You are currently browsing the category archive for the ‘Historia’ category.

Athanasius Kircher (1602-1680)

Pocos seguidores de la literatura clásica recuerdan actualmente la monumental obra de Athanasius Kircher, un extravagante jesuita alemán del siglo XVII considerado por muchos historiadores como uno de los científicos más importantes de la época barroca. Políglota, erudito y estudioso orientalista, Kircher escribió más de treinta voluminosos libros sobre los más variados temas: desde la óptica, la acústica, la lingüística y las matemáticas a la criptología, la egiptología, la numerología y la sinología.

Nacido en Geisa, Abadía de Fulda, en Hesse, en vísperas de una caza de brujas organizada por la Municipalidad de aquella localidad ubicada en el centro de Alemania, logró sobrevivir –según lo describe en sus memorias– a una estampida de caballos, a una hernia severa y a los ejércitos de un obispo loco, antes de aparecer en Roma en 1633, sólo unos pocos meses después del juicio a Galileo Galilei. Allí vivió más de cuarenta años hasta su muerte en 1680.

Kircher no era sólo un escritor. Fue el inventor de ingeniosos dispositivos de espionaje, de estatuas parlantes y de máquinas musicales. También fue el creador del ‘vanguardista’ Museo de Curiosidades que instaló en el Colegio de los Jesuitas en Roma. En una de sus salas se mostraban unos supuestos huesos de la cola de una sirena y un ladrillo de la torre de Babel. Colaboró, así mismo, con el maestro barroco Gianlorenzo Bernini en dos de sus más famosas esculturas y –haciendo gala de una enorme audacia– descendió varios metros al interior del humeante cráter del Vesubio para obtener materiales geológicos. Algunos estudiosos de su obra aseguran que, probablemente, fue el primero en usar un microscopio para examinar la sangre humana.

Lee el resto de esta entrada »

Con motivo de cumplirse el centenario del rescate de Sir Ernest Shackleton y sus hombres, tras la fallida expedición del “Endurance” en el Continente Blanco y ser rescatados por un grupo de marinos chilenos a bordo de la escampavía “Yelcho” –comandada por el Piloto Luis Pardo–, queremos recordar hoy día una de las hazañas más épicas de la historia antártica. El siguiente post fue publicado en este blog en marzo del 2009.

 

Fotografía tomada por el fotógrafo y tripulante de la expedición a bordo del “Endurance”, Frank Hurley. Los náufragos en el momento del rescate, al fondo la “Yelcho”, comandada por el Piloto Pardo.

Fotografía tomada por el fotógrafo y tripulante de la expedición a bordo del “Endurance”, Frank Hurley. Los náufragos en el momento del rescate, al fondo la “Yelcho”, comandada por el Piloto Pardo.

En agosto de 1914, recién declarada la Primera Guerra Mundial, zarpó de Inglaterra en su tercera expedición a la Antártica el intrépido explorador británico, Sir Ernest Shackleton, gran figura de la época heroica de las investigaciones antárticas europeas.

Su intención era atravesar la Antártica desde el mar de Weddell al mar de Ross, es decir, cortar la Antártica pasando por el Polo Sur. Contaba para ello con el “Endurance“, un velero mixto de tres palos, de 300 toneladas, con máquina a vapor y acondicionado para la empresa y el “Aurora”, que debía zarpar desde Australia para recibir a los expedicionarios en el estrecho de Mac Murdo, inmediato al mar de Ross.

endurance1

Lamentablemente el año 1915 fue extremadamente crudo en la Antártica y el 18 de enero el “Endurance” quedó atrapado en los hielos.
Los expedicionarios, después de luchar durante diez meses contra la glacial e inhóspita naturaleza, tuvieron que soportar las presiones de toneladas de hielo, que en su constante deriva aprisionaba al buque.
El 25 de octubre la nave se montó sobre un témpano quebrándose el timón, la popa y luego la quilla. No quedó otra cosa que abandonarlo, mientras el hielo iba destrozando poco a poco su superestructura, hasta que el 21 de noviembre, el “ Endurance” desapareció de la superficie del mar.

Lee el resto de esta entrada »

Ganador del Premio Nobel de literatura en 2002, el escritor húngaro de origen judío Imre Kertész ha publicado a lo largo de su vida algunos de los relatos más intensos e inolvidables de la literatura moderna sobre el Holocausto. La obra de Kertész explora en profundidad las atrocidades del régimen Nazi fascista durante la segunda guerra mundial y el genocidio sobre la población judía de Europa.

El escritor húngaro Imre Kertesz

El escritor húngaro Imre Kertész

Imre Kertész, nacido en Budapest en 1929, ha pasado su vida tratando de entender el legado y las consecuencias del Holocausto, que dominaron su vida y acrecentaron su visión pesimista de la naturaleza humana. A la edad de 15 años, Kertész fue arrancado violentamente de su hogar e internado en el campo de concentración de Auschwitz, en Polonia. Posteriormente fue trasladado al campo de Buchenwald, en Alemania, del cual fue liberado en 1945. Kertész, entonces, regresó a su país natal y comenzó a trabajar en un periódico local, pero su carrera se truncó cuando el diario asumió una posición política procomunista con la que Kertész no estaba de acuerdo.

Tras un corto período de tiempo en el ejercito húngaro, decidió dedicarse a la escritura y a la traducción de textos en lengua alemana. Según confesó el propio Kertész, el tiempo que dedicó a ese trabajo le ayudó a encontrar su inspiración literaria. Su propia obra estuvo siempre influenciada por los autores que él mismo tradujo, en particular las obras de Freud, Nietzsche, Wittgenstein, Joseph Roth, von Hofmannsthal y Canetti.

19-21928-imre-kert-sz-fatelessPero el hecho de que fuese un traductor apreciado por los editores de Budapest no cambió demasiado su situación de marginalidad. Y eso que para esas fechas, a mediados de los años setenta, ya había publicado su primera novela, Sin destino, que le llevó trece años de su vida. El libro, sin embargo, no causó ni el más leve cambio en la vida de su autor: no se produjo revelación alguna, no atrajo la atención de la crítica, ni tampoco tenía lectores. Sólo algunos años después, un pequeño grupo de intelectuales se enteró de la existencia de esta obra capital de la narrativa contemporánea.

Por lo demás, su vida seguía transcurriendo en el mismo restringido espacio social y físico. Respecto a esta última circunstancia, cabe señalar que durante treinta y cinco años Kertész vivió en un minúsculo apartamento. Allí escribió –por las noches y en la mesa de la cocina– sus tres grandes novelas. La primera,como ya hemos mencionado, fue Sin destino. La siguiente, El fracaso (1988), que reconstruye, en una estructura compleja y de manera no del todo realista, sus vivencias durante la época estalinista. La tercera, Kaddis un meg nem született gyermekért (Kaddish por el hijo no nacido), es de 1990 y su título revierte el sentido de una oración judía que, en su variante más conocida, se reza en homenaje de los padres muertos.

Sólo cabe añadir a este desolador repaso de la trayectoria de Kertész la etapa que siguió a la caída del muro de Berlín. Se volvió más productivo: publicó el dietario Diario de galera (1992), los relatos La bandera británica (1991) y Acta notarial (1993), los ensayos incluidos en Un instante de silencio en el paredón (1998) y el híbrido Yo, otro. Crónica del cambio (1997).

Después de Sin destino, Kertész no ha vuelto a tratar el Holocausto en su narrativa, al menos directamente. Será, en cambio, el tema recurrente de sus ensayos escritos en los años noventa. Su tesis central es que, acaso, el único mito válido de nuestro tiempo sea Auschwitz.

Pocos han contribuido tanto y de manera tan radical a tener esta conciencia viva del Holocausto como este húngaro al que un día se le impuso un terrible destino ajeno. La concesión en 2002 del Premio Nobel de Literatura fue la compensación más esplendorosa por una larga vida de marginación y también el reconocimiento de las letras de una pequeña nación que no siempre pudo reconocer a uno de sus hijos más famosos.

El desciframiento de sus códigos echó por tierra muchas creencias infundadas y planteó nuevos misterios en el camino de develar cómo y por qué colapsó esa civilización.

Los relieves de los templos y otras construcciones mayas nos cuentan la historia de este pueblo.

Los relieves de los templos y otras construcciones mayas nos cuentan la historia de este pueblo.

Fue una de las culturas más interesantes y enigmáticas de cuantas existieron en América y en el orbe. Su apogeo abarca desde aproximadamente el año 250 hasta el 900 de nuestra era y sus arquitectos erigieron algunos de los monumentos más singulares y exquisitos del continente. Sin embargo, transcurrieron 150 años antes de que pudieran ser conocidas y comprendidas la gramática y en particular la sintaxis de los jeroglíficos mayas, paso esencial hacia un auténtico discernimiento de aquella civilización, sus misterios y su colapso final.

Aunque tachados de exageración, algunos epigrafistas calificaron el descubrimiento como uno de los mayores logros intelectuales del siglo. Pero bien mirados los hechos, habría que darles la razón a quienes expresan estos supuestos excesos, porque sólo a partir de entonces y desde los umbrales de la prehistoria, llegaron las primeras luces que permitieron revolucionar todas las creencias existentes hasta entonces sobre los mayas. Aunque todavía quedan muchos secretos.

Aún los expertos no han logrado la clave que permita descifrar total y minuciosamente los glifos, y según la investigadora mexicana Mercedes de la Garza, la escritura maya prehispánica es muy compleja y se pierde cuando desaparecieron gobernantes y sacerdotes, la clase dirigente que la dominaba y que hubiera podido aportar los secretos de la enigmática pictografía.

Pero, gracias a los jeroglíficos descifrados, en 1839 comenzó la historia del encuentro del hombre posmoderno con quienes hace más de 20 centurias dominaban extensos territorios que ahora ocupan cinco países (el sur de México, Guatemala, Belice y partes de Honduras y El Salvador).

Lee el resto de esta entrada »

nuclear-explosion

El 6 de agosto de 1945 la muerte cayó del cielo en Hiroshima. Ese día, Estados Unidos lanzó la primera bomba atómica utilizada con fines bélicos en la historia. Tres días más tarde, una nueva detonación nuclear arrasaría Nagasaki. Se estima que hacia finales de 1945, las bombas habían matado a 166.000 personas en Hiroshima y 80.000 en Nagasaki, totalizando unas 246.000 muertes.

En la impresionante ceremonia conmemorativa, el actual alcalde de la castigada ciudad nipona, Kazumi Matsui, pidió a los líderes mundiales que “trabajen incansablemente para lograr un mundo libre de armas nucleares”. En el mundo aún existen unas 15.000 armas nucleares, recordó también Matsui, quien instó a la comunidad internacional a erradicar para 2020 estos artefactos “inhumanos y de maldad máxima”.

Tras la tragedia de Hiroshima, y hasta el fin de la Guerra Fría, el fantasma del desastre nuclear tuvo la amenazante forma de un hipotético misil atómico precipitándose desde las alturas; pero, a partir de los accidentes nucleares de Three Miles Island en 1979, en Estados Unidos, y muy particularmente —por su dimensión y efectos— de Chernobyl en 1986, en la entonces Unión Soviética, el espectro se encarnó en la aparentemente inofensiva imagen de una central nuclear erigida en el paisaje. Eso, al menos, a ojos del movimiento ecologista y de las corrientes de opinión —sociales, políticas y científicas— afines a una posición de crítica y denuncia antinuclear.

La patética lección que supuso Chernobyl en materia de seguridad no demuestra haber rendido aún sus esperados frutos, y ello queda traducido en una polémica que no cuestiona los beneficios de la energía atómica (por otro lado, menos contaminante que la producida a partir del gas, el carbón, o el petróleo, que contribuyen al efecto invernadero) ni su elevado grado de desarrollo y eficacia, sino que se apoya, justamente, en los escasos progresos obtenidos en la implementación de nuevos sistemas de seguridad y de modelos de capacitación de mayor fiabilidad; situación, esta, perfectamente ejemplificada en el caso de los accidentes nucleares en las centrales japonesas de Tokaimura y –años más tarde– en la de Fukushima I, otro de los más graves ocurridos hasta ahora pese a la sofisticada tecnología nipona.

central

Además de las tesis que relacionan la aparición de enfermedades cancerígenas y de malformaciones en recién nacidos con la vecindad de centrales nucleares, y de las inherentes preocupaciones por la seguridad, el tema de los residuos tóxicos es el auténico talón de Aquiles de esta industria energética. Con un periodo de vida que puede alcanzar las decenas de miles de años, y un alto poder radiactivo, hasta ahora no se ha concebido un sistema que ofrezca completas garantías para su aislamiento, y en el debate internacional han concurrido alternativas tan dispares como el hundimiento le los desechos en el fondo submarino, su enterramiento en los hielos antárticos o en el corazón de montañas, el lanzamiento al espacio, e, incluso, la descabellada idea de convertir la Luna en un vertedero.

Por ahora, y habida cuenta de que los proyectados cementerios nucleares sólo son válidos para residuos de baja y media intensidad, y corta vida (aunque hablamos de cientos de años), la basura más contaminante espera depositada en piscinas especiales, de las propias centrales, un destino final que pudiera venir de la ya antigua idea del enterramiento a grandes profundidades en zonas geológicamente estables.

El debate está servido y, sin duda, se agudizará. Las organizaciones y partidos políticos comprometidos con el medio ambiente de Francia, Alemania y otros países europeos, han conseguido introducir la idea del desmantelamiento progresivo pero total de la industria nuclear. Las espadas están en alto, pero de parte de un bando actúa el omnipresente poder del dinero, y la lid se anuncia dura y larga. Lo que queda claro –y esperando que lndia y Pakistán no retornen a iniciar su macabro juego de amenazas y contraamenazas— es que mientras no se desarrollen suficientemente las tecnologías relativas a las energías alternativas —hidráulicas, eólicas y solares– a un nivel tan productivo como rentable, parece utópico pensar que el hombre prescinda de la tecnología nuclear.

Por Mario Alvarado

Cour de Marbre -- Château de Versailles

Cour de Marbre — Château de Versailles

Ya Francisco Salvador estaba en la Cour de Marbre, presto a entrar al palacio. Sobre su cabeza, la balaustrada que coronaba el frontis del palacio y alrededor de la Cour de Marbre y la Cour Royale, dieciocho estatuas lo vigilaban, representando las catorce virtudes reales y las cuatro partes del mundo, África, Asia, América y Europa, porque la gloria del Gran Rey debía ser conocida en todo el universo. Las estatuas lo miraban entre inquietas y sorprendidas. Largo tiempo fue esperada su llegada y ahora que estaba allí, las estatuas no sabían como reaccionar y lo miraban a hurtadillas, comentando al oído, unas con otras, sus inaudibles impresiones. La estatua que representaba a África, intentaba inútilmente escuchar a través de su cabeza de elefante sobre un cuerpo humano, y golpeaba molesta, su pie sobre una cabeza de león, mientras que la que representaba a América iba de un lado a otro de la balaustrada, agitando las enormes plumas en su cabeza y en su cintura, seguida por un cocodrilo que nunca la abandonaba, tratando infructuosamente de entender lo que oía porque no hablaba francés… Pero nada de esto se dio cuenta el joven estudiante.

Francisco Salvador ingresó con decisión al vestíbulo desde donde arrancaba la Escala de la Reina hasta los Grands Appartements. Esta escalera había sido construida con finos mármoles policromados, a excepción de los peldaños que eran de piedra. Era ésta una escala noble y majestuosa, pero de ningún modo comparable a su hermana mayor, la antigua escala de Los Embajadores.

Esta se encontraba exactamente en la entrada opuesta, al frente de la Escala de la Reina, siempre manteniendo el equilibrio, la simetría y la correspondencia, y daba acceso a los Grands Appartements del Rey. Esta escala estaba hecha de mármoles franceses, rojos, verdes, blancos y grises. Este acceso era usado por los embajadores cuando presentaban sus credenciales al Rey y era la entrada oficial al piano nobile de Versailles, donde se encontraban la serie de estancias que constituían los apartamentos del Rey.

Grandes momentos vivió la Escala de Los Embajadores, recordó Francisco Salvador, como esa vez en que Louis XIV, desde lo alto, le dio la bienvenida al Grand Condé, que acababa de derrotar a William de Orange en la batalla de Seneffe. Este evento marcó el fin de casi quince años de exilio decretados en contra del Grand Condé por el Rey, como castigo por intentar una rebelión contra él.

Lee el resto de esta entrada »

Algunos de los 600 niños supervivientes del campo de concentración de Auschwitz muestran los números de identificación tatuados en sus brazos.

Algunos de los 600 niños supervivientes del campo de concentración de Auschwitz muestran los números de identificación tatuados en sus brazos.

El 27 de enero de 1945, soldados del Ejército Rojo –pertenecientes al primer frente ucraniano– franquearon las puertas de Auschwitz, el mayor y más cruel campo de exterminio que haya conocido la humanidad. Unos días antes, y al constatar que no podían hacer frente al avance de los rusos, los guardias alemanes decidieron evacuar el campo en lo que se conoce como “marchas de la muerte”, dejando atrás a los prisioneros que no podían continuar con las marchas por sus problemas físicos, provocados por la situación a la que se habían visto sometidos en dichos campos.

Más de sesenta mil prisioneros fueron forzados a marchar hacia el oeste, de los que se calcula que unos quince mil murieron en el camino. En los días previos a evacuar el campo, los soldados nazis asesinaron a miles de prisioneros. Estas marchas se realizaron en todos los campos de concentración del este, y tenían como objetivo reubicar a los presos en otros campos para exterminarles allí.

Era un típico día de invierno en el sur de Polonia, la nieve lo cubría todo y aún se podía respirar el humo que salía de los crematorios, que las SS habían dinamitado para borrar las huellas del crimen. Todo lo que se encontraron los rusos fue una masa informe de almas deambulantes y esqueléticas que iban sin rumbo de un lado a otro, en espera de su inevitable final.

Aunque los atónitos soldados que habían llegado al campo todavía no lo sabían, en aquel rincón perdido y abandonado de la mano de Dios se había perpetrado el mayor asesinato en serie de la historia. Su nombre: Auschwitz-Birkenau. Su razón de ser: el exterminio total del pueblo judío. Borrarlo de la faz de la tierra; en silencio, dejando como único testigo las tupidas aguas del río Sola, adonde habían sido arrojadas, día tras día y durante años, las cenizas de los que morían de hambre, a manos de los guardias o en las cámaras de gas. Pero hemos de recordar que entre las víctimas no sólo hubo mayoritariamente judíos, sino también decenas de miles de gitanos, personas discapacitadas, comunistas y homosexuales entre otros. Se calcula que en total murieron cerca de un millón y medio de personas en Auschwitz, la mayoría de ellos ejecutados.

El balance era estremecedor. En el campo principal, el de Auschwitz, sólo quedaban unas mil personas con vida; en el de Birkenau, la factoría de la muerte, 6.000; en el tercero, el de Monowitz, dedicado al trabajo esclavo, 600, que se refugiaban como animales asustados en la fábrica de IG Farben, una de las empresas alemanas que se habían aprovechado de la abundante mano de obra que proporcionaba el Reich. Menos de 8.000 supervivientes en un lugar donde, en menos de un lustro, habían sido asesinadas a mansalva más de un millón de personas inocentes.

Aunque el de Auschwitz fue uno más de toda una constelación de campos consagrados al exterminio, es, por méritos propios, el símbolo inmortal del Holocausto, del asesinato premeditado y planificado de millones de seres humanos, condenados a muerte por el mero hecho de ser judíos, de pertenecer a otra etnia o de mantener una ideología contraria al nazi-fascismo. En su interior se dio cita toda la crueldad y la infamia que puede caber en el alma humana. Nuestra lengua carece de adjetivos para aproximarse siquiera al dolor y al sufrimiento que unos fanáticos infligieron gratuita y concienzudamente a tantos seres humanos.

Un banquillo de cómplices y mediocres


 

743e7c9f48213adff37cbb1cc7590589_article

Se calcula que entre 6.000 y 8.000 miembros de las SS participaron en la gestión y mantenimiento del campo de concentración de Auschwitz, pero sólo 24 acusados fueron juzgados en el primer proceso de Frankfurt. Un juicio bastante peculiar llevado a cabo entre el 20 de diciembre de 1963 y el 10 de agosto de 1965 y que tuvo una gran proyección mediática. Allí se enfrentó a la sociedad alemana con su pasado más reciente y atroz. Se miraron cara a cara perpetradores, y victimas sobrevivientes de los campos. Se escucharon por primera vez testimonios escalofriantes.

Cuando tuvo lugar este juicio, otros líderes nazi responsables de alto nivel de Auschwitz, incluyendo al comandante del campo Rudolf Höss, ya habían sido juzgados por las autoridades polacas en 1947. El propio Höss fue condenado a muerte y ejecutado en el campamento 1 de Auschwitz.

Curiosamente, y casi 70 años después, la agencia alemana que investiga los crímenes del nazismo anunció el 28 de agosto de 2013 que entregará a las autoridades policiales los documentos para que decida si se lleva a juicio a otros 40 exguardias del campo de exterminio de Auschwitz, muchos de ellos ya fallecidos, según un artículo publicado en el periódico francés ‘Le Figaro’.

El 30 de octubre de 1938, la emisora de radio estadounidense CBS transmitió un programa en directo desde el Mercury Theatre de Nueva York que fue escuchado por más de 12 millones de personas. Se trataba de la adaptación de «La guerra de los mundos», de H. G. Wells, dirigida y narrada por un joven de 23 años llamado Orson Welles, que años más tarde se convertiría en uno de los mejores directores de toda la historia del cine.

1382355572820

Tan solo unos meses después de que la CBS le ofreciera llevar a cabo un programa semanal basado en la dramatización de obras literarias, Welles lograba alcanzar los 59 minutos de radio más famosos de la historia. En un contexto marcado por la Gran Depresión, Welles pensó que tal adaptación –contada en forma de noticiario de última hora– calaría en el seno de la audiencia. Y vaya si lo hizo.

“Señoras y señores, interrumpimos nuestro programa para dar lectura a un boletín informativo urgente de Intercontinental Radio News: Faltando veinte minutos para las ocho, hora central, el profesor Farrell del Observatorio de Mount Jennings, de Chicago, Illinois, nos informa que han podido ser observadas varias explosiones de gas incandescente, que se están produciendo a intervalos regulares en el planeta Marte … ”

Tras estas palabras y para darle aún mayor veracidad a la noticia, Welles retomaba la supuesta emisión de una orquesta desde el Hotel Meridian Plaza para volver a parar a medida que la ficticia invasión extraterrestre se iba desarrollando, «damas y caballeros, tengo que anunciarles una grave noticia. Por increíble que parezca, tanto las observaciones científicas como la más palpable realidad nos obligan a creer que los extraños seres que han aterrizado esta noche en una zona rural de Jersey son la vanguardia de un ejército invasor procedente del planeta Marte…»

La orquesta que supuestamente tocaba desde el Meridian Plaza continuó con su programa de baile, pero periódicamente la interrumpían para informar de la ficticia invasión marciana. En una de las intervenciones más dramáticas, uno de los actores que participaban en el programa hizo creer que transmitía en directo desde Grovers Mill, Nueva Jersey, y con voz temblorosa gritó ante los micrófonos:

“¡Señoras y señores, esto es lo más terrorífico que nunca he presenciado..! ¡Dios mío! alguien está avanzando desde el fondo de ese agujero. Alguien… o algo. Puedo ver escudriñando desde ese hoyo negro dos discos luminosos… ¿Son ojos? Puede que sean una cara. Puede que sean…”

Que comenzara a cundir el pánico entre la población fue cuestión de minutos, y el miedo se propagó con mayor intensidad según los ‘boletines’ de la radio se iban haciendo más preocupantes y los marcianos comenzaban su avance imparable y sangriento hacia Nueva York.

War-Of-The-Worlds-301244La gente comenzó a salir a la calle, presa del pánico. Miles de personas colapsaron las centralitas de la policía, y fueron centenares los que corrieron a buscar armas y esconderse en sótanos y túneles. Hubo incluso quienes acudieron a comisarías de policía con toallas húmedas en la cara para protegerse del ‘gas venenoso’ con el que atacaban los marcianos. El caos fue tal que llegó a la portada del New York Times y a otros medios estadounidenses al día siguiente. Pero ¿cómo fue posible que la gente no se diera cuenta de que se trataba de un programa de ficción?

Welles advirtió a los oyentes de que se trataba de una farsa al principio del programa, pero no volvió a hacerlo hasta 40 minutos después. Los expertos creen que gran parte de los oyentes no escuchó el comienzo de la función, puesto que la cadena de radio rival emitió en esos momentos el Show de Charlie McCarthy, el de más audiencia del país. A los diez minutos del comienzo de ese programa se hacía una pausa publicitaria, lo que miles de oyentes aprovecharon para cambiar de cadena. Fue entonces cuando se encontraron con los ‘boletines informativos’ que interrumpían la programación de la Columbia Broadcasting System. Y para cuando llegó la nueva explicación de Welles, muchos habían caído ya presas del pánico.

Después de desenmascarar el engaño, los periódicos de Nueva York describieron este programa como un episodio cruelmente engañoso y pidieron un castigo para la CBS. Sin embargo, el programa de Welles se convirtió en la más famosa transmisión de radio en la historia y aseguró la fama del posterior genio del cine. También las autoridades estadounidenses reaccionaron enfurecidas, aunque en realidad la cadena de radio que emitió el programa no había vulnerado ninguna ley. A pesar de ello, la policía hizo una visita a la emisora y se incautó de todo el material empleado en la obra. Todo, menos una copia del guión que se llevó a casa Koch, y que 50 años después adquirió Steven Spielberg para dirigir la nueva adaptación cinematográfica del clásico.

Se puede afirmar que el resultado final de este programa fue el acto más inmediato y tangible de la persuasión de masas en la historia humana. “La radio es un medio completamente nuevo de comunicación, fundamental como un medio de control social y de influencia sobre los horizontes mentales de los hombres”, aseguró el profesor Hadley Cantril en su libro La invasión de Marte: un estudio en la psicología del pánico (1940).

En este sentido, la Fundación Rockefeller financió varios trabajos de investigación sobre la guerra psicológica y la manipulación de la opinión pública durante las guerras mundiales. El último de ellos, “Psychological Warfare” Research and the Rockefeller Foundation, fue publicado el 29 de abril de 2012.

Habría, pues, implicaciones mucho más graves y más serias que la alegre despedida de Welles cuando finalizó el programa que pretendía celebrar su particular Halloween: “Soy Orson Welles, señoras y señores, liberado ya del personaje y dispuesto a asegurarles que La Guerra de los Mundos no ha tenido otra intención que la de celebrar un día de fiesta con esta versión radiada del Mercury Theatre. Sólo hemos querido cubrirnos con una sábana blanca, escondernos detrás de un árbol y aparecer de pronto para gritarles:  ¡Úuuuuh..! ¡Feliz Halloween, amigos!”

posttrenes

Tengo por costumbre evitar la nostalgia del pasado con la típica frase “todo tiempo pasado fue mejor”. No es cierto, el tiempo pasado solamente fue distinto y el pasado y el presente tiene cosas buenas y malas como las personas. Ahora, reconocido esto, es mi derecho y opción el opinar que los Ferrocarriles de Chile de antes eran mejores, al menos existían.

Hay que ser muy imbécil para no ocurrírsele a uno que un país como Chile, largo y angosto, no debería estar comunicado de Arica a Punta Arenas por una línea de tren y por un servicio de buques de pasajeros con el mismo trayecto. En el pasado existieron y excelentes. Mi abuela iquiqueña y que se casó con mi abuelo que era de Los Ángeles en 1910, viajaba con su marido regularmente todo el año en vapores de la Pacific Steam Navegation Company o la Compañía Sudamericana de Vapores. No existía o recién estaba siendo inaugurado el ferrocarril al norte, que era un infierno, y no había buses ni aviones. Cómo no iba a ser más agradable ir de Iquique a Talcahuano en un cómodo vapor con comedores, salones, camarotes, empleados y amistades. No tuvieron hijos sino hasta años después de casados, y se casaron muy jóvenes, así es que pasaban la mitad del año en la casa de las salitreras, como llamaban a la casa de la calle Baquedano que todavía existe y el campo de Los Ángeles, que desapareció en las tormentas de la Reforma Agraria de Frei Montalva.

Volviendo al tren, la línea más cercana a mí era la de Viña del Mar a Santiago. Existían los trenes expresos de las 8.00, 12.00 y 18.00, que paraban sólo en las estaciones más importantes, los más modestos trenes ordinarios, que tenían horarios diferentes, paraban en todas las estaciones y casi doblaban el tiempo de viaje de los expresos, y el deslumbrante tren Rápido, que sólo paraba tres o cuatro veces en el trayecto y salía temprano en la mañana. Era el tren de los abogados y agentes de la Bolsa que iban a hacer sus trámites a la capital, no era un tren de familia.

El viaje en el expreso de 8.00 era un acontecimiento. Uno llegaba a la Estación de Viña tres cuartos de hora antes de la pasada del tren que venía de Valparaíso. En el edificio de la Estación había salas de espera para primera y segunda clase, además de boleterías, puestos de revistas y un buffet para los hambrientos. Se iban juntando en las salas de espera los viñamarinos, pero a medida que avanzaba el tiempo y se acercaba la hora de la pasada del expreso, iban llenando los andenes, todos mirando hacia las líneas que se perdían hacia Valparaíso para ser los primeros en ver al tren. Pero cuando se daban cuenta que faltaban 20 minutos todavía, la gente empezaba a pasearse lentamente, los matrimonios del brazo, los caballeros solos, con las manos atrás y El Mercurio debajo del brazo. Hasta que al final de los rieles, se veía el tren. Cuando esto sucedía y se veía diminuto en la lejanía el convoy, la gente lo anunciaba en voz alta como si se les hubiera comunicado especialmente por la Presidencia de los Ferrocarriles del Estado:”ahí viene”.

Esto era seguido por bajadas de barreras, campanas, luces rojas y verdes en unos gigantescos postes y la gente se encaminaba, ya sin ninguna lentitud ni parsimonia, casi corriendo por el andén hacia el sitio donde más o menos se iba a ubicar el carro que les correspondía, porque con el boleto, además se le entregaba un billete con la letra del carro que le tocaba y el Nº del asiento, además de la clase. Los de primera clase se iban hasta casi la punta del andén y los de segunda se quedaban en la mitad. No había tercera clase, sólo en los trenes Ordinarios. Y llegaba el tren, entrando lento a la estación, permitiendo a los viajeros ubicar sus sitios. Primero, la máquina eléctrica, lo que era un lujo, considerando que para el norte no había electricidad y para el sur sólo hasta San Rosendo. Esa máquina tenía nombre y se llamaba Serpiente de Oro y eran varias las que prestaban servicios, luego uno o dos carros de equipaje y el primer coche de pasajeros que era el coche Numerado, porque los que se querían asegurar un lugar y ser los primeros en llegar va Santiago, iban dos o tres días antes a comprar el pasaje. Luego venían los coches rojos de primera clase, fabricados en Alemania a fines de la década de los 20 y principios de los 30.

Lee el resto de esta entrada »

Mil años antes de que empezaran a escribirse la Biblia y la Ilíada fue redactado el más antiguo poema épico de la humanidad, que rezuma una impresionante sabiduría. Permaneció sepultado durante milenios en el norte de Irak, cerca de Mosul, donde había existido la borrada ciudad de Nínive, capital de Asiria. Acaba de aparecer una nueva versión en inglés de ese largo poema, que aprovecha y supera todas las anteriores, con reflexiones de agudeza conmovedora. El trabajo lleva la firma del poeta, traductor e investigador Stepen Mitchell, que ha recibido la bendición del severo crítico Harold Bloom.

Se trata del fabuloso Gilgamesh, padre de todos los héroes, anterior a Hammurabi y su trascendental código. Se calcula que vivió hace 4750 años y que su vida se transmitió de boca en boca hasta que unos sacerdotes la escribieron en tabletas de arcilla centurias después. Como toda gran obra literaria, navega triunfal por los tiempos y nos cuenta asuntos que conciernen a nuestra realidad contemporánea. Se refiere al poder y el miedo, el abuso y la clemencia, la amistad y el amor, el deseo de inmortalidad y la conciencia de la muerte, el dolor de la violencia y los beneficios de la concordia. Gilgamesh es héroe y antihéroe, semidivino y humano; a lo largo de sus vicisitudes, conoce el vértigo de la arrogancia y la nobleza de la resignación.

Un viajero inglés de nombre Austen Henry Layard, cruzaba los ríos Eufrates y Tigris rumbo a Ceilán cuando escuchó que bajo ciertas colinas yacían escombros de palacios antiguos. Decidió investigar y en 1844 inició las excavaciones que devolvieron a la luz porciones de la olvidada Nínive. Con creciente perplejidad abrió fastuosos corredores y salas de los palacios cuyas paredes brillaban con los colores de leones alados, demonios y deidades azules, combates multitudinarios, cacerías y doradas ceremonias reales. Su asombro no tuvo límites al descubrir bibliotecas atiborradas de plaquetas de arcilla con una escritura desconocida, porque las letras eran cuñas excavadas en diferentes direcciones. Reunió más de 25.000 tabletas y las mandó al Museo Británico. Doce años más tarde logró descifrarse la escritura cuneiforme y se supo que los textos pertenecían al idioma acadio, antiguo pariente del hebreo y el árabe. Hacia fines del siglo, un joven y fanático curador llamado George Smith leyó en una de las tabletas el relato de un diluvio que confirmaba la versión bíblica de Noé. Escribió: “Mi ojo captó que el barco quedó fijado en la montaña de Nizir y que se mandó una paloma para saber si ya tenía donde posarse; ¡descubrí la versión caldea del Diluvio!“. Para la sociedad victoriana, era una noticia sensacional que demostraba la verdad histórica de la Biblia. Smith gritó que era el primer hombre en leer semejante texto después de más de dos mil años de olvido; saltaba y corría en torno a la mesa donde había ordenado las maravillosas tabletas y en su excitación empezó a quitarse la ropa. Dice Mitchell que no se sabe si sólo se quitó la capa y el chaleco o si se desnudó por completo, como Enkidu, el amigo fraternal de Gilgamesh, frente a los azorados académicos arropados en sus elegantes trajes negros.

Rainer María Rilke quedó atónito al leer algunos versos del poema. “Es estupendo; es una de las mejores experiencias que pueden ocurrirle a una persona”.

Las leyendas sobre el antiquísimo Gilgamesh empezaron a circular después de su muerte. Pero los primeros textos escritos se remontan al año 2100 a.C., en poemas referidos a temas diferentes. Después se reunieron varios relatos y recién en 1700 a.C., es decir, mil años posteriores a la desaparición del héroe, un sacerdote llamado Sin-leki-unini, concentró los materiales existentes y redactó en idioma acadio la versión que ha servido a todas las traducciones posteriores. Ese autor merece ser reconocido como el más culto, sabio e inteligente que engendró la neblinosa alborada de la humanidad.

Se afirma que es la primera novela, con suficiente extensión y acertadas revelaciones sobre la complejidad humana. Crece del estado de ignorancia al de la experiencia, con descripciones trepidantes de efecto. Gilgamesh es el rey de la fortificada y maravillosa ciudad de Uruk -con cuya brillante descripción empieza y termina el poema-, pero es un tirano que maltrata al pueblo con su fuerza descomunal, dos tercios divina y un tercio humana. El poema nos estimula desde el comienzo: “Veamos dentro de la caja de cobre/ que está marcada con su nombre./ Destraba su cerradura y ábrela, levanta la tapa./Toma las tabletas en lapizlázuli./ Lee cómo Gilgamesh sufrió todo y logró todo”.

Los dioses decidieron crearle un semejante que confeccionaron con el polvo de la tierra, llamado Enkidu. Vive como los animales entre los animales y es también poseedor de una fuerza imbatible. Gilgamesh se entera de su existencia, pero en lugar de salir a combatirlo, ordena a la sacerdotisa Shamhat que lo domestique mediante sus artes eróticas. Ese capítulo es fascinante, porque convierte el sexo en un instrumento privilegiado de la civilización. Shamhat no es una vulgar prostituta, sino una servidora de Ishtar, cuyo templo ocupa una colina de Uruk. Durante siete días de incesante erección consigue transformar al desnudo y salvaje Einkidu en alguien que se corta el cabello, aprende a comer como los humanos, entiende las palabras y embellece su piel con aceites aromáticos.

“Ven, dice Shamhat a Enkudi, vamos a Uruk,/ te llevaré donde Gilgamesh el poderoso rey./ Verás su ciudad grande y sus masivos muros,/ verás a ese hombre vestido en su esplendor/ con fino lino y enrulada lana,/ brillantes colores, capa con franjas y anchos cinturones./ Cada día es un festival en Uruk/ con gente cantando y bailando en las calles,/ los músicos tocan liras y tambores/ y hermosas sacerdotisas esperan frente al templo de Ishtar/enrojecidas de alegre sexo y listas/ para otorgar placer a los hombres en honor a la diosa;/ hasta los viejos salen de sus lechos”.

Pero Gilgamesh tiene la autoridad concedida por los dioses –o impuesta por su arbitrariedad– de desvirgar a las recién casadas en la noche de bodas. Llega Enkidu, que asombra por sus largas piernas y voluminosos brazos y, sin explicar la razón, por indignación o envidia, se traba con Gilgamesh en una lucha inesperada y feroz. Hacen temblar los muros y esconderse de miedo a los habitantes de Uruk. Su lucha, sin embargo, no es a muerte, es fraternal o erótica, porque después se serenan y el propósito de los dioses se ha cumplido: la compañía de Enkudi, su igual, ha transformado a Gilgamesh en un rey que ahora puede controlar su violencia.

La larga amistad de ambos crece y se regodea en cacerías, natación, bromas y visitas al templo de Ishtar. Surge en el poderoso Gilgamesh la ambición de inmortalizarse mediante el asesinato del monstruo que protege el Bosque de los Cedros. Ahí, el poema despliega un virtuoso muestrario de sentimientos contradictorios que llegan frescos a nuestro presente, inclusive en los dramáticos instantes previos al degüello. Se refiere al prejuicio, la incomprensión, el ecosistema, las ganas de vencer, la tontería de matar, la misericordia.

Después también muere Enkudi, tragedia que derrumba de dolor a Gilgamesh. El poderoso rey marcha en busca de sabiduría para consolarse. Aunque sabe que tiene partes divinas, también sabe que va a morir. Una mujer le dice: “Los seres humanos nacen, viven y después mueren/ éste es el orden que han creado los dioses./ Pero hasta que el fin llegue, goza de tu vida,/ gástala en felicidad, no en desesperación./ Saborea tu comida, transforma cada uno de tu días/ en placer, báñate y úngete tú mismo,/ vístete con ropas brillantes,/ que la música y la danza vivan en tu hogar, /ama a tu hijos que tienes de la mano,/ y dale placer a la mujer que abrazas. / Este es el mejor camino de vida para un hombre”.

El poema se cierra, como dijimos, de forma circular. Vuelve a describir a Uruk, pero es Gilgamesh quien habla ahora, al regreso de sus desgarrantes experiencias: “Esta es la muralla de Uruk, y ninguna ciudad en la tierra tiene otra igual. Mira sus fortificaciones que resplandecen como cobre a la luz del sol. Sube las escalinatas de piedra, que son más antiguas de lo que se puede imaginar. Acércate al templo Eanna dedicado a Ishtar, un templo que ningún rey ha igualado en tamaño y belleza. Observa las magistrales construcciones, las palmeras, los jardines, los huertos, los gloriosos palacios y las plazas públicas”.

La borrosa firma es, ya lo dijimos, de un autor que merece profunda reverencia: Sin-leki-unini.

Por Marcos Aguinis | LA NACION

Fuente: http://www.lanacion.com.ar

Los primeros europeos en llegar a China fueron los portugueses, que en 1552 fundaron Macao. Les siguieron los españoles y más tarde holandeses y británicos.

Creo recordar que anteriormente he escrito para “Barcos de Época”, algo sobre los famosos clippers, sin embargo, si no me falla la memoria, en ninguna ocasión me he referido al transporte de opio desde la India hasta las costas de China que fue el origen de dos guerras. En consecuencia, vamos a recordar algunos aspectos de éste tráfico:

En China, desde principios del siglo XVIII, los portugueses venían introduciendo opio en pequeñas cantidades. En 1767, Inglaterra firmó un tratado con China, por el que todo el comercio de las colonias inglesas, quedaba reservado a la East India Company, sus barcos eran conocidos como los “East Indiamen” y “The honourable Jonh Company”. Era ésta una poderosa naviera, que en 1810 llegó a tener más de 100 barcos, que sumaban más de 90.000 Tons. Cada barco tenía un “marido”, que explotaba el buque, con absoluta libertad, sin contar con el consejo de administración, aunque el “marido” había sido designado por éste. Se ha dicho que uno de los barcos de la East India, el “ESSEX”, de 1332 T. (construido en 1803), ha sido la nave con mayor número de velas que se ha construido, tenía nada menos que 63 velas. Sólo en el palo mayor arbolaba 21.

En 1834, la East Company, dejó de existir, al incorporarse la India al imperio británico. Durante los tiempos del monopolio, ya se introducía en China opio en pequeños veleros.

Como consecuencia de que el comisario imperial Lin-Pu, en 1832 mandase arrojar al río 20.000 cajas que contenían opio, se produjo una guerra, no declarada, entre chinos y británicos, que naturalmente se resolvió a favor de éstos últimos. China firmó un humillante tratado, por el que se cedía Hong Kong al Reino Unido y se abrían al comercio internacional los puertos de Cantón, Amoy, Fu-Chow, Ning-Pu, y Shangai y además se permitían las importaciones de opio. En una estadística, se asegura que las importaciones chinas de opio pasaron de 200 cestos en 1700 a 40.000 cestos en 1840.

En opinión del maestro Basil Lubbock –el hombre, que más y mejor ha escrito sobre los clippers, flota del opio en los 25 años de su existencia, (1830-1855)– afirma que dicha flota no excedió de 100 barcos (24 bergantines y 37 goletas) y estaba dividida en clippers, barcos costeros y barcos receptores.

Los clippers eran barcos que estaban construidos especialmente para barloventear contra el monzón. Transportaban la droga desde Bombay y Calcuta, a Cantón y Hong Kong vía Singapur. El mejor opio, era el que se cultivaba en Malwa, por los jefes indios locales. En Patna y Benarés, el opio estaba exclusivamente en manos de la East India Company. El opio turco fue, ocasionalmente, comerciado por barcos americanos.

En el viaje de retorno cargaban especias y ocasionalmente selectas mercancías chinas. Los clippers del opio solían llevar una tripulación abundante por dos razones fundamentales: eran barcos rápidos que necesitaban hombres suficientes para maniobrar con el velamen y, además, ocasionalmente necesitaban más personal para defenderse de los numerosos piratas que había en aquella ruta, especialmente en el mar de la China.

Los capitanes de estos clippers eran, en muchos casos, oficiales de la marina de guerra británica, que en los días de paz que siguieron a 1816, prefirieron una vida activa a la media paga que les abonaba el Estado.

Según el registro efectuado por Basil Lubbock el bergantín redondo “Jamesina”, en 1823, fue el primer buque de la guerra de la flota del opio (382 tons), al que siguieron los también bergantínes redondos “Louisa” en 1828 (162 tons) y el “Falcon I” en 1830, seguidos del clipper “Red Rover” en septiembre de 1903 tras el naufragio del “Louisa”.

Otro barco de particular relieve, fue el bergantín-corbeta “Falcon”, un barco excepcional que había sido construida por Lord Yarborugh en Cowes, en la isla de Wight en 1815, como buque de guerra experimental. Había tomado parte en la batalla de Navarino. Participó en el comercio del opio desde 1840 a 1855, siendo su armador la famosa firma Jardine Matheson. & Co.

Los primeros clippers del opio americanos, que compitieron con los ingleses, fueron las goletas “Anglona” y “Mazeppa” construidas en Nueva York en 1840 y la también goleta ”Zephyr”, construida en 1842 en Boston.

En la década de los 50, el tráfico del opio en veleros empezó a descender, finalizando hacia 1860, cuando la droga comenzó a transportarse en vapores. “Spray”, “Neva”; “Undine” y “Chin Chin” fueron los últimos veleros empleados en este tráfico.

Cuenta Basil Lubbock, que entre las gentes, que amasaron grandes fortunas, con el opio, había hijos de clérigos, que al retirarse de estas actividades, sucedieron a sus padres en la cura de almas. Otros alcanzaron puestos políticos como miembros del Parlamento.

Basil Lubbock , autor de gran éxito de al menos una docena de libros sobre los clippers, ha escrito lo siguiente sobre los clippers del opio:

“La flota de los clippers del opio, que a lo largo de sus cortos 25 años de existencia, no excedió de 100 buques en su totalidad, estuvo dividida en tres clases de buques: los clippers, los barcos costeros y los buques receptores:

Los clippers fueron barcos construidos para navegar contra los monzones. Transportaban la droga desde Bombay y Calcuta al río Canton y Hong Kong vía Singapur. En los primeros tiempos los clippers, entregaban sus cargamentos a los barcos receptores que esperaban facheando fuera de Macao o en fondeaderos. Después de la guerra del opio y como consecuencia del Tratado de Nanking en 1842, el comercio fue permitido en los puertos de Hong Kong, Canton, Amoy, Foochow. Ningpo y Shanghai.

Los costeros, entregaban la valiosa carga de las cajas de opio a las poblaciones costeras y pesqueras. Desde allí, la carga se transportaba en pequeños bergantines o goletas para atravesar las desembocaduras de los ríos y las barreras de coral. Es posible que entre los buques costeros ocasionalmente interviniese en alguna ocasión juncos chinos para transportar la droga. Reproducimos alguno de estos juncos, posiblemente derivados del famoso junco de troncos de Pechili, que solían estar pintadas de vivos colores y en ocasiones llevaban pintada en la proa una máscara grotesca.

Sin embargo, había una excepción entre los pequeños costeros: la famosa fragata “Falcon” de 351 toneladas, que transportaba la droga a puertos que estaban fuera del tratado y pertenecía a la famosa empresa naviera Jardine, Matheson & Co.

La tercera clase, los buques receptores, eran usualmente embarcaciones con amplios espacios para alojar las cestas de droga, que disponían de armas para defenderse, en caso de un ataque inesperado.

Clases de clippers, que intervenían en el tráfico de opio:

La forma y líneas de los clippers construidos en Calculta, seguían dos tipos de modelos diferentes. El primer tipo copiaba los planos del “Red Rover”, que era una réplica exacta de barcos piratas americanos y era un bergantín redondo construido en Cowes en 1815. El segundo tipo seguía las líneas del “Sylph”, fue diseñado especialmente para el comercio por Sir Robert Seppings, supervisor de la Royal Navy”.

Además existía otro tipo de clipper del opio, que probablemente influyó en los astilleros de Hooghly y que era la goleta Syed Khan, que en opinión de Lubbock era sin duda un modelo de barco negrero de Baltimore. También se construyeron clippers del opio en Bombay. Algunos de ellos eran considerados muy marineros y de líneas elegantes. Reproducimos alguno de los veleros que formaron parte de éste tráfico, que en su totalidad alcanzó una cifra en torno a los cien veleros y que comenzó en 1823 con el bergantín redondo “Jamesina” de 362 tons. y terminó hacia 1860 con la goleta “Chin Chin” de 263 tons. Con ello rendimos tributo al maestro Lubbock.

Ricardo Arroyo Ruiz-Zorrilla

LA REAL FUNDACIÓN HISPANIA DE BARCOS DE ÉPOCA

El estudio del sacrificio humano en los Andes encuentra en la cordillera aledaña a Santiago un sitio extraordinario, tanto por su ubicación como por el hallazgo funerario que allí se hizo de un niño. Llegamos hasta el lugar, a 5400 metros de altura, intentando entender más a fondo el mundo de los incas.

En Febrero de 1954 que un grupo de arrieros chilenos descubrieron en una de las cumbres mas altas de la Cordillera de los Andes frente a Santiago, el cuerpo congelado de un niño del Imperio Inca que fue sacrificado como parte de un ritual religioso.

La noticia del hallazgo impactó a Chile y recorrió el mundo. La “momia” del cerro El Plomo fue el descubrimiento arqueológico realizado a mayor altura hasta esos momentos (5400 m sobre el nivel del mar) y constituyó el inicio del interés de científicos por la arqueología de las cumbres andinas y los santuarios de altura.

Desde principios del siglo XX, arrieros y andinistas sabían de la existencia de ruinas en la cumbre del cerro El Plomo, las cuales eran conocidas como “Pircas de indios”. La primera noticia de una ascensión deportiva data de 1896, cuando dos alpinistas europeos creyeron ser los primeros en intentar la hazaña de llegar a su cumbre. Enorme debe haber sido su sorpresa al encontrarse con las ruinas del santuario inca, y entre éstas, una lata de sardinas.

En las siguientes décadas algunos arrieros y andinistas excavaron parcialmente las ruinas y descubrieron varias figuritas antropomorfas y de camélidos en oro, plata y conchas marinas tropicales. El rumor de que en las cercanías de El Plomo se encontraba “un tesoro escondido” por los incas, cundió entre arrieros y mineros.

El hallazgo

Guillermo Chacón fue uno de esos hombres que pasaron gran parte de su vida recorriendo la cordillera. Ascendió varias veces El Plomo y encontró parte de la figuritas antes mencionadas. Pero Chacón soñaba con hallar algo todavía más fantástico.

En el verano austral de 1954 guió una de sus últimas expediciones a el cerro El Plomo. Debido a su edad no llegó a la cumbre, pero los acompañantes siguieron sus instrucciones y, venciendo el frío glacial, los fuertes vientos y los malestares de la altura, alcanzaron el lugar indicado.

Al cavar hasta la base de una de las ruinas encontraron enterrado el cuerpo de un niño. Estaba sentado en el suelo, con los brazos enlazados en torno a sus piernas y su cabeza reposaba sobre el hombro y brazo derecho. Antes de dormirse para siempre cubrió sus piernas con su corta túnica, tratando de protegerse del intenso frío. Sus ojos estaban cerrados y parecía que dormía plácidamente. La muerte debió sorprenderlo en el sueño.

Debido a la importancia del descubrimiento, expertos del Museo Nacional de Historia Natural y la Universidad de Chile realizaron una expedición al cerro El Plomo en los primeros días de Abril de 1954. Esta fue integrada por arqueólogos como R. Schaedel y Alberto Medina Rojas, pero debido a una tormenta de nieve, no pudieron alcanzar las ruinas del santuario. El invierno se acercaba y fue imposible realizar un nuevo intento.

Afortunadamente, los integrantes de la expedición, encabezados por Luis Krahl, alcanzaron las ruinas y entregaron a los especialistas importantes descripciones y material arqueológico. Una vez en Santiago y en conjunto con la arqueóloga doctora Grete Mostny, se realizó un apasionante estudio sobre el hallazgo.

Identificación

En esta investigación se concluyó que el cadáver pertenecía a un niño de sexo masculino de unos ocho años de edad. Sus características raciales son las andinas y probablemente perteneció a alguna de las etnias del altiplano, cerca del lago Titicaca, debido a ciertos rasgos físicos y adornos de su ajuar.

Su perfecto estado de conservación se debe al hecho de haber estado sepultado en un suelo permanentemente helado, lo que impidió su descomposición y desecación. Al observar la piel en un corte histológico, se comprobó que era igual que la de un cuerpo recién muerto. El proceso de momificación natural comenzó con el traslado del cuerpo a otras condiciones climáticas.

El niño llegó vivo a la cumbre y ante la falta de lesiones internas o externas, se supone que murió por congelamiento después de haber ingerido algún narcótico o posiblemente alcohol. En este estado de semi inconsciencia debió ser depositado en su tumba, donde permaneció por unos 500 años.

A casi tres décadas de este importante descubrimiento, ningún arqueólogo había ascendido hasta las ruinas del santuario inca. Por esta razón, mientras era estudiante de cuarto año de arqueología (1981) en la Universidad de Chile, decidí realizar una expedición al cerro El Plomo y continuar los estudios.

La investigación, además del estudio in situ del santuario de altura, pretende explicar su significación dentro del contexto religioso y del mundo andino precolombino, su relación con otros santuarios y su modo de articulación con el proceso de conquista e incorporación del valle de Santiago al Imperio Inca.

Hasta octubre de 1983 se habían podido realizar cinco expediciones a la alta cordillera de Santiago gracias al apoyo de dos clubes de andinismo, el Museo Nacional de Historia Natural y mis compañeros de la Universidad de Chile.

Expedición

Estas expediciones lograron sus objetivos, más por el empuje y determinación de sus miembros que por los precarios medios con que contábamos para un trabajo de tal naturaleza: llevando en nuestras espaldas el peso para siete u ocho días de montaña, acampando hasta una altura de 5200 m y resistiendo el frío, fuertes vientos y repentinas tormentas. A pesar de lo anterior, descubrimos nuevos conjuntos de ruinas y hemos acumulado una importante cantidad de datos que estamos analizando.

En relación a las ruinas del santuario, podemos decir brevemente que existen dos grupos principales de estructuras en piedra cerca de la cumbre. El primer grupo, conocido como “Adoratorio”, consiste en una plataforma circular de unos 9 metros de diámetro por un metro de altura y en su centro tiene una cavidad casi circular de dos metros de diámetro. Ya casi en la cumbre y a 5400 m de altura se emplaza el segundo grupo conocido como el “Enterratorio”, constituido por tres pircas rectangulares de un promedio de 6 metros de largo, 2 de ancho y unos 80 cm de alto, en una de las cuales fue sepultado el niño sacrificado.

Ya en la base del cerro El Plomo, en el valle interandino de Piedra Numerada y a una altura de 3400 m, existe otro conjunto de ruinas que incluye cinco recintos con muros de piedras y una plataforma del mismo material. Estas estructuras se ubican frente a una cascada, donde prácticamente nace el río Mapocho, que más tarde atraviesa la ciudad de Santiago.

Posiblemente la función de estas ruinas fue la de guardar víveres, ropas y ser refugio para los sacerdotes y peregrinos del culto. Al registrar las ruinas encontramos fragmentos de cerámica y un adorno en miniatura tallado en hueso. Sin embargo, en los últimos decenios este lugar ha sido ocupado por mineros, alterándose parte de su estructura original.

¿Cómo podemos explicar la presencia de este centro ceremonial y el sacrificio humano del ritual religioso? Para aproximarnos a una explicación es necesario ubicarse en el contexto cultural e histórico en el cual se desarrollan las sociedades andinas antes de la invasión española.

Los Incas

El Imperio Inca tiene su base histórica en la formación del Estado Cuzqueño. Gracias a su ubicación geográfica, al control e intercambio de la producción agropecuaria y textil, y a su organización social y militar, logró en casi dos siglos dominar políticamente los territorios comprendidos entre Ecuador y Chile Central, incluyendo importantes zonas transandinas como el NO argentino.

Su estructura económica tenía como elementos principales la agricultura extensiva del maíz y de tubérculos como la papa; la crianza de camélidos como llama y alpaca, y una relativa especialización del trabajo agrícola, pecuario-textil, cerámico y metalúrgico.

Su estructura social y política tenía como base el ayllu, que consistía en una comunidad de agricultores, pastores o pescadores, o una combinación entre éstos, relacionados por vínculos de parentesco y el trabajo comunitario. Estos ayllus estaban sometidos a una organización imperial en beneficio del Cuzco, debido a una coerción o conquista militar. El imperio se articulaba mediante dos mecanismos básicos: la reciprocidad en un nivel económico, sociopolítico y religioso; y la redistribución del excedente económico de los distintos grupos productores al interior del sistema imperial.

En los últimos decenios y gracias al aporte de antropólogos, etnohistoriadores y arqueólogos, hemos podido aproximamos a la complejidad del hombre andino. Respecto a su cosmovisión podemos decir que creían que el universo había sido creado por una fuerza vital y que se encontraba dividido en tres mundos o espacios vitales. “El Mundo de Arriba”, donde residían las divinidades mayores como el Sol, la Luna, las estrellas y el rayo; “El Mundo de Aquí”, donde residían los hombres, los animales y los espíritus de éstos; y “El Mundo de Abajo”, donde habitaban los muertos y las fuerzas que germinaban la tierra.

Los primeros hombres que poblaron los Andes -según los incas- salieron del mundo de abajo por las oquedades de la tierra: cavernas, montañas y volcanes, lagunas y lugares donde brotaba el agua. Estos sitios eran conocidos como “pacarinas”, cuyo verbo quechua significa surgir, amanecer, luz de aurora. Cada ayllu, cada comunidad andina tiene y venera su “pacarina”. Allí reside el espíritu guardián de la comunidad. De esta manera comprendemos mejor cómo las montañas se transforman en un lugar sagrado para la comunidad, lugar en el cual los hombres se conectaban y comunicaban con el mundo de abajo, y convirtiéndose por tanto en un lugar especial para invocar a las divinidades mayores, como el Sol o las estrellas del mundo de arriba.

La mayoría de los ayllus del mundo andino decían provenir de una u otra montaña, y éstas estaban unidas entre sí por lazos de parentesco religioso, lo que fortalecía los mecanismos de reciprocidad e intercambio entre las comunidades.

El sacrificio

Los incas no sólo organizaron social y económicamente su imperio, sino que también estructuraron una religión que unificara ideológicamente a sus miembros y fortaleciera el poder del Inca. A medida que el imperio crecía territorialmente el Inca imponía sobre las divinidades de cada región el culto al Sol, Inti, deidad imperial y paternal del cual se decía hijo. En este contexto podemos situar mejor una explicación del sacrificio humano en los Andes y en particular del realizado en la cumbre del cerro El Plomo.

La conquista inca de Chile Central se realizó alrededor de 1470-1480, con Topa Inca Yupanqui y luego con su hijo Huayna Capac. El fértil territorio de los valles de Aconcagua y Santiago era importante por sus recursos humanos y mineros, sin embargo, la fuerte resistencia que opusieron los habitantes de Chile no permitió que la dominación fuera muy profunda. Huayna Capac llegó sólo hasta el río Maule.

Una vez ocupado militarmente el valle de Santiago, se abrió una puerta al extenso llano longitudinal que se prolonga por más de mil kilómetros al sur. Este llano, situado entre cordillera y mar, se encontraba profusamente poblado por grupos mapuches (llamados araucanos por los españoles). Su organización social se caracterizaba por la ausencia de un poder político centralizado -salvo en caso de guerra- y su economía se basaba en la horticultura, la recolección y la caza, aunque los grupos del norte tenían una incipiente agricultura de regadío.

Este tipo de economía no permitía la existencia de comunidades sedentarias, determinando la dispersión y movimiento espacial de los distintos grupos mapuches. El valle de Santiago o Mapocho se convirtió así en un reto a la expansión del Imperio Inca.

Como una forma de asegurar el dominio se trajeron colonos o “mitimaes” de otras provincias del imperio, quienes en principio eran los encargados de enseñar nuevas técnicas agrarias, textiles y cerámicas, pero en el fondo su papel era controlar y adoctrinar a la población local, quienes al adoptar una nueva ideología ofrecían una menor resistencia al dominio inca.

Cerro El Plomo

El cerro El Plomo, por su altura (5430 m), gran tamaño y extensos glaciares, domina toda la región y probablemente tuvo alguna significación religiosa para los indígenas locales. Tal importancia se acrecentaba debido a las acequias o canales de regadío que se sacaban del río Mapocho y su posición respecto al solsticio de invierno.

En el Imperio Inca el sacrificio humano fue un elemento básico en la política integradora y en la organización socioeconómica del imperio. La ceremonia, llamada “Capacocha”, era uno de los ritos más solemnes y participaban en él la mayor cantidad de individuos de todas las regiones; estaba dedicada al soberano y tenía lugar sólo excepcionalmente, por ejemplo, por la coronación del Inca, el nacimiento de un hijo suyo, una gran victoria o acontecimientos que ponían en peligro la salud del inca o su poder.

Las ofrendas consistían en niños de hasta 10 años de edad, figuras antropomorfas y zoomorfas en oro, plata y conchas marinas; textiles y cerámicas especialmente confeccionadas para el ritual. Las ofrendas eran trasladadas por los curacas, jefes locales y sacerdotes desde su lugar de origen hasta el Cuzco. A cada hombre que estaba en edad de producir le tocaba llevar por un instante parte de las ofrendas. Una vez que llegaban al Cuzco, no sólo se trataban asuntos religiosos, sino que se aprovechaba el momento para discutir temas militares y de planificación de la economía. Al mismo tiempo, se decidía la redistribución de las ofrendas a todos los lugares sagrados y santuarios del Imperio.

Las ofrendas eran destinadas preferentemente al Sol como tributo y en señal de alianza. En los santuarios y lugares sagrados en que se inmolaban o sepultaban las ofrendas, el Inca se comunicaba con el Sol y la divinidad le entregaba virtudes mágicas y el poder de dar a su pueblo bienes materiales. Un miembro del imperio, un productor, entregaba su hijo al Inca para ser sacrificado al Sol, y el soberano le daba a cambio algunos bienes económicos, prestigio social y los poderes mágicos, vitales para continuar la producción y la vida en la Tierra.

De esta manera, la “Capacocha” se convertía en un sistema de control social y cultural en manos del Estado y garantizaba la unidad imperial. Por su parte, la víctima, el niño sacrificado, se convertía en una momia sagrada, quedando dotada de poderes vitales y fecundantes.

Así, el sacrificio de un niño en la cumbre del cerro El Plomo no se nos presenta aislado y se explica como parte de un ritual que describe cómo una sociedad enfocó su propia manera de ser.

Osvaldo Silva, Prehistoria de América. Edit. Universitaria, 1977.
( Publicado en Revista Creces, Agosto 1984 )

Murió, a los 98 años, una buena mujer. Irena Sendler,  la polaca que,  como el empresario alemán Oskar Schindler, salvó a miles de judíos de las garras de los exterminadores nazis.

Era el año 1940 y los alemanes masacraban a la población judía de Polonia. Encerraron a casi 450.000 personas en el gueto de Varsovia y los iban sacando, como ganado, con destino a trenes que los llevaban a las cámaras de gas..

En ese escenario dantesco, una red de la resistencia polaca, entre quienes estaba Irena, hacía llegar alimentos, medicinas y vestidos a los allí encerrados. Irena y sus compañeros, miembros de Zegota -Consejo de Ayuda a los Judíos-  ayudaban en lo que podían pero no eran capaces de evitar lo peor, los continuos traslados a los campos de exterminio.

Para evitarlo, Irena se involucró aún más y comenzó a sacar de allí a miles de niños, hasta 2.500, escondidos en maletas que eran introducidas en camiones de basura, de bomberos o sacadas a mano por personas que tenían acceso al gueto. Hasta en ataúdes consiguió esconder y sacar del gueto a algunos niños.

Los pequeños fueron albergados en casas de familias católicas y conventos y recibieron una nueva identidad. Para recordar sus verdaderos nombres y familiares, Irena enterró, junto a un manzano del jardín de su vecina, latas de conserva con listas de las identidades reales de aquellos pequeños.

Irena, que ya antes de la Segunda Guerra Mundial trabajaba como asistenta social ayudando a las familias judías pobres de Varsovia, fue descubierta por la Gestapo el 20 de octubre de 1943.  Torturada, no reveló los nombres de quienes la ayudaban ni el paradero de los niños.  Fue condenada a muerte -condena habitual entonces por ayudar a los judíos- y, mientras era llevada al patíbulo para ser ejecutada, un oficial alemán que se había pasado a la resistencia polaca la salvó en el último momento con la excusa de que quería hacer un interrogatorio “adicional”. Al día siguiente su nombre figuró en la lista diaria de ejecutados.

Irena continuó participando en las actividades de la resistencia, con otra identidad, hasta la liberación de Varsovia por las tropas soviéticas del mariscal Zhukov. Tras la guerra, siguió ayudando a los desfavorecidos como supervisora de orfanatos y casas de jubilados. En 1965 el Estado israelí la nombró “Justa entre las naciones”, título concedido por el Instituto Yad Vashem israelí a los gentiles que ayudaron a salvar a ciudadanos judíos durante el Holocausto.

Hollywood, que ya huele el negocio, prepara una película sobre su vida. Estará basada en la biografía “Irena Sendler: the mother of the Holocaust Children”, del autor Lawrence Spagnola.  Polonia la propuso el año pasado para el Nobel de la Paz, que finalmente fue otorgado al ex vicepresidente de EE.UU.  Al Gore por su campaña a favor del medio ambiente.

Con un lema sencillo y humano explicaba por qué arriesgó su vida durante la Segunda Guerra Mundial: “Me educaron con la idea de que hay que salvar al que se ahoga, sin tener nunca en cuenta su religión o su nacionalidad”.

Irena, apenas conocida fuera de Polonia, como sucedió con el ahora famoso Schindler, quien murió en Alemania en la pobreza, debe su relativo anonimato a la dictadura comunista que gobernó su país durante la Guerra Fría.  Sus ideales católicos no compaginaban con los comunistas que se imponían entonces desde el poder. Polonia se corrigió en 2003 concediéndole la Orden del Águila Blanca, la más alta distinción del país europeo.

Por:  Idafe Martín
Fuente: BRUSELAS. ESPECIAL PARA CLARIN

Fue uno de los primeros asesinos en serie y sus crímenes causaron alarma pública en Valparaíso

La historia y mito de uno de los primeros asesinos en serie de Valparaíso, Emile Dubois, será llevada a la pantalla grande, en un guión que está preparando Patricio Manns, en base a su novela recién lanzada.
La singular personalidad de este francés, que llegó a Valparaíso con papeles colombianos, ha dado para una infinidad de libros, reportajes y tesis de prueba en diversas universidades. Una de las obras más importantes que se han escrito sobre su vida pertenece al periodista Abraham Hirmas, “Emile Dubois, un genio del crimen”, editada por Zig Zag en 1967. A ella se suma la novela de Manns, “La vida privada de Emile Dubois”.
“El criminal del siglo”, como fue calificado por Claudio Solar en una serie escrita en 1981, jamás confesó ninguno de los delitos que se le atribuían, especialmente los tres sangrientos homicidios. Se le califica como asesino en serie porque en ellos había varias constantes. Sus víctimas eran extranjeros o descendientes de éstos, comerciantes o profesionales y empleaba un “tonto” de goma y una daga, ensañándose en sus víctimas, destruyendo el lugar y robando especies de valor.
Tres asesinatos se le atribuyeron. Uno en Santiago y dos en Valparaíso, aparte de diversas tentativas de asesinatos y robos.

Los crimenes

El primer asesinato del que se le culpó fue cometido en Santiago el 7 de marzo de 1905, y su víctima fue Ernesto Lafontaine, contador general del molino San Pedro, en sus oficinas ubicadas en calle Huérfanos. Fuera del robo, todos los muebles fueron destrozados.
El 4 de septiembre del mismo año, ya en Valparaíso, es asesinado en la bóveda de su almacén de importaciones de calle Blanco, el comerciante de 65 años de edad, Reinaldo Tillmanns.
El 14 de octubre del mismo año, corre igual suerte un acaudalado y conocido comerciante alemán, de 55 años de edad, Gustavo Titius. Hubo robo, pero esta vez no se dio a la tarea de destrozar muebles.
El 4 de abril de 1906, en la puerta del domicilio del Pasaje Ludford de Valparaíso, agredió a puñaladas al comerciante francés Isidoro Challe, quien se recuperó más tarde de las heridas.
El 2 de junio de 1906, como a las 18.30 horas, se encontraba en su estudio el dentista norteamericano Charles Davies, ubicado en la plaza Aníbal Pinto, donde hasta hace algunos años estuvo la casa Jacob, cuando escuchó ruidos extraños en la puerta de calle, sorprendiendo a un individuo que trataba de ingresar. Increpado por Davies, el hombre negó tener malas intenciones, pero cuando conversaban, Dubois extrajo un garrote de goma y le asestó un golpe en la cabeza. Sin embargo, esto no abatió al corpulento dentista, quien comenzó a dar fuertes gritos de auxilio, lo que motivó la concurencia de varias personas, pero el atacante se dio a la fuga.
Escapó raudamente por la calle Melgarejo, perseguido por transeúntes y un guardián de facción en la plaza Aníbal Pinto, quienes gritaban “¡al pillo, al pillo!”. Frente al pasaje 6, fue tomado por el guardián. Sin embargo, logró zafarse y siguió su carrera hasta Errázuriz, donde finalmente fue capturado.

Alarma y preocupación

En el cuartel de policía dijo llamarse Emile Dubois Morales o Murralley, que era ingeniero de minas, incluso portaba tarjetas de visita como tal. En su huida había dejado caer una daga de acero que se ataba a la muñeca, un manojo de llaves ganzúas, el “tonto” de goma y una linterna.
El detenido tenía 38 años de edad y aseguró que había nacido en Francia, aunque arribó al país con que papeles que señalaban como lugar de nacimiento Bogotá, Colombia.
Los asesinatos, por cierto, causaron alarma y preocupación en la comunidad porteña.
Con grandes caracteres, El Mercurio de Valparaíso tituló el asesinato de Titius: “Nuevo crimen en el centro comercial. El señor Gustavo Titius asesinado en su oficina. Cómo se encontró el cadáver. Las primeras diligencias de la justicia. Quién era la víctima. Indignación pública por el suceso”.
En efecto, los dardos fueron directamente hacia la policía, a tal punto que algunas publicaciones incluían caricaturas ridiculizando a los jefes policiales. En tanto, más de dos mil personas presentaban solicitudes para cargar armas, a fin de defenderse del despiadado asesino.

Declaraciones a la prensa

Una hora antes del fusilamiento, Dubois formuló declaraciones a los periodistas, entre los que se encontraban dos representantes de “La Nación” de Buenos Aires.
Nuestro diario reprodujo, entre otros, el siguiente diálogo, que reflejaba la pasmosa tranquilidad de Dubois:
“Nos dirigimos entonces a hablar con Dubois. Al vernos, éste exclamó:
“Han llegado ustedes muy temprano, la ceremonia será a las 8”.
-Sí, Dubois, hemos venido cumpliendo con nuestro deber.
“Ah, ya lo sé, el deber de contar todo, es muy natural, hoy es lo más interesante”.
– Usted demuestra mucho valor, le dijimos.
“Ah, no; el valor lo demostraré más tarde, aún estoy en mi celda; cuando esté ante la boca de los rifles, entonces estaré valiente, aquí todavía no hay peligro, aquí estoy tranquilo. En mi vida he sentido el silbido de las balas muchas veces, hoy sentiré su efecto”.
– No queremos molestarlo más. Adiós Dubois, valor.
“Antes me decían ustedes, “hasta otro día”, hoy me dicen “adiós”, tienen mucha razón. Adiós, señor”.


Frente al pelotón de fusilamiento

La acuciosa investigación de la policía y del juez Santiago Santa Cruz, y la evidencia reunida, motivaron la pena capital para Dubois, luego de que por algún tiempo, luego del terremoto de agosto de 1906, la opinión pública se olvidara un tanto del caso.
El fusilamiento se llevó a cabo en las primeras horas del 26 de marzo de 1907, en la herrería de la cárcel de Valparaíso, en medio de la expectación del público, de los propios presos y de la prensa.
El Mercurio de Valparaíso dispuso toda su primera plana para un pormenorizado relato de las horas previas y posteriores a la acción del pelotón de fusileros, incluyendo una entrevista al francés.
Cuando enfrentó a los fusilero, se negó, con una presencia de ánimo a toda prueba, que le vendaran los ojos, y luego pronunció un tranquilo discurso a los presentes, terminando con la palabra, en tono de orden: ¡Ejecutad!
El día anterior se había casado en la cárcel con su conviviente Ursula Morales, que no escatimó esfuerzos para lograr el perdón o indulto de Dubois. En el mismo acto reconoció a su pequeño hijo. Sus restos fueron sepultados en algún lugar del cementerio de Playa Ancha. En el sitio en que la tradición dice que están sus restos, se ha iniciado, desde hace muchos años, una veneración por Dubois, y son innumerables la placas y testimonios de los favores concedidos por la “animita”.

El discurso

En los instantes previos a la ejecución, Dubois se mostró altivo, pero cortés y a veces sonriendo, causando sorpresa entre los presentes. De pronto, y como quien recuerda algo, mientras fumaba un puro, dijo:
“Público, tengo que hablaros de algo…”
Dijo que había sido condenado injustamente por el magistrado Santa Cruz y que su solicitud de indulto había sido denegada por el presidente Montt.
“Se necesitaba un hombre que respondiese de los crímenes que se cometieron, y ese hombre he sido yo. Muero pues inocente, no por haber cometido esos crímenes, sino porque esos crimenes se cometieron.
Luego sonó la descarga. Enseguida, el tiro de gracia.
Dubois había muerto y nacía el mito.

ALFREDO LARRETA
http://www.mercuriovalpo.cl/

“La Guerra de la oreja de Jenkins”  o el  “Sitio de Cartagena de Indias”  fue el último episodio, o desenlace, de uno de tantos conflictos armados entre España y Gran Bretaña, ocurrido durante el siglo XVIII.

En la época para los ingleses era muy importante disponer de plazas fuertes en tierra firme del Golfo de México, que querían convertir en inglés y en el que ya disponían de algunas islas. No era la primera vez que intentaban poner pié en la costa, atacando ciudades o puertos poco protegidos, algunas veces con éxito momentáneo pero que siempre fueron reconquistados por los españoles. Como fondo de la cuestión estaba el dominio de los mares, que los españoles ostentaban desde hacía siglos y el Reino Unido quería (y estaba en camino de) obtener.

Dentro de este panorama, los problemas del contrabando y el corso en el Caribe eran corrientes en la época y afectaban por igual a ambas potencias, aunque con ventaja española. Los ingleses reconocen haber capturado 231 buques españoles frente a 331 ingleses capturados por los españoles, hasta septiembre de 1741, mientras que los recuentos españoles hablan de 25 frente a 186, y aunque pueden ser cifras infladas, ambos recuentos reconocen ventaja para los españoles.

La historia inglesa conoce esta guerra por el nombre de Guerra de la Oreja de Jenkins. Y precisamente uno de los muchos problemas de contrabando, ocurrido en 1738, fue el que dio origen a este curioso nombre, cuando un guardacostas español, al mando del capitán Julio León Fandiño,  apresó en el Caribe a un capitán contrabandista inglés, Jenkins, y en castigo le cortó una oreja al tiempo que le decía: “Ve y dile a tu Rey que lo mismo le haré si a lo mismo se atreve”.

En octubre de 1739, tras conocerse el incidente de la oreja, en el Parlamento británico se consideró la frase de Fandiño una ofensa al rey, merecedora de la declaración de guerra a España; es decir, una ocasión más para conseguir el ansiado predominio de los mares.

La guerra

El almirante Sir Edward Vernon, atacó Portobelo en el itsmo de Panamá- escasamente defendido- con éxito (este suceso da nombre a la calle Portobello Road, en Londres) mientras las fuerzas del Comodoro Anson, con el navio “Septentrión” y dos buques menores acosaba las colonias del Pacífico Sur, como maniobra de distracción, pero sin producir daños apreciables.

Tras ese triunfo inicial, Vernon decidió dar un golpe más importante, para lo que reunió una formidable flota de 186 buques, con 23.600 hombres, armada con 2.000 cañones, que salió desde Port Royal (Jamaica) y llegó a principios de marzo de 1741 a Cartagena de Indias, la ciudad más importante del Caribe, a la que llegaban todas las mercancias del comercio entre España y las Indias. La flota era, probablemente, la más grande jamás reunida (superaba en más de 60 navíos a la Gran Armada de Felipe II).  “La historia no volvería a ver una batalla anfibia de tal magnitud, hasta el desembarco de Normadía dos siglos después”.

La ciudad estaba defendida por Blas de Lezo, marino con experiencia en batallar con los ingleses, que disponía solamente de unos 3.600 hombres y de una flota de 6 buques. La mayor experiencia de Lezo en batalla, que produjo entre los ingleses bajas muy grandes en las batallas y las enfermedades que se produjeron entre los tripulantes de la flota inglesa (porque los españoles no los dejaban desembarcar), acabaron con un completo desastre para los atacantes, que se retiraron el 20 de mayo de 1741. Habían perdido tantos hombres que, al retirarse, tuvieron que incendiar algunos navíos por falta de tripulantes.

Sin embargo, Vernon había enviado ya mensajes a la Gran Bretaña diciendo que había sido un triunfo, y hasta se llegaron a acuñar medallas en las que se representaba a Lezo de rodillas entregando su espada a Vernon (que llegaron a circular por España con gran burla de la gente). Pero los ingleses empezaron a preguntarse cuando volverían los navíos y hombres que faltaban, y se descubrió la verdad, por lo que el rey Jorge II de Inglaterra, avergonzado, prohibió a sus cronistas que hicieran mención alguna de tal suceso. Vernon murió en 1757, repudiado y olvidado por su pueblo.

Tal “olvido oficial” resultó nefasto para el almirante Nelson que, convencido de que los españoles sabían construir buques, pero no pelear, intentó tomar Santa Cruz de Tenerife (56 años después, en julio de 1797), perdió un brazo, 1500 hombres y salió derrotado.

Como resultado de esta batalla quedó afirmado el dominio español sobre los mares durante 60 años más (que perdería definitivamente en la batalla de Trafalgar). Y además,  no acabaron ahí los descalabros ingleses en el golfo, pues en 1781, el gobernador español de la Luisiana, Gálvez, consiguió echarles de la última colonia inglesa en tierra firme del Golfo, la Florida, lo que fue confirmado por el Tratado de Versalles (1783), quedándose nada más que con la isla de Jamaica.

La Guerra de la oreja de Jenkins se continuaría en la Guerra de Sucesión Austriaca.

Fuente: Enciclopedia Militar El Gran Capitán


UN BLOG SUMAMENTE ECLÉCTICO

BIENVENIDOS AL FARO…

farolado155.jpg

Espero -con gran ilusión- recibir vuestras colaboraciones, comentarios, fotos, vivencias y correos, que puedan ayudarme a ir desarrollando este Blog. El Faro del Fin del Mundo pretende seguir una línea entretenida y diversa -aunque debo confesar mi debilidad por los temas náuticos- pero, al mismo tiempo, publicando narraciones, poemas y textos de calidad y, por qué no, también con historias divertidas. El humor, no lo olvidemos, es importante en nuestras vidas. Gracias de nuevo.

Luis Irles

ENTRADAS ANTERIORES

Categorías

VISITAS A ESTE FARO DESDE EL 16 DE JUNIO DE 2007

  • 2,644,174 AMIGOS

UN BONITO REGALO DE TONY T., DE “CAFÉ & BLOGS”

betathumbalizrcom1

Nuestro entrañable amigo Tony T., miembro del grupo Café & Blogs, nos ha sorprendido muy gratamente al crear EL FARO MAGAZINE, una bitácora en la que ha comenzado a publicar una selección de artículos aparecidos en este Faro desde su inicio. Desde aquí le damos las gracias por el hermoso detalle que ha tenido con nosotros.

EN NUESTRAS PÁGINAS

FOTOS: "La triste y solitaria vida de los marinos..."

AMICI MIEI: La Barcelona de mi niñez, por Tony Tarazona.

MÚSICA: NOVEDADES: El mejor 'duet' de toda la historia: "Summertime", por Ella Fitzgerald y Louis Armstrong. "Nine Below Zero", "Peces de Ciudad", "Cesária Évora" y mucho más...

POESÍA: "Soliloquio del Farero", de Luis Cernuda.

Member of The Internet Defense League

PREMIOS A ESTE BLOG

-

Premio otorgado por Jon Kepa y su blog "Enseñanzas Náuticas"

Gracias por el premio, navegante de mares de papel.

PREMIO DARDO

Otorgado a este Faro por el blog El mar, qué gran tema para hablar, capitaneado por nuestro colega y buen amigo José, al que quedamos sumamente agradecidos.

PREMIO CALIDEZ

Gracias a Patricia Gómez, Binah, excepcional ser humano y poeta, por concedernos este hermoso premio.

PREMIO AL ESFUERZO PERSONAL

Nuestro generoso e incansable amigo Funkoffizier, de El mar qué gran tema para hablar, vuelve a premiar a este Faro, lo cual nos llena de orgullo y agradecimiento.

PREMIO CAMPANHA DE AMIZADE

Agradecemos profundamente a Jon Kepa, creador del blog Enseñanzas Náuticas el habernos concedido el premio Campanha de Amizade. Muito obrigado, amigo.

luz_premio

Gracias a nuestra amiga Narkia por este bonito premio.

PREMIO OTORGADO POR CAPITANA

dibujo

Nuestra muy querida amiga Capitana nos ha honrado con este bonito premio. Le agradecemos muy mucho el detalle que ha tenido con nosotros.

PREMIO OTORGADO POR TIACHEA Y, NUEVAMENTE, POR JON KEPA

blog_de_oro11

Tiachea, desde su Bitácora de Melusina nos ha honrado con este hermoso premio. Le agradecemos muy sinceramente su hermoso gesto. Así mismo, mil gracias a mi colega y amigo Jon Kepa, que ha tenido la gentileza de volver a compartirlo con nosotros.

PREMIO A LA HONESTIDAD

Premio a la Honestidad_thumb[1]

El Grand Chef de Oídococina!, ha tenido la gentileza de obsequiarnos con un exquisito plato recién salido de sus creativos fogones. Le quedamos enormemente agradecidos por este hermoso detalle.

UN REGALO DE 'TINTERO Y PINCEL'

premio

Nuestra admirada amiga María, cuyo talento artístico puede comprobarse en su blog Tintero y Pincel, nos ha honrado con este simpático "Cracking Crispmouse Bloggywog Award". Un detalle que le agradecemos de todo corazón.

agosto 2017
L M X J V S D
« Jul    
 123456
78910111213
14151617181920
21222324252627
28293031  

SANTIAGO DE CHILE

stgo-antiguo.jpg 1948

stgomoderno.jpg 2007

TIERRA SENTIDA

murcia.jpg

OBRAS DEL ARTISTA SEBASTIÁN MÁRQUEZ

valpo1.jpg

valpo2.jpg

valpo3.jpg

valpo4.jpg

valpo5.jpg

valpo6.jpg

BARCELONA

barna3.jpg

goticook.jpg

barna1ok.jpg

COMMONS LICENSE/IBSN/COPYSCAPE


Creative Commons License


Esta
obra es publicada bajo una
licencia Creative Commons

Internet Blog Serial Number 32-12-50-1954

Page copy protected against web site content infringement by Copyscape

AVISO A NUESTROS LECTORES

La publicidad que pudiera aparecer ocasionalmente en este blog (Ads by Google y otros) ha sido contratada unilateralmente por Wordpress.com y no tiene nada que ver con el autor.