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saravialLa noticia del fallecimiento, el pasado viernes 2 de septiembre, de la destacada poeta chilena y entrañable amiga Sara Vial de los Heros, causó en mí una honda tristeza. A pesar de que a lo largo de estos años no tuve ocasión de visitarla como yo hubiera deseado, siempre guardaré de ella –y de la época que nos solíamos reunir en el Bar Inglés de Valparaíso con un grupo de inolvidables amigos– el más vivo de los recuerdos.

El 14 de febrero de 2008, se publicó –en este mismo blog– un artículo titulado “El poema perdido de Sara Vial” que se iniciaba con una cariñosa carta que recibí de ella y que, en esta triste ocasión, vuelvo a rescatar como un homenaje a esta maravillosa mujer y poeta a la que tanto admiré.

 


El poema perdido de Sara Vial

 

Ayer recibí esta nota de mi queridísima amiga y gran poeta chilena Sara Vial.

«Estimado Luis:

Por una casualidad encontré una copia a máquina, hecha de memoria hace tiempo, de la verdadera versión del soneto con tinta verde que salió publicado en tu blog y que improvisé para la bitácora del local. Desgraciadamente el manuscrito estaba muy borroso y tarjado, por lo que el poemita resultó con palabras de menos y otras cambiadas.

Ya no necesitas molestarte en ubicar a quien lo tenga, pues basta con que me hagas el inmenso favor de corregirlo y reemplazar la version llena de erratas por esta que te mando y que es fiel copia de la verdadera.

Desde ya, mil gracias por tu gentileza. Saludos de la autora.»

* * *

En la revista literaria Caimán puede leerse el siguiente artículo sobre Vial de los Heros y su estrecha amistad con Pablo Neruda:

“Sara Vial conoció a Pablo Neruda en Viña del Mar en 1955, en casa de un amigo en común, Vicente Naranjo. Sin embargo, fue gracias al famoso pintor chileno Camilo Mori que Neruda conoció los poemas de la joven Vial. Cuando se encontraron en la casa de Naranjo, Neruda iba saliendo del brazo de Matilde Urrutia y Sara Vial iba entrando. “No me creas pesado, ya habrá mucho tiempo para conversar”, le dijo al oído a la joven. Poco tiempo más tarde, se reencontraron y nació una amistad cómplice que sólo se interrumpió con la muerte del poeta en 1973. Neruda le presentó a Sara al conocido editor argentino Manuel Losada, quien se entusiasmó con el trabajo de Vial y publicó sus libros en Buenos Aires. En 1965, Neruda fue testigo de matrimonio de Sara Vial, un ejemplo de su relación más allá de las letras.Tan estrecha fue la amistad entre Neruda y Vial que fue ella quien le mostró al poeta la casa que luego él compraría para transformarla en su refugio más íntimo, La Sebastiana (en Valparaíso, frente al mar), que hoy es un museo que recuerda al ganador del premio Nobel y su amor por el puerto chileno.”

Soneto en tinta verde al Bar Inglés

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Aquí con este Luis inesperado
y con Alvaro, en fin, siempre seguro
y con Carlos Lastarria, airoso y puro,
estoy Valparaíso a tu cuidado.

A tu cuidado, sí, y Alfonso ausente (*)
pero nos llegará, desenfrenado,
después de tanto diario almacenado
en su fugaz destino hacia la gente.

Valparaíso, te reconocemos
nostalgia y vendaval aquí encerrado
mientras guitarra Luis trae a mi canto.

Y somos los que somos y seremos
y la noche es vivir lo que se ha dado

en amistad, fraternidad y encanto.

Sara Vial

(*) Alfonso Castagneto, ex director del diario La Estrella, (Q.E.P.D.)

(Lunes, 13 de enero de 1992, en el Bar Inglés de Valparaíso.)

En la fotografía puede verse a Sara Vial, junto a Pablo Neruda, en la casa del Premio Nobel en Isla Negra.

Con motivo de cumplirse el centenario del rescate de Sir Ernest Shackleton y sus hombres, tras la fallida expedición del “Endurance” en el Continente Blanco y ser rescatados por un grupo de marinos chilenos a bordo de la escampavía “Yelcho” –comandada por el Piloto Luis Pardo–, queremos recordar hoy día una de las hazañas más épicas de la historia antártica. El siguiente post fue publicado en este blog en marzo del 2009.

 

Fotografía tomada por el fotógrafo y tripulante de la expedición a bordo del “Endurance”, Frank Hurley. Los náufragos en el momento del rescate, al fondo la “Yelcho”, comandada por el Piloto Pardo.

Fotografía tomada por el fotógrafo y tripulante de la expedición a bordo del “Endurance”, Frank Hurley. Los náufragos en el momento del rescate, al fondo la “Yelcho”, comandada por el Piloto Pardo.

En agosto de 1914, recién declarada la Primera Guerra Mundial, zarpó de Inglaterra en su tercera expedición a la Antártica el intrépido explorador británico, Sir Ernest Shackleton, gran figura de la época heroica de las investigaciones antárticas europeas.

Su intención era atravesar la Antártica desde el mar de Weddell al mar de Ross, es decir, cortar la Antártica pasando por el Polo Sur. Contaba para ello con el “Endurance“, un velero mixto de tres palos, de 300 toneladas, con máquina a vapor y acondicionado para la empresa y el “Aurora”, que debía zarpar desde Australia para recibir a los expedicionarios en el estrecho de Mac Murdo, inmediato al mar de Ross.

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Lamentablemente el año 1915 fue extremadamente crudo en la Antártica y el 18 de enero el “Endurance” quedó atrapado en los hielos.
Los expedicionarios, después de luchar durante diez meses contra la glacial e inhóspita naturaleza, tuvieron que soportar las presiones de toneladas de hielo, que en su constante deriva aprisionaba al buque.
El 25 de octubre la nave se montó sobre un témpano quebrándose el timón, la popa y luego la quilla. No quedó otra cosa que abandonarlo, mientras el hielo iba destrozando poco a poco su superestructura, hasta que el 21 de noviembre, el “ Endurance” desapareció de la superficie del mar.

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neruda

Fue Chile un faro,
la estrella de los vientos,
que abrió el perfume del arte a mis sueños,
la renovada palabra del encuentro poético,
la percepción y el embeleso,
allí aprendí a nombrar cada objeto, cada mañana, cada persona de forma diferente,
pese al trasfondo del tiempo: metal de rejas, sufrimiento y “lo oscuro”….
yo vi la luz, la intensa luz del sentido de las cosas, la belleza más pura y excelsa,
– casi la toqué con mis manos-,
todos sabemos que es evanesceste, apenas ilusión y estremecimiento -,
Y así, en el mismo idioma, hablé distinto, pensé distinto
con el hilo mágico con el que se tejen los sueños.

!Chilito lindo!

 

Mª Jesús C. Sarrió

 

 

El escritor noruego Kjartan Fløgstad.

El escritor noruego Kjartan Fløgstad.

Decir que a las librerías españolas llegan anualmente unos pocos libros de autores noruegos sería una exageración por mi parte. Simplemente, no llegan. Así que a la satisfacción que me produjo hace años la lectura de El cuchillo en la garganta, –la primera novela de Kjartan Fløgstad traducida al español — se une ahora el placer de haber descubierto otra de sus más recientes obras, Paraíso en la tierra.

Este libro –el segundo que se publicó en España de uno de los autores escandinavos más importantes en la actualidad–, innovador en la forma y que deja patente su consabido interés por la literatura en español y por Chile en particular, es una novela en donde reúne parodia, novela social y tendencia a los aforismos con una prosa que hace que se le pueda reconocer sin rodeos como uno de los más notables narradores europeos contemporáneos.

Poeta y traductor, autor de una peculiar historia de la emigración noruega a Iberoamérica, Fløgstad crea en Paraíso en la tierra un protagonista chileno, José Andersen, que emigra de Noruega en busca de las raíces de un padre que no conoció y, a la vez, de un porvenir esquivo. De Chile a Noruega, de una cultura a otra, de un rincón del mundo a otro en un viaje hacia delante y hacia atrás con la única herencia de una biblioteca repleta de autores nórdicos y citas de literatura hispanoamericana.

La intensidad de Kjartan Flogstad en este escrito es a vida o muerte. Un relato a bocajarro, con una cadencia rápida, fragmentada y asfixiante, una verborrea martilleante sobre el viaje de José Andersen en busca de sus raíces, en busca de un inexistente edén.

También es un libro sobre la supervivencia. Sobre cómo superar múltiples adversidades, a una infancia marcada por la figura de un padre extranjero en el norte de Chile. Sobre la búsqueda de la identidad, de la herencia de un progenitor. Es un viaje que empieza en un bar en Oslo, cruza la costa noruega y acaba en el fondo de un pequeño lago en el corazón de Europa. Pero, sobre todo, es una historia sobre la búsqueda de raíces. El autor, profundo conocedor del mundo latinoamericano aprovecha para criticar, con humor y cariño, a sus compatriotas noruegos, a la vez que nos introduce en la reciente historia de Chile.

Kjartan Fløgstad se dio a conocer en la década de los sesenta como poeta lírico; desde entonces, su obra literaria, que ronda los cuarenta títulos, ha tocado géneros y técnicas muy diversas. Ha sido traducido al inglés, al alemán, al francés y al español.

Gran Manila es la última novela de Fløgstad traducida a nuestro idioma, una historia sobre la vida cotidiana en una pequeña localidad noruega que gira en torno a la fábrica que la multinacional norteamericana Union Carbide instaló en la localidad. Así, su pequeña historia correrá pareja a la del resto de los trabajadores de la corporación por todo el mundo: Estados Unidos, la India… transformándose en las páginas de esta absorbente novela coral en la historia social del siglo XX. El autor vuelve a mostrar con esta novela su potente escritura, su afilada crítica social y su magnífico retrato de las transformaciones del mundo y la subjetividad contemporáneos.

 


El Faro del fin del mundo publicó, en febrero de 2008, un artículo sobre este escritor titulado Kjartan Fløgstad, el cosmopolita de los fiordos. Puede leerlo AQUÍ

posttrenes

Tengo por costumbre evitar la nostalgia del pasado con la típica frase “todo tiempo pasado fue mejor”. No es cierto, el tiempo pasado solamente fue distinto y el pasado y el presente tiene cosas buenas y malas como las personas. Ahora, reconocido esto, es mi derecho y opción el opinar que los Ferrocarriles de Chile de antes eran mejores, al menos existían.

Hay que ser muy imbécil para no ocurrírsele a uno que un país como Chile, largo y angosto, no debería estar comunicado de Arica a Punta Arenas por una línea de tren y por un servicio de buques de pasajeros con el mismo trayecto. En el pasado existieron y excelentes. Mi abuela iquiqueña y que se casó con mi abuelo que era de Los Ángeles en 1910, viajaba con su marido regularmente todo el año en vapores de la Pacific Steam Navegation Company o la Compañía Sudamericana de Vapores. No existía o recién estaba siendo inaugurado el ferrocarril al norte, que era un infierno, y no había buses ni aviones. Cómo no iba a ser más agradable ir de Iquique a Talcahuano en un cómodo vapor con comedores, salones, camarotes, empleados y amistades. No tuvieron hijos sino hasta años después de casados, y se casaron muy jóvenes, así es que pasaban la mitad del año en la casa de las salitreras, como llamaban a la casa de la calle Baquedano que todavía existe y el campo de Los Ángeles, que desapareció en las tormentas de la Reforma Agraria de Frei Montalva.

Volviendo al tren, la línea más cercana a mí era la de Viña del Mar a Santiago. Existían los trenes expresos de las 8.00, 12.00 y 18.00, que paraban sólo en las estaciones más importantes, los más modestos trenes ordinarios, que tenían horarios diferentes, paraban en todas las estaciones y casi doblaban el tiempo de viaje de los expresos, y el deslumbrante tren Rápido, que sólo paraba tres o cuatro veces en el trayecto y salía temprano en la mañana. Era el tren de los abogados y agentes de la Bolsa que iban a hacer sus trámites a la capital, no era un tren de familia.

El viaje en el expreso de 8.00 era un acontecimiento. Uno llegaba a la Estación de Viña tres cuartos de hora antes de la pasada del tren que venía de Valparaíso. En el edificio de la Estación había salas de espera para primera y segunda clase, además de boleterías, puestos de revistas y un buffet para los hambrientos. Se iban juntando en las salas de espera los viñamarinos, pero a medida que avanzaba el tiempo y se acercaba la hora de la pasada del expreso, iban llenando los andenes, todos mirando hacia las líneas que se perdían hacia Valparaíso para ser los primeros en ver al tren. Pero cuando se daban cuenta que faltaban 20 minutos todavía, la gente empezaba a pasearse lentamente, los matrimonios del brazo, los caballeros solos, con las manos atrás y El Mercurio debajo del brazo. Hasta que al final de los rieles, se veía el tren. Cuando esto sucedía y se veía diminuto en la lejanía el convoy, la gente lo anunciaba en voz alta como si se les hubiera comunicado especialmente por la Presidencia de los Ferrocarriles del Estado:”ahí viene”.

Esto era seguido por bajadas de barreras, campanas, luces rojas y verdes en unos gigantescos postes y la gente se encaminaba, ya sin ninguna lentitud ni parsimonia, casi corriendo por el andén hacia el sitio donde más o menos se iba a ubicar el carro que les correspondía, porque con el boleto, además se le entregaba un billete con la letra del carro que le tocaba y el Nº del asiento, además de la clase. Los de primera clase se iban hasta casi la punta del andén y los de segunda se quedaban en la mitad. No había tercera clase, sólo en los trenes Ordinarios. Y llegaba el tren, entrando lento a la estación, permitiendo a los viajeros ubicar sus sitios. Primero, la máquina eléctrica, lo que era un lujo, considerando que para el norte no había electricidad y para el sur sólo hasta San Rosendo. Esa máquina tenía nombre y se llamaba Serpiente de Oro y eran varias las que prestaban servicios, luego uno o dos carros de equipaje y el primer coche de pasajeros que era el coche Numerado, porque los que se querían asegurar un lugar y ser los primeros en llegar va Santiago, iban dos o tres días antes a comprar el pasaje. Luego venían los coches rojos de primera clase, fabricados en Alemania a fines de la década de los 20 y principios de los 30.

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Isla_de_los_Muertos

A orillas del río Baker, cercano a Caleta Tortel, un total de 33 cruces representan el mudo testimonio de los misterios mejores guardados de la colonización y explotación de la región de Aysén.

Según se extrae de las crónicas históricas del lugar, en septiembre de 1905 zarpa de Dalcahue un vapor con 200 obreros chilotes hacia la desembocadura del río Baker, para abrir paso a través de selva, cerros y humedales una vía que llegara desde el Pacífico hasta prácticamente la frontera con Argentina, para facilitar el transporte y exportación de lana y carne desde las regiones más altas, especialmente de la zona de Chubut.

Periódicamente, un barco volverá a la zona para aprovisionar a los trabajadores de alimentos frescos y otros objetos de primera necesidad, sin embargo, ante el naufragio del barco, esas esenciales provisiones no llegaron jamás. Los obreros realizan un trabajo físico brutal todos los días, cortando árboles y picando senderos en la piedra viva para ir abriendo camino, y para alimentarse tan solo tienen carne salada, tocino, arroz y harina llena de gorgojos. Esta deficiente alimentación, unida al clima extremo que tienen que soportar, no tarda mucho en pasar factura en forma de una extraña enfermedad en la que aparecen moretones en piernas y brazos, hemorragias por daños gastrointestinales, sangrado de las encías y dolores de cabeza hasta ocasionar la muerte.

Ante el temor de infección o contagio, los muertos son llevados hasta esa pequeña isla y enterrados sin oraciones ni honores, simplemente una destartalada caja de madera de ciprés y una cruz sin nombre marcarán el lugar de su descanso eterno.

En octubre de 1906 llega por fin un barco que rescatará a los supervivientes, prácticamente convertidos en fantasmas desdentados, de su peculiar infierno patagónico. Tan solo un puñado de ellos conseguirá recuperarse de la enfermedad y poder seguir adelante pese a salir de allí con vida.

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Más tarde, la verdad sobre la muerte se oculta bajo suposiciones y acusaciones hacia la Compañía explotadora del Baker. Unos dicen que los trabajadores fueron envenenados a propósito por la compañía para no pagarles los salarios adeudados, otros apuntan a que los obreros contrajeron la enfermedad a causa de pesticidas que se acumulaban en la misma bodega del vapor junto con los alimentos y ganado, otros señalan que habrían sido envenenados por los curanderos alacalufes por las relaciones amorosas que habrían establecido los trabajadores con sus mujeres.

Fuera como fuere, el abandono de los trabajadores durante muchos meses en un lugar como aquel fue sin duda el motivo de su condena.

El cementerio fue excavado a escasos metros del río, debido a que las fuerzas de los sobrevivientes no daban ni para introducirse en el interior de la espesa vegetación ni para cavar en tierras más endurecidas. Por ese motivo, las crecidas del río se llevaron en fechas inciertas buena parte de las tumbas. El padre salesiano Alberto Agostini mencionaba la cantidad de 120 cruces a mediados del siglo pasado, el explorador A. F. Tschiffely hacía mención a 79 poco después, hoy en día solo quedan 33. Quién sabe si la próxima crecida del Baker acabará por borrar por completo el último recuerdo de aquellos que dejaron allí su vida por el progreso de Chile.

En el año 2001 la isla es declarada Monumento Histórico Nacional y es centro de visita obligada para quienes buscan conocer su historia.

 

Fuente: http://www.chileestuyo.cl/

 

 

Con motivo del reciente estreno de la película “Caleuche: El llamado del Mar”, del director chileno Jorge Olguín, hemos creído oportuno rescatar este post que fue publicado en “El Faro del Fin del Mundo” el 28 de noviembre de 2008.

Chiloé, archipiélago conquistado en 1567, es uno de los lugares más ricos en lo que a leyendas y mitos se refiere. Es un lugar lleno de encanto y magia que reflejan las costumbres que han marcado a esta zona de Chile. Pero la Isla Grande no es el único lugar del sur donde se originan mitos. Poblados, ciudades, cordillera y mar son fecundos de imaginación. Reflejando una vez más la personalidad de nuestra gente.

No era un pueblo, no podía serlo, se trataba sólo de un pequeño número de casas agrupadas a la orilla del mar, como si quisieran protegerse del clima tormentoso, de la lluvia constante, de las acechanzas que pudieran venir de la tierra o del mar. En la pieza grande de la casa de don Pedro se habían reunido casi todos lo hombres del caserío.

El tema de su charla era la próxima faena. Saldrían a pescar de anochecida y sería una tarea larga y de riesgo; pensaban llegar lejos, quizá hasta la isla Chulin, en busca de jurel, róbalo y corvina. Deseaban salir porque la pesca sería buena. Durante la noche anterior estaban seguros de haber visto a la bella Pincoya que, saliendo de las aguas con su maravilloso traje de algas, había bailado frenéticamente en la playa mirando hacia el mar. Todo esto presagiaba una pesca abundante y los hombres estaban contentos. No todos saldrían, porque, como siempre, don Segundo, el hombre mayor, se quedaría en tierra. Uno de los jóvenes le preguntó: “Usted, don Segundo, ¿por qué no se embarca?. Usted conoce más que cualquiera las variaciones del tiempo, el ritmo de las mareas, los cambios del viento y, sin embargo, permanece siempre en tierra sin adentrarse en el mar”. Se hizo un silencio, todos miraron al joven, extrañados de su insolencia, y el mismo joven abismado de su osadía, inclinó silencioso la cabeza sin explicarse por qué se había atrevido a preguntar.

Don Segundo, sin embargo, parecía perdido en un ensueño y contestó automáticamente: “Porque yo he visto el Caleuche“. Dicho esto pareció salir de su ensueño y, ante la mirada interrogante de todos exclamó: “Algún día les contestaré”.

Meses después estaban todos reunido en la misma pieza. Era de noche, y nadie había podido salir a pescar, llovía en forma feroz, como si toda el agua del mundo cayera sobre aquella casa, el viento huracanado parecía arrancar las tejuelas del techo y las paredes y el mar no eran un ruido lejano y armonioso, sino un bramido sordo y amenazador. Don Segundo habló de improviso y dijo: “Ahora les contaré…”.

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Su relato contenido durante muchos años cobró una realidad mágica para los que le escuchaban curiosos y atemorizados. Hace mucho tiempo había salido navegando desde Ancud con el propósito de llegar hasta Quellón. No se trataba de una embarcación pequeña, sino de una lancha grande de alto bordo y sin embargo fácil de conducir, con dos velas que permitían aprovechar al máximo un viento favorable. Era una lancha buena para el mar y que había desafiado con éxito muchas tempestades. La tripulaban cinco hombres, además de don Segundo, y el capitán era un chilote recio, bajo y musculoso, que conocía todas las islas y canales del archipiélago, y de quien se decía que había navegado hasta los estrechos del sur y había cruzado el Paso del Indio y el Canal Messier. La segunda noche de navegación se desató la tempestad. “Peor que la de ahora”, dijo don Segundo. Era una noche negra en que el cielo y el mar se confundían, en que el viento huracanado levantaba el mar y en que los marineros aterrorizados usaban los remos para tratar de dirigir la lancha y embestir de frente a las olas enfurecidas. Habían perdido la noción del tiempo y empapados y rendidos encomendaban su alma, seguros de morir. No obstante, la tormenta pareció calmarse y divisaron a lo lejos una luz que avanzaba sobre las aguas. Fue acercándose y la luz se transformó en un barco, un hermoso y gran velero, curiosamente iluminado, del que salían cantos y voces. Irradiaba una extraña luminosidad en medio de la noche, lo que permitía que se destacaran su casco y velas oscuras. Si no fuera su velamen, si no fuera por los cantos, habríase dicho un inmenso monstruo marino. Al verlo acercarse los marinos gritaron alborozados, pues, no obstante lo irreal de su presencia, parecía un refugio tangible frente a la cierta y constante amenaza del mar. El capitán no participó de esa alegría. Lo vieron santiaguarse y mortalmente pálido exclamó: “¡¡No es la salvación, es el Caleuche!!. Nuestros huesos, como los de todos los que lo han visto, estarán esta noche en el fondo del mar”. El Caleuche ya estaba casi encima de la lancha cuando repentinamente desapareció. Se fue la luz y volvió la densa sombra en que se confundían el cielo y el agua. Al mismo tiempo, volvió la tempestad, tal vez con más fuerza, y la fatiga de los hombre les impidió dirigir la lancha en el embravecido mar, hasta que una ola gigantesca la volcó. Algo debió golpearlo, porque su último recuerdo fue la gran ola negra en la oscuridad de la noche. Despertó arrojado en una playa en que gentes bondadosas y extrañas trataban de reanimarlo. Dijo que había naufragado y contó todo respecto del viaje y la tempestad, menos las circunstancias del naufragio y la visión del Caleuche. De sus compañeros no se supo más, y esta es la primera vez en que la totalidad de la historia salía de sus labios. “Por eso que no salgo a navegar. El Caleuche no perdonará haber perdido su presa, que exista un hombre vivo que lo haya visto. Si me interno en el mar, veré aparecer un hermoso y oscuro velero iluminado del que saldrán alegres voces, pero que me hará morir”. Todos quedaron silenciosos y pareció que entre el ruido de la lluvia y el viento se escuchaba más intenso el bramido de las olas.

No obstante la creencia de don Segundo de que la visión del Caleuche significa una muerte segura, hay personas en la Isla Grande que afirman que han visto o conocido a alguien que vio el Caleuche. Tal vez lo hicieron desde la costa y no navegando. En todo caso, los que navegan entre las islas del archipiélago durante la noche lo hacen con un profundo temor de divisar el hermoso y negro barco iluminado. Este puede aparecer en cualquier momento, pues navega en la superficie o bajo el agua, de él surgen música y canciones. Entonces la muerte estará cerca y el naufragio será inevitable. Los que no perezcan pasarán a formar parte de la tripulación del barco fantasma, del Caleuche.

Fuente: Leyendas del sur de Chile (servicioweb.cl)
Adaptación: Carlos Ducci Claro

Ayer  23  de agosto del año 2010, partió nuestro amigo Francisco de la Puente, aquel pintor de barbas largas amigo de todos, ese pintor con el cual compartí momento inolvidables en su taller de Santiago y su rincón secreto ubicado en las montañas del Ingenio, suena extraño saber que ya no está, que su obra se fue, que sus risas estarán guardadas en lo más profundo de nuestra alma.

Cómo recuerdo que mi Tata Pablo –amante del arte y la pintura–  me decía que me acercara al taller de Pancho y  lo ayudara a limpiar sus pinceles que,  de esa forma aprendería pintura y algo para desasnarme, como decía mi abuela…..cosa que nunca hice.

Siento su muerte como propia, siento que se  fue una parte de mí….  Me recuerdo de su habilidad para la cocina, un gozador siempre atento de prepararte algo rico con las cosas más sencillas y compartirlas con un tinto, el cual nunca faltaba en la mesa y en la conversa.

Conocí el éxito de su carrera artística del cual no hablaré ahora, pero él siempre humilde y acogedor, cariñoso con su hermana Carmen, su cuñado Sergio y sus sobrinos Jorge, Sergio y Tomás, y conmigo…, como sobrino agregado.

Capa, te fuiste a comer a la mejor mesa tomando el mejor vino y nos dejaste, pero por algo lo hiciste. Siempre tuviste las cosas tan claras y decididas, tu forma de vida te llevó a no transar tus principios en nada, lo cual es un gran mérito.

Fuiste  testigo presencial en la noche que reencontré  a la Malu en el Ingenio, estaba en tu mesa, en tu casa, bajo el cielo más estrellado que existiera.

Cuando el domingo pasado fui a buscar el balón de gas a la casa de Jorge y vi tu  auto Citroen viejo y añoso estacionado, me alegré mucho por que estabas ahí, te saludé y te juro que me hubiera quedado toda una tarde hablándote y riéndonos, con la fuerte risa de Jorge de música ambiental, pero nos despedimos rápido, porque para variar yo estaba apurado y me miraste de frente con la vista fija y me dijiste ADIOS.

José Miguel Ferrada Montt

El estudio del sacrificio humano en los Andes encuentra en la cordillera aledaña a Santiago un sitio extraordinario, tanto por su ubicación como por el hallazgo funerario que allí se hizo de un niño. Llegamos hasta el lugar, a 5400 metros de altura, intentando entender más a fondo el mundo de los incas.

En Febrero de 1954 que un grupo de arrieros chilenos descubrieron en una de las cumbres mas altas de la Cordillera de los Andes frente a Santiago, el cuerpo congelado de un niño del Imperio Inca que fue sacrificado como parte de un ritual religioso.

La noticia del hallazgo impactó a Chile y recorrió el mundo. La “momia” del cerro El Plomo fue el descubrimiento arqueológico realizado a mayor altura hasta esos momentos (5400 m sobre el nivel del mar) y constituyó el inicio del interés de científicos por la arqueología de las cumbres andinas y los santuarios de altura.

Desde principios del siglo XX, arrieros y andinistas sabían de la existencia de ruinas en la cumbre del cerro El Plomo, las cuales eran conocidas como “Pircas de indios”. La primera noticia de una ascensión deportiva data de 1896, cuando dos alpinistas europeos creyeron ser los primeros en intentar la hazaña de llegar a su cumbre. Enorme debe haber sido su sorpresa al encontrarse con las ruinas del santuario inca, y entre éstas, una lata de sardinas.

En las siguientes décadas algunos arrieros y andinistas excavaron parcialmente las ruinas y descubrieron varias figuritas antropomorfas y de camélidos en oro, plata y conchas marinas tropicales. El rumor de que en las cercanías de El Plomo se encontraba “un tesoro escondido” por los incas, cundió entre arrieros y mineros.

El hallazgo

Guillermo Chacón fue uno de esos hombres que pasaron gran parte de su vida recorriendo la cordillera. Ascendió varias veces El Plomo y encontró parte de la figuritas antes mencionadas. Pero Chacón soñaba con hallar algo todavía más fantástico.

En el verano austral de 1954 guió una de sus últimas expediciones a el cerro El Plomo. Debido a su edad no llegó a la cumbre, pero los acompañantes siguieron sus instrucciones y, venciendo el frío glacial, los fuertes vientos y los malestares de la altura, alcanzaron el lugar indicado.

Al cavar hasta la base de una de las ruinas encontraron enterrado el cuerpo de un niño. Estaba sentado en el suelo, con los brazos enlazados en torno a sus piernas y su cabeza reposaba sobre el hombro y brazo derecho. Antes de dormirse para siempre cubrió sus piernas con su corta túnica, tratando de protegerse del intenso frío. Sus ojos estaban cerrados y parecía que dormía plácidamente. La muerte debió sorprenderlo en el sueño.

Debido a la importancia del descubrimiento, expertos del Museo Nacional de Historia Natural y la Universidad de Chile realizaron una expedición al cerro El Plomo en los primeros días de Abril de 1954. Esta fue integrada por arqueólogos como R. Schaedel y Alberto Medina Rojas, pero debido a una tormenta de nieve, no pudieron alcanzar las ruinas del santuario. El invierno se acercaba y fue imposible realizar un nuevo intento.

Afortunadamente, los integrantes de la expedición, encabezados por Luis Krahl, alcanzaron las ruinas y entregaron a los especialistas importantes descripciones y material arqueológico. Una vez en Santiago y en conjunto con la arqueóloga doctora Grete Mostny, se realizó un apasionante estudio sobre el hallazgo.

Identificación

En esta investigación se concluyó que el cadáver pertenecía a un niño de sexo masculino de unos ocho años de edad. Sus características raciales son las andinas y probablemente perteneció a alguna de las etnias del altiplano, cerca del lago Titicaca, debido a ciertos rasgos físicos y adornos de su ajuar.

Su perfecto estado de conservación se debe al hecho de haber estado sepultado en un suelo permanentemente helado, lo que impidió su descomposición y desecación. Al observar la piel en un corte histológico, se comprobó que era igual que la de un cuerpo recién muerto. El proceso de momificación natural comenzó con el traslado del cuerpo a otras condiciones climáticas.

El niño llegó vivo a la cumbre y ante la falta de lesiones internas o externas, se supone que murió por congelamiento después de haber ingerido algún narcótico o posiblemente alcohol. En este estado de semi inconsciencia debió ser depositado en su tumba, donde permaneció por unos 500 años.

A casi tres décadas de este importante descubrimiento, ningún arqueólogo había ascendido hasta las ruinas del santuario inca. Por esta razón, mientras era estudiante de cuarto año de arqueología (1981) en la Universidad de Chile, decidí realizar una expedición al cerro El Plomo y continuar los estudios.

La investigación, además del estudio in situ del santuario de altura, pretende explicar su significación dentro del contexto religioso y del mundo andino precolombino, su relación con otros santuarios y su modo de articulación con el proceso de conquista e incorporación del valle de Santiago al Imperio Inca.

Hasta octubre de 1983 se habían podido realizar cinco expediciones a la alta cordillera de Santiago gracias al apoyo de dos clubes de andinismo, el Museo Nacional de Historia Natural y mis compañeros de la Universidad de Chile.

Expedición

Estas expediciones lograron sus objetivos, más por el empuje y determinación de sus miembros que por los precarios medios con que contábamos para un trabajo de tal naturaleza: llevando en nuestras espaldas el peso para siete u ocho días de montaña, acampando hasta una altura de 5200 m y resistiendo el frío, fuertes vientos y repentinas tormentas. A pesar de lo anterior, descubrimos nuevos conjuntos de ruinas y hemos acumulado una importante cantidad de datos que estamos analizando.

En relación a las ruinas del santuario, podemos decir brevemente que existen dos grupos principales de estructuras en piedra cerca de la cumbre. El primer grupo, conocido como “Adoratorio”, consiste en una plataforma circular de unos 9 metros de diámetro por un metro de altura y en su centro tiene una cavidad casi circular de dos metros de diámetro. Ya casi en la cumbre y a 5400 m de altura se emplaza el segundo grupo conocido como el “Enterratorio”, constituido por tres pircas rectangulares de un promedio de 6 metros de largo, 2 de ancho y unos 80 cm de alto, en una de las cuales fue sepultado el niño sacrificado.

Ya en la base del cerro El Plomo, en el valle interandino de Piedra Numerada y a una altura de 3400 m, existe otro conjunto de ruinas que incluye cinco recintos con muros de piedras y una plataforma del mismo material. Estas estructuras se ubican frente a una cascada, donde prácticamente nace el río Mapocho, que más tarde atraviesa la ciudad de Santiago.

Posiblemente la función de estas ruinas fue la de guardar víveres, ropas y ser refugio para los sacerdotes y peregrinos del culto. Al registrar las ruinas encontramos fragmentos de cerámica y un adorno en miniatura tallado en hueso. Sin embargo, en los últimos decenios este lugar ha sido ocupado por mineros, alterándose parte de su estructura original.

¿Cómo podemos explicar la presencia de este centro ceremonial y el sacrificio humano del ritual religioso? Para aproximarnos a una explicación es necesario ubicarse en el contexto cultural e histórico en el cual se desarrollan las sociedades andinas antes de la invasión española.

Los Incas

El Imperio Inca tiene su base histórica en la formación del Estado Cuzqueño. Gracias a su ubicación geográfica, al control e intercambio de la producción agropecuaria y textil, y a su organización social y militar, logró en casi dos siglos dominar políticamente los territorios comprendidos entre Ecuador y Chile Central, incluyendo importantes zonas transandinas como el NO argentino.

Su estructura económica tenía como elementos principales la agricultura extensiva del maíz y de tubérculos como la papa; la crianza de camélidos como llama y alpaca, y una relativa especialización del trabajo agrícola, pecuario-textil, cerámico y metalúrgico.

Su estructura social y política tenía como base el ayllu, que consistía en una comunidad de agricultores, pastores o pescadores, o una combinación entre éstos, relacionados por vínculos de parentesco y el trabajo comunitario. Estos ayllus estaban sometidos a una organización imperial en beneficio del Cuzco, debido a una coerción o conquista militar. El imperio se articulaba mediante dos mecanismos básicos: la reciprocidad en un nivel económico, sociopolítico y religioso; y la redistribución del excedente económico de los distintos grupos productores al interior del sistema imperial.

En los últimos decenios y gracias al aporte de antropólogos, etnohistoriadores y arqueólogos, hemos podido aproximamos a la complejidad del hombre andino. Respecto a su cosmovisión podemos decir que creían que el universo había sido creado por una fuerza vital y que se encontraba dividido en tres mundos o espacios vitales. “El Mundo de Arriba”, donde residían las divinidades mayores como el Sol, la Luna, las estrellas y el rayo; “El Mundo de Aquí”, donde residían los hombres, los animales y los espíritus de éstos; y “El Mundo de Abajo”, donde habitaban los muertos y las fuerzas que germinaban la tierra.

Los primeros hombres que poblaron los Andes -según los incas- salieron del mundo de abajo por las oquedades de la tierra: cavernas, montañas y volcanes, lagunas y lugares donde brotaba el agua. Estos sitios eran conocidos como “pacarinas”, cuyo verbo quechua significa surgir, amanecer, luz de aurora. Cada ayllu, cada comunidad andina tiene y venera su “pacarina”. Allí reside el espíritu guardián de la comunidad. De esta manera comprendemos mejor cómo las montañas se transforman en un lugar sagrado para la comunidad, lugar en el cual los hombres se conectaban y comunicaban con el mundo de abajo, y convirtiéndose por tanto en un lugar especial para invocar a las divinidades mayores, como el Sol o las estrellas del mundo de arriba.

La mayoría de los ayllus del mundo andino decían provenir de una u otra montaña, y éstas estaban unidas entre sí por lazos de parentesco religioso, lo que fortalecía los mecanismos de reciprocidad e intercambio entre las comunidades.

El sacrificio

Los incas no sólo organizaron social y económicamente su imperio, sino que también estructuraron una religión que unificara ideológicamente a sus miembros y fortaleciera el poder del Inca. A medida que el imperio crecía territorialmente el Inca imponía sobre las divinidades de cada región el culto al Sol, Inti, deidad imperial y paternal del cual se decía hijo. En este contexto podemos situar mejor una explicación del sacrificio humano en los Andes y en particular del realizado en la cumbre del cerro El Plomo.

La conquista inca de Chile Central se realizó alrededor de 1470-1480, con Topa Inca Yupanqui y luego con su hijo Huayna Capac. El fértil territorio de los valles de Aconcagua y Santiago era importante por sus recursos humanos y mineros, sin embargo, la fuerte resistencia que opusieron los habitantes de Chile no permitió que la dominación fuera muy profunda. Huayna Capac llegó sólo hasta el río Maule.

Una vez ocupado militarmente el valle de Santiago, se abrió una puerta al extenso llano longitudinal que se prolonga por más de mil kilómetros al sur. Este llano, situado entre cordillera y mar, se encontraba profusamente poblado por grupos mapuches (llamados araucanos por los españoles). Su organización social se caracterizaba por la ausencia de un poder político centralizado -salvo en caso de guerra- y su economía se basaba en la horticultura, la recolección y la caza, aunque los grupos del norte tenían una incipiente agricultura de regadío.

Este tipo de economía no permitía la existencia de comunidades sedentarias, determinando la dispersión y movimiento espacial de los distintos grupos mapuches. El valle de Santiago o Mapocho se convirtió así en un reto a la expansión del Imperio Inca.

Como una forma de asegurar el dominio se trajeron colonos o “mitimaes” de otras provincias del imperio, quienes en principio eran los encargados de enseñar nuevas técnicas agrarias, textiles y cerámicas, pero en el fondo su papel era controlar y adoctrinar a la población local, quienes al adoptar una nueva ideología ofrecían una menor resistencia al dominio inca.

Cerro El Plomo

El cerro El Plomo, por su altura (5430 m), gran tamaño y extensos glaciares, domina toda la región y probablemente tuvo alguna significación religiosa para los indígenas locales. Tal importancia se acrecentaba debido a las acequias o canales de regadío que se sacaban del río Mapocho y su posición respecto al solsticio de invierno.

En el Imperio Inca el sacrificio humano fue un elemento básico en la política integradora y en la organización socioeconómica del imperio. La ceremonia, llamada “Capacocha”, era uno de los ritos más solemnes y participaban en él la mayor cantidad de individuos de todas las regiones; estaba dedicada al soberano y tenía lugar sólo excepcionalmente, por ejemplo, por la coronación del Inca, el nacimiento de un hijo suyo, una gran victoria o acontecimientos que ponían en peligro la salud del inca o su poder.

Las ofrendas consistían en niños de hasta 10 años de edad, figuras antropomorfas y zoomorfas en oro, plata y conchas marinas; textiles y cerámicas especialmente confeccionadas para el ritual. Las ofrendas eran trasladadas por los curacas, jefes locales y sacerdotes desde su lugar de origen hasta el Cuzco. A cada hombre que estaba en edad de producir le tocaba llevar por un instante parte de las ofrendas. Una vez que llegaban al Cuzco, no sólo se trataban asuntos religiosos, sino que se aprovechaba el momento para discutir temas militares y de planificación de la economía. Al mismo tiempo, se decidía la redistribución de las ofrendas a todos los lugares sagrados y santuarios del Imperio.

Las ofrendas eran destinadas preferentemente al Sol como tributo y en señal de alianza. En los santuarios y lugares sagrados en que se inmolaban o sepultaban las ofrendas, el Inca se comunicaba con el Sol y la divinidad le entregaba virtudes mágicas y el poder de dar a su pueblo bienes materiales. Un miembro del imperio, un productor, entregaba su hijo al Inca para ser sacrificado al Sol, y el soberano le daba a cambio algunos bienes económicos, prestigio social y los poderes mágicos, vitales para continuar la producción y la vida en la Tierra.

De esta manera, la “Capacocha” se convertía en un sistema de control social y cultural en manos del Estado y garantizaba la unidad imperial. Por su parte, la víctima, el niño sacrificado, se convertía en una momia sagrada, quedando dotada de poderes vitales y fecundantes.

Así, el sacrificio de un niño en la cumbre del cerro El Plomo no se nos presenta aislado y se explica como parte de un ritual que describe cómo una sociedad enfocó su propia manera de ser.

Osvaldo Silva, Prehistoria de América. Edit. Universitaria, 1977.
( Publicado en Revista Creces, Agosto 1984 )


El día 17 de agosto del pasado año publiqué en este blog un breve artículo titulado La Gran Regata del Bicentenario, en el cual comentaba la celebración de este emotivo acontecimiento náutico en el 2010 como parte de los actos conmemorativos del Bicentenario de la Independencia de Chile que, finalmente, tuvo lugar desde día 13, hasta el pasado domingo 18 de abril.

Esperaba con impaciencia el momento de poder disfrutar de este maravilloso espectáculo naval en este querido puerto de Valparaíso… Y así lo hice, junto a miles de personas que esperaban en tierra la llegada de los once fantásticos veleros: el “Esmeralda”, de Chile; “Libertad”, de Argentina; “Sagres”, de Portugal; “Sebastián Elcano”, de España; “Simón Bolívar”, de Venezuela; “Guayas”, de Ecuador; “Cisne Branco”, de Brasil; “Gloria”, de Colombia; “Cuauhtémoc”, de México; “Capitán Miranda”, de Uruguay y el “Europa”, de Holanda.

Fue mucha la gente que acudió a presenciar el impresionante espectáculo nocturno en el borde costero de Valparaíso, donde los buques-escuela lucían su iluminación de gala. Quiero compartir con mis buen@s amig@s estas maravillosas fotos (verlas completas en Terra.cl)  donde aparecen algunas imágenes nocturnas de las naves atracados en el molo de abrigo durante la noche y, así mismo, un video –verlo aquí— de un radioaficionado durante el zarpe de los veleros, continuando la regata rumbo a Antofagasta. Espero que las disfruten.


 

Patria, mi patria, vuelvo hacia ti la sangre. 
Pero te pido, como a la madre el niño 
lleno de llanto. 
Acoge 
esta guitarra ciega 
y esta frente perdida.
Salí a encontrarte hijos por la tierra, 
salí a cuidar caídos con tu nombre de nieve,
salí a hacer una casa con tu madera pura,
salí a llevar tu estrella a los héroes heridos. 
Ahora quiero dormir en tu substancia. 
Dame tu clara noche de penetrantes cuerdas, 
tu noche de navío, tu estatura estrellada.
 
Patria mía: quiero mudar de sombra. 
Patria mía: quiero cambiar de rosa. 
Quiero poner mi brazo en tu cintura exigua 
y sentarme en tus piedras por el mar calcinadas, 
a detener el trigo y mirarlo por dentro. 
Voy a escoger la flora delgada del nitrato, 
voy a hilar el estambre glacial de la campana,
y mirando tu ilustre y solitaria espuma 
un ramo litoral tejeré a tu belleza.
Patria, mi patria 
toda rodeada de agua combatiente 
y nieve combatida, 
en ti se junta el águila al azufre, 
y en tu antártica mano de armiño y de zafiro 
una gota de pura luz humana 
brilla encendiendo el enemigo cielo.
– 
Guarda tu luz, oh patria!, mantén 
tu dura espiga de esperanza en medio 
del ciego aire temible. 
En tu remota tierra ha caído toda esta luz difícil, 
este destino de los hombres 
que te hace defender una flor misteriosa 
sola, en la inmensidad de América dormida.
Pablo Neruda (Canto General)

Fue uno de los primeros asesinos en serie y sus crímenes causaron alarma pública en Valparaíso

La historia y mito de uno de los primeros asesinos en serie de Valparaíso, Emile Dubois, será llevada a la pantalla grande, en un guión que está preparando Patricio Manns, en base a su novela recién lanzada.
La singular personalidad de este francés, que llegó a Valparaíso con papeles colombianos, ha dado para una infinidad de libros, reportajes y tesis de prueba en diversas universidades. Una de las obras más importantes que se han escrito sobre su vida pertenece al periodista Abraham Hirmas, “Emile Dubois, un genio del crimen”, editada por Zig Zag en 1967. A ella se suma la novela de Manns, “La vida privada de Emile Dubois”.
“El criminal del siglo”, como fue calificado por Claudio Solar en una serie escrita en 1981, jamás confesó ninguno de los delitos que se le atribuían, especialmente los tres sangrientos homicidios. Se le califica como asesino en serie porque en ellos había varias constantes. Sus víctimas eran extranjeros o descendientes de éstos, comerciantes o profesionales y empleaba un “tonto” de goma y una daga, ensañándose en sus víctimas, destruyendo el lugar y robando especies de valor.
Tres asesinatos se le atribuyeron. Uno en Santiago y dos en Valparaíso, aparte de diversas tentativas de asesinatos y robos.

Los crimenes

El primer asesinato del que se le culpó fue cometido en Santiago el 7 de marzo de 1905, y su víctima fue Ernesto Lafontaine, contador general del molino San Pedro, en sus oficinas ubicadas en calle Huérfanos. Fuera del robo, todos los muebles fueron destrozados.
El 4 de septiembre del mismo año, ya en Valparaíso, es asesinado en la bóveda de su almacén de importaciones de calle Blanco, el comerciante de 65 años de edad, Reinaldo Tillmanns.
El 14 de octubre del mismo año, corre igual suerte un acaudalado y conocido comerciante alemán, de 55 años de edad, Gustavo Titius. Hubo robo, pero esta vez no se dio a la tarea de destrozar muebles.
El 4 de abril de 1906, en la puerta del domicilio del Pasaje Ludford de Valparaíso, agredió a puñaladas al comerciante francés Isidoro Challe, quien se recuperó más tarde de las heridas.
El 2 de junio de 1906, como a las 18.30 horas, se encontraba en su estudio el dentista norteamericano Charles Davies, ubicado en la plaza Aníbal Pinto, donde hasta hace algunos años estuvo la casa Jacob, cuando escuchó ruidos extraños en la puerta de calle, sorprendiendo a un individuo que trataba de ingresar. Increpado por Davies, el hombre negó tener malas intenciones, pero cuando conversaban, Dubois extrajo un garrote de goma y le asestó un golpe en la cabeza. Sin embargo, esto no abatió al corpulento dentista, quien comenzó a dar fuertes gritos de auxilio, lo que motivó la concurencia de varias personas, pero el atacante se dio a la fuga.
Escapó raudamente por la calle Melgarejo, perseguido por transeúntes y un guardián de facción en la plaza Aníbal Pinto, quienes gritaban “¡al pillo, al pillo!”. Frente al pasaje 6, fue tomado por el guardián. Sin embargo, logró zafarse y siguió su carrera hasta Errázuriz, donde finalmente fue capturado.

Alarma y preocupación

En el cuartel de policía dijo llamarse Emile Dubois Morales o Murralley, que era ingeniero de minas, incluso portaba tarjetas de visita como tal. En su huida había dejado caer una daga de acero que se ataba a la muñeca, un manojo de llaves ganzúas, el “tonto” de goma y una linterna.
El detenido tenía 38 años de edad y aseguró que había nacido en Francia, aunque arribó al país con que papeles que señalaban como lugar de nacimiento Bogotá, Colombia.
Los asesinatos, por cierto, causaron alarma y preocupación en la comunidad porteña.
Con grandes caracteres, El Mercurio de Valparaíso tituló el asesinato de Titius: “Nuevo crimen en el centro comercial. El señor Gustavo Titius asesinado en su oficina. Cómo se encontró el cadáver. Las primeras diligencias de la justicia. Quién era la víctima. Indignación pública por el suceso”.
En efecto, los dardos fueron directamente hacia la policía, a tal punto que algunas publicaciones incluían caricaturas ridiculizando a los jefes policiales. En tanto, más de dos mil personas presentaban solicitudes para cargar armas, a fin de defenderse del despiadado asesino.

Declaraciones a la prensa

Una hora antes del fusilamiento, Dubois formuló declaraciones a los periodistas, entre los que se encontraban dos representantes de “La Nación” de Buenos Aires.
Nuestro diario reprodujo, entre otros, el siguiente diálogo, que reflejaba la pasmosa tranquilidad de Dubois:
“Nos dirigimos entonces a hablar con Dubois. Al vernos, éste exclamó:
“Han llegado ustedes muy temprano, la ceremonia será a las 8”.
-Sí, Dubois, hemos venido cumpliendo con nuestro deber.
“Ah, ya lo sé, el deber de contar todo, es muy natural, hoy es lo más interesante”.
– Usted demuestra mucho valor, le dijimos.
“Ah, no; el valor lo demostraré más tarde, aún estoy en mi celda; cuando esté ante la boca de los rifles, entonces estaré valiente, aquí todavía no hay peligro, aquí estoy tranquilo. En mi vida he sentido el silbido de las balas muchas veces, hoy sentiré su efecto”.
– No queremos molestarlo más. Adiós Dubois, valor.
“Antes me decían ustedes, “hasta otro día”, hoy me dicen “adiós”, tienen mucha razón. Adiós, señor”.


Frente al pelotón de fusilamiento

La acuciosa investigación de la policía y del juez Santiago Santa Cruz, y la evidencia reunida, motivaron la pena capital para Dubois, luego de que por algún tiempo, luego del terremoto de agosto de 1906, la opinión pública se olvidara un tanto del caso.
El fusilamiento se llevó a cabo en las primeras horas del 26 de marzo de 1907, en la herrería de la cárcel de Valparaíso, en medio de la expectación del público, de los propios presos y de la prensa.
El Mercurio de Valparaíso dispuso toda su primera plana para un pormenorizado relato de las horas previas y posteriores a la acción del pelotón de fusileros, incluyendo una entrevista al francés.
Cuando enfrentó a los fusilero, se negó, con una presencia de ánimo a toda prueba, que le vendaran los ojos, y luego pronunció un tranquilo discurso a los presentes, terminando con la palabra, en tono de orden: ¡Ejecutad!
El día anterior se había casado en la cárcel con su conviviente Ursula Morales, que no escatimó esfuerzos para lograr el perdón o indulto de Dubois. En el mismo acto reconoció a su pequeño hijo. Sus restos fueron sepultados en algún lugar del cementerio de Playa Ancha. En el sitio en que la tradición dice que están sus restos, se ha iniciado, desde hace muchos años, una veneración por Dubois, y son innumerables la placas y testimonios de los favores concedidos por la “animita”.

El discurso

En los instantes previos a la ejecución, Dubois se mostró altivo, pero cortés y a veces sonriendo, causando sorpresa entre los presentes. De pronto, y como quien recuerda algo, mientras fumaba un puro, dijo:
“Público, tengo que hablaros de algo…”
Dijo que había sido condenado injustamente por el magistrado Santa Cruz y que su solicitud de indulto había sido denegada por el presidente Montt.
“Se necesitaba un hombre que respondiese de los crímenes que se cometieron, y ese hombre he sido yo. Muero pues inocente, no por haber cometido esos crímenes, sino porque esos crimenes se cometieron.
Luego sonó la descarga. Enseguida, el tiro de gracia.
Dubois había muerto y nacía el mito.

ALFREDO LARRETA
http://www.mercuriovalpo.cl/

Mientras en todo el mundo el millonario tesoro que se ocultaría en las tierras del Archipiélago de Juan Fernández ha cautivado la atención de diversos medios de comunicación, en Chile, todos comienzan a cuestionarse si realmente existe tan deseado botín.  Una de las voces más autorizadas para hablar del tema conversó en entrevista y desmitificó algunas informaciones que han circulado sobre el tesoro, avaluado en 10 mil millones de dólares y escondido por piratas en la Isla Robinson Crusoe a principios del siglo XVIII.


Maura Brescia
, historiadora que vivió durante doce años en la isla y que ha escrito dos libros relativos a estas tierras, asegura que el tesoro no pesaría 800 toneladas. Descarta que los “anillos papales” así como un “tesoro inca”  formen parte de él y, de paso, sostiene que según antecedentes históricos, sólo se produjo un entierro de riquezas piratas en Robinson Crusoe.

Las primeras dudas

La “fiebre del oro” se desató luego de que la empresa Wagner asegurara haber encontrado en la isla Robinson Crusoe no uno, sino tres tesoros. Uno de 800 toneladas y dos de entre 30 y 50 toneladas cada uno, avaluados en 10 mil millones de dólares, casi el 25% de la deuda externa de Chile. Hasta ahora sólo han indicado que uno de ellos se ubicaría en el sector de Tres Puntas, al noroeste de la isla y a unos 400 metros de la costa.
Sin embargo, Brescia, que aún mantiene una casa en Robinson Crusoe y se está construyendo otra, asegura que incluso ahora el sector de Tres Puntas es prácticamente inaccesible. “Conociendo el terreno“, dice, “éste sólo podría haber sido abordado por la Bahía Carvajal“, que está detrás de las bahías más comunes de la isla (Inglesa y Cumberland) y que además “es de muy difícil acceso y bastante inhóspita“, agrega. Incluso argumenta que las condiciones climáticas impedirían que cualquier embarcación de la época pudiera llegar, ya que el viento es muy fuerte y cambiante.

Pero no sólo cuestiona las factibilidades topográficas, sino también la forma en que se hicieron públicos los supuestos descubrimientos. “No es habitual -entre los caza tesoros- lo que hizo el grupo Wagner, que anunció su hallazgo a los cuatro vientos… estas son cosas sigilosas. La gente se cuida hasta de los guardacostas cuando están buscando”, reflexiona. “Es muy raro que digan aquí hay algo y luego vayan a pedir permiso para extraerlo, eso no lo hace ningún profesional“.

Ni anillos papales ni tesoros incas

Lo de las 800 toneladas es imposible“. Y agrega: “lo que se habla es de ochocientos barriles de oro, plata y joyas” que es el buscado por Bernard Keiser bajo el nombre del tesoro de Ubilla y Echeverría, aunque precisa que sí tendrían un valor de 10 mil millones de dólares. De paso desmitifica que estén los anillos papales, el tesoro azteca y las joyas del inca Atahualpa. “Son todas mentiras“, dice segura.
“Lo que sí se está buscando, desde hace mucho tiempo, tanto en la isla como en la bahía de Guayacán (en La Serena), es la famosa “Rosa” que -algunos dicen- es la de los vientos, y es de esmeraldas. Otros dicen que es la “Rosa de Francia“.

Los dos tesoros documentados

La historiadora, que tiene dos libros que tratan del tema  –“Mares de Leyenda” (1982) y Selkirk Robinson: El Mito (2004)–   dice que sólo hay un entierro de riquezas documentado y una repartición de bienes. Nadas más. “En septiembre de 1742, George Anson (después llamado Lord Anson) capturó un galeón español llamado “Nuestra Señora de Montecarmelo, logrando apoderarse de cofres de oro, joyas y plata“, sin que se señale la cantidad, dice. No obstante, “sí hay antecedentes concretos de que estos tesoros fueron escondidos en la Isla Robinson Crusoe”, ya que en la bitácora y en la documentación de ese viaje, escrita por el cronista Richard Walter, se sostiene que se enterraron cofres de oro, plata y joyas.
Según relata Brescia, los ocultaron porque pensaban regresar, pero cuando llegaron a Inglaterra en 1744, por diversas razones decidieron no hacerlo. Pero mucho antes de que se ocultara este botín, en 1686, un grupo de piratas, que venía del Caribe -específicamente de la isla La Tortuga– comandados por Edward Davis, llegan a las costas de Robinson Crusoe y se reparten el numeroso botín que traían tras un largo viaje. Según los antecedentes que maneja la experta, más de 640 tripulantes habrían participado en esta repartición, por lo que se estima que llegaron con grandes cantidades de oro y joyas. Y agrega, que la división de las riquezas fue en grande, que hasta al último marinero le correspondió una parte bastante cuantiosa, que sumó más de 5 mil pesos castellanos de la época.
Esta repartición también es importante -a la hora de hablar de posibles tesoros- ya que muchos de los tripulantes escondieron sus pertenencias en la isla, porque volvieron a ella en innumerables ocasiones. “Para ellos era como un paradero de autobus“, afirma Brescia, aunque destaca que no se tiene certeza de cuántos lo enterraron ni qué cantidades fueron.

Respecto a la búsqueda que realiza Bernard Keiser desde 1998, la historiadora sostiene que él no busca ninguno de los dos tesoros antes documentados, sino un tercero, que correspondería al de un galeón de Manila, que incluso es posible que ni siquiera esté enterrado. Brescia sostiene esta teoría argumentando que no hay un texto concreto donde se indique que el marino de la corona española, Juan Esteban Ubilla y Echeverría enterró sus tesoros en la isla. “Sólo en el archivos de Indias se dice que viajó con ellos hasta “Robinson Crusoe” pero el destino final no es claro, argumenta.

Fuente:  http://www.todoschile.cl/


Campos de Hielo Sur es una gran extensión de hielos continentales -la tercera más extensa del mundo tras  la Antártida y Groenlandia  y la mayor de  las de carácter continental no polar con acceso terrestre- situada en los Andes patagónicos, entre los fiordos de la costa de Chile y la frontera con Argentina.
Se extiende de norte a sur, a lo largo de 350 km, entre los paralelos 48º20’S y 51º30’S. Tiene una extensión de 16.800 km², de los cuales alrededor del 95%  pertenecen a Chile y el resto a la Argentina.
Desde  Campos de Hielo se desprenden un total de 49 glaciares, entre ellos, los glaciares  Pío XI -el mayor del hemisferio sur  con 1.265 km²-  el O’Higgins, Balmaceda, Serrano, Tyndall y Grey, en Chile,  y el Upsala , Viedma  y Perito Moreno,  en Argentina. Es denominado Campos de Hielo Sur para diferenciarlo del Campos de Hielo Norte en la Patagonia de Aysén.
Gran parte de su extensión se encuentra protegida al formar parte de los parques nacionales “Bernardo O’Higgins” y “Torres del Paine”, en Chile, y del parque nacional “Los Glaciares”, en Argentina.

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La primera travesía longitudinal de Campos de Hielo sur

“Siento en mi corazón que Campos de Hielo es chileno”, dijo a La Tercera el médico general del Consultorio de Colina, Pablo Besser, jefe del grupo de jóvenes expedicionarios chilenos que logró atravesar longitudinalmente Campos de Hielo, en una hazaña jamás antes alcanzada pese a los intentos de al menos 30 expediciones.

Junto a sus compañeros de equipo -representantes del Club Andino Alemán de Santiago –Mauricio Rojas, guía y montañista; José Pedro Montt, abogado de una isapre; y Rodrigo Fica, estudiante de un Magister en Economía- Besser emprendió la travesía el 1 de noviembre de 1998, tras cuatro años de planificación y preparativos de todo orden, incluso sicológicos.

La aventura -dijo a La Tercera, desde Puerto Natales a través del teléfono- se inició en el glaciar Jorge Montt, en las cercanías de Caleta Tortel, XI Región, y culminó en la madrugada del 31 de enero en el glaciar Balmaceda, en la provincia de Ultima Esperanza.

Durante el cruce de 91 días, el grupo empleó trineos de dos metros, tirados por ellos mismos, y soportaron vientos de hasta 150 kilómetros por hora y tormentas con temperaturas que bordearon siempre los cero grado y una sensación térmica contínua de 20º bajo cero. “En ningún momento sentimos que era necesario desistir -relata Besser- pese a que de pronto parecíamos palitroques en medio del hielo” y que, para “capear las ventiscas, tuvimos que cavar “bunker” o cuevas a dos metros de profundidad bajo el hielo”…

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Año Nuevo en cueva

Los cuatro expedicionarios pasaron el Año Nuevo en una de esas cuevas, ingiriendo alimentos deshidratados -que se reconstituyen con agua hirviendo- o comidas de esquimales como el paté de grasa; granolas, chocolates o quáquer.
“Consumíamos 4.700 calorías diarias para soportar el esfuerzo físico”, dijo Besser, indicando que -desde el 1 de enero- debieron esperar nueve días en la cueva para iniciar el cruce de la llamada “Falla Reichert” (12 kilómetros de extensión), a la postre, el tramo más difícil de la travesía por presentar una depresión de mil metros bajo el hielo, la que posteriormente hay que escalar para ascender nuevamente a la superficie.
Cruzar la falla les demandó casi un mes, partiendo desde Laguna Escondida, donde habían dejado un depósito de alimentos, con el apoyo de la patrullera “Alacalufe” de la Armada de Chile.

Todo hielo

En general, la rutina de los aventureros consistía en marchas de 7 a 8 horas, que se iniciaban a las 9.30 horas de la mañana. A las 17 horas armaban las tiendas y muchas veces fue necesario levantar muros de hielo para protegerse del viento.
En su relato a La Tercera, Pablo Besser indica que fue un trayecto “sin más compañía que la de nosotros mismos y del mundo mineral que era nuestro entorno”.

Soportamos la presión

Durante los casi 400 kilómetros del trayecto,los expedicionarios sólo divisaron algunos huemules -al iniciar la travesía- unos pocos cóndores y unos caiquenes perdidos, “es decir cero fauna, todo era hielo…” Con todo -concluye el jefe del grupo- “soportamos la presión de cumplir, de no abandonar. Esta era una prueba deportiva, pero también con un alto contenido de soberanía. Nadie conoce los Hielos y no valoran lo que significan… Más que nunca siento en mi corazón que son chilenos y así se lo haremos ver al Senado, aunque sabemos que la decisión será política…”
El grupo encabezado por el doctor Besser con sus compañeros (salvo Fica) tuvo una preparación de cuatro años para lograr el hito de atravesar Campos de Hielo.

* Desde 1956 ha habido muchos intentos y -al menos- 30 expediciones integradas por ingleses, suizos, franceses, japoneses, españoles y chilenos, sólo lograron cruces parciales. En el mejor de los casos sólo los dos tercios de la extensión de hielos (300 kilómetros).

* La mayoría de los intentos buscaron atravesar el Campo en forma transversal, siendo el grupo de Besser el primero en lograrlo longitudinalmente.

* Una bandera chilena “dinámica” acompañó a los jóvenes aventureros durante toda la travesía, pero no quedó como testimonio en ninguna parte. La hazaña quedó registrada en más de tres mil diapositivas y 20 horas de filmación.

* Hubo un momento en que tuvieron que reducir la ración de comida deshidratada “porque comenzó a faltarnos y temíamos que se terminara. Lo que antes comíamos en dos días lo hacíamos durar cuatro” -comentó Besser- que por algo, perdió 10 kilos en la heroica proeza del cruce.

Fuente: La Tercera Internet

“Recordar el ayer nos hace nacer. Imaginar el mañana nos hace nacer. Nacemos siempre en el presente. Siempre nacemos,  jamás envejecemos.  Siempre nacemos…”

María Luisa_Bombal

La escritora chilena  María Luisa Bombal Anthes nace en Viña del Mar el 8 de junio de 1910 y muere en Santiago el 6 de mayo de 1980. Su obra, relativamente breve en extensión, se centra en personajes femeninos y su mundo interno con el cual escapan de la realidad. Sus obras más conocidas son “La última niebla” y “La amortajada“.

Inició sus estudios en el Colegio Monjas Francesas, pero tras la muerte de su padre en 1923, se traslada a París donde ingresó, primero, al Convento de Notre Dame de l’Assomption y posteriormente, College Sainte Geneviève. Sus estudios superiores los realiza en la Facultad de Letras de La Sorbonne. Así consigue la Licenciatura en Filosofía y Letras, escribiendo su tesis sobre Próspero Mérimée.

Regreso a Chile en 1931 con intención de escribir para el teatro y luego en 1933 viaja a la Argentina donde vive en casa de Pablo Neruda en Buenos Aires. Allí conoce a Jorge Larco, con quien se casa tiempo después. El matrimonio fue breve tras la temprana muerte de su marido. Fue en Buenos Aires donde también conoció a Jorge Luis Borges y escribiendo para la revista literaria “Sur“, bajo la dirección de Victoria Ocampo, publica sus primeras historias de énfasis psicológico en un estilo que media entre la realidad y un mundo de ensueños.

Es la adelantada del llamado “realismo fantástico“, en que sobresale después Gabriel García Márquez (que declara influencia de sus lecturas de María Luisa Bombal), y últimamente Isabel Allende, también de Chile, que la leía desde niña.

Al igual que Borges, juega con la realidad y la fantasía y en sus obras es difícil distinguir cuándo está hablando lo real, cuándo lo fantástico. Contrapone María Luisa Bombal el terreno de la magia y del sueño de un mundo femenino con la brutalidad de un cierto mundo masculino.

La belleza de sus obras y la imaginación aparte que exploró María Luisa Bombal en sus textos, hacen exclamar al célebre autor house ofargentino Jorge Luis Borges: “No se ha escrito ni se escribirá prosa semejante“. Se devolvió a la distancia en la década de 1980.

En 1935 publicó “La última niebla” y  en el 38 publicó “La amortajada“, por el que obtuvo el “Premio de la Novela de la Municipalidad de Santiago” en 1941.

Ese año, al saber nuevamente de su gran amor -el anticomunista Eulogio Sánchez Errázuriz-  y la noticia de que éste se había casado, le produjo un desequilibrio emocional que la llevó a intentar asesinarlo hiriendolo gravemente: “Al matarlo mataba mi mala suerte, mataba mi chuncho“, diría más tarde.  El destino trágico de María Luisa Bombal se expresó en el despecho por el abandono de su amante Eulogio. Con ocasión de una invitación a su casa con su hermana, decidió suicidarse con una arma de él. Sólo se provocó una herida en el hombro derecho. Fue detenida y posteriormente absuelta por la justicia.

Tiempo después se trasladó a California, ya que Hollywood compró los derechos de “La última niebla“. Trabajó con John Huston, director del proyecto, que convocó a Lauren Bacall y Humphrey Bogart para los roles protagónicos. En 1947 reescribió la novela con el título “The House of Mist”, y escribió el guión de la película, pero el macartismo o caza de brujas, iniciado por senador Joseph R. McCarthy, detuvo los proyectos del director. La escritora abandonó Hollywood, lo que la llevó a radicarse en New York, donde conoció a Raphäel de Saint-Phalle, importante banquero francés perteneciente a la nobleza con el que posteriormente se casó. De esta relación nació Brigitte de Saint Phalle Bombal, única hija de la escritora.

María Luisa Bombal abandonó los Estados Unidos en 1971 tras la muerte de su esposo. Se trasladó a Buenos Aires y posteriormente, en el año 1973, regresó definitivamente a Chile.

En 1974 obtuvo el “Premio Ricardo Latcham” y en 1976 fue condecorada con el “Premio Academia Chilena de la Lengua”. Finalmente, en 1978 ganó el “Premio Joaquín Edwards Bello”.

Sus últimos años los pasó en la casa de reposo de Héctor Pecht. Sumida en el alcohol, visitó constantemente el hospital afectada de crisis hepáticas. María Luisa Bombal falleció el 6 de mayo de 1980 en la ciudad de Santiago de Chile, víctima de una hemorragia digestiva generalizada.

Jean D’Ovigny

UN BLOG SUMAMENTE ECLÉCTICO

BIENVENIDOS AL FARO…

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Espero -con gran ilusión- recibir vuestras colaboraciones, comentarios, fotos, vivencias y correos, que puedan ayudarme a ir desarrollando este Blog. El Faro del Fin del Mundo pretende seguir una línea entretenida y diversa -aunque debo confesar mi debilidad por los temas náuticos- pero, al mismo tiempo, publicando narraciones, poemas y textos de calidad y, por qué no, también con historias divertidas. El humor, no lo olvidemos, es importante en nuestras vidas. Gracias de nuevo.

Luis Irles

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VISITAS A ESTE FARO DESDE EL 16 DE JUNIO DE 2007

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UN BONITO REGALO DE TONY T., DE “CAFÉ & BLOGS”

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Nuestro entrañable amigo Tony T., miembro del grupo Café & Blogs, nos ha sorprendido muy gratamente al crear EL FARO MAGAZINE, una bitácora en la que ha comenzado a publicar una selección de artículos aparecidos en este Faro desde su inicio. Desde aquí le damos las gracias por el hermoso detalle que ha tenido con nosotros.

EN NUESTRAS PÁGINAS

FOTOS: "La triste y solitaria vida de los marinos..."

AMICI MIEI: La Barcelona de mi niñez, por Tony Tarazona.

MÚSICA: NOVEDADES: El mejor 'duet' de toda la historia: "Summertime", por Ella Fitzgerald y Louis Armstrong. "Nine Below Zero", "Peces de Ciudad", "Cesária Évora" y mucho más...

POESÍA: "Soliloquio del Farero", de Luis Cernuda.

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PREMIOS A ESTE BLOG

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Premio otorgado por Jon Kepa y su blog "Enseñanzas Náuticas"

Gracias por el premio, navegante de mares de papel.

PREMIO DARDO

Otorgado a este Faro por el blog El mar, qué gran tema para hablar, capitaneado por nuestro colega y buen amigo José, al que quedamos sumamente agradecidos.

PREMIO CALIDEZ

Gracias a Patricia Gómez, Binah, excepcional ser humano y poeta, por concedernos este hermoso premio.

PREMIO AL ESFUERZO PERSONAL

Nuestro generoso e incansable amigo Funkoffizier, de El mar qué gran tema para hablar, vuelve a premiar a este Faro, lo cual nos llena de orgullo y agradecimiento.

PREMIO CAMPANHA DE AMIZADE

Agradecemos profundamente a Jon Kepa, creador del blog Enseñanzas Náuticas el habernos concedido el premio Campanha de Amizade. Muito obrigado, amigo.

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Gracias a nuestra amiga Narkia por este bonito premio.

PREMIO OTORGADO POR CAPITANA

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Nuestra muy querida amiga Capitana nos ha honrado con este bonito premio. Le agradecemos muy mucho el detalle que ha tenido con nosotros.

PREMIO OTORGADO POR TIACHEA Y, NUEVAMENTE, POR JON KEPA

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Tiachea, desde su Bitácora de Melusina nos ha honrado con este hermoso premio. Le agradecemos muy sinceramente su hermoso gesto. Así mismo, mil gracias a mi colega y amigo Jon Kepa, que ha tenido la gentileza de volver a compartirlo con nosotros.

PREMIO A LA HONESTIDAD

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El Grand Chef de Oídococina!, ha tenido la gentileza de obsequiarnos con un exquisito plato recién salido de sus creativos fogones. Le quedamos enormemente agradecidos por este hermoso detalle.

UN REGALO DE 'TINTERO Y PINCEL'

premio

Nuestra admirada amiga María, cuyo talento artístico puede comprobarse en su blog Tintero y Pincel, nos ha honrado con este simpático "Cracking Crispmouse Bloggywog Award". Un detalle que le agradecemos de todo corazón.

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SANTIAGO DE CHILE

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TIERRA SENTIDA

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OBRAS DEL ARTISTA SEBASTIÁN MÁRQUEZ

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BARCELONA

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