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Es curioso comprobar como hay algo extraño en la luz de las películas nórdicas que te conecta de forma directa con un clima y una sensación de frío. Mi amigo Dani siempre me dice que viendo estas obras cinematográficas, sin saber muy bien cómo, siempre terminas envuelto con una frazada. Y tiene razón, porque nosotros somos más bien de tonos amarillos y rojizos, más quemados, el blanco nórdico nos deslumbra y encoge. A mí me hipnotiza. Del norte de Europa nos llegan películas que a menudo nos parecen gélidas, extrañas, retorcidas. Cuesta conectar a veces, pero si te dejas llevar por su estética, su ritmo narrativo y su manera de tratar el drama y el humor entras en un nuevo mundo.

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El cine nórdico ha tenido relevancia desde los mismos orígenes del séptimo arte, este empuje se detuvo con la combinación de tres factores: los efectos de la Primera Guerra Mundial, el auge alemán y la entrada de la industria de Hollywood en Europa. Nombres como el del danés Carl Theodor Dreyer o el sueco Ingmar Bergman, han escrito páginas importantísimas en la historia del cine, y demuestran el bagaje de los países nórdicos en esto de hacer películas. Actualmente, la producción de cine en aquellas latitudes está respaldada por leyes muy favorables que financian hasta un 50% de los costes, y aseguran una distribución y proyección en todo el país. Este patrón se repite tanto en Dinamarca como en Suecia, Noruega, Finlandia e Islandia.

Creo que lo mejor será hablar hoy de Dinamarca, y en la próxima entrada repasar los otros países, así nos podemos entretener un poco más…

Si empezamos con Dinamarca debemos hablar, pues, del movimiento Dogma’95, un intento de reinventar el cine liderado por Lars Von Trier, Thomas Vinterberg y Soren Kragh-Jacobsen en los años 90. Este grupo de amigos redujeron en sus películas los elementos técnicos para dar más fuerza a las historias, con este objetivo elaboraron un decálogo con las normas que una película debía cumplir para poder ser considerada Dogma. Ausencia de banda sonora, cámara en mano, sin iluminación artificial, improvisación, etc… De este movimiento surgieron varios títulos, de los que yo quiero destacar “Festen” (“Celebración”), de Thomas Vinterberg, película imperdible a todos niveles, que nos enmarca un encuentro familiar formal y tranquilo que desemboca en una catarsis difícilmente igualable.

La aplicación del decálogo Dogma en este film es impecable, y realmente aporta una intensidad a las escenas que dudo que se hubiera podido conseguir sin desnudar tanto la narración. Seguir la filmografía de Vinterberg hasta la actualidad es apasionante, y nos encontramos con títulos excepcionales como “Submarino” (2010) o “La caza” (2012), dramas sociales de gran dureza, pero explicados sin estridencias, ni música de violines para hacerte llorar, no se alargan las escenas para arrancarte emociones, todo es medido, sin exageraciones, muy frío y muy intenso. Una verdadera delicia.

"Festen" (Celebración), de Thomas Vinterberg

“Festen” (Celebración), de Thomas Vinterberg

Evidentemente no podemos abandonar a Lars Von Trier y los año 90. El polémico director danés ha encadenado trabajos muy diferentes e irregulares, pero siempre aparece esa voluntad suya de empujar más allá de los límites del cine, citaré “Bailar en la oscuridad” (2000) un drama musical protagonizado por la cantante islandesa Björk, es la película que más me ha hecho llorar en la vida (y no exagero, que yo soy de llorar, pero aquello no era normal ..), el guión es de una crudeza extrema y te va pasando por delante como quien no quiere la cosa … Lars, no sé si enfadarme mucho o amarte para siempre. Este sentimiento amor-odio define mi relación con el cine de Von Trier, y el paradigma, en mi caso, es “Anticristo” (2009). La película con unos primeros minutos para enmarcar, de lo mejor que he visto en un cine, y un desarrollo posterior que impresiona el más sano, sólo les diré que yo no he visto terminar esta película, pero quizás la he visto comenzar más de 50 veces. Lars, quisiera odiarte, pero no puedo.

“Dogville” (2003), supuso otro experimento arriesgado, situar a los personajes en un espacio que te has de imaginarte, porque no existe, unas rayas en el suelo te indican donde comienza una casa, una habitación, dónde está el límite de la calle … lo más fuerte de todo es que al cabo de un rato ni te enteras, te arrastra el drama, las interpretaciones, los giros del guión … Gana Lars de nuevo. Últimamente nos está entregando películas de una belleza formal incuestionable, “Melancolía” (2010), “Nymphomaniac” (2014), revelan tramas siempre castigadas, incómodos, pero frías y bellas. Bellas sin ninguna duda.

"Bailar en la oscuridad", de Lars Von Trier.

“Bailar en la oscuridad”, de Lars Von Trier.

No quiero abandonar Dinamarca sin mencionar dos nombres más, y seguro que me dejo muchos, pero … Les quiero hablar de Susanne Bier y de tres de sus títulos. “Hermanos” (2004), película que más tarde sería destrozada por un remake made in Hollywood protagonizado por Natalie Portman. Bier consigue desplegar un guión genial y sacar unas grandes interpretaciones de los protagonistas. El sentimiento de culpa como eje central de una película que te remueve y te persigue durante unos días. “Después de la boda” (2006), con un protagonista omnipresente en el cine danés, Mads Mikkelsen, muy brutal. Un drama familiar complejo, con un punto de misterio y giros inesperados que te atrapa y no te deja. Finalmente “En un mundo mejor” (2010), trabajo que le valió el Oscar a la mejor película de habla no inglesa, y que analiza el fenómeno de la violencia a través de un padre que intenta transmitir a su hijo que nunca la respuesta a la violencia debe ser violenta … Hasta aquí con Susanne, sólo así por encima, a ver si se animan a probarla ..

"Haevnen" (En un mundo mejor), de Susanne Bier.

“Haevnen” (En un mundo mejor), de Susanne Bier.

Finalmente, un par de cosas sobre Nicolas Winding Refn, director de la trilogía “Pusher” (1996, 2004, 2005) donde nos encontramos con tres películas sobre el crimen y la violencia en los submundos de Copenhague, unos thrillers que se alejan mucho de los que nos llegan de Estados Unidos, con menos concesiones al amor, más duras e incómodas, una manera diferente de presentar los antihéroes. Madden Mikkelsen da miedo. Este mismo director, unos años más tarde nos regaló “Drive” (2011) producción norteamericana con unas formas más suavizadas pero donde ya se veía una obsesión por la estética, no habitual en las películas de este género, y que aún se acentuará más (tal vez demasiado) en su siguiente película “Solo Dios perdona” (2013).

"Pusher", de Nicholas Winding Refn

“Pusher”, de Nicholas Winding Refn

Y como aperitivo de cara a una próxima entrada, donde seguiremos con el cine nórdico, les dejaré con el planteamiento de una película sueca que se estrenó en los cines el pasado verano: “Fuerza Mayor” (Ruben Östlund, 2014). Nos presenta una premisa muy golosa … Una familia con la siguiente estructura: padre, madre, hijo e hija, pasan unos días en la montaña a la que han ido a esquiar. Todo es idílico hasta que, tomando algo en la terraza de un bar en las mismas pistas ven como empieza a bajar un alud por la falda de la montaña. Lo que parece un alud controlado va siendo algo cada vez más inquietante, hasta que se desata el pánico entre los usuarios de la terraza. De repente todo se detiene, se acaba el ruido, silencio, todo el mundo está bien. La avalancha ha parado justo antes de poder producir ningún daño a nadie. Lo que si se ha roto sin embargo, es la comunión familiar, ya que el padre todavía corre, mientras la madre se ha quedado intentando proteger a los hijos, desesperada. La película analiza la gestión de las consecuencias de estos hechos. Es una de las situaciones más sugerentes que me ha planteado el cine últimamente. Drama y un punto de humor. En perfecto equilibrio. Y mucho frío.

Anna Rebés / LadosiCultural