante de la obra, cuando Pelléas declara su amor, lo hace en un susurro, con la orquesta apenas murmurando y el teatro sentado sobre alfileres en el silencio más absoluto. Así se escucha apenas audible, el clímax de la ópera: “je te aime…je te aime, aussi…” Muy diferente a Wagner, que en sus momentos culminantes la orquesta tocaba un fortísimo tan tempestuoso y abrumador, que se tuvo que construír un teatro especial que soportara todo ese ruido, aún con la orquesta sumergida varios metros en el foso. Y aún así, nunca pudo igualar la tensión y la pasión de ese breve diálogo susurrado y que no necesitaba de nada más. Para el amable lector admirador de Wagner, sólo puedo presentar como prueba de lo que sostengo la burlona referencia que hace en el “Children’s Corner” a el tema de la muerte de Isolda.

    Otra afirmación que me confunde es “para Boulez el verdadero precursor de la música contemporánea es este músico francés: sin su obra no se entendería no ya la de Ravel, sino tampoco la de Edgard Varèse u Olivier Messiaen” . Si no lo dice Monsieur Boulez, no lo dice nadie. La hechizante música de Ravel no necesita ni a Debussy ni a nadie. Es la esencia del espíritu galo. Clara, brillante, simétrica como Versailles y colorística como los Impresionistas. No se pretenda relacionar el horror dodecafónico de Schoemberg y Webern con Debussy. Es como pretender que los Impresionistas y “El grito” de Munch tienen algo en común. Y Varesse y Messiaen no precisan de nadie para que no se los entienda. De paso hay que mencionar que Monsieur Boulez es un furioso intérprete de la obra de los dodecafonistas, amén de un compositor bastante discreto de esa misma corriente.

    Hay muchos otros aspectos que me gustaría comentar, pero me he alargado mucho. Ofrezco mis más sentidas disculpas a los miembros del Faro a los que involuntariamente he insultado con mis opiniones. Sólo puedo decir en mi defensa que yo siempre tengo la razón. Tampoco me gusta discutir. ¿Para qué? Sólo serían estériles intercambios de velados insultos que se estrellarían ante mis sólidos e irrefutables argumentos.

    Solo quiero saludar a Monsieur Luis, y a él y sólo a él le permito que publique o no mis inquietudes. M.

  12. Querido Mario: He sentido una gran alegría al verte de nuevo por este faro que –lo digo con absoluta sinceridad– siempre has enriquecido con tus brillantes e inteligentes observaciones. Es más, la época en la que solías enviar tus más polémicos y sarcásticos textos (que tuvieron –justo es decirlo– algunas inolvidables réplicas de otros lectores casi tan inteligentes como tú) fue una de las más ricas que vivió esta modesta bitácora. Yo, personalmente, la disfruté muchísimo.

    Y ahora, mi breve respuesta al tema que planteas: creo que tienes fundadas razones para discrepar con algunas de las afirmaciones que hace el autor del artículo sobre Debussy, y pude confirmarlo al leer un artículo de Federico Heinlein titulado “Debussy crítico”, publicado hace unos años en la “Revista Musical Chilena”, en el que Heinlein documenta el rechazo que le merecen a Debussy la mayoría de los compositores germanos. Como muestra, reproduce una carta del gran compositor francés en la que habla de la “embustera grandilocuencia de Gluck y de la metafísica farsante de Wagner”. Sin comentarios.

    Bueno estimado Mario, confío en verte con más regularidad por acá. Las palabras de una persona sensible, inteligente y emotiva como tú siempre se agradecen.

    Cuenta siempre con mi amistad y mi apoyo. Felices fiestas.

  13. Demasiado amable, Monsieur Luis, demasiado amable. Cierto es que no venía al Faro hace tiempo y ha sido un placer volver a hacerlo. Tampoco olvido la época en que nos peleábamos en inglés, francés y castellano lo que provocaba una Babilonia de insultos y afectos, siempre muy corteses. No veo por qué esta atmósfera no podría repetirse.

    Mucho he navegado por el blog, y aunque he visto aterradores homenajes recordatorios a Pollock y Cage, no encontré ninguna referencia al Centenario del naufragio del RMS Titanic…¿será que en un blog tan oceánico se omitió mencionar un desastre marítimo tan señalado? ¿será que Madame La Voyageuse logró salvarse del destino que la esperaba una fría noche de abril de 1912? y si lo hizo, ¿fue en el bote n°4, que era como debía ser y no en cualquier bote, junto a la crema de la sociedad de Filadelfia, amén de un par de Astors y Madame Aubert, que aunque no era la esposa, sí la amante de B. Guggenheim, descubridor y propietario del mineral de Chuquicamata, un hecho poco conocido pero cierto?

    Mi nave ha navegado por mares turbulentos y tenebrosos y se ha perdido varias veces en el Cabo de las Tormentas, pero ahora navego en círculos por aguas más plácidas que las del Mar Muerto…
    Un saludo de Navidad y Año Nuevo para tí también, Monsieur Luis y no seré extraño al blog. M.

  14. No se trata de amabilidad, estimado Mario, simplemente creo que no se deben ahorrar halagos hacia ciertas personas que, como tú, sobradamente se los merecen. Así, pues, me reafirmo en todo lo que expresé en mi anterior comentario. Ojalá que se repita, como tú dices, aquella época en que brillantes, políglotas e irónicos polemistas discutían sobre algunos de los más “incómodos” artículos que se publicaban en este blog. Por otra parte, me alegra muchísimo saber que actualmente navegas –aunque sea en círculos– por azulados mares en calma.

    Respecto al hecho de que no se recordara en este blog el Centenario del naufragio del Titanic debo aclararte que se debió, estrictamente, a las veladas amenazas recibidas por parte de Madame La Voyageuse y a las terribles represalias que anunciaba contra mí en caso de hacerlo… Así es, Mario. Me asusté. Tal vez pienses que estoy exagerando, pero probablemente no sepas que Simone de la Grignotiere (tal es su verdadero nombre) logró salvarse aquella trágica noche sin necesidad de utilizar el bote nº 4 ni ningún otro, ya que en el último momento desplegó sus grisáceas alas y sobrevoló el Atlántico hasta llegar sana y salva a su castillo en Poitou-Charentes, donde ha vivido durante siglos. Su propia madre, una hechicera con más poderes que ella, la condenó a que un día por semana se transformase en un monstruo (mitad mujer, mitad águila), lo que no ha impedido por otro lado que las crónicas digan acerca de su belleza del resto de los días que al parecer es embriagadora y mareante, hermosa y rebelde como su propia esencia, capaz de encerrar a su padre en una montaña para vengarse de su perfidia. Dicen quienes han tenido la ocasión de tratarla que últimamente ha cambiado mucho y ahora sólo es un hada benefactora que a veces se confunde, pero yo no termino de creerles. También afirman que no acostumbra a tocar el suelo de ningún lugar porque –desde la noche en que por su culpa se hundió el Titanic– no le está permitido descender de las alturas, a menos que sea estrictamente necesario. Y yo sigo sin creerles… ¿No es cierto que hago bien en desconfiar, amigo mío?

    Un abrazo.

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