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El chamanismo, surgido en el Centro y Norte de Asia antes del Neolítico, está considerado por muchos antropólogos como el antecedente de todas las religiones organizadas. Es precisamente en la zona norte de la inmensa Siberia, donde este tipo de creencia y práctica tradicional similar al animismo, conserva su aspecto más auténtico y primitivo. El escritor, filósofo e historiador rumano Mircea Eliade llamó a estas manifestaciones espirituales –que se repiten con ciertas variantes en muchas partes del mundo– las “técnicas del éxtasis”.

El orígen del chamanismo

La palabra chamán deriva del idioma evenca, que es propio de un pequeño grupo de cazadores y pastores de renos de Siberia. Aunque algunos eruditos argumenten que la palabra deriva del sánscrito, el término ‘chamanismo’ se usa, en sentido restricto, apenas para designar las tradiciones espirituales de Siberia y Mongolia. Inicialmente, fue apenas utilizada para designar un líder espiritual de esta región, pero en el inicio del siglo XX, la designación se aplicó a un abanico de curanderos y curanderas.

Estas tradiciones espirituales comparten una cosmología de niveles, conectados por un árbol, un pilar o una montaña. Abarcan la capacidad de viajar dimensionalmente en la separación del espíritu del cuerpo y del vuelo chamánico hasta el cielo y de la capacidad de entrar en contacto con las energías telúricas, del inframundo. De un modo típico, la iniciación del chamán se realiza a través de su rendición a los espíritus que lo conducen a una especie de “muerte chamánica”, o desmembramiento, llevado a cabo por los espíritus, que después de esa rendición lo vuelven a reunir, ayudándolo a renacer, más consciente de su poder, y entronizado con los poderes de estos espíritus.

Los distintos chamanes

Hay varios tipos de chamanes, incluso en el seno de una misma sociedad, y hasta del mismo campamento. Unos juegan el rol de curanderos, otros de descubrir la caza, otros aún alejan los malos espíritus o entraban en contactos con los muertos. La idea del chamán idealizado, tal como presenta Mircea Eliade, se vuelve cada vez más difícil de sostener en cualquier investigación en esta región social y ecológicamente diversificada. De un modo general, hay dos grandes inclinaciones que constituyen la calidad espiritual de la región. A que sin duda más ha atraído la atención presenta un tipo de chamán que participa de fuerzas inmanentes del mundo, que sean humanos, animales o elementos como el agua y el aire. En este tipo de chamanismo, el chamán tiene la habilidad de mezclar su energía con las energías de cualquier cosa, como por ejemplo un animal. Estos chamanes son capaces de viajar dimensionalmente, generalmente con la finalidad de de alterar una situación desfavorable, como una enfermedad. Otro tipo de chamanismo es el del clan, que se preocupa por la reproducción y la familia. Este tipo de chamanismo se asocia con un culto del cielo y de las montañas. Los locales de culto, constituidos por un amontonado de piedras con un palo vertical en la cima, se mantiene populares y son designados por “oboo” en la Mongolia y regiones vecinas.

Entre los Buriatas y los Icautos, las diferencias corresponden a una clasificación nativa de los chamanes, en blancos y negros. Hablando de un modo general, los chamanes negros entran en trance y contactan con los espíritus de los mundos subterráneos y de la enfermedad, mientras los chamanes blancos oraban antes de que entren en trance, invocando bendiciones para los hombres y para los animales domésticos, concedidas por los dioses y por los espíritus auspiciosos del mundo superior. Estos chamanes blancos corresponden a lo que en otras partes del mundo se designa por “sacerdotes”.

Como ya ha sido explicados por diferentes especialistas, el chamán siberiano consigue viajar dimensionalmente y “abandonar” su cuerpo y viajar hasta otras regiones del cosmos, y particularmente hasta un mundo superior y también un interior. Esta capacidad también es tradicional en otras partes del mundo, especialmente en América Latina y África, y nos permite designar sociedades y culturas chamánicas.

shaman.210Los pueblos siberianos creen tradicionalmente que el mundo se divide en tres niveles. Los seres humanos viven en el nivel medio, pero el mundo superior, en el cielo, es alcanzable por intermedio de un pequeño orificio. Este mundo tiene una superficie sólida (siendo pueblada incluso por animales) y se divide en varios niveles. Los cazadores del extremo norte creían que había apenas tres, pero más al sur, en resultado de la influencia de los imperios de las cortes próximas, muchos más se consideraron, pensándose que el gobernante supremo, Bai Ulgen, viviese en el noveno nivel. Del mismo modo, el mundo inferior se encontraba dividido en diverso niveles, y era frecuentemente considerado el reino de los muertos.

En la iniciación del chamán, el tema muerte se completa con renacimiento, y el movimiento del chamán en el espacio cósmico es por veces comparado al regreso al útero. Más allá de ser amamantado al pecho de una madre-espíritu, el chamán siberiano es aún ocasionalmente embalado en una cuna de hierro por espíritus, sobre un nido de ramas del árbol del mundo. Entre los esquimales de Alaska, el túnel de pasaje para el iglú significa claramente el pasaje vaginal para el útero, y la palabra “ani” tanto significa “salir del iglú” como “nacer”.

Son estos imágenes que hacen con que algunos psicoanalistas y psicólogos interpreten la iniciación y el trance chamánico como una regresión infantil. Por supuesto, sin embargo, que ni todos los retornos al útero son regresivos, una vez que el chamán renace como un adulto integrado y extremadamente poderoso. En este aspecto, la iniciación chamánica se asemeja a la iniciación vulgarmente efectuada en muchas sociedades por ocasión de los ritos de la pubertad, de la cual se dice que el adolescente regresó al útero para renacer esta vez como completamente adulto, como una persona más completa de la que anteriormente fue.

En el siglo XIX y en el principio del siglo XX, los primeros estudios antropológicos llegaron a la conclusión de que estos pueblos chamánicos se habían convertido en la frontera natural entre los modernos imperios ruso y chino. En Mongolia y en Siberia del Sur, el chamanismo competía con la forma tibetana del budismo, el Lamaísmo. Pero Mongolia se caracterizaba por poseer fuentes escritas no europeas relativas al chamanismo. The Secret History of the Mongoles, y los trabajos del viajante Rashid Al-Din demuestran que el chamanismo mongólico de hace miles y miles de años era semejante en muchos aspectos al que hoy se practica, a pesar de las constantes modificaciones políticas y sociales ocurridas. Mongolia fue pacificada dos veces por misioneros budistas, mientras la corte china compartía el culto del cielo con las tribus del interior.

El chamanismo en esta región está íntimamente relacionado con las tradiciones espirituales y creencias que se encuentran en dos partes muy diferentes del mundo. De inicio, América del Norte fue muy probablemente colonizada desde la Siberia, por cazadores que atravesaron el Estrecho de Bering cuando allí aún no existía una conexión de tierra entre los dos continentes. El chamanismo de los esquimales del norte americano es casi idéntico al de los Tchuktchis, del lado siberiano del mar. Las tradiciones chamánicas de Mongolia son próximas de la filosofía pre-budista y de las varias formas de religión que se encuentran en Nepal y en el sudoeste asiático y Asia meridional.

Ritual Chamánico Thuktchi de Siberia

Tráiler del documental ruso “Pegtimel”.
Se puede descargar completo en: http://sati.archaeology.nsc.ru/eas/

Extractado de http://www.punksunidos.com.ar/