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‘The Rope Dancer Accompanies Herself with Her Shadows.’ Man Ray, 1916

A raíz de mi visita a la reciente exposición “Dalí, Duchamp, Man Ray. Una partida de ajedrez”, organizada por el museo de Cadaqués, y en la que a través de fotografías, pinturas, esculturas, dibujos, grabados y manuscritos se muestra la relación entre estos tres artistas universales y su vínculo con la maravillosa localidad de la Costa Brava catalana donde solían veranear juntos, me ha parecido oportuno rescatar estas notas sobre Ray publicadas hace ya algunos años en este mismo blog.

Y es que para mí, Man Ray (Filadelfia, 1890 – París, 1976) ha sido uno de los artistas más representativos de los años treinta. Conocido por sus pinturas surrealistas y sus films, fue la introducción de soportes y técnicas fotográficas en sus obras lo que motivó su destacado papel dentro del dadaísmo. Cuando comparaba sus rayogramas con las radiografías sólo quería expresar su desdén por los movimientos vaguardistas que trataban de mantener la relación del arte con la sociedad en que se inscribía.

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Hace casi veintiséis años que nos dejó Miles Davis, pero los amantes del jazz lo seguimos considerando el genio más grande que ha dado la música afro-americana. Y nos es ésta una apreciación subjetiva, ya que toda la crítica especializada llegó a la misma conclusión tras presenciar los conciertos que el gran quinteto de Miles ofreció en el Plugged Nickel Club de Chicago, los días 22 y 23 de diciembre de 1965. “Es lo más emocionante que he escuchado en mi vida. El trompetista Miles Davis se ha convertido ya en un símbolo para muchos, y no sólo por su música…”, escribió al día siguiente Albert Russell en las páginas del “Chicago Tribune”.

Precisamente estuve viendo anoche ‘Miles Ahead’, la película que ha realizado Don Cheadle para mostrar en ella su pasión por uno de los músicos más importantes que ha tenido el siglo XX. En mi opinión, el film solo brinda unas cuantas sugerencias cuya complejidad no está bien servida, un guión excesivamente simple y unos personajes demasiado esquemáticos. Debo confesar, sin embargo, que muchs de sus secuencias lograron emocionarme, especialmente la de su memorable “Kind of Blue”, donde Miles le arranca a su trompeta las más bellas y sugerentes notas que se pueden escuchar en toda la historia del jazz. Unas notas impregnadas de tristeza y melancolía que te llegan directamente al alma.

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Un maestro de la Escuela de París en Venecia

 

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Con esa elocuencia acerada que lo caracteriza, el reputado crítico de arte italiano Vittorio Sgarbi inauguró –justo el día antes de iniciarse el Festival de Venecia 2015– la primera exposición en la ciudad de los canales del pintor francés de origen lituano, Michel Kikoine, quien fuera además uno de los más importantes creadores de la Escuela de París junto a Soutine, Krémègne y Chagall. Aunque debo especificar que en esta ocasión las palabras de apertura de Sgarbi no sólo invitaban magistralmente a presenciar la muestra, sino que sirvieron también —improvisando una metáfora certera para este pintor de evidente ascendencia impresionista— para serenar al público asistente, que había comenzado a preocuparse ante la repentina ausencia de fluido eléctrico en la galería ocasionada por la gran tormenta que aquella tarde cayó sobre la Cittá Serenissima. Si mal no recuerdo, entre todo aquel murmullo, que cobraba tonos ya inquietantes, se alzó su voz de barítono para matizar: “Avanti amici, non abbiamo la luce; ma non importa, andiamo, perché la luce è nel lavoro dell’artista..!”

Por fortuna la corriente se restableció a los pocos minutos de haber terminado la muy italiana exhortación y todos pudimos contemplar entonces, bajo los efectos de una iluminación casi esplendente, 27 óleos sobre tela y ocho obras sobre papel realizadas por el creador entre 1915 y 1968, fecha en la que falleció a la edad de 67 años en su estudio parisino de la calle Brezin.

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La iniciativa de esta exposición de Kikoine en Venecia, surgió de la Fundación francesa que lleva su nombre y que fue creada en 1987 por sus hijos Clara Maratier y Jacques Kikoine para preservar la memoria de su padre y de los integrantes de la Escuela de París. Gracias a ellos, pudimos corroborar de cerca los artificios que prevalecían en el artista en sus trabajos con óleo, acuarela, y pastel, e incluso con el procedimiento del collage en las etapas finales de su vida, y sobre todas las cosas, sus concepciones específicas en cuanto al tratamiento del paisaje, las naturalezas muertas y el retrato, concepciones fundamentadas, según su propio testimonio, en la obra de los viejos maestros Rembrandt y Cezanne y enriquecidas desde su manera personal de captar e interpretar la estética del mundo, pasada además por el filtro de su educación judía, de sus impresiones y recuerdos de las estancias en Lituania —región donde nació el 31 de marzo de 1892—, Bielorrusia e Israel. No en balde pudo llegar a ser en un momento dado tan categórico y expresar públicamente, refiriéndose a las impresiones que le causaron algunos de estos lugares, en donde vivió que, por ejemplo, la naturaleza israelita le había enseñado sobre pintura, más que todos los impresionistas juntos.

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Georges Braque fue uno de los padres del cubismo, junto a su amigo Pablo Picasso, y uno de los grandes creadores del siglo XX, aunque en ocasiones su valía artística se ha subestimado. Para reivindicar el importante papel que desempeñó en la historia del arte, el Museo Guggenheim Bilbao expuso una retrospectiva del pintor francés, fallecido hace cincuenta años.

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“Gran desnudo”, una de las obras de Braque expuestas en el Guggenheim de Bilbao. EFE/Alfredo Aldai

Una de las máximas de Georges Braque (Argenteuil-sur-Seine, 1882- París, 1963), extraída de sus cuadernos “El Día y la Noche”, fue: “No hay que imitar aquello que se desea crear”, una convicción que presidió la vida de este excepcional artista, de quien el Museo Guggenheim Bilbao reunió 250 piezas en una exposición que estuvo abierta al público hasta el pasado 21 de septiembre.

Patrocinada por la Fundación BBVA, la muestra “Georges Braque” recorrió cronológicamente todas las etapas de la trayectoria artística del artista galo, gracias a los préstamos del Centro George Pompidou de París y de otras grandes colecciones públicas y de particulares.

Un repaso a sus inicios en el fauvismo, pasando por su incursión en el cubismo y el período entre guerras, hasta sus últimas series dedicadas a los billares, los talleres, los pájaros –“me han inspirado siempre”, dijo el artista- y los paisajes que realizó al final de su vida, cuando se movía entre París y Varengeville.

 Dos visitantes contemplan una fotografía del artista francés Georges Braque durante "Retrospectiva de Georges Braque" en el Museo Grand Palais de París. EFE/Christophe Karaba

Dos visitantes contemplan una fotografía del artista francés Georges Braque durante “Retrospectiva de Georges Braque” en el Museo Grand Palais de París. EFE/Christophe Karaba

Para el presidente de la Fundación BBVA, Francisco González, “contemplando las obras que se exhiben, algunas de ellas grandes logros que transformaron la historia del arte, asistimos a una lucha por alcanzar el equilibrio entre el rigor y la emoción, entre la espontaneidad y el método”.

Inventor de la técnica de collage de los “papiers collés” (papeles pegados), la importancia de este pintor francés fue subestimada en ocasiones como apuntó Brigitte Leal, comisaria de la muestra: “Su estatuto de artista oficial de la Francia gaullista le ensombreció indudablemente a los ojos de la generación contestataria que le siguió”.

Es por eso que esta retrospectiva “constituye una ruta segura y privilegiada para disfrutar del arte de Georges Braque”, según Francisco González, “de un trabajo imbuido de serenidad y sabiduría en el que representa la armonía que subyace en todas las cosas”.

Para González, la obra de Braque “está vinculada con la de otros creadores de distintos ámbitos que también han influido poderosamente en nuestro modo de percibir la realidad, como Apollinaire, René Char, Erik Satie o el propio Picasso”.

SU RELACIÓN CON PICASSO

Precisamente, uno de los puntos fuertes de la exposición es su relación con Pablo Picasso, al que conoció en 1907 en el barrio de Montmartre de París, donde el pintor malagueño tenía su estudio.

Allí, Braque descubre la última composición en la que Picasso estaba trabajando; “Las señoritas de Aviñón”, y se queda fascinado por aquel lienzo salvaje, compuesto por un conjunto de planos angulares sin fondo ni perspectiva espacial.

Dos personas contemplan el cuadro "Gran desnudo" del artista francés. EFE/Alfredo Aldai

Dos personas contemplan el cuadro “Gran desnudo”. EFE/Alfredo Aldai

Aquel encuentro supuso un cambio radical en la vida y obra de Braque, embarcándose en una nueva etapa pictórica donde los planos sustituyen a los volúmenes, el espacio cobra su máxima importancia y prevalecen los tonos ocres y grises como demuestra en su obra “Gran desnudo” (1908).

Años después, Braque y Picasso dirigen una auténtica revolución estética, experimentando con la imitación de ciertas texturas y sombras, e incluyendo tipografía moderna en sus obras mediante la técnica del estarcido.

“En esa época, estaba muy unido a Picasso. A pesar de tener temperamentos muy distintos, estábamos guiados por una idea común”, comentó el propio Braque de aquel período.

“Vivíamos en Montmartre, nos veíamos todos los días, hablábamos… Durante aquellos años, Picasso y yo nos dijimos cosas que ya nadie se dirá nunca más, cosas que ya nadie sabría cómo decirse, que nadie sabría comprender…”.

La exposición ocupó ocho salas del Guggenheim, donde miles de personas tuvieron la oportunidad de contemplar a “un autor que busca perturbar a través del arte, entendido como una herida que se hace luz”, en palabras de González.

Juan A. Medina
EFE REPORTAJES
El cineasta estadounidense David Lynch

El cineasta estadounidense David Lynch

A mediados de octubre de 2013, David Lynch –el mítico director de cine, pero también fotógrafo, pintor, escultor, diseñador, músico y moderno gurú de la meditación trascendental– participó en el festival Trans-Rizoma de Madrid, una muestra interdisciplinar que se celebra anualmente en la capital de España, y a la que entonces pude asistir.

La visita del realizador de obras maestras como Blue Velvet, Mulholland drive o Inland Empire, tenía como finalidad divulgar las virtudes de la Meditación Trascendental, que él lleva más de 30 años practicando. Pero, ¿cómo afecta la meditación trascendental en la creación artística?, le preguntaron al maestro. “Cuanto más feliz es uno, más creativo se vuelve”, respondió un Lynch sereno y luminoso. Y fue en ese momento cuando llegó la pregunta pertinente: ¿por qué, entonces, sus películas son tan inquietantes? “Es cierto que mucha gente afirma que mis películas son muy oscuras, pero yo estoy aquí hablando de la felicidad … Yo me enamoro de las ideas que me enamoro, y estoy convencido que para mostrar el sufrimiento, no es necesario sufrir”, defendió con total convenimiento.

Alejado del cine desde la película Inland Empire, David Lynch, sin embargo, adelantó en Madrid –y recientemente lo ha confirmado a través de su cuenta en Twiter– que volverá a dirigir una nueva temporada de la afamada serie Twin Peaks. Una obra televisiva que explora, como suele hacer en la mayoría de sus films, un mundo enfermizo y subterráneo, tan angustioso como sugerente. Y es que, definitivamente, el cine creado por Lynch es un cine de sensaciones, pero poseedor al mismo tiempo de una “lógica interna” y una rigurosidad encomiable.

Especialista en recrear atmósferas inquietantes y claustrofóbicas, sus películas no dejan a nadie indiferente. Es capaz de transmitir al espectador, en un mismo instante –y casi siempre con las soberbias bandas sonoras de Angelo Badalamenti– la más amplia gama de sentimientos: desde la más refinada dulzura hasta el dolor más intenso. Y para conseguirlo, el maestro de Montana construye un universo visual y sonoro absolutamente personal, partiendo del diseño de personajes excéntricos, muchas veces deformes, que bordean lo absurdo y lo surreal.

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Secuencia de “Blue Velvet”

Blue Velvet, por ejemplo, es la primera película donde Lynch hace una demostración de cómo hacer extraño cualquier hecho cotidiano. Sin duda, esta fue la obra que llevó a Lynch a la fama y que llegó en un momento adecuado para él, después del desastre que supuso Dune. La película es también un claro antecedente de Twin Peaks, ya que Lynch volvería a utilizar a muchos de los actores y actrices de Terciopelo azul (Kyle MachLachlan, Laura Dern, Jack Nance) y los eternos temas: las oscuras pasiones ocultas bajo la superficie de nuestra hipócrita civilización y la violencia sexual.

De su más conocida filmografía:  Eraserhead (1976), The Elephant Man (1980), Dune (1984), Blue Velvet (1986), Twin Peaks (1989), Wild at heart (1990) –Palma de Oro en Cannes–, Twin Peaks: Fire Walks With Me (1992), Hotel Room (1993), junto con J.Signorelli, Las français vus par … (1993), un filme de episodios, dirigido también por H.Herzog, A.Vadja y L.Comencini, Lost Highway (1996), The Straight Story (1999), Mulholland Drive (2001) e Inland Empire (2006), mucho críticos cinematográficos coinciden en señalar a Dune como su peor película o, mejor dicho, como la prueba palpable de que también los genios se equivocan. Lynch intentó plasmar en la pantalla este totémico clásico de ciencia ficción de Frank Herbert, pero a pesar de su grandiosidad y de su enorme presupuesto no deja de ser una obra confusa e incoherente.

Yo, personalmente, también creo que Dune –junto a Wild At Heart— pueden ser los eslabones más débiles de la obra de David Lynch, pero películas como la impenetrable Inland Empire, Eraserhead (que tras su fracaso comercial se ha convertido con el paso de los años en una obra de culto), la hermosa y desgarradora The elephant man o The Straight Story, que no es la típica película de Lynch, pero que en mi opinión es una de sus mejores obras. Por supuesto, en el top-ten de su filmografía –o mejor dicho, ocupando los tres primeros puestos de la lista– estarían Twin Peaks: Fire walks whith me, una película que parece mejorar con el tiempo; Blue Velvet y Mulholland Drive, que originalmente fue concebida como el regreso de Lynch a la televisión, y posteriormente se convirtiría en su película más gratificante. Mulholland Drive es, para mí, su indiscutible obra maestra.

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Durante mi visita a Noruega –país al que viajé por primera vez el pasado verano para asistir al “Den Norske Film Festival” en la idílica ciudad de Haugesund– tuve ocasión de conocer el impresionante Frogner Park de Oslo, el mayor espacio de esculturas del mundo creadas por un mismo artista. Se trata de una colección de 212 estatuas de piedra, bronce y hierro fundido esculpidas por Gustav Vigeland, el más importante y revolucionario escultor de los países escandinavos que, según muchos críticos de arte, representan aspectos ciertamente inquietantes de las teorías evolucionistas de Darwin.

Muchas de las esculturas a tamaño natural incluyen docenas de pequeñas figuras, como el puente con 58 hombres, mujeres y niños desnudos en todas la posturas imaginables. «Sinnataggen» (Niño Enfadado) — que representa a un niño dando una patada airada al suelo y que  es la escultura más querida del parque. A veces recibe el apelativo de «La Mona Lisa de Vigeland». No muy lejos de allí está «Livshjulet» (La Rueda de la Vida), un círculo de personas entrelazadas con un diámetro de tres metros.

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La entrada al parque también resulta impresionante: la amplia puerta se compone de esbeltas figuras masculinas en diferentes fases de la vida que se agarran a las columnas de granito coronadas por lámparas de hierro forjado. La escultura más emblemática del parque, en sentido literal y figurado, es el «Monolitten» (Monolito). Se trata de una columna de 14 metros situada en el punto más elevado del parque; una reproducción gigantesca a la cual 3 picapedreros dedicaron 14 años de trabajo diario bajo la supervisión de Vigeland. Hecha a partir de un único bloque de granito macizo, parece como si las 121 figuras de la escultura treparan las unas encima de las otras para alcanzar el cielo; una metáfora del anhelo de las personas por lo divino y lo espiritual.

La mayoría de esculturas está agrupada en 5 conjuntos que recorren la avenida de 850 metros de largo. En la parte sur del parque está el estudio de Vigeland, conservado en su estado original desde el fallecimiento de este en 1943.

 


 

El escultor más famoso de Noruega

 

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Gustav Vigeland (1869-1943) nació y creció en Mandal, al sur de Noruega. De niño, sintió fascinación por las cuestiones espirituales, por dibujar y esculpir. Esta combinación marcó el resto de su vida. Sus padres le mandaron a Oslo para que aprendiera un oficio (grabado de madera) en la escuela técnica. Consiguió una beca estatal que utilizó para viajar por Europa. Pasando por Copenhague, Berlín y Florencia, consiguió llegar a París, donde trabajó en el estudio de Auguste Rodin. Ya de vuelta en Oslo, siguió trabajando para convertirse en el escultor más conocido y productivo que Noruega jamás haya tenido.

A los 19 años se puso en contacto con el escultor Bergslien que se convirtió en su maestro y medio año después presentó, por vez primera, un grupo de esculturas en la exposición de Ontono. En 1890 decide viajar por Europa visitando Copenhague, París, Berlín, Florencia y Roma, entre 1900 y 1901 viajó a Francia e Inglaterra. Se interesó por el arte egipcio, el clásico griego y por las esculturas de Miguel Ángel y de Rodin.

Vigeland se destacó enseguida como el escultor mas dotado de Noruega entre otras cosas por sus retratos y monumentos llenos de fantasía. La otra peculiaridad de la obra de Vigeland es el tema elegido para su obra: representa a hombres y mujeres que narran el ciclo completo de la vida, desde la infancia hasta la vejez y no solo eso, narra también las penas y las alegrías, el amor y la indiferencia, el entusiasmo y la resignación, el gozo y el dolor, todo reflejado en los hombres y mujeres, padres e hijos, jóvenes y viejos.

¿Qué mayor obra de arte podría desear un escultor? Durante 20 años, Gustav Vigeland trabajó en una exposición al aire libre en el patio de su casa y estudio en Frogner, un barrio de Oslo. Finalmente, se convirtió en el parque de esculturas más famoso del mundo, pero jamás pudo disfrutarlo en todo su esplendor, ya que la mayoría de las obras terminaron de trasladarse aquí en 1950, siete años después de su muerte.

Mr.  Arriflex

Las siguientes fotografías figuran en el catálogo editado por la Haiku Gallery de Londres, que montó a finales del pasado año una exposición con parte de la obra del fotógrafo chino Chin-san Long.

Este extraordinario artista, muy poco conocido en Occidente, nació en la provincia de Zhejiang en 1892. En 1927 Chin-san Long se convirtió en uno de los primeros fotógrafos de prensa cuando el Shanghai Eastern Times, periódico para el que trabajaba, compró la primera rotativa en color del país. En 1939, Long perfeccionó un método que le permitió combinar múltiples imágenes en la cámara oscura. Los resultados fueron bellísimas fotografías que incorporaban la metodología de la tinta china tradicional, creando así una síntesis entre la técnica fotográfica occidental y la estética china. A lo largo de nueve décadas de trabajo, Chin-san Long consiguió popularizar la fotografía en China. Juzguen ustedes mismos contemplando los ejemplos que les mostramos aquí:
 


 
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El pasado jueves, 5 de febrero, arrancó la 65 edición del festival Internacional de Cine de Berlín —la Berlinale para los amigos. Berlín 2015, como análogamente Cannes, San Sebastián o Venecia, vienen a ser cada vez más el reflejo, de forma específica, de las contradicciones que en la consideración «festival» conducen a la crisis de un sistema en cuanto tal (como manifestación cerrada y en cierto modo discriminatoria), crisis que afecta fundamentalmente a las raíces y demás prolongaciones desde las que se plantea o se construye «el tinglado de los festivales». Reflejo, por supuesto, de otras crisis más amplias al nivel cultura-industria-consumo, índice de unos supuestos que se manifiestan a cada paso en la forma de la decadencia e invalidez de los esquemas convencionales sobre los que se montan unas estructuras.

Si la ignorancia de Berlín a todo cuanto significa o pueda significar cine nuevo, la crisis de un lenguaje, los nuevos planteamientos desde los que iniciar una búsqueda, la reflexión sobre el medio, ha tomado cuerpo decididamente en este 65º Festival, no es sólo como resultante de un sistema específico (el berlinés) desvelado aquí, sino más bien el punto concluyente de la suma de las implicaciones distintas que acceden en Berlín, como, por otra parte, en otros festivales, o en situaciones generales.

Alucinado por la visión de un cine «moderno», entre comillas, jadeante por sus esfuerzos de estar «á la page» y no dejar perder el tren de la «novedad» más engañosa, oportunista entre oportunistas (desde el lado político al cultural, que en definitiva son uno sólo), el Festival de Berlín se ha equivocado de estación. Si «Queen of the Desert» resulta en cualquier caso un film interesante, lo que ya es menos entendible (y con esto estamos ya jugando al «juego de los premios») es su casi seguro Oso de Oro como la mejor película de la Bernlinale. Si el festival –en sus intentos de estar al día– premia también películas como la insufrible “50 sombras de Grey”, “Mr. Holmes”, “Everything will be fine”, “Ixcanul (Ixcanul Volcano)” o “Nadie quiere la noche”, creyendo sin duda que ésas son las obras modernas y nuevas, modelo perfecto de exhibicionismo y oportunismo, de mimetización de las fórmulas brillantes de «cine joven», el festival sólo revela su incompetencia y marginación, su puesta en situación «out». Y si, al mismo tiempo, Berlín ignora olímpicamente (cuando no desprecia) las obras auténticamente válidas y rigurosas, que las hay, las únicas aportaciones de creadores sean Terrence Malick, Jafar Panahi, Werner Herzog, Isabel Coixet, Patricio Guzmán u Olivier Hirschbiegel, las posibles perspectivas que tuvieron lugar, Berlín consigue que uno se sienta bastante desconcertado por su criterio.

El fenómeno, por generalizable que sea a otras esferas, a otros festivales, no deja de ser lamentable, en su correlación cultural. Desde los sistemas de intereses de todo tipo en juego, desde los criterios de selección de obras por países, desde los cerrados márgenes de «competición», desde los postulados que presiden la inclusión de un jurado, desde la exclusivización de unos votos y unos premios, desde la necesidad de esos mismos premios para unas cinematografías incipientes y de mercados reducidos, desde la consiguiente contradicción de ello, desde las presiones que convierten un festival de cine, tanto en una feria “de baratijas” al mejor postor, como en un equilibrio desequilibrado de intereses industriales o políticos.

Desde los supuestos de «contestación» institucionalizada, a la necesidad de una auténtica radicalización. Desde los asentamientos en un sistema cerrado (con apariencia de «libre confrontación»), a la realidad de una dialéctica cultural abierta. Desde la absorción de las corrientes más aparatosamente «diferentes», a la realización consecuente de un cine realmente imbricado en la problemática compleja de una compleja y pavorosa realidad. Desde un cine acomodaticio, convencional, apoyado en los esquemas burgueses del arte, a un cine de agresión. Desde la torpe y primaria realidad inmediata, a la imaginación.

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El objeto cilíndrico que ven en la foto de arriba es, en realidad, una estructura del tamaño de un autobús escolar que fue desplegada por la NASA en el espacio exterior en 1984 y estuvo orbitando la Tierra durante cinco años y medio. Este artefacto –bautizado con el nombre de LDEF (Long Duration Exposure Facility)– no tenía otra misión que la de flotar en el cosmos y recoger datos sobre su exposición al peligroso entorno espacial, incluyendo los micrometeoritos y su efecto en la degradación de diversos materiales y sistemas de satélite (energía, propulsión, óptica…). Portaba 57 experimentos montados en 86 bandejas, con la participación de más de 200 investigadores de 33 compañías privadas, 21 universidades, 7 centros de la NASA, 9 laboratorios del Departamento de Defensa y 8 países extranjeros.

Para mí, y a pesar de que fue simplemente un humilde satélite de los tantos que giran sobre nuestras cabezas, LDEF demostró ser, ante todo, una auténtica obra de arte. Especialmente por las deslumbrantes bandejas que cubrían cada centímetro cuadrado de su superficie, (que inevitablemente recuerda la abstracción de ciertos pintores vanguardistas), por ese minimalismo cuadriculado que suele darse en el diseño gráfico o en la arquitectur utópica y por las formas y texturas de la superficie, tan propias de las películas de ciencia ficción. A esto habría que añadir la sutil paleta de colores, que salpican aquí y allá la involuntaria y casi accidental belleza de LDEF, incluso después de haber sido maltratada durante sus 32.422 órbitas a la Tierra.

Las imágenes siguientes pertenecen a cada una de las secciones individuales del exterior del LDEF, tal como fueron fotografiados en 1990, tras ser rescatado por el transbordador Columbia durante la misión STS-32.

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Precioso, ¿verdad?

Ahora, imagínense todo ese esplendor visual, esa impresionante exposición artística sideral, montada sobre una superficie cilíndrica de casi diez metros y viajando en silencio a 275 millas náuticas por encima de la Tierra…

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Espero que hayan disfrutado de estas maravillosas fotografías tanto como yo. Ah, y si desean saber más acerca de esta misión, de la nave, o de los resultados de este experimento, pueden ver la página de la NASA aquí.

Kazimir Malévich, "Escritorio y habitación" 1913

Kazimir Malévich, “Escritorio y habitación” 1913

Las teorías de Platón acerca del arte siempre han provocado un cierto malestar, y no sólo porque formulan una condena explícita del arte y los artistas, sino, precisamente, por venir de donde vienen, es decir, del filósofo que fundamentó –como comenta, por ejemplo, Panofsky– «el contenido metafísico de la belleza de una manera válida para todas las épocas».

En su polémico libro La imagen y el olvido, Pedro Azara (París, 1955) ofrece un documentado estudio de la teoría platónica del arte, «una relectura» que retoma los problemas desde el principio.

El autor, arquitecto y profesor de Estética en la Escuela de Arquitectura de Barcelona, muestra cómo esos juicios del filósofo ateniense contra las artes y los poetas no son sino la consecuencia necesaria del núcleo doctrinal del corpus platónico, el desarrollo coherente de la propia metafísica.

Para Platón, las imágenes artísticas (y las artes, en general) representan fatalmente el artificio de una apariencia, son siempre falsas, dañan la memoria y envuelven al hombre en las sombras; aletargan, por consiguiente, al alma, la alejan así del auténtico conocimiento, del reencuentro con las formas primeras. Las imágenes artísticas borran la huella primordial de una anterior vida beatífica: el arte es engaño y olvido del ser.

Platón y Aristóteles

Platón y Aristóteles

Las imágenes poéticas y pictóricas parecen mostrarlo todo ante los ojos de los hombres, pero vuelven a éstos más ignorantes y los encadenan a lo sensible. Platón creía en la existencia de una realidad objetiva y ejemplar; y el arte, en cuanto ilusión, significaba para él una impostura, la desfiguración y desvalorización de lo real. Los artistas son magos que convocan a fuerzas sombrías, astutos seductores que arrastran a las gentes hasta el fulgor de una apariencia que ciega la verdad. Esos efectos nocivos debían ser rechazados tanto para bien del alma como para el buen funcionamiento de la ciudad. «Es la razón -se lee en un célebre pasaje de La República- la que obliga a desterrar a los poetas de nuestro Estado».

Pedro Azara, que declara su deuda con los estudios de la antropología cultural (Vernant, Detienne), expone con cabal autoridad la doctrina de Platón en las coordenadas de la Grecia clásica: recorre con dominio los Diálogos, comenta objetos artísticos muy diversos, recrea fábulas y textos literarios, se detiene en los documentos de la cultura griega con verdadero deleite de filólogo, esto es, tal como pedía Nietzsche, como un observador atento que con su lenta y cuidada lectura enseña a leer y a mirar.

En La imagen y el olvido no se proponen, pues, cuestiones platónicas al modo de un ejercicio erudito o como quien plantea el reto de un problema de ajedrez; Azara analiza el sistema platónico porque vislumbra en él un principio de sentido, o más exactamente, porque quiere justificar la pertinencia de esa idea del arte entendido como engaño.

«Justificaré -advierte desde el comienzo- que Platón estaba en lo cierto cuando rechazó las apariencias por motivos estéticos y no sólo éticos». Se trata, en suma, de demostrar cómo las censuras de Platón están fundamentadas en la conciencia de que algo más profundo subyace al arte y a la contemplación de las imágenes: el Miedo, el Sueño, lo Invisible, el Vértigo, la Obscuridad…

Y es que Azara lee a Platón, sí, desde la perspectiva del profesor de Estética interesado por las ideas y corrientes históricas, pero con la firme intención de aportar con su estudio alguna luz en la «endiablada» encrucijada del arte contemporáneo. Desde la misma introducción, un epígrafe de La teoría de la sensibilidad de Rubert de Ventós señala claramente ese propósito: «Antes de interpretar el presente o adivinar el futuro del arte, es necesario conocer y comprender su pasado: de dónde viene y cómo llegó a ser».

De manera que la «justificación» de Platón debe entenderse también a modo de una proposición de arranque capaz de instaurar un orden entre algunos desvíos y despropósitos del arte actual-, un enunciado o principio que denuncia la inconsistencia de esas imágenes de la modernidad completamente ajenas a una verdadera relación con el modelo, esclavas de lo espectacular y lo sorprendente, los signos, en suma, de una época en la que cualquier cosa puede ser registrada como arte por un público satisfecho de sí mismo que adora esas imágenes como si fueran ídolos, al tiempo que las reduce –y se reduce a sí mismo– a pura banalidad.

Sofia Coppola

Sofia Coppola

¿Es necesario seguir reivindicando el cine hecho por mujeres? Los últimos datos facilitados por el Instituto de Cinematografía y Artes Audiovisuales (ICAA) demuestran que sí, ya que entre los años 2000 y 2012 tan sólo el 9,3% de películas estrenadas en el mundo fueron realizadas por mujeres. Cifras relativamente alentadoras, si tenemos en cuenta que hasta el siglo XVIII no se les permitió participar en la vida artística, aunque haya algunas excepciones. En el ámbito de las artes plásticas, por ejemplo, uno de los pocos nombres femeninos que se conocen es el de la monja Ende, cuyas obras tuvieron cierta fama hacia el año 975. Pero no fue hasta el siglo XIX cuando se comenzó a aceptar la presencia de mujeres en las academias de bellas artes, justo cuando las instituciones académicas iban mermando su poder en el ámbito de la creación artística.

El cine es un arte mucho más reciente que la música o la pintura, aunque también ha sido una actividad donde los hombres han podido mostrar su poder y dominio sobre las mujeres. Tradicionalmente la ideología machista ha encontrado la complicidad del mundo del cine. Una gran parte de los filmes nos muestran una realidad vista o imaginada con la mirada de los hombres.

Las mujeres han estado presentes en el mundo del cine desde sus orígenes, sobre todo cuando se trataba de películas de ficción de carácter dramático, sentimental, histórico. Muchos recordamos algunas de las interpretaciones de actrices legendarias, pero lo que ahora nos interesa, si queremos hacer una pequeña reflexión sobre la cuestión del cine hecho por ellas, es saber cómo se ve la vida cuando la contempla con ojos femeninos. ¿Es posible que la realidad imaginada por las mujeres sea diferente de la de los hombres? ¿Hay una sensibilidad específica o fantasía propiamente femenina?

Habría que decir, no obstante, que el cine hecho por mujeres –aunque no sea mayoritario– ha ido aumentando año tras año.

Históricamente, las mujeres pioneras en la dirección cinematográfica fueron Leni Riefenstahl, Alice Guy y Dorothy Arzner. Esta última dirigió a grandes estrellas de la época como Katherine Hepburn o Gary Grant. Algunos críticos afirman que si hubiera sido hombre sería tan conocida como Ernst Lubitsch, Frank Capra o George Cukor.

En España, la primera mujer que trabajó como realizadora y directora de rodaje fue Rosario Pino. Sus primeros films se remontan a los años 30, en tiempos de la República. Antes, en 1922, una mujer, Elvira Notari, fundó la Escuela Italiana de Arte Cinematográfico. Y no fue hasta los años 60 y 70 que se produjo una auténtica eclosión feminista y reivindicativa de la diferencia de sexos en las artes cinematográficas. Tuvieron un papel destacado las nuevas realizadoras alemanas encabezadas por directoras como Jutta Bruckner, Helga Sanders Brams, Helke Sander, Margarethe von Trotta, entre otras.

Una mención especial deberían tener la actriz y directora sueca Mai Zetterling, las cineastas francesas de la nouvelle vague Agnès Varda, Joyce Buñuel y Diane Kury, la italiana Liliana Cavani, la húngara Mészáros, las estadounidenses Streisand y Seidelman, el australiana Armstrong, la neozelandesa Jane Campion (“El piano”, “Retrato de una dama”).

En el ámbito español habría que mencionar a Pilar Miró, un referente de los años de la transición. Más recientemente las jóvenes directoras Icíar Bollaín (“Hola ¿estás sola?”, “Flores de otro mundo”, “Te doy mis ojos”); Chus Gutiérrez (“Sublet”, “Alma gitana”, “Insomnio”, “Retorno a Hansala”), Isabel Coixet (“Cosas que nunca te dije”, “La vida secreta de las palabras”, “Mi vida sin mí”, “Map of the sounds of Tokio”) …

Mujeres que lucharon por abrirse un camino en un mundo dominado por los hombres, mujeres en busca de una autenticidad emocional y afectiva, mujeres que intentaron encontrar elementos de reflexión con el otro sexo o con el propio. En cualquier caso muchos filmes nos invitan a hacer este tipo de consideraciones. Hay una visión intransferiblemente femenina, una manera de pensar y de sentir, una indagación sobre unos rasgos de identidad específicos. Tanto en el drama como en la comedia, en la crítica social de las condiciones de vida de las mujeres en un mundo dominado por los hombres como cuando se trata de mostrar las cosas con voluntad documental, podemos encontrar la visión propia de la feminidad.

Mr. Arriflex

 

Si alguna vez ha pensado usted cómo será la vida cotidiana de los seres humanos durante el próximo siglo –una vida, por cierto, totalmente diferente a la actual gracias al tremendo avance de la tecnología– no crea que es el único que ha reflexionado sobre ello. Hace más de 100 años, varios artistas franceses trataron de hacer lo mismo.

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En aquella época, uno de los más influyentes escritores de ciencia ficción de todos los tiempos ya ocupaba su mente imaginando todas las posibilidades que ofrecía una sociedad en la que ya empezaban a vislumbrarse los asombrosos logros de la ciencia. Ese escritor se llamaba Jules Verne, cuya obra –llamada “Viajes Extraordinarios”– está compuesta por 55 novelas, entre ellas dos de las más conocidas: “20.000 leguas de viaje submarino” y “La vuelta al mundo en 80 Días”. Incluso llegó a escribir un relato en el que imaginaba cómo sería la vida en un futuro milenio, titulado “En el año 2889”.

Las historias de Verne eran muy populares entre los franceses, y su imaginación se destapaba con las infinitas posibilidades del futuro .

A partir de 1899, un artista llamado Jean-Marc Côté –junto a otros menos conocidos– fueron contratados por varios fabricante de juguetes y cigarrillos para crear una serie de tarjetas postales con dibujos futuristas. Las imágenes pretendían describir cómo sería la vida en Francia durante el próximo siglo; sin duda, todos ellos estaban muy influidos por los escritos de Verne. Lamentablemente, estas postales nunca llegaron a ser distribuidas. No obstante, la única serie conocida de estas tarjetas fue descubierta por Isaac Asimov que, en 1986, escribió un libro titulado “Futuredays” en el que incluyó las ilustraciones.

Lo más sorprendente de esta colección es lo mucho que –en la mayoría de los casos– se aproximaron estos artistas franceses en sus predicciones sobre lo que sería el siglo XX.

Para empezar, tomaron muy en cuenta los avances tecnológicos que se hicieron en el campo del electromagnetismo y la comunicación inalámbrica que condujo a la invención del teléfono y la radio durante las últimas décadas del siglo 19. Para los artistas, estas tecnologías debíerían desempeñar un papel muy importante en el futuro, así que imaginaron una máquina que podía transcribir el lenguaje hablado a la escritura, algo que hacen posible hoy día los numerosos servicios de transcripción de audio automatizados como “Dragon Dictate” o el reconocimiento de voz con “Google Search”:

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Otra postal muestra imaginarias videollamadas –realizadas mediante un proyector– parecidas a las que actualmente nos permite la tecnología desarrollada de Apple FaceTime, Google Hangout, o cualquier otro software estándar para conferencias de vídeo:

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Se esperaban también otros tipos de avances en la proyección, que permitirían que las imágenes de instrumentos como los microscopios y telescopios fueran mucho más visibles. Si bien se han desarrollado tecnologías de proyección como estos, hoy en día son los instrumentos digitales y monitores los caballos de batalla para la microscopía:

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A la luz de la revolución industrial, que se inició en Francia en la primera mitad del siglo 19, la automatización estaba plagada de posibilidades. Entre la colección, aparecen muchas ilustraciones de ‘autómatas personales’ o robots, como los llamamos ahora. Es evidente que los artistas intuían que serían muy importante en el futuro, sobre todo para realizar muchas de las tareas mecánicas utilizadas en la vida cotidiana, como por ejemplo los barberos-robot:

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El Cine Arte ha sido un campo prolífico para la experimentación del medio cinematográfico. Un amplio abanico de cineastas catalanes, más o menos vinculados a las artes plásticas, se ha interesado por las posibilidades del soporte fílmico, ha cuestionado los códigos narrativos y ha analizado la estructura de la imagen.

Luis Buñuel y Salvador Dalí

Luis Buñuel y Salvador Dalí

Las vanguardias artísticas de principios de siglo marcan la pauta del cine experimental internacional. Los movimientos de vanguardia que condicionan la evolución de la pintura y la escultura del siglo XX también determinan la manera de entender la filmación y la proyección de imágenes en movimiento. El surrealismo cuenta con la figura del pintor catalán Salvador Dalí como uno de sus máximos exponentes. Sus colaboraciones con el cineasta Luis Buñuel, en las películas ‘Un chien andalou’ (1929) y ‘L’âge d’or’ (1930), se convierten en obras singulares hechas de impactos visuales, giros narrativos oníricos y elementos subversivos. El carácter lírico de estas dos producciones francesas mantiene puntos de contacto con cierto cine amateur realizado en Cataluña.

Dentro del campo del cine de animación experimental –a menudo catalogado con el nombre de fantasía–, hay que hacer referencia al nombre de Joaquim Puigvert. Este cineasta practica durante los años cincuenta una animación pictórica influenciada por la del canadiense Norman McLaren, reconocido exponente del cine pintado a mano sobre el celuloide. Jordi Artigas es otro de los realizadores de cine de animación abstracto, también llamado ‘cine sin cámara’.

esquizoLas ideas del poeta visual Joan Brossa y las composiciones musicales de Carles Santos hacen que Pere Portabella desarrolle una obra rica en matices, relacionada con las formas del ‘New American Cinema’ de Nueva York. Su film más paradigmático es ‘Vampir-Cuadecuc’ [Vampiro-Coladegusano] (1970), una película filmada en 16 mm, al margen de la industria. ‘Esquizo’ (1970), de Ricard Bofill, es otra obra destacada realizada en el entorno de la Escuela de Barcelona. En esta época también emerge el cine ‘underground’ del tarraconense Antoni Padrós y el cine militante de Llorenç Soler.

Alrededor del arte conceptual de los años setenta crecen una serie de colaboraciones fílmicas de un grupo de artistas catalanes establecidos en París. Benet Rossell, Joan Rabascall, Antoni Miralda y Jaume Xifra son sus protagonistas. La crítica a los medios de comunicación hecha a partir de imágenes recicladas y las investigaciones formales del cine estructural son dos de los intereses principales de Eugènia Balcells y Eugeni Bonet, cineastas de filmes insólitos como ‘133’ (1978-79). El videoarte catalán tiene en Antoni Muntadas y Francesc Torres sus artistas más internacionales.

Con la llegada del vídeo a Cataluña se amplía el campo de visión de unos artistas que mezclan los medios audiovisuales para poner en práctica inquietudes próximas a la videocreación, la videoinstalación, el videoclip, el cine de ficción, la televisión creativa y el documental heterodoxo. Isaki Lacuesta, Lluís Escartín y Oriol Sánchez son algunos de los nombres propios del Cine Arte actual.

Culturcat

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Arquitecto, claro está, pero también diseñador de interiores, de muebles, de servicios de cristal; historiador del arte, dietista, gastrónomo, maestro artesano, connaisseur musical, estilista y, por supuesto, experto en moda. Todo esto habría que ser para lograr comprender correctamente a Adolf Loos. Y es que Loos no solo fue un arquitecto genial, sino además (sus propuestas arquitectónicas surgen de la misma fuente) lo que se podría llamar un crítico de la cultura con pretensiones pedagógicas modernizantes, un sabelotodo con ínfulas de profeta reformador, un “civilizador”.

Adolf Loos nació en Brno, entonces perteneciente al imperio austrohúngaro y hoy a la República Checa, en 1870. Hijo de un picapedrero y escultor, estuvo desde su infancia expuesto a las ideas que definieron su vida creativa: la pasión por las formas y los materiales, y un cierto pragmatismo antiartístico de artesano, que marcó permanentemente su actitud profesional (en su ensayo “Arquitectura”, de 1910, escribe: “¿Así que la casa que no tiene ninguna relación con el arte y la arquitectura no puede ser contada entre las obras artísticas? Es precisamente de este modo”, y completa con la explicación: “Un arquitecto es un albañil que ha aprendido latín”).

Después de interrumpir sus estudios de arquitectura viajó en 1893 a los Estados Unidos, de donde regresaría tres años más tarde ebrio de espíritu americano y con un propósito muy claro: civilizar a Europa, o al menos a Austria, o al menos a Viena, de una vez por todas. Así, al tiempo que hacía sus primeros pinitos como arquitecto, se dedicó a dar conferencias y escribir en diferentes lugares sobre temas que van desde cómo se desayuna correctamente y en qué medida el uso del salero es una cuestión de vida o muerte, hasta cómo se ha de decorar adecuadamente una casa y –en su ensayo más popular: “Ornamento y delito”, de 1908– por qué las construcciones modernas han de prescindir de todo ornamento innecesario. En 1903 fundó Das Andere (“Lo otro”), cuyo subtítulo demencial reza: “Una revista para introducir la cultura occidental en Austria”.

Loos, por supuesto, fue durante toda su vida un personaje polémico. Se casó y se separó tres veces, mantuvo debates incansables y abusivos con otros clásicos de la arquitectura de su tiempo y jamás dejó de intentar “educar” a punta de burlas, patadas y teoremas tiránicos a sus contemporáneos. Pero también fue un respetado y temido gurú de la frenética Viena del cambio de siglo, y entre sus amigos más íntimos se contaban Oskar Kokoschka, Arnold Schönberg y Karl Kraus, aquel otro gran polemista y cascarrabias de la historia intelectual europea del siglo XX. Después de una vida intensa y peleona, Loos murió cerca de Viena en 1933, famoso, solo y (¿podría ser de otro modo?) completamente sordo.

La lista de obras arquitectónicas de Loos es extensa: incluye el American Bar (1908), en completa rebelión con la apacible tradición del café vienés; un centro comercial en el corazón de Viena (1911), cuya construcción produjo debates comparables con los que provocaría actualmente el rumor de la privatización de una universidad pública; o casas sorprendentes como la construida para Tristan Tzara en París (1925), la Casa Moller en Viena (1928) y la Villa Müller en Praga (1930).

Si acaso es posible resumir en pocas palabras las propuestas arquitectónicas de Loos, sería a través de dos peculiaridades novedosas: las fachadas lisas, limpias, anónimas, que van incluso en contravía de la obsesión por el metal y el vidrio de la Bauhaus; y el llamado Raumplan, la planeación de interiores que están divididos en diferentes niveles, tienen distintas alturas y están desvinculados de una planta continua, lo que resulta en una riqueza espacial que “aumenta” sorprendentemente la más pequeña superficie interior.

Sus biógrafos nos informan que a su regreso de los Estados Unidos, Loos, sin un peso en el bolsillo, pasó primero por Londres y se hizo confeccionar varios trajes por los mejores sastres de la ciudad. No se sabe cuándo ni cómo logró informarse tanto y tan bien sobre cuestiones sartoriales, pero aquí también se consideraba un elegido con derecho a establecer leyes inmarcesibles. “La moda masculina” no es el único texto de Loos al respecto –escribió también sobre la ropa interior, la modernidad de los sombreros, la historia del calzado, la moda femenina–, pero en su ánimo prácticamente filosófico es uno de sus mejores y más representativos ensayos pedagógico-dictatoriales. Por lo demás, en estos tiempos trastornados en que vestirse bien es casi una señal de estar pasado de moda, sin duda tenemos mucho que aprender de Loos.

 

Estamos a punto de despedir este año que, para muchos de nosotros, ha transcurrido vertiginosamente. Durante el 2012, personajes de la literatura, la música, la pintura, el cine y el teatro celebraron distintos aniversarios: bicentenarios, centenarios y medio siglo de partida de su natalicio o fallecimiento. Algunos de ellos son universalmente conocidos: los escritores Charles Dickens, Bram Stocker, Jorge Amado y August Strindberg, o los pintores Antoni Tàpies y Jackson Pollock. Algunos de ellos fueron vanguardistas para su tiempo, rompieron moldes convencionales en sus respectivas disciplinas artísticas e influyeron a otros, y unos más crearon personajes que conectaron con el público y que hoy son parte del inconsciente colectivo.

AUGUST STRINDBERG (1849-1912)

Relaciones tormentosas, la lucha entre una sociedad caduca y la moderna y la violencia psicológica entre los personajes, son algunos de los temas que el dramaturgo sueco August Strindberg plasmó en obras como “El Pelícano”, “La Sonata de los espectros”, “La Danza de la muerte” y “La Señorita Julia”, entre otras, alejándose del romanticismo y precursor del teatro del siglo XX. Creador de una vasta producción en todos los géneros literarios, incursionó también en la fotografía y la pintura, y fundó varios teatros, donde presentó obras en un acto. Polémico por sus ideas y crítica social a la burguesía, pero igualmente popular, se señala que a su funeral acudieron 50 mil coterráneos. Su país lo ha honrado con una casa-museo y en 2005, con una exposición antológica de su obra plástica en la Galería Tate de Londres.

JACKSON POLLOCK (1912-1956)

El más distinguido representante del expresionismo abstracto es el pintor norteamericano Jackson Pollock, quién en vida gozó de gran reconocimiento. Discípulo del muralista mexicano David Alfaro Siqueiros, de gran importancia en su desarrollo artístico, aprendió con él distintas técnicas como el vertido y goteo de pintura, así como el manejo de la laca, pintura de esmalte y arena sobre la superficie de los cuadros. Pollock transitó de la figuración, donde incorporó motivos de Pablo Picasso y Joan Miró, a la abstracción, encontrando un estilo personal con influencias surrealistas como el automatismo e imágenes del subconsciente. A mediados de los 40 y 50 del siglo pasado, sus obras resultaron polémicas, aunque fue alabado por el crítico de arte Clement Greenberg. Influenció a movimientos posteriores como el Pop Art, Arte Minimal, entre otros, y es reconocido como uno de los más importantes creadores del siglo XX.

BRAM STOKER (1847-1912)

En el arte, hay ocasiones en que los personajes son más famosos que su creador. Miles de personas habrán leído o visto la película de “Drácula” en sus diferentes versiones: cine, teatro, televisión, animación, entre otras, pero pocos sabrán que su autor fue el escritor y crítico teatral irlandés Bram Stocker cumple durante el presente año 100 años de fallecido. Recientemente, el director Francis Ford Coppola le dió crédito al creador en el título de la obra y quizás sea de los pocos que lo han hecho. Escrita en 1897, Stoker jamás imaginó que a más de cien años su personaje e historia siga fascinando y provocando terror a multitudes, más allá de otras de sus novelas “El paso de la serpiente” y “La joya de las siete puntas”, igualmente del mismo género.

JOHN CAGE (1912-1992)

El artista norteamericano John Cage es considerado inclasificable y una de las figuras primordiales de la vanguardia de la Post-Guerra. Incursionó en la teoría y la composición musical, -uno de los más influyentes en el siglo XX-, también autor de música para danza, específicamente para las coreografías de Merce Cunningham; se interesó por la filosofía, la pintura y la poesía, igualmente, mantuvo una fuerte influencia del Budismo Zen y el I Ching en la manera de componer, en sus composiciones usaba el azar, como usar plantas como instrumentos. La experimentación en la obra de Cage tuvo gran influencia en diversas tendencias como el arte sonoro y la música electrónica, así como en los compositores, músicos y artistas visuales Brian Eno, Frank Zappa, Michael Parsons, Sonic Young y Stereolab, así como en la obra del pintor Robert Rauchemberg, por citar sólo algunos. Dicen los expertos que la intención de Cage con su música, es abrirse al silencio y los sonidos de la vida misma.

JOHN CHEEVER (1912-1982)

Considerado con un estilo influido por el escritor y dramaturgo ruso Antón Chejov, donde en una situación dada la apariencia de que “no pasa nada” presuntamente, en la superficie, detonan los conflictos dramáticos subyacentes la apariencia de familias felices, el escritor norteamericano plasmó en sus cuentos y novelas la infelicidad en los barrios residenciales, el regresó al paraíso de la infancia y la transformación de las ciudades modernas, es calificado como uno de los mejores cuentistas de su país. Con su obra, el ganador del Premio Pulitzer y el National Book Award, precisamente por “La Crónica de los Wapshot” y sus cuentos reunidos, es destacado por el crítico Harold Bloom, como un agudo observador de la realidad social de su país.

MICHELANGELO ANTONIONI (1912-2007)

“Blow-Up, deseo de una mañana de verano”, basada en el cuento corto “Las babas del diablo” del escritor argentino Julio Cortázar, es quizás una de las películas más celebradas de este director italiano. La cinta ganó la Palma de Oro al mejor director en 1966 en el Festival Internacional de Cine de Cannes. Antonioni, que también fue pintor y escritor, filmó “La aventura”, “El eclipse”, “La noche” y “El reportero”, así como las últimas cintas en su carrera como “Más allá de las nubes”, co-dirigida por Win Wenders, y “La mirada de Michelangelo”, son parte de su prolífica realización fílmica. Precisamente la mirada de Antonioni en su cine, iba más allá de lo evidente, enfocándose en aspectos presuntamente ínfimos, de los que está hecho la vida.

GENE KELLY (1912-1996)

“Cantando bajo la lluvia” es la más famosa película musical del coreógrafo y bailarín Gene Kelly, considerado un revitalizador de la danza con un estilo más libre al del también bailarín de la época de los años 40 y 50, Fred Astaire. Bajo la dirección de Stanley Donnen, Kelly también filmó otras cintas musicales como “Un día en Nueva York” y “Siempre hace buen tiempo”, rodadas al aire libre, algo inusual e innovador en su tiempo. “Invitación a la danza”, dirigida por él mismo, y presentador de la recopilación de musicales de la MGM en los años 70, contribuyeron al auge de esta expresión, tanto en el cine como en el teatro, que tiene millones de seguidores en el mundo.

LAWRENCE DURRELL (1912-1990)

Con las obras de “El Cuarteto de Alejandría”, en el que plasmó la historia de esta ciudad antes y después de la Segunda Guerra Mundial, le dieron el reconocimiento internacional al escritor hindú Lawrence Durrell. También autor de diarios de viajes, obras de teatro y otras novelas, fue la fascinación que provocó en los lectores y en otros autores con las piezas citadas a fines de los años 50 y principios de los años 60 del siglo XX, lo que hizo que decenas de escritores y cineastas vivieran en las naciones del norte de África, cautivados por el misterio de las culturas y su gente.

TRICENTENARIO

JEAN-JACQUES ROUSSEAU

“El hombre es bueno por naturaleza, es la sociedad quien lo corrompe”, es una de las premisas del filósofo y escritor suizo Jean-Jacques Rousseau, a tres siglos de su nacimiento, (1712-1778), tuvo una vida de penalidades, perseguido políticamente por sus ideas, viajó por diferentes países europeos y fue fustigado por otros pensadores como Voltaire y algunos reyes, al grado de sufrir delirio de persecución. Su ideales influyeron en la Revolución Francesa y en las posteriores que lograron el surgimiento y creación de distintas naciones. Sus obras “El Contrato social” ó “Emilio o la edcación”, por mencionar algunas, revolucionaron los sistemas de pensamiento y marcaron pautas para las sociedades modernas. Contradictorio, publicó libros y al mismo los detestaba, valoró el papel de la mujer, pero jamás se casó con su compañera y escribió las pautas de la educación infantil, pero dejó a sus hijos en un orfanatorio.

BICENTENARIOS

CHARLES DICKENS (1812-1870)

El novelista británico Charles Dickens retrató en sus obras realistas los ambientes populares y marginados, criticó las injusticias y arbitrariedades para con los oprimidos en plena Revolución Industrial londinense, por lo que fue sumamente popular en vida. Considerado el precursor de las actuales telenovelas, con el sistema de “novelas por entregas” en los periódicos de la época, -modelo que sería imitado por otros autores-, provocaron la ventas en miles de ejemplares de los periódicos en las que se publicaban. “Cuento de Navidad”, más conocida como “Mr. Scrooge”, “Oliver Twist” y “Grandes esperanzas”, entre otras, han sido llevadas a la televisión, el cine y la animación, incluso a la ópera y el teatro. Mostró en sus obras las pasiones humanas, se casó varias veces y tuvo 10 hijos, criticado y envidiado, pero también adorado y valorado a partes iguales, su vida también es una novela.

ROBERT BROWNING (1812-1889)

Al poeta británico Robert Browning se le atribuye la creación del poema-monólogo dramático, en verso, multivocal y de diferentes perspectivas, y fue durante su estancia en Italia, donde escribió este estilo en “Hombres y mujeres”, que incluye poemas sobre Fray Lippo Lippi y Andrea del Sarto, luego escribió “Dramatis personae”, a raíz de la muerte de su esposa, y en Londres, “El anillo y el lbro”, donde entremezcló diversas voces a manera coral. Admirador de los poetas románticos Lord Byron y Mary Shelley, la autora de Frankestein, el propio Browning influyó en otros autores que plasmarían en sus obras estas y otras técnicas literarias, la polifónica, como T. S. Elliot y Ezra Pound, hoy tan común en el teatro, la televisión y el cine.

MEDIO SIGLO DE PARTIDA

WILLIAM FAULKNER (1897-1962)

El poeta, guionista de cine y escritor norteamericano es considerado como “escritor para escritores” por la influencia que ha tenido por la experimentación en las estructuras complejas y técnicas narrativas como el libre fluir de la conciencia y diferentes puntos de vista de un suceso, entre otras, de sus obras como “El sonido y la furia”, “Mientras agonizo” o “Santuario”, por citar algunas, y los autores latinoamericanos Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa y Carlos Fuentes han destacado su legado literario. Faulkner ambientó sus novelas y cuentos en el ficticio “Condado de Yoknapatwpha” en los estados sureños estadounidenses al final de la Gran Depresión mostrando las relaciones interraciales y familiares, sobre todo la naturaleza humana en sus diversos registros. Autor imprescindible y prolífico, escribió 20 novelas y 85 relatos breves, obtuvo el Premio Nóbel de Literatura de 1949.

HERMANN HESSE (1877-1962)

Pocos autores logran conseguir la aceptación de la crítica y el público, como este poeta y escritor alemán, ganador del Premio Nóbel de Literatura en 1947, cuyas obras son consideradas como iniciáticas por sus múltiples admiradores en todo el mundo, particularmente la más famosa, “Siddhartha”, publicada en 1922, por la combinación de filosofía oriental y occidental y la búsqueda de la iluminación espiritual. Aunque sus obras son vistas con desdén por cierta crítica especializada, además de la novela citada, pueden encontrarse en las librerías “El lobo estepario” y “Demian”. A medio siglo de su desaparición física y a 90 años de la publicación de su obra más famosa, Hesse sigue teniendo sus lectores. Es simple, hay autores que conectan con el respetable.

GEORGES BATAILLE (1897-1962)

Transgresor y polémico por los temas del erotismo, la muerte y el misticismo, entre otros, que manejó en su prolífica producción, el escritor, antropólogo y pensador francés Georges Bataille, quién fundó revistas e integró grupos de literatos, no obtuvo mucha aceptación sino hasta después de su muerte, ya que su legado fue reconocido en la segunda mitad del siglo XX por los filósofos Michael Foucault y Jacques Derrida, por citar algunos. “La historia del ojo”, “Lágrimas de Eros” y “La parte Maldita” son algunas de las obras de este autor desaparecido hace cinco décadas.

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