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¿Quién ha dicho que hay que salir de casa para viajar? A través de los libros de viajes podemos recorrer casi todos los países del mundo sin levantarnos del sofá. A lo largo de la historia, muchos escritores aventureros, tentados por la curiosidad, hicieron su equipaje y escribieron sus memorias o vivencias.

Según el profesor Narcís Garolera, autor del libro Escritura itinerante, la Odisea de Homero puede ser considerado el primer libro de viajes, ya que a pesar de tener elementos fantásticos, no deja de ser un libro que recorre los pueblos del Mediterráneo. En la Edad Media, el viajero más relevante fue Marco Polo: “Hizo la Ruta de la Seda, por la que llegó a China, y luego dictó el Libro de las maravillas del mundo, que aportó los únicos datos conocidos de la geografía del Extremo Oriente en aquella época “.

El profesor también explica en su libro que más adelante, en el siglo XVIII, los que viajaban eran los ilustrados y lo hacían con el objetivo de adquirir conocimientos científicos: “Escribían memorias de manera objetiva. Un ejemplo destacado fue el militar, espía, arabista y aventurero catalán Domingo Francisco Badia y Leblich, conocido también como Alí Bey el-Abbassi, que viajó por Marruecos, Argelia, Libia y diversas regiones del Imperio otomano hasta llegar a La Meca.

Después ya nos encontramos con el Viaje a Italia, de Goethe, uno de los autores más relevantes de finales del siglo XVIII. “Se considera el primer libro de viajes literario. Marcó el punto de inflexión entre los viajeros científicos y los románticos, que vinieron después”. El primero romántico es Chateaubriand, con su viaje a Tierra Santa en el siglo XIX. “Es el primero que escribe a partir de sensaciones e impresiones, de una manera subjetiva. También es muy conocido Stendhal y su viaje a Italia. Los románticos —añade el profesor– son los que más han influido en la literatura de viajes posterior. Han servido de inspiración para muchos escritores de finales del siglo XIX y principios del XX, e incluso han marcado las bases de los libros de viaje actuales”.

De entre estos y otros autores y lecturas de viajes, hemos hecho una selección de varios libros que permiten dar la vuelta al mundo de la mano de escritores y periodistas muy fieles a la realidad o románticos que se han dejado llevar por sus sensaciones.

Norteamérica en caravana, 16.000 kilómetros de ‘Viajes con Charley’ con John Steinbeck

charleyEn 1960 John Steinbeck, acompañado de su perro Charley, recorrió más de 16.000 kilómetros y treinta y cuatro estados a bordo de su autocaravana, que recibía el nombre del caballo del Quijote, Rocinante. Durante el viaje, el escritor conoce personas de diferentes clases sociales, con quien mantiene conversaciones para intentar entender su realidad. Este era básicamente el objetivo del autor cuando decidió emprender el viaje. Consideraba que como escritor estadounidense no podía hablar sólo de lo que sabía a través de los libros, sino que tenía que conocer de primera mano los rincones de su país. Salir de Nueva York. “La identidad norteamericana es un hecho demostrable y preciso”, y es lo que Steinbeck –premio Nobel de literatura del 1962– va a buscar en este viaje.

Hacia la lejana Patagonia. ‘En la Patagonia’, de Bruce Chatwin, clásico de la literatura de viajes

En 1977, mientras Chatwin entrevistaba una famosa arquitecta, Eileen Gray, en casa de ella en París, el escritor británico se fijó en un mapa de la Patagonia que había pintado la arquitecta y que tenía colgado en la pared. “Siempre he querido ir”, comentó. “Yo también. Ve por mí “, le espetó Gray, que ya tenía 93 años. Chatwin, que en ese momento trabajaba para el Sunday Times Magazine como asesor de arte y de arquitectura, no se lo pensó dos veces y una vez en América envió un telegrama a la revista: “He ido a la Patagonia “. Este viaje, que duró seis meses, dio fruto a En la Patagonia, un clásico de la literatura de viajes que transita entre la realidad y la ficción: es probable que se inventara detalles y personajes para favorecer la literatura en mayúsculas.

Marruecos con ojos de mujer. ‘Marruecos sensual y fanático’, según la aventurera Aurora Bertrana

Aurora Bertrana era una mujer moderna para su tiempo, y la prueba son los viajes que hizo. A principios del siglo XX, que una mujer visitara otros países era extraño y sospechoso, y aún más si lo hacía sola. Era un hecho insólito. Pero todos estos prejuicios no fueron suficientes para detener la escritora, que se marchó a Marruecos en 1935 “sin acompañante”. El objetivo de su viaje era estudiar el alma de la mujer musulmana y descubrir el concepto que tenía el hombre musulmán. “Me interesan especialmente los harenes, donde las mujeres viven una existencia de pereza y esclavitud …”, escribía la hija de Prudenci Bertrana, que poco después tendría que marchar al exilio.

Siguiendo la costa inglesa a pie. El desasosiego de W.G. Sebald y ‘Los anillos de Saturno’

anillosEn 1992 Sebald emprende un viaje a pie por la costa de Suffolk, al este de Inglaterra, para llenar el vacío interior que le ha quedado “después de terminar un trabajo importante”, dice. Mientras pasea en soledad por estos paisajes bucólicos, el autor reflexiona sobre el pasado europeo, la tragedia humana y la escritura. Sebald también habla sobre su propia vida y describiendo los paisajes y las pequeñas poblaciones que se encuentra. “Rara vez me he sentido tan independiente como entonces, caminando horas y días enteros por las comarcas, en parte pobladas sólo escasamente, en la orilla del mar”. Un relato melancólico que muestra que un viaje siempre lleva implícita una reflexión.

Un viaje reflexivo y erudito. ‘El Danubio’ de Claudio Magris, genio de los viajes literarios

“En el mundo administrativo y organizado a escala planetaria, la aventura y el misterio del viaje parecen acabados; los viajeros de Baudelaire, que marchaban a buscar el inaudito y estaban dispuestos a naufragar durante el viaje, encuentran en el ignoto, aunque cualquier desastre imprevisto, el mismo tedio que han dejado en casa “, escribe Magris en la primera página del libro. “De todas formas, moverse es mejor que nada”, añade el autor, que por eso emprende este viaje. En el relato –a medio camino de la novela, el ensayo, la autobiografía y el libro de viajes–, hace un recorrido desde las fuentes del río Danubio hasta el mar Negro, mientras reflexiona sobre el verdadero significado del viaje.

El primer viaje a Italia. La felicidad del ‘Viaje a Italia’ de J.W. von Goethe

Goethe narra detalladamente su estancia de un año y medio en Italia. El viaje, que emprendió a los 37 años, en 1786, supuso para el escritor una auténtica liberación de los sentidos y el reencuentro con su alma de artista. Como él repetía, se trata de sus años más felices, y esto ocurre en las páginas de este libro, impregnadas de curiosidad, reflexión y pasión.

Una crónica de Asia en África. Los decisivos ‘Viajes con Heródoto’, de Ryszard Kapuscinski

herodoto-cr77Durante los años 50, Kapuscinski sólo soñaba a atravesar las fronteras de Polonia. El deseo se hizo realidad cuando el diario donde trabajaba lo envió a la India. El reportero, después de guardar en la maleta el libro Historia de Heródoto –que le regaló el jefe de redacción-, emprendió su primera aventura. Durante el viaje visitó muchos países de Asia y de África, y escribió varias crónicas. El resultado fue este libro que, además de un relato de viajes, es un homenaje a Heródoto, un autor que será decisivo para la vida profesional y personal del futuro autor de El imperio, Un día más de vida o Ébano.

Descubrir Rusia con Pla. Cinco semanas de ‘Viaje a Rusia’, de Josep Pla

“Probablemente he nacido para escribir papeles sobre las mesas frías e indiferentes de los hoteles y los establecimientos de paso”, escribe Pla mientras viaja por Europa en los años 20 y 30. Era un viajero nato, pero cuando en 1925 el periódico La Publicitat le encargó ir a Rusia para describir los cambios producidos por la Revolución de 1917 se negó porque no sabía ruso. Pla acabó aceptando cuando supo que haría parte del viaje con su amigo Eugeni Xammar. La aventura fue de cinco semanas, durante las cuales Pla visitó cuatro ciudades rusas. El libro es un retrato del país y de la política europea del momento. Aunque el estilo, preciso y objetivo, que caracteriza el autor, él consideró que no se había desprendido de las emociones tanto como hubiera querido.

Viajar al Japón Meiji. Un occidental infiltrado de ‘Viaje al Japón’: Rudyard Kipling

Kipling sólo tenía 23 años cuando emprendió el viaje por Japón en 1889, pero ya era un escritor reconocido. Era inglés, aunque había nacido en la India. Fue uno de los pocos escritores occidentales que pudo contemplar el Japón moderno en pleno período revolucionario de Meiji. El autor contrasta la cultura tradicional del país con las reformas modernizadoras y los modelos occidentales que estaba empezando a adoptar, siempre con un toque de humor. Kipling deja entrever su fascinación por la belleza y la originalidad de la cultura japonesa y ve con recelo los cambios que la acosan.

Berta Vilanova