El Rey de los huevones, film de Boris Quercia

    El Rey de los huevones, film de Boris Quercia

Huevón

Por Carlos Droguett

es una palabra alegre, triste, cruel, optimista, angustiosa, débil, robusta, desafiante, filosófica voz sola, solitaria, cabal, total, ella sola se basta, es sustantivo adjetivo, verbo, adverbio anuncia una decisión o tarja una tragedia, sazona una anécdota, define un cuerpo o un alma, más bien un alma, alumbra el fondo ignorado y misterioso del hombre vale por un texto de filosofía, reemplaza un discurso y a varios oradores, voz llena de fiesta y amargura, llena de acción más que de inercia, voz llena de experiencia, es la más chilena, la más definidora, la más expresiva, la más sugerente, la más sensorial, la más popular, la más universal de las expresiones chilenas todos los hombres no son huevones, no, para llegar a serlo cabalmente hay que haber vivido un largo itinerario de sufrimiento, de viril amargura, de desesperante espera,no, muchos hombres, jamás obtendrán de la vida el privilegio de ser elevados a la categoría de un rotundo y completo huevón, jamás treparán a esa dignidad y deberán contentarse con rozar las aguas, con codearse con la innumerable grey de los huevetas.

Como se ve es una palabra de distinción, como las condecoraciones que ofrece la naturaleza, genio, belleza, carácter, sólo unos pocos son sus privilegiados. Hay hombres que en el curso de la vida, habiendo nacido en cuna de oro, los desplazamientos sociales del mundo que avanza, los posterga, los arroja cruelmente y sin retorno al estado llano. Eran aristócratas, ahora son del montón, ya no son huevones a secas, ya no les basta con su apellido, que se ha deslucido y deslustrado, ahora deben agregar a su apelativo otras palabras que indiquen que allá muy adentro, en los extramuros de la vida todavía alientan ellos, ellos que ahora se han convertido en unos pobres y tristes huevones.

Palabra soberbia, solitaria, orgullosa, jamás acompaña. Explota en el mediodía del idioma como un rotundo sol, ella sola se basta, ella sola define, desafía, provoca, insulta, mata o da la vida.

Como el tábano socrático, llama a la acción y al desvelo, voz despectiva, despreciativa, hiriente, burlona, cruel, encierra no obstante en su sustancia una irreemplazable semilla de estimación, de amor, de admiración, voz que no desprecia nunca.

Otra característica de ella es que enlaza con sus sílabas todos los estratos de la sociedad, el aristócrata y el roto en ella se entienden, es un puente, un trazo de unión que une a las diferentes capas sociales y que cosa curiosa, sirve más para unir que para desunir.

Cuando los contrincantes en el parlamento, en el arte, en la vida social o en la vida doméstica ya no tienen argumentos en la lengua ni en la memoria y sólo buscan afanosamente en los rincones las armas contundentes, las desviaciones o la alevosía, entonces milagrosamente hace ella su limpia aparición y rompe el nudo de sangre, pone un poco de sonrisa, de amable, cautelosa, adusta sonrisa en la tragedia. El roto mira al aristócrata, el patrón mira a su criado y entonces comprenden que son de la misma carne y de la misma sangre.

El hueveta es un huevón venido a menos que no obstante andar con la ropa raída y el pelo largo, todavía, a simple vista, conserva reflejos dorados de su antiguo esplendor. Ya no hay soberbia en él, sólo humildad, ya no es de la estirpe de los triunfadores, pero tampoco lo es de los derrotados.

En cambio, el pelotas es un advenedizo, un roto de mierda que por mucho que asciende en la escala social -más claro en la económica- jamás logrará adquirir asimilarse a la pura y rancia estirpe de aquel que por nacimiento y por destino es un huevón.

El alcance del significado sociológico de esta hermosa y rotunda locución está en la anécdota del loco. Se encontraba el cruel y vengativo enfermero -mezcla de matón de prostíbulo y de sargento de policía en el patio grande y para burlarse de los pobres enfermos trazó una raya con tiza en el suelo y prometiéndoles golosinas y fiestas los impulsaba a pasar bajo ella. Rotos y ensangrentados, llorosos y rientes, se amontonaban en el rincón asoleado del patio cuando le llegó el turno al loco esencial, quién exclamó con rotundo orgullo y complaciente despreciativa: Ah, no, yo no. Yo soy loco pero no huevón.

Porque el huevón tiene mucho de la lúcida y celeste ingenuidad de don Quijote.

Otra característica de esta expresión aparentemente hiriente es que ha perdido, si alguna vez la tuvo, toda característica obscena, conservándose como una de las voces más puras del idioma en esta parte sur del continente americano. Efectivamente, quien la usa no sólo trata de herir, de despertar al amor propio dormido o adormilado de alguien, de alguien querido o estimado casi siempre. No, ya es una expresión que sirve de punto de unión, de contacto, de combustible permanente e inagotable del idioma de los sentimientos que él quiere expresar. Me he fijado que familiares o amigos la usan en lugar del patronímico que interlocutor o reemplazando en ocasiones, y muy a menudo, las expresiones amigo, compañero, hermano, que dan curso o impulso a una conversación o una confidencia.

Fíjate huevón… te voy a contar huevón, es una frase que no tiene en absoluto una intención peyorativa o disminuidora, simplemente es un modo de acercarse a la ternura, a la pura alma, de enhebrarse al sentimiento del que oye o del compañero de conversación… Es un modo de demostrar absoluta confianza, fe, ilusión, intención de incorporar toda aquella alma a la propia.

Por último, para demostrar su capacidad de abarcarlo todo, no sólo ha salido del contorno del sexo masculino y ha pasado holgadamente al del sexo femenino.

Carlos Droguett  (1912-1996) autor de títulos fundamentales de la literatura chilena,  Desarrolló una escritura tan transgresora y vehemente como su propio carácter. Obras como “Eloy” y “Patas de perro” dan cuenta de una propuesta creativa que revolucionó la narrativa local.