Jacques Tati, un cineasta de la incomunicación

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Con el título de ‘Jacques Tati, deux temps, trois mouvements’, la Filmoteca Francesa rindió hace pocos años un emotivo homenaje a este inolvidable realizador y actor francés de origen ruso, nacido en 1907 en Le Pecq, un pequeño pueblo próximo a la capital francesa, y fallecido el 4 de noviembre de 1982. Posteriormente, la Alliance Française propició la exhibición del ciclo de cuatro de sus más conocidos films –«Las vacaciones del Sr. Hulot» (1953), «Mi tío» (1958), «Playtime» (1967) y «Trafic» (1971)– por diversas capitales europeas.  El influyente crítico de cine francés Serge Daney apuntó en aquella ocasión que Tati había hecho una revolución antropológica. Para él, la fuente de comicidad no es que un cuerpo caiga sino que se mantenga derecho y camine. «Tati propone otra comicidad en que lo gracioso es mantenerse derecho y el hecho de vacilar (los andamios de Hulot) es lo humano».

Jacques Tati, una modernidad no elitista.

Seguramente, el olvido de Jacques Tati ha provenido, en parte, de su condición de outsider (como ya lo había sido Jean Vigo), de arriesgado francotirador del cine francés, con una independencia que le llevó incluso al arduo territorio del experimentalismo técnico. Y, aunque ha sido considerado por la crítica un paladín de la modernidad estética en el cine europeo a lo largo de más de dos décadas, no fue en cambio un autor elitista, ya que se dirigió siempre al gran público sin complejos ni subterfugios.

Muy brevemente, quisiéramos referirnos aquí al experimentalismo de su obra, no sólo por su trabajo pionero con el color, con el vídeo y con la mezcla de diferentes formatos de película, sino, sobre todo, por su reinvención del cine sonoro. Puede parecer una provocación afirmar que Tati reinventó el cine sonoro cuando hacía más de diez años que las películas con sonido circulaban por el mundo. Sin embargo, cuando se contempla su aportación global con la perspectiva adecuada, se hace patente que una de sus principales contribuciones a la historia del cine radica en su propuesta de una nueva estética fílmica. Sus estrategias radicales para afrontar la expresión audiovisual lo convierten en un cineasta experimental. Hereje del cine dominante, de las fórmulas establecidas, eliminó el vococentrismo (situándose en las antípodas de cómicos tan famosos como el mexicano Cantinflas) y exploró la poética del universo de los ruidos (incluyendo las voces en la categoría de ruidos) como nunca nadie lo había hecho antes.

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Esta opción estética fue asociada con su estridente reivindicación de la pantomima en pleno cine sonoro, con estrategias muy diferentes de las de los grandes actores cómicos de la etapa muda. Su nueva sintaxis corporal se alejaba tanto del mecanismo de precisión de Buster Keaton y del victimismo somático de Charles Chaplin, como de las acrobacias de Harold Lloyd. El cuerpo rehuía la vertical y anunciaba con este desequilibrio su colisión catastrófica con su entorno reglado y conformista. Pero algunos hilos le unían a la gran tradición de los cómicos de la era clásica. Quizás lo más importante fue el antagonismo o la lucha contra los objetos de su alrededor, artefactos díscolos, la interacción con los cuales se convirtió en una fuente permanente de gags.

Con todo ello se llega al tuétano ideológico de su obra, que comienza sobre una modesta bicicleta rural y se extiende hasta el agresivo caos automovilístico de las grandes ciudades. Tati denuncia en sus filmes, con una finura progresiva, las disfunciones de un mundo cosificado, que termina sometido ciegamente a la tiranía de la técnica o del diseño supuestamente racionalistas y que lleva hacia la deshumanización de las relaciones interpersonales.

Se podría afirmar que mucho antes que Antonioni, Tati fue literalmente un cineasta de la incomunicación y de la alienación, adelantándose también a Jean-François Lyotard en su crítica a la modernidad desde supuestos posmodernos. La lucidez psicológica y social de Tati lo convirtieron en un profeta de las corrientes de pensamiento más avanzados de la segunda mitad del siglo XX.

Mr. Arriflex

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11 comentarios sobre “Jacques Tati, un cineasta de la incomunicación

  1. Es cierto que Jacques Tati fue un auténtico genio del séptimo arte. Un cineasta equiparable a mi admirado Jean Vigo, tan oportunamente citado por el autor de esta inteligente crónica.
    Mr. Arriflex ha tenido un bonito detalle al recordarlo en tu estupendo blog.
    Cordiales saludos para todos

  2. La comparación intelectual que haces entre Tati y Jean Vigo la considero muy acertada por tu parte, estimado Jean Paul. El guión de “El ilusionista”, que Tati escribió entre 1956 y 1959 y que Sylvain Chomet llevó a la pantalla hace un par de años, le habría encantado a ese otro mago del cine que nos regaló joyas como “Zéro de conduite”, “À propos de Nice” y “L’Atalante”.
    Un abrazo y gracias por la visita..

  3. Muchas gracias en nombre de Mr. Arriflex, Jorge. Sé que eres un profundo conocedor y amante del cine, así que no me extraña que Jacques Tati sea tu director preferido. Sin duda, fue uno de los genios más indiscutibles y con más talla que el mundo del arte ha dado.
    Saludos cordiales.

  4. Imprescindible, don Luis, Tati, una vez que uno lo conoce. Doloroso descubrir que uno lo tiene en la memoria y qué poco es lo que sabemos o hemos visto de él. O podemos ver. Digo, pienso, siempre, en la sala oscura de los asombros compartidos.
    Un abrazo

  5. Como siempre, mil gracias por sus letras, amigo Federico. Precisamente en esas salas oscuras –que usted tan poéticamente describe– fue donde yo pude disfrutar enormemente de la obra de Tati y valorar su humor agridulce, lúcido y sagaz. Su entera filmografía contiene todo lo que para mí significa la palabra cine.
    Un fuerte abrazo.

  6. El Ilusionista es una gran película que, en mi modesta opinión, logra plenamente trasladar el genio de Tati a la gran pantalla. Creo que Chomet minimizó el humor negro que hay en el guión original para subrayar la fresca poesía que abunda en él.
    Saludos.

  7. Aunque las imágenes son el motor narrativo principal de ‘El ilusionista’ –un film casi exento de diálogos aunque lleno de matices– es cierto que la poesía impregna todo el guión de Tati. El propio Chomet declaró en su día que todo lo que hizo fue añadir su propia poesía visual a la del gran cineasta y actor francés, y que en su fuero interno siempre estuvo seguro de que iba a funcionar.
    Muchas gracias por comentar, Eduardo. Saludos.

  8. Prácticamente en todas sus películas, Tati se enfrentó radicalmente a la modernidad. Y así lo evidenció también en «Playtime» (1967), que para mí es uno de los más interesantes films de toda su carrera y la culminación de la magistral obra del gran cineasta francés.
    Enhorabuena por su blog.
    Marta

  9. Una observación muy acertada por tu parte, Marta. Aunque en “Trafic” Tati encarnó el personaje de un hombre ya integrado en el «sistema». Quizá tuvo que hacer algunas concesiones tras su fracaso con “Playtime” en el ámbito comercial francés. Como sabrás, Tati no consiguió estrenarla en Estados Unidos, por lo que su productora quebró y, durante un tiempo, le quitaron los derechos de sus películas.
    Gracias por comentar. Un saludo cordial.

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