Hasta finales de los años setenta, la ahora mundialmente famosa Fura dels Baus se dedicaba a realizar espectáculos teatrales callejeros en Barcelona. Fue a finales de octubre de 1983 –al estrenar su inusual montaje Accions, en la localidad costera de Sitges– cuando empezaron a destacar en el panorama europeo, convirtiéndose en el fenómeno cultural del momento.

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“El Holandés Errante”, de Wagner, en versión de “La Fura dels Baus”

Su método de trabajo evolucionó con mucha rapidez y generó la creación de un lenguaje propio, que se vio desarrollado en sus montajes: Suz/O/Suz (1985), Tier Mon (1988), Noun (1990), MTM(1994) o Manes (1996). Fiel a sus principios de creación participativa, La Fura desarrolló proyectos a través de Internet, como Work in progress, espectáculo en el que se conectaban escenas que ocurrían simultáneamente en diversas ciudades, dentro de un ámbito de teatro digital.

Posteriormente, con Atlántida de Manuel de Falla, El martirio de San Sebastián de Claude Debussy y más de una decena de obras posteriores, la compañía se adentró en el mundo de la ópera, e igualmente se atrevió con el mundo cinematográfico a través de su película Fausto 5.0.

Ahora, a punto de finalizar 2016, La Fura dels Baus aterriza en el Teatro Real de Madrid con la monumental ópera de Richard Wagner El Holandés Errante para representar –bajo la dirección escénica de Àlex Ollé– 10 funciones entre el 17 de diciembre y el 3 de enero de 2017.

Tras haberla estrenado exitosamente en la Opera de Lyon, La Fura dels Baus demuestra una vez más que no es una compañía teatral convencional. En este espectáculo operístico se mezclan diversos recursos escénicos, como son la música, el movimiento y una monumental puesta en escena presidida por un barco de 15 metros de alto y 3.500 kilos de acero, nueve toneladas de arena y 83 artistas y 80 músicos sobre el escenario.

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Con La Fura dels Baus, la enésima relectura de “El Holandés Errante”, vuelve la leyenda y el realismo de esta ópera al público a través de unas emociones que desde la época de Wagner se han transformado, preservando el sentimiento romántico del absoluto tal y como el compositor lo percibe en el mar. El barco del Holandés Errante, fantasmagórico, es el espacio donde vive la memoria de la leyenda, presencia que a medida que avanza la ópera sufrirá un proceso de desguace. En esta versión la circularidad del tiempo se rompe y los protagonistas viven una infierno sin fin.

¿Podría hoy en día suceder una historia así? ¿Dónde podría la vida tener tan poco valor hasta el punto de que la muerte, a su lado, no sea necesariamente una mala opción? ¿Hay alguien que crea aún en esta emanación de infiernos? Estas son algunas de las preguntas que se ha planteado el director para abordar la creación de la puesta en escena del espectáculo.

La respuesta nos lleva a Chittagong, en Bangladesh, uno de los lugares más contaminados del mundo de cuyo nombre pende el penoso cartel “el infierno en la Tierra” y donde, además, se ubica uno de los cementerios navales más grandes e inhóspitos del mundo donde se desguazan en las peores condiciones cientos de grandes barcos mercantes. Hasta allí traslada La Fura dels Baus la ópera de Wagner, con la intención de preservar los valores originales. Un “Holandés Errante” en el que el mar, la metáfora central, se ha secado.

El “Holandés Errante” será ahora este barco embarrancado en un desierto de surrealismo industrial. Un grupo de hombres y mujeres, casi una tribu ancestral a medio camino de piratas y esclavos de barcos mercantes, ya han empezado a desguazarlo. Lo que brota de las entrañas de la nave, su tripulación, su capitán, son ahora los mismos fantasmas de los operarios que lo destruyen. Son sus deseos, sus ambiciones, su deseo de poder, de riqueza, de libertad, de sus miedos. Es una emanación de los residuos contaminantes de las aspiraciones de una sociedad en los confines del infierno.

Ollé en la dirección escénica, Pablo Heras-Casado en la músical y Alfons Flores como escenógrafo firman este colosal montaje, una visión apocalíptica y desoladora de “El holandés errante” que pone el foco en los valores del Romanticismo pero colocando la ópera en la sociedad contemporánea para hacer una cruda crítica al capitalismo más rampante y alienante.

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