El tesoro de Tartessos (El Carambolo)

El Tesoro de El Carambolo es un conjunto de varias piezas de oro y cerámica de origen fenicio, que fueron encontradas en 1958 en el cerro de El Carambolo en el municipio de Camas, a tres kilómetros de Sevilla.

Tartessos 1

La fabricación del conjunto está datada, según varios expertos, en un lapso entre los siglos VI a V AC para el collar, y en torno a la primera mitad del siglo VII AC para el resto de las piezas. Recientes estudios concluyen que se trata del ajuar propio de animales que eran sacrificados en templos fenicios dedicados al dios Baal y la diosa Astarté, confirmando las hipótesis inicialmente formuladas en 1979, que divergían de la tradicional atribución de las piezas a la cultura tartésica.

A tres kilómetros de Sevilla, unos pequeños cerros a los que llaman carambolos se elevan casi un centenar de metros sobre las aguas del Guadalquivir. En uno de ellos, en el término municipal de Camas, se encuentra La Real Sociedad de Tiro de Pichón de Sevilla. Esta entidad, que adquirió el terreno en 1940 con la idea de ubicarse físicamente allí, había iniciado unas obras para ampliar sus instalaciones, con motivo de un torneo internacional que tenía previsto celebrarse. La leyenda de que existía un tesoro en el lugar ya venía de antiguo, pero era sólo eso, una leyenda.
Al arquitecto que dirigía las obras no le convencía que unas ventanas que darían a una futura terraza en construcción, pudieran quedar casi al mismo nivel que ésta, por lo que antes de que se colocara el pavimento mandó excavar para que se profundizara unos 15 cm más.

El 30 de septiembre de 1958, uno de los obreros, Alonso Hinojos del Pino (albañil natural de Medina Sidonia), encontró casi en la superficie un brazalete que luego resultó ser de oro de 24 quilates y de un incalculable valor arqueológico. Al observar que al brazalete le faltaba un adorno, tanto él como el grupo de trabajadores que participaba, siguieron excavando en la búsqueda de la parte restante. Pero la sorpresa fue aún mayor cuando encontraron un recipiente de barro cocido, una especie de lebrillo, conteniendo muchas otras piezas y que por desgracia se partió, y al mezclase los restos con otros restos de cerámica fue imposible reconstruir.

Aparentemente eran imitaciones de joyas antiguas, de latón o cobre, por lo que no dieron mayor valor a lo encontrado. Tanto es así, que se las repartieron entre los trabajadores que habían intervenido.6 Uno de ellos, para demostrar que no podían ser de oro, dobló repetidamente una de las piezas hasta llegar a romperla. Debido a aquella absurda prueba, la marca de una perceptible rotura ha dañado para siempre uno de los elementos que tiene forma de piel de toro. La sensatez y el temor de posteriores responsabilidades, aconsejaron a los obreros a entregar las joyas encontradas. La leyenda comenzaba a dejar de serlo para convertirse en realidad.

La directiva del Tiro de Pichón, con buen criterio, buscó la intervención de una de las máximas autoridades en investigaciones tartésicas, el arqueólogo y catedrático don Juan de Mata Carriazo y Arroquia. El profesor Carriazo realizó un minucioso y emocionado examen del tesoro y presentó el correspondiente informe. Una de sus frases resume la importancia de lo hallado de la siguiente forma:

SEVILLA 03/05/10 INMACULADA LOPEZ DIRECTORA DE MUSEOS PRESENTA LA EXPOSICION EL ORO DE LOS ARGONAUTAS" DIAZ JAPON ARCHSEV

“El tesoro está formado por 21 piezas de oro de 24 quilates, con un peso total de 2,950 gramos. Joyas profusamente decoradas, con un arte fastuoso, a la vez delicado y bárbaro, con muy notable unidad de estilo y un estado de conservación satisfactorio, salvo algunas violencias ocurridas en el momento del hallazgo”

El profesor Carriazo estableció que estas piezas pertenecían, fijando un amplio margen de error, a un período comprendido entre los siglos VIII y III antes de Cristo, agregando: “Un tesoro digno de Argantonio”, legendario rey de Tartessos.

Esta táctica de aprovechar un nombre de la mitología clásica o grecolatina, viene del descubridor de Troya, Henry Schliemann, que al descubrir unas piezas de oro dijo que eran de la princesa Helena de Troya y una máscara funeraria era de Agamenón, sin tener prueba alguna de ello.

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Piezas del tesoro:
Este valiosísimo tesoro que muestra un exquisito trabajo de orfebrería fenicia (sendas reproducciones pueden verse en el Museo Arqueológico de la capital hispalense y en el Ayuntamiento de Sevilla) se encuentra celosamente guardado en la caja fuerte de un banco. Diversas técnicas fueron empleadas en su ejecución: fundido a la cera perdida, laminado, troquelado y soldado. Algunos elementos, debido a las concavidades que presentan, tuvieron que llevar incrustaciones de turquesas, piedras semipreciosas o de origen vítreo.

Una de las joyas más destacadas, que presenta una decoración floral bastante distinta del resto del tesoro, consiste en una cadena doble con cierre decorado, de la que penden siete de los ocho sellos giratorios originales.

Estos sellos, que en su origen podrían haber servido para marcar propiedades, sellar contratos, o acreditar un control administrativo, se clasifican como correspondientes a la época tartésica orientalizante y se cree que podían haber dejado de tener su función original como sellos y haberse convertido posteriormente en mera joya de adorno.

Controversias
Mientras algunas opiniones coincidían -arqueólogos románticos y tartesiólogos- en que todos estos adornos de oro posiblemente eran portados por una sola persona -tal vez un hombre- en momentos de máxima representatividad u ostentación, la arqueología se decanta por la hipótesis de que se trata de adornos para algún animal que los fenicios sacrificasen a Astarté, dejando luego la joyería en una fosa o bóthros ritual. Pese a ello, quienes pensaron que era el ajuar de un rey o reyes -o bien de un sacerdote- son personalidades tales como Juan de Mata Carriazo, Blanco Freijeiro, Maluquer de Montes y otros tantos ilustres arqueólogos. Modernamente se ha hipotetizado que un tesoro de estas características pueda tratarse de joyas para animales, lo cual ni encaja con el valor del ajuar en su época -ya que son unos tres kilos de oro- ni con una función normal de uso de piezas de orfebrería en la antigüedad.

Tartessos o Tartéside fue el nombre por el que los griegos conocían a la que creyeron primera civilización de Occidente.

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9 comentarios sobre “El tesoro de Tartessos (El Carambolo)

  1. Me gustaría informarles que un equipo de investigadores del Centro Nacional de Aceleradores y la Universidad de Sevilla pudieron identificar, a principios del pasado año, los procesos de soldadura que se usaron para fabricar antiguas piezas de oro, como algunas muy valiosas del tesoro del Carambolo. Para el análisis se emplearon métodos físico-químicos no destructivos, como la microfluorescencia de rayos X.
    Según parece, los elementos de oro que decoran las piezas pueden albergar información sobre los materiales empleados, los tratamientos de calor usados y los procesos de soldadura, un examen que ayuda a caracterizarlas y conocer las capacidades tecnológicas de los orfebres que las crearon.
    Saludos cordiales desde Sevilla!

  2. Qué hallazgo increíble… Uno suele pensar que realmente es altamente improbable encontrar un tesoro de esta valía… y sin embargo, los datos parecen refutar dichas creencias… Muy interesante post.
    Un abrazo y gracias. Aquileana ⭐ .-

  3. La verdad es que el descubrimiento fue impresionante y por supuesto el propio tesoro en sí, más todavía. En cuarto milenio, dedicaron un espacio a ello y la verdad es que merece la pena verlo.
    Un saludo.

  4. Estimados Martes de Cuento, Ana Guzmán, Portentosa Aquileana, Tito Conde: Les agradezco muy sinceramente sus interesantes comentarios sobre el Tesoro de Tartessos.
    ¡Un fuerte y carambolesco abrazo para todos ustedes, amig@s!
    Luis

  5. Lo curioso no es sólo el pensar que eran utilizadas por animales, sino imaginarlos así, usándolas. Una suerte de imposición total de uno sobre el otro y su propia naturaleza (que bien calza con la idea de ceremonia de sacrificio). Los animales no sólo no necesitan adornos (que ellos ya tienen los propios con sus cuerpos y nada nos piden).
    Interesante articulo.
    ¡Felices fiestas!

  6. Me gustaría señalar que, además del hallazgo en El Carambolo, se encontró otro tesoro tartésico en La Aliseda, un pueblo de Cáceres, en la sierra de Aljibe. El descubrimiento se produjo el 29 de febrero de 1920, gracias al encuentro azaroso de un agricultor con una vasija de joyas. El hombre, asombrado y feliz con el hallazgo, en un principio lo repartió entre varias persona, incluido el dueño de las tierras, pero posteriormente el caso fue denunciado y Aliseda recuperó su tesoro, que en la actualidad se encuentra en el Museo Arqueológico Nacional en Madrid.

    Un saludo cordial desde Mérida.

  7. Estimado Ignacio. Te doy las gracias por la interesante información que nos ofreces en tu comentario. Yo, al menos, desconocía la noticia sobre el descubrimiento de ese otro tesoro tartésico en el pueblo de Aliseda y la rocambolesca historia de su recuperación. Un fuerte abrazo.
    Luis

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