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“Me faltan algunos recuerdos todavía.
Estoy seguro de que existen.”

Albert Camus

 

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“Xanadú”, el barco de los sueños.

Mi viejo siempre me lo decía: “Deberías de llevar un diario personal en el que escribir todas tus aventuras”. Jamás lo hice. Posiblemente porque los papeles y el dinero siempre han sido enemigos naturales míos.

Yo, junto con mis compañeros-amigos-hermanos de la época, entre los que, cómo no, se encuentra mi queridísimo Luis Irles (Lucho 4 friends), tuvimos la suerte de pertenecer a una generación que saboreó la última época romántica de la navegación. Creo que es una generación de marinos, salida de la entrañable “Escuela de Náutica” (ahora se llama algo así como “Facultad Superior de Marina Civil”, nombre rimbombante y cursi donde los haya) de Barcelona, irrepetible.

Podíamos navegar en buques como el “Benito” de casco de remaches y calderas y maquinillas a vapor que, con buena mar hacia sus 9 nudos a toda máquina y si teníamos temporalillo de proa iba hacia atrás. Esto era un problema porque no teniamos congelador, de manera que si nos retrasabamos sobre el ETA (Estimated Time of Arrival, no confundir con la banda terrorista), nos quedábamos cortos de provisiones.

El “Benito” (indicativo de llamada: E A A T) era un viejo carbonero de la “Naviera Astur-Andaluza” y el segundo -después del “Genoveva Fierro”- más antiguo de la flota mercante española. Le habían modernizado la superestructura y tenía un inmenso puente y una amplia estación de radio con material americano de la II Guerra Mundial cuyo transmisor era de onda media solamente.

Yo embarqué en él porque siempre me he sentido hechizado por las antigüedades. Recuerdo que comenté a alguien: “Seguro que el viejo va con pantuflas” y, en efecto, acerté.

Afrodisio, Don Afrodisio, el capitán, ya estaba en edad de jubilarse. Asistía al puente con pantuflas y en su guardia (no llevábamos 1er. oficial) su esposa le hacía compañía tejiendo calceta y escuchando los trinos del canario que, encerrado en su jaula, era un serviola más.

En las maniobras de atraque y desatraque la cubierta se llenaba de vapor, se retiraba el canario del puente para que no se enfermase de una corriente de aire y Don Afrodisio salía al alerón con sus sempiternas pantuflas, boina calada hasta las cejas y una bufanda a cuadros que su esposa previamente le habia suministrado. Y, ¡ay de él que no saliese vestido de esa guisa!, tendria resonando en sus oidos la voz de ella: “Afrodisio ponte la bufanda y la boina que te resfrías..!!!”

Más de una noche, estando yo en estado “traspuesto” (como decia mi abuela) en el catre, he notado las manos de Don Afrodisio y su mujer que, con mucho sigilo habian entrado en mi camarote para arroparme.

Que El Jefe tenga en la gloria a los dos. Se lo merecen por nobles y excelentes personas.

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Los amantes del arte suelen aparecer con bastante frecuencia en las novelas de John Banville. El protagonista y narrador de “El intocable” –obra reeditada poco después de haber sido galardonado el escritor irlandés con el Premio Príncipe de Asturias de las Letras de 2014– es, como cabía suponer, un prestigioso historiador del arte. O para ser exactos, uno de los historiadores de arte más famosos e impenetrables del siglo XX, un esteta perteneciente a la alta sociedad inglesa que vivió una vida secreta y sumamente peligrosa.

“El intocable” está basada en la vida de Sir Anthony Blunt, que fue durante muchos años el asesor de arte y curator de la reina de Inglaterra y que admitió públicamente, en 1979, haber sido un espía soviético durante décadas. Banville le da en este libro un nuevo nombre, Victor Maskell. En la actualidad, los novelistas son tan desinhibidos a la hora de escribir biografías de ficción, que es casi una sorpresa encontrarse con una obra en la que las identidades de las personas reales han sido habilmente ocultadas. Otros personajes que aparecen junto a Blunt en esta novela son sus cuatro jóvenes y brillantes compañeros de Cambridge — Kim Philby, Donald Maclean, Guy Burgess y John Cairncross— que también estuvieron infiltrados en el corazón mismo del establishment británico espiando junto a Blunt para la Unión Soviética. En este libro, perteneciente a un género narrativo que los franceses denominan muy acertadamente roman-à-clef, donde las personas reales se presentan bajo nombres ficticios.

John Banville

John Banville

Aunque Banville incluye elementos irreales en esta excelente novela, “El intocable” relata con maestría la vida de Anthony Blunt y la de sus cuatro compañeros comunistas. La supuesta autobiografía arranca en el momento en que el más famoso espía británico es públicamente expuesto como un traidor en la Cámara de los Comunes por la señora Thatcher. Es el quinto hombre del mítico  Grupo de Cambridge y se dispone a enfrentarse a la humillación pública o simplemente a soportarla, como el estoico que siempre ha dicho ser, convertido para siempre en un paria, un «intocable». Pero ya es un hombre viejo, quizás a las puertas de la muerte, y en un último acto de develamiento, o quizás de suprema venganza, decide escribir sus memorias. Será éste un proceso semejante a la restauración de uno de los cuadros que tanto amó, y página tras página irá despojando a la tela de su vida de las infinitas capas de mugre, barniz y pinturas que ocultan otras pinturas, hasta que por fin reaparezca la figura auténtica, o al menos la que más se parece a la verdad.

John Banville, al que George Steiner considera el escritor de lengua inglesa más inteligente y el estilista más elegante de nuestros días, no nos está contando aquí una historia ya conocida de secretismos y conspiraciones, sino más bien un relato representativo de estas inclinaciones humanas. Ser un espía es la forma que tiene Maskell/Blunt de convencerse a sí mismo de que tiene un mundo interior más allá del arte, más allá de la superficial sociedad británica de la época.

 

En numerosos países del mundo –pero muy especialmente en Polonia– se están llevando a cabo diversos actos para conmemorar el bicentenario del nacimiento del genial compositor Frédéric Chopin, que vino al mundo el 22 de febrero de 1810 en la pequeña localidad de Zelazowa Wola (muy próxima a Varsovia) y falleció en 1849 en París, a la temprana edad de 39 años.

La Real Cartuja de Valldemossa

También en Mallorca, donde el compositor vivió junto a George Sand durante el invierno de 1838-1839, las autoridades locales no han escatimado esfuerzos para celebrar por todo lo alto “El Año  de Chopin” y han programado una serie de actos y eventos, especialmente musicales. Anualmente se celebra en esta maravillosa isla mediterránea el Festival de Chopin, que en esta ocasión difundirá la riqueza cultural del pueblo de Valldemossa y su famosa Real Cartuja. En ella vivió Chopin y su acompañante aquella época tan difícil y creativa para el genio polaco. Fue la escritora francesa quien organizó este viaje con sus dos hijos. Su intención era doble: por una parte que la salud de su hijo Maurice, de quince años, mejorase y, al mismo tiempo, poder aislarse de la vida social que llevaba en París y poder dedicarse a la escritura de su nueva novela “Spiridion”, que será editada en 1839. Al viaje se une Chopin.

George Sand escribirá “Un hivern a Majorque”, publicada en 1842, sobre esos tres meses que pasaron en la isla. Pero también en su autobiografía “Histoire de ma vie” (1855) se referirá a su estancia en Valldemossa:

“El pobre genio [se refiere a Chopin] era detestable como enfermo. Lo que yo había temido, aunque no demasiado, desdichadamente sucedió. Se desmoralizó del todo. Aunque era capaz de soportar el sufrimiento con bastante valor, no podía vencer los terrores de su imaginación, para él el claustro estaba poblado de fantasmas, hasta cuando se sentía bien. No decía nada, pero yo me daba cuenta. Cuando regresaba con mis hijos de mis exploraciones nocturnas por las ruinas, lo encontraba a las diez de la noche delante de su piano, pálido, con los ojos extraviados y los cabellos revueltos. Necesitaba unos minutos para reconocernos.

Enseguida hacía un esfuerzo para sonreír, y nos hacía escuchar las cosas sublimes que había compuesto, o, mejor dicho, las ideas terribles o desgarrantes que se habían apoderado de él, a pesar suyo, en esa hora de soledad, de tristeza y de terror.

Allí compuso las más hermosas de esas piezas breves que él humildemente llamaba preludios. Son obras maestras. Algunos representaban la visión de monjes difuntos y la audición de cantos fúnebres que lo perseguían; otros son melancólicos y suaves; le brotaban en las horas de sol y de salud, por el rumor de las risas de los niños en la ventana, por el lejano rasgueo de las guitarras, por el canto de los pájaros bajo el follaje, o a la vista de las pequeñas rosas desvanecidas en la nieve.

Algunos otros, además, son de una tristeza lúgubre, y al tiempo que complacen al oído, destrozan el corazón. Hay uno que compuso en una velada de lluvia melancólica, y que echa sobre el alma un pesar temeroso. Sin embargo ese día Maurice y yo lo habíamos dejado muy bien, y nos fuimos a Palma a comprar algunas cosas que hacían falta en nuestro campamento. Vino la lluvia, los torrentes se desbordaron; hicimos tres leguas en seis horas para volver en medio de la inundación y llegamos en plena noche, descalzos, habiendo corrido peligros inenarrables. Nos dimos prisa, pensando en la intranquilidad de nuestro enfermo. Estaba en pie, pero se había limitado a una especie de desesperación apagada, y cuando llegamos tocaba su maravilloso preludio llorando. Cuando nos vio entrar se levantó con un gran grito, y después nos dijo con aspecto conturbado y en un tono extraño:

-¡Ah! ¡Yo sabía que habían muerto!

Cuando se recobró y vio en qué estado estábamos, se sintió enfermo por la visión retrospectiva de nuestros peligros; enseguida me confesó que mientras no estábamos había visto todo como en sueños, y que sin distinguir ya el sueño de la realidad, se había calmado y como adormecido tocando el piano, convencido de que él también estaba muerto. Se veía flotando en un lago; unas gotas de agua pesadas y frías caían lentamente sobre su pecho, y cuando yo le hice oír el ruido de las gotas que, en efecto caían lentamente sobre el tejado, negó haberlas oído. Se enojó por lo que yo llamaba armonía de imitación, protestó con vehemencia, y tenía razón, contra la inutilidad de esas imitaciones para el oído. Su genio se nutría de misteriosas armonías de la naturaleza, volcadas en sublimes equivalente a por su pensamiento musical, y no por una copia servil de los sonidos exteriores. Su composición de esa noche estaba humedecida por las gotas de lluvia que resonaban sobre las tejas sonoras de la cartuja, pero que en su imaginación se habían convertido en lágrimas que caían del cielo sobre su corazón.

Chopin Prelude No.15, Db Major “Raindrop”–Alfredo Perl

Algunas veces había tenido ideas graciosas y más vitales, en su país. Compuso polonesas y romances inéditos de una gracia encantadora y una dulzura increíble. Algunas de sus composiciones posteriores son como lagos de cristal en los que se mira un rayo de sol. ¡Pero qué raros y breves son esos tranquilos éxtasis de su meditación! El canto de la alondra en el cielo y el grácil deslizamiento del cisne sobre las aguas inmóviles son para él como chispazos de la belleza en la serenidad. El grito del águila impotente y hambrienta sobre las rocas de Mallorca, el silbido áspero del cierzo y la sombría desolación de los árboles cubiertos de nieve lo entristecían por mucho más tiempo y más agudamente de lo que lo alegraban el perfume de los naranjos, la gracia de los racimos y la cantilena morisca de los campesinos.”

George Sand: Historia de mi vida (págs. 422 – 425)

Mi querido amigo Francisco, el Marqués de Garriga, me mandó una maravillosa exploración en 3D de “Guernica“, la obra magna de Pablo Picasso, que pueden ver aquí.

Lena Gieseke, una artista de Nueva York, quien domina las más modernas técnicas de la infografía digital, decidió proponer una versión en 3D de la célebre obra y colocarla en Internet, en forma de video.

El resultado es fascinante y nos permite visualizar los detalles que, de otro modo, nos pasarían desapercibidos.  Recomiendo verla en pantalla completa.

“Guernica” es una obra impactante –una tela pintada al óleo de 782×351 cm– que Picasso presentó en 1937 en la Exposición Internacional de París.

La pintura, en blanco y negro, representa el dolor y la tragedia que sufrió la ciudad del mismo nombre por el bombardeo desde aviones alemanes el 26 de abril de 1937.  Esta obra actualmente está expuesta en el Centro Nacional de Arte Reina Sofía, en Madrid.

Jumillano

“Recordar el ayer nos hace nacer. Imaginar el mañana nos hace nacer. Nacemos siempre en el presente. Siempre nacemos,  jamás envejecemos.  Siempre nacemos…”

María Luisa_Bombal

La escritora chilena  María Luisa Bombal Anthes nace en Viña del Mar el 8 de junio de 1910 y muere en Santiago el 6 de mayo de 1980. Su obra, relativamente breve en extensión, se centra en personajes femeninos y su mundo interno con el cual escapan de la realidad. Sus obras más conocidas son “La última niebla” y “La amortajada“.

Inició sus estudios en el Colegio Monjas Francesas, pero tras la muerte de su padre en 1923, se traslada a París donde ingresó, primero, al Convento de Notre Dame de l’Assomption y posteriormente, College Sainte Geneviève. Sus estudios superiores los realiza en la Facultad de Letras de La Sorbonne. Así consigue la Licenciatura en Filosofía y Letras, escribiendo su tesis sobre Próspero Mérimée.

Regreso a Chile en 1931 con intención de escribir para el teatro y luego en 1933 viaja a la Argentina donde vive en casa de Pablo Neruda en Buenos Aires. Allí conoce a Jorge Larco, con quien se casa tiempo después. El matrimonio fue breve tras la temprana muerte de su marido. Fue en Buenos Aires donde también conoció a Jorge Luis Borges y escribiendo para la revista literaria “Sur“, bajo la dirección de Victoria Ocampo, publica sus primeras historias de énfasis psicológico en un estilo que media entre la realidad y un mundo de ensueños.

Es la adelantada del llamado “realismo fantástico“, en que sobresale después Gabriel García Márquez (que declara influencia de sus lecturas de María Luisa Bombal), y últimamente Isabel Allende, también de Chile, que la leía desde niña.

Al igual que Borges, juega con la realidad y la fantasía y en sus obras es difícil distinguir cuándo está hablando lo real, cuándo lo fantástico. Contrapone María Luisa Bombal el terreno de la magia y del sueño de un mundo femenino con la brutalidad de un cierto mundo masculino.

La belleza de sus obras y la imaginación aparte que exploró María Luisa Bombal en sus textos, hacen exclamar al célebre autor house ofargentino Jorge Luis Borges: “No se ha escrito ni se escribirá prosa semejante“. Se devolvió a la distancia en la década de 1980.

En 1935 publicó “La última niebla” y  en el 38 publicó “La amortajada“, por el que obtuvo el “Premio de la Novela de la Municipalidad de Santiago” en 1941.

Ese año, al saber nuevamente de su gran amor -el anticomunista Eulogio Sánchez Errázuriz-  y la noticia de que éste se había casado, le produjo un desequilibrio emocional que la llevó a intentar asesinarlo hiriendolo gravemente: “Al matarlo mataba mi mala suerte, mataba mi chuncho“, diría más tarde.  El destino trágico de María Luisa Bombal se expresó en el despecho por el abandono de su amante Eulogio. Con ocasión de una invitación a su casa con su hermana, decidió suicidarse con una arma de él. Sólo se provocó una herida en el hombro derecho. Fue detenida y posteriormente absuelta por la justicia.

Tiempo después se trasladó a California, ya que Hollywood compró los derechos de “La última niebla“. Trabajó con John Huston, director del proyecto, que convocó a Lauren Bacall y Humphrey Bogart para los roles protagónicos. En 1947 reescribió la novela con el título “The House of Mist”, y escribió el guión de la película, pero el macartismo o caza de brujas, iniciado por senador Joseph R. McCarthy, detuvo los proyectos del director. La escritora abandonó Hollywood, lo que la llevó a radicarse en New York, donde conoció a Raphäel de Saint-Phalle, importante banquero francés perteneciente a la nobleza con el que posteriormente se casó. De esta relación nació Brigitte de Saint Phalle Bombal, única hija de la escritora.

María Luisa Bombal abandonó los Estados Unidos en 1971 tras la muerte de su esposo. Se trasladó a Buenos Aires y posteriormente, en el año 1973, regresó definitivamente a Chile.

En 1974 obtuvo el “Premio Ricardo Latcham” y en 1976 fue condecorada con el “Premio Academia Chilena de la Lengua”. Finalmente, en 1978 ganó el “Premio Joaquín Edwards Bello”.

Sus últimos años los pasó en la casa de reposo de Héctor Pecht. Sumida en el alcohol, visitó constantemente el hospital afectada de crisis hepáticas. María Luisa Bombal falleció el 6 de mayo de 1980 en la ciudad de Santiago de Chile, víctima de una hemorragia digestiva generalizada.

Jean D’Ovigny

A veces parece
que estamos en el centro de la fiesta.
Sin embargo
en el centro de la fiesta no hay nadie.
En el centro de la fiesta está el vacío.
Roberto Juarroz
Cuando a Jorge Luis Borges le preguntaban cuál de sus libros prefería, contestaba que le gustaban más los ajenos, que estaba más orgulloso de sus lecturas que de sus obras. El lector superficial puede ver en las últimas novelas de Enrique Vila-Matas un catálogo de frases más o menos eruditas sobresaliendo sobre la trama; detrás está la admiración o burla hacia los escritores citados, hacia sus posibilidades de ver la realidad, como hace en el libro que nos ocupa al «París era una fiesta» de Hemingway, entre homenaje y mirada irónica.
Los libros que preceden a «París no se acaba nunca» eran complementarios entre sí: Bartleby y compañía se mueve alrededor de los escritores «sin obra», y la premiada «El mal de Montano» nos trasladaba al extremo opuesto, el de los escritores excesivos; en este libro asistimos a un tercer paso que parecía impensable. El protagonista –Vila-Matas en sus dos años parisinos, cuando aún era inédito y «algo imbécil», según dice él mismo­- transita las 230 páginas del libro para conseguir escribir una novela teniendo como referente unas pocas lecturas –Bartleby–, mientras que el escritor que novela todo este proceso incluye citas y referencias
a otros libros y escritores en prácticamente todas las páginas –Montano–. Gracias a esto, encontramos
un libro con un lenguaje visual mucho más marcado que en los anteriores, donde los bloques textuales pueden ser trasladados a imágenes con mayor facilidad, y más referencias hay al lenguaje del cine.
Con este libro que ayer mismo terminé de releer, Vila-Matas vuelve a demostramos que literatura y realidad no están separadas: quizá la realidad sea tan dolorosa que necesite un tamiz para soportarla; quizá ese tamiz perfecto sea la literatura, y quizá sea cierto que como Vila­Matas ha creado alrededor de sí tantos personajes e historias y sus novelas tienen tan fuerte componente autobiográfico, le cuesta marcar fronteras entre la ficción y lo real. Probablemente, y tal como proponía Montano, tales fronteras no existan o sean del todo inútiles.
La singularidad del autor dentro de la narrativa actual vuelve a demostrarse con este libro: a la hora de novelar su autobiografia parcial, deja tan aturdido al lector con estos límites, que uno sólo puede intuir el vacío o la materia que hay detrás de cada palabra. Sin embargo, ¿estamos seguros de que sea una au­obiografia? ¿Qué clase de libro es «París no se acaba nunca»?
Vila-Matas no necesita escribir una autobiografia: en cada uno de sus libros hay retratada una obsesión propia del autor, de la cual trata de liberarse publicándola; sólo hay que ir reuniendo con paciencia sus libros para, en el lejano momento de su muerte, agrupadas alrededor del vacío, en el lugar mismo de la fiesta. Y todo lo que en los libros quede fuera de esas obsesiones es la verdadera biografia de Vila-Matas.
A veces parece
que estamos en el centro de la fiesta.
Sin embargo,
en el centro de la fiesta no hay nadie.
En el centro de la fiesta está el vacío.
Roberto Juarroz

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Enrique Vila-Matas
Cuando a Jorge Luis Borges le preguntaban cuál de sus libros prefería, contestaba que le gustaban más los ajenos, que estaba más orgulloso de sus lecturas que de sus obras. El lector superficial puede ver en las últimas novelas de Enrique Vila-Matas un catálogo de frases más o menos eruditas sobresaliendo sobre la trama; detrás está la admiración o burla hacia los escritores citados, hacia sus posibilidades de ver la realidad, como hace en el libro que nos ocupa al «París era una fiesta» de Hemingway, entre homenaje y mirada irónica.
portada
Las novelas que preceden a «París no se acaba nunca» (Ed. Anagrama, 2003) eran complementarias entre sí: Bartleby y compañía se mueve alrededor de los escritores «sin obra», y la muy premiada «El mal de Montano» nos trasladaba al extremo opuesto, el de los escritores excesivos; en este libro asistimos a un tercer paso que parecía impensable. El protagonista –Vila-Matas en sus dos años parisinos, cuando aún era inédito y «algo imbécil», según dice él mismo­– transita las 230 páginas del libro para conseguir escribir un soberbio texto que tiene como referente unas pocas lecturas –Bartleby–, mientras que el escritor que novela todo este proceso incluye citas y referencias a otros libros y escritores en prácticamente todas las páginas –Montano–. Gracias a esto, encontramos un libro con un lenguaje visual mucho más marcado que en los anteriores, donde los bloques textuales pueden ser trasladados a imágenes con mayor facilidad, y más referencias hay al lenguaje del cine.
Con este libro, que ayer mismo terminé de releer por tercera vez, Vila-Matas vuelve a demostramos que literatura y realidad no están separadas: quizá la realidad sea tan dolorosa que necesite un tamiz para soportarla; quizá ese tamiz perfecto sea la literatura, y quizá sea cierto que como Vila­-Matas ha creado alrededor de sí tantos personajes e historias y sus novelas tienen tan fuerte componente autobiográfico, le cuesta marcar fronteras entre la ficción y lo real. Probablemente, y tal como proponía Montano, tales fronteras no existan o sean del todo inútiles.
La singularidad del autor dentro de la narrativa actual vuelve a demostrarse con este libro: a la hora de novelar su autobiografia parcial, deja tan aturdido al lector con estos límites, que uno sólo puede intuir el vacío o la materia que hay detrás de cada palabra. Sin embargo, ¿estamos seguros de que sea una au­obiografia? ¿Qué clase de libro es «París no se acaba nunca»?
Vila-Matas no necesita escribir una autobiografia: en cada uno de sus libros hay retratada una obsesión propia del autor, de la cual trata de liberarse publicándola; sólo hay que ir reuniendo con paciencia sus libros para, en el lejano momento de su muerte, agruparlas alrededor del vacío, en el lugar mismo de la fiesta. Y todo lo que en los libros quede fuera de esas obsesiones es la verdadera biografia de Vila-Matas.
O. M.

Mucho se ha escrito y mucho se ha hablado de la “aventura equinoccial” de Lope de Aguirre…

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…llamado loco, traidor, peregrino y Libertador, entre otras muchas cosas. Para Unamuno se trataba de “un desesperado consciente de su desesperación”; a Pío Baroja su historia le “producía un poco la impresión que produce a niños Guignol cuando apalea al gendarme y cuelga al juez. A pesar de sus crímenes y atrocidades, Aguirre me era casi simpático” (Las inquietudes de Xanti Andía). Ramón J. Sender, Giovanni Papini, Caro Baroja, Otero de Silva, el primer Fernando Savater, Abel Posse, fueron algunos de los muchos escritores y ensayistas que han tratado este fascinante personaje que después de la película de Werner Herzog tiene para nosotros el rostro delirante de Klaus Kinski; un rostro que no nos haría olvidar el ceñudo de Omero Antonutti (“Padre Padrone”) en la versión televisiva de Carlos Saura (El Dorado), más rica en medios pero muy inferior.

A pesar de que durante mucho tiempo, Aguirre ha figurado entre los “malditos” de la historia, nadie podrá subestimar el relato de alguien que recorrió el temible Amazonas dirigiendo a un grupo de hombres, todos vestidos con cosalete y su loriga, sin apenas dormir, navegando en balsas averiadas. Que llegó hasta el mar, guerreó contra las ciudades del rey Felipe II, al que declaró la guerra por injusto y felón, que creó ciudades y se hizo temer y respetar porque su fiereza y crueldad no conoció límites…

La conquista y la colonización de Latinoamérica fue una aventura llena de grandezas y miserias descomunales., Su objetivo fueron el oro, las posesiones y le conversión de un territorio gigantesco y erizado de dificultades. En su época, finales del siglo XVI, fue como un inmenso polo de atracción para todas aquellas personas que aspiraban a enriquecerse aunque fuera a costa de toda clase de sacrificios. No atrajo a los bien situados, sus protagonistas fueron principalmente los aventureros, soldados, plebeyos, desarraigados misioneros, perseguidos por la justicia… Gente que huía del medio que le circundaba y trataba de hallar algo distinto, la riqueza, el poderío, la influencia, y porque no, otra manera de vivir.

El protagonista inicial de esta aventura es don Pedro de Ursua que había conseguido que el rey le facilitara los medios propicios para emprender la conquista de la ciudad mítica de El Dorado —la encarnación poética de los tesoros indianos-  según Ciro Bayo.

Ursua fue un capitán navarro, agraciado físicamente y con una gran voluntad emprendedora. Su tesón y su gran confianza en si mismo le creó amigos y enemigos. Llegó muy joven a la conquista pero pronto se destacó. Explorará con éxito los territorios de Nueva Granada (Colombia) y fundó las ciudades de Tudela y Pamplona. Después descubrió una mina de oro en el terreno de los indios “chitareros”, redujo a los indios “musos”. Sus éxitos y su seguridad levantaron ampollas y conoció grandes problemas en la región. Tuvo que escapar. Acudió entonces al virrey del Perú, D. Eduardo Hurtado de Mendoza, quien para probarlo le confió una expedición para reducir a los negros cimarrones que mandados por su rey Bayamo amedrentaban a las autoridades españolas. Mostrando su capacidad y su astucia, Ursua logró reducir al rey negro y traerlo encadenado al Perú. Como premio el marqués de Cañete le confió la misión de El Dorado.

Fue él el que la organizó y el que la inició. Tan seguro andaba que no dudo ni en alistar gente de lo más dudoso, ni de transportar a su amante, la hermosa criolla Inés de Atienza, una aventurera. Por ella, Ursua descuidó el mando y creó un clima de animadversión contra él entre los expedicionarios con los que se mostró arrogante e injusto.

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Lope de Aguirre era de otro calibre. Era mayor (nació entre 1511 y 1515) y sólo había conocido frustraciones. No está clara su participación en la rebelión de Gonzalo Pizarro en Perú contra la corona, pero es indiscutible que esta experiencia fue para él decisoria. Alimentó después la convicción de que de haberse orientado bien podría haber “desnaturado” Perú de España. Castigado por el licenciado Esquivel, no se detuvo hasta que lo asesinó. Escapó pintado de negro cuando lo habían condenado a muerte. Participó en el complot de Sebastián de Castilla en Charcas. En 1559 se enteró que se otorga el perdón a los que querían acompañar a Ursua y aparece, entonces, acompañado de su hija Elvira para alistarse.

La leyenda de El Dorado quitaba el sueño a los conquistadores. Hasta los más satisfechos no dudaban que era cierta. Se creía que estaba en algún lugar al gran río Marañón o Amazonas. Aguirre prefería la primera denominación, por eso llamaba a sus soldados “marañones”.

Allí vivía el príncipe Dorado que, como se suele decir, nadaba en oro. El día del gran ceremonial de este pueblo desconocido, el príncipe era cubierto con láminas de oro. Todos los habitantes, todos los edificios rezumaban este preciado metal. Todo parecía posible y todo se ponía en el asador por este empeño mítico. Se ha dicho que el Dorado —palabra universalizada que designa la búsqueda de un tesoro incalculable e inexistente— existió, que fueron en concreto las Minas Geraes del Brasil que -hasta el siglo pasado- dio una grandiosa producción de oro y piedras preciosas. Pero lo cierto es que nadie encontró nunca el sueño de oro que proseguía a través del Amazonas y la indomable selva que le rodea tragándose a todos los que osaban profanarla.

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No voy a entrar en filosofías ni en “pensamientos profundos”, no es esa mi intención, pero para las personas que nos hemos sentido “inadaptados” desde niños y que buscamos desesperadamente la hermandad entre los seres humanos, la pureza de espíritu, la esencia del “naked ape” y la Presencia del Jefe, intuimos que nuestro verdadero hogar está en las islas del Pacífico Sur. Así ha sucedido (y sucederá) con personajes tan dispares como Fletcher Christian, Herman Melville, Paul Gaugin o Jacques Brel -por poner un pequeño ejemplo- entre una multitud de almas anónimas, la mía incluida, que se encuentran unidas por un mismo nexo.

Me viene a la memoria una noche -una de las nítidas, estrelladas y perfumadas noches de “allá abajo”- en que me hallaba en compañía de mi amigo “XYX” bebiendo mai-tais en Bora-Bora mientras que varias tahitianas nos bailaban al son de sus ukeleles. Entrados ya en copas, me confesó que él había sido un gangster que había matado por dinero y que una vez pagada su deuda con la sociedad cumpliendo condena, había -tras innumerables peripecias- venido a parar con sus huesos a esta bella isla. Aquí (allá) se ganaba la vida honradamente paseando a los turistas en un bote de “fiber glass bottom” transparente que permitía ver el bellísimo fondo marino. Me contaba que -dado que el ser humano se mueve y actúa por comparación- una vez cada dos años regresaba a París, a la “civilización”, para poder revalorizar más todo lo que poseía: sus queridas islas.

Y es que a poco que uno tenga alguna fina fibra de sensibilidad, queda atrapado por aquel paisaje y aquellas gentes bondadosas que te hacen sentir que no perteneces a la “sociedad occidental” y que tu mundo es ése y no el otro. Creo que todos me entendéis y no es necesario entrar en descripciones y criticas de toda la hipocresía, avaricia y porquería materialista que ahoga a todo el que vive en el “mundo civilizado”… El que ha vivido en esos paisajes y en ese ambiente, nunca más vuelve a ser el mismo que era antes.

Voy a tratar de definirlo en pocas palabras: Es la transmutación de la pobre alma del moderno alquimista urbanita, también llamado “porcus bipedus” que transforma paisaje y sentimientos en dinero; o, mejor aún: el darse cuenta de que se es poseedor de sentimientos humanos, de sensibilidad y de que no todo son autos, cemento, fútbol y dinero. Que hay un lugar en este maltratado planeta en que todavía existe la pureza de alma y en donde la Obra del Jefe está presente por doquier

Aquella gente es pura en su forma más esencial, pues siendo adultos,conservan la inocencia del niño. La sonrisa siempre la llevan dibujada en sus rostros. A cualquier broma o chiste, responden con sonoras carcajadas y con otra broma y, a poco que seas un “cachondo mental” como era mi caso, te ofrecen su amistad, siendo al momento asimilado como uno mas de ellos; te invitan a sus “farés” (casas) y se deshacen en sinceros halagos para con tu persona. No guardan rencor. Incluso cuando borrachitos, hemos tenido alguna pelea a puñetazos, el desenlace ha sido beber juntos y acabar siendo “amigos-hermanos hasta la eternidad”, tal y como El Jefe manda.

Una noche, ya pasada la madrugada, estando atracados en Huahine, vino a toda prisa el prefecto de policía a avisarnos que los jóvenes del poblado andaban alborotados porque estaban celosos de nosotros ya que les estábamos dejando sin novias…. y estaban tramando algo. Al cabo de un tiempo, vimos una muchedumbre que se alumbraba con antorchas y, armada de palos y bastones, se dirigía a nuestro barco en silencio. Ya estábamos preparados y no nos cogieron de sorpresa.

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Espero -con gran ilusión- recibir vuestras colaboraciones, comentarios, fotos, vivencias y correos, que puedan ayudarme a ir desarrollando este Blog. El Faro del Fin del Mundo pretende seguir una línea entretenida y diversa -aunque debo confesar mi debilidad por los temas náuticos- pero, al mismo tiempo, publicando narraciones, poemas y textos de calidad y, por qué no, también con historias divertidas. El humor, no lo olvidemos, es importante en nuestras vidas. Gracias de nuevo.

Luis Irles

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AMICI MIEI: La Barcelona de mi niñez, por Tony Tarazona.

MÚSICA: NOVEDADES: El mejor 'duet' de toda la historia: "Summertime", por Ella Fitzgerald y Louis Armstrong. "Nine Below Zero", "Peces de Ciudad", "Cesária Évora" y mucho más...

POESÍA: "Soliloquio del Farero", de Luis Cernuda.

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PREMIOS A ESTE BLOG

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Premio otorgado por Jon Kepa y su blog "Enseñanzas Náuticas"

Gracias por el premio, navegante de mares de papel.

PREMIO DARDO

Otorgado a este Faro por el blog El mar, qué gran tema para hablar, capitaneado por nuestro colega y buen amigo José, al que quedamos sumamente agradecidos.

PREMIO CALIDEZ

Gracias a Patricia Gómez, Binah, excepcional ser humano y poeta, por concedernos este hermoso premio.

PREMIO AL ESFUERZO PERSONAL

Nuestro generoso e incansable amigo Funkoffizier, de El mar qué gran tema para hablar, vuelve a premiar a este Faro, lo cual nos llena de orgullo y agradecimiento.

PREMIO CAMPANHA DE AMIZADE

Agradecemos profundamente a Jon Kepa, creador del blog Enseñanzas Náuticas el habernos concedido el premio Campanha de Amizade. Muito obrigado, amigo.

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Gracias a nuestra amiga Narkia por este bonito premio.

PREMIO OTORGADO POR CAPITANA

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Nuestra muy querida amiga Capitana nos ha honrado con este bonito premio. Le agradecemos muy mucho el detalle que ha tenido con nosotros.

PREMIO OTORGADO POR TIACHEA Y, NUEVAMENTE, POR JON KEPA

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Tiachea, desde su Bitácora de Melusina nos ha honrado con este hermoso premio. Le agradecemos muy sinceramente su hermoso gesto. Así mismo, mil gracias a mi colega y amigo Jon Kepa, que ha tenido la gentileza de volver a compartirlo con nosotros.

PREMIO A LA HONESTIDAD

Premio a la Honestidad_thumb[1]

El Grand Chef de Oídococina!, ha tenido la gentileza de obsequiarnos con un exquisito plato recién salido de sus creativos fogones. Le quedamos enormemente agradecidos por este hermoso detalle.

UN REGALO DE 'TINTERO Y PINCEL'

premio

Nuestra admirada amiga María, cuyo talento artístico puede comprobarse en su blog Tintero y Pincel, nos ha honrado con este simpático "Cracking Crispmouse Bloggywog Award". Un detalle que le agradecemos de todo corazón.

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SANTIAGO DE CHILE

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TIERRA SENTIDA

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OBRAS DEL ARTISTA SEBASTIÁN MÁRQUEZ

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BARCELONA

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