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Los amantes del arte suelen aparecer con bastante frecuencia en las novelas de John Banville. El protagonista y narrador de “El intocable” –obra reeditada poco después de haber sido galardonado el escritor irlandés con el Premio Príncipe de Asturias de las Letras de 2014– es, como cabía suponer, un prestigioso historiador del arte. O para ser exactos, uno de los historiadores de arte más famosos e impenetrables del siglo XX, un esteta perteneciente a la alta sociedad inglesa que vivió una vida secreta y sumamente peligrosa.

“El intocable” está basada en la vida de Sir Anthony Blunt, que fue durante muchos años el asesor de arte y curator de la reina de Inglaterra y que admitió públicamente, en 1979, haber sido un espía soviético durante décadas. Banville le da en este libro un nuevo nombre, Victor Maskell. En la actualidad, los novelistas son tan desinhibidos a la hora de escribir biografías de ficción, que es casi una sorpresa encontrarse con una obra en la que las identidades de las personas reales han sido habilmente ocultadas. Otros personajes que aparecen junto a Blunt en esta novela son sus cuatro jóvenes y brillantes compañeros de Cambridge — Kim Philby, Donald Maclean, Guy Burgess y John Cairncross— que también estuvieron infiltrados en el corazón mismo del establishment británico espiando junto a Blunt para la Unión Soviética. En este libro, perteneciente a un género narrativo que los franceses denominan muy acertadamente roman-à-clef, donde las personas reales se presentan bajo nombres ficticios.

John Banville

John Banville

Aunque Banville incluye elementos irreales en esta excelente novela, “El intocable” relata con maestría la vida de Anthony Blunt y la de sus cuatro compañeros comunistas. La supuesta autobiografía arranca en el momento en que el más famoso espía británico es públicamente expuesto como un traidor en la Cámara de los Comunes por la señora Thatcher. Es el quinto hombre del mítico  Grupo de Cambridge y se dispone a enfrentarse a la humillación pública o simplemente a soportarla, como el estoico que siempre ha dicho ser, convertido para siempre en un paria, un «intocable». Pero ya es un hombre viejo, quizás a las puertas de la muerte, y en un último acto de develamiento, o quizás de suprema venganza, decide escribir sus memorias. Será éste un proceso semejante a la restauración de uno de los cuadros que tanto amó, y página tras página irá despojando a la tela de su vida de las infinitas capas de mugre, barniz y pinturas que ocultan otras pinturas, hasta que por fin reaparezca la figura auténtica, o al menos la que más se parece a la verdad.

John Banville, al que George Steiner considera el escritor de lengua inglesa más inteligente y el estilista más elegante de nuestros días, no nos está contando aquí una historia ya conocida de secretismos y conspiraciones, sino más bien un relato representativo de estas inclinaciones humanas. Ser un espía es la forma que tiene Maskell/Blunt de convencerse a sí mismo de que tiene un mundo interior más allá del arte, más allá de la superficial sociedad británica de la época.