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El cantante Sixto Rodriguez

El cantante Sixto Rodriguez

Escuchando de nuevo el álbum “Cold Fact” de Sixto Rodriguez, recordé que en su día me pagué la entrada al cine y no esperé a ser invitado a la presentación oficial de “Searching for Sugar Man”, la película documental dirigida por el fallecido director sueco Malik Benjelloul, ganadora del Oscar en 2013 y que –a estas alturas– se ha convertido ya en una película de culto.

Hay todavía mucha gente que no la ha visto. Y, entre los que lo han hecho, no conozco a nadie que no le haya gustado. Seguramente, por razones muy diversas. Por la música, por la historia, por la realización. A mí me gusta, sobre todo, porque el relato fílmico es un gran ejercicio de investigación periodística realizado sin pretensiones grandilocuentes.

“Searching for Sugar Man” es la historia –ni más ni menos– de un hombre llamado Sixto Rodríguez. Un hombre que cantaba en los bares más sórdidos de Detroit a finales de los años sesenta. Rodriguez llegó a grabar un par de discos —“Cold fact” (1970) y “Coming from reality” (1971)– que pasaron totalmente desapercibidos y que, finalmente, cayeron en el más absoluto de los olvidos. Rodríguez no era anglosajón ni negro, sino hijo de un emigrante mexicano y eso, probablemente. no le ayudó a triunfar en el mundo de la música. Su vida se centró entonces en su anterior trabajo: simple obrero de la construcción, y poco más.

Su anterior y efímera carrera musical habría pasado al olvido si sus poéticas canciones, con una fuerte carga social, no hubieran llegado casualmente a la República Sudafricana en los tiempos más duros y represivos del apartheid. Lo hicieron –según se relata en la película– en forma de LP en la mochila de un joven turista procedente de Estados Unidos. Como un inesperado fenómeno social, mucho antes de la época de internet, la música de Rodríguez fue extendiéndose de boca en boca, de copia en copia y seguramente en voz baja, para que las autoridades sudafricanas no la incluyera en la lista de su terrible censura por subversivas y amorales. La leyenda del cantante que nadie conocía, pero cuyas canciones se convirtieron en un símbolo de la lucha contra el apharteid en Sudáfrica, se hacía más y más grande, y llegó a su culminación cuando se extendió la noticia de que el cantante se había suicidado en el escenario, en plena actuación, disparándose un tiro, decían unos, o prendiéndose fuego, aseguraban otros.

En los años noventa, ya en una Sudáfrica normalizada, Stephen Segerman se planteó investigar la vida de aquel ídolo de su generación, y comenzó a buscar las primeras pistas. La emoción por el descubrimiento de que no había muerto y por los detalles de su peripecia vital llenan de humanidad este extraordinario documental. El espectador, que parecía resignado a seguir la historia de un personaje atrapado en media docena de fotografías en blanco y negro, comparte la emoción en los ojos de los narradores cuando éstas se materializan en un hombre de más de setenta años, con un magnetismo personal indiscutible, que vive en la misma casa de siempre, en un Detroit gris y decadente y en unas condiciones próximas a la pobreza. Las ganancias por sus éxitos en Sudáfrica durante los setenta nunca llegaron a sus manos. Y cuando años más tarde –rescatado ya del olvido– ofreció un memorable y emocionante concierto en Cape Town, Rodriguez donó los ingresos de esta y otras actuaciones a causas benéficas.

Mr Arriflex

Arthur Cravan

Arthur Cravan

Un amigo artista alemán, Hans Winkler, tiene la fundada sospecha de que Arthur Cravan no murió en el Golfo de México, como se dice hasta ahora, sino de que pudo haber terminado sus días en Cuba o, por lo menos, confundido su identidad a su paso por la Isla para seguir viviendo errante por el mundo.

Habrá que comenzar esta historia situando las coordenadas de Arthur Cravan, uno de los personajes más controvertidos en el ambiente intelectual durante las dos primeras décadas del siglo pasado. Casi seguro estoy de que su doble condición de poeta y boxeador es única. En la meteórica, intensa y corta trayectoria conocida de este personaje, se entrecruzan matices sorprendentes y estrafalarios.

De origen inglés, nació en la ciudad suiza de Lausanne. Alardeaba de su árbol genealógico, en cuyas ramas solía encumbrar a Lord Tennyson y otros personajes vinculados con la corona británica. Sí que fue cierto su parentesco con Oscar Wilde: su madre era hermana del autor de La importancia de llamarse Ernesto. Y a no dudarlo, la fama de poeta maldito de Wilde probablemente influyó en los caminos de Cravan hacia el arte. Pero lo que inclinó definitivamente su vocación fue el espíritu que respiró muy joven en París.

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saravialLa noticia del fallecimiento, el pasado viernes 2 de septiembre, de la destacada poeta chilena y entrañable amiga Sara Vial de los Heros, causó en mí una honda tristeza. A pesar de que a lo largo de estos años no tuve ocasión de visitarla como yo hubiera deseado, siempre guardaré de ella –y de la época que nos solíamos reunir en el Bar Inglés de Valparaíso con un grupo de inolvidables amigos– el más vivo de los recuerdos.

El 14 de febrero de 2008, se publicó –en este mismo blog– un artículo titulado “El poema perdido de Sara Vial” que se iniciaba con una cariñosa carta que recibí de ella y que, en esta triste ocasión, vuelvo a rescatar como un homenaje a esta maravillosa mujer y poeta a la que tanto admiré.

 


El poema perdido de Sara Vial

 

Ayer recibí esta nota de mi queridísima amiga y gran poeta chilena Sara Vial.

«Estimado Luis:

Por una casualidad encontré una copia a máquina, hecha de memoria hace tiempo, de la verdadera versión del soneto con tinta verde que salió publicado en tu blog y que improvisé para la bitácora del local. Desgraciadamente el manuscrito estaba muy borroso y tarjado, por lo que el poemita resultó con palabras de menos y otras cambiadas.

Ya no necesitas molestarte en ubicar a quien lo tenga, pues basta con que me hagas el inmenso favor de corregirlo y reemplazar la version llena de erratas por esta que te mando y que es fiel copia de la verdadera.

Desde ya, mil gracias por tu gentileza. Saludos de la autora.»

* * *

En la revista literaria Caimán puede leerse el siguiente artículo sobre Vial de los Heros y su estrecha amistad con Pablo Neruda:

“Sara Vial conoció a Pablo Neruda en Viña del Mar en 1955, en casa de un amigo en común, Vicente Naranjo. Sin embargo, fue gracias al famoso pintor chileno Camilo Mori que Neruda conoció los poemas de la joven Vial. Cuando se encontraron en la casa de Naranjo, Neruda iba saliendo del brazo de Matilde Urrutia y Sara Vial iba entrando. “No me creas pesado, ya habrá mucho tiempo para conversar”, le dijo al oído a la joven. Poco tiempo más tarde, se reencontraron y nació una amistad cómplice que sólo se interrumpió con la muerte del poeta en 1973. Neruda le presentó a Sara al conocido editor argentino Manuel Losada, quien se entusiasmó con el trabajo de Vial y publicó sus libros en Buenos Aires. En 1965, Neruda fue testigo de matrimonio de Sara Vial, un ejemplo de su relación más allá de las letras.Tan estrecha fue la amistad entre Neruda y Vial que fue ella quien le mostró al poeta la casa que luego él compraría para transformarla en su refugio más íntimo, La Sebastiana (en Valparaíso, frente al mar), que hoy es un museo que recuerda al ganador del premio Nobel y su amor por el puerto chileno.”

Soneto en tinta verde al Bar Inglés

sarapablo.jpg

Aquí con este Luis inesperado
y con Alvaro, en fin, siempre seguro
y con Carlos Lastarria, airoso y puro,
estoy Valparaíso a tu cuidado.

A tu cuidado, sí, y Alfonso ausente (*)
pero nos llegará, desenfrenado,
después de tanto diario almacenado
en su fugaz destino hacia la gente.

Valparaíso, te reconocemos
nostalgia y vendaval aquí encerrado
mientras guitarra Luis trae a mi canto.

Y somos los que somos y seremos
y la noche es vivir lo que se ha dado

en amistad, fraternidad y encanto.

Sara Vial

(*) Alfonso Castagneto, ex director del diario La Estrella, (Q.E.P.D.)

(Lunes, 13 de enero de 1992, en el Bar Inglés de Valparaíso.)

En la fotografía puede verse a Sara Vial, junto a Pablo Neruda, en la casa del Premio Nobel en Isla Negra.

Fue Chile un faro,
la estrella de los vientos,
que abrió el perfume del arte a mis sueños,
la renovada palabra del encuentro poético,
la percepción y el embeleso,
allí aprendí a nombrar cada objeto, cada mañana, cada persona de forma diferente,
pese al trasfondo del tiempo: metal de rejas, sufrimiento y “lo oscuro”….
yo vi la luz, la intensa luz del sentido de las cosas, la belleza más pura y excelsa,
– casi la toqué con mis manos-,
todos sabemos que es evanesceste, apenas ilusión y estremecimiento -,
Y así, en el mismo idioma, hablé distinto, pensé distinto
con el hilo mágico con el que se tejen los sueños.

!Chilito lindo!

 

Mª Jesús C. Sarrió

 

 

El poeta con su gato "Elfi". 1964

El poeta con su gato “Elfi”. 1964

Randall Jarrell nació el 6 de mayo de 1914 en Nashville (Tennessee) y murió trágicamente el 14 de octubre de 1965 en Chapel Hill (Carolina del Norte). Jarrell publicó su primer poemario, Blood from a Stranger, en 1942, el mismo año en que se enlistó en la Fuerza Aérea. Sus dos libros posteriores, Little Friend, Little Friend (1945) y Losses (1948), fueron inspirados por sus experiencias en la guerra. Uno de sus poemas más famosos es The Death of the Ball Turret Gunner, en el cual se presenta al soldado como una figura infantil señalando al Estado como el culpable de la guerra.

Sin embargo, durante el inicio de su carrera, Jarrell trabajó principalmente como crítico y no como poeta. Con el apoyo de Edmund Wilson, quien publicaba sus reseñas en The New Republic, Jarrell se convirtió en un feroz crítico de sus compañeros poetas. Durante el periodo de posguerra, su estilo empezó a cambiar, mostrando un énfasis más positivo. Sus feroces críticas a Robert Lowell, Elizabeth Bishop y William Carlos Williams ayudaron a establecer o resucitar sus reputaciones como poetas estadounidenses de renombre.

Jarrell también es conocido por sus ensayos sobre Robert Frost (quien fue una de sus mayores influencias), Walt Whitman, Marianne Moore, Wallace Stevens y otros escritores. Estos ensayos fueron publicados como Poetry and the Age en 1953. Muchos expertos consideran a Jarrell como el crítico poético más astuto de su generación.

Su reputación como poeta no se estableció firmemente hasta 1960, cuando su poemario The Woman at the Washington Zoo ganó el National Book Award. Su último poemario, The Lost World (1965), cementó esa reputación y muchos críticos lo consideran su mejor trabajo. Jarrell también publicó una novela satírica, Pictures from an Institution, en 1954, basado en su experiencias en el Sarah Lawrance College. La novela estuvo nominada al National Book Award en 1955. También escribió varios libros infantiles tales como The Bat-Poet (1964) y The Animal Family (1965).

Jarrell también tradujo varios poemas de Rainer Maria Rilke y otros poetas, una obra de Antón Chéjov y algunos cuentos de hadas de los hermanos Grimm.

La cara

Ya no sirve, no es hermosa;
Ni siquiera joven.
No es mía.
¿Dónde está la de antes, las de antes?
Esas eran mías.

Así es la cosa: tengo fotos,
no tan viejas; la gente se comportaba
de otro modo entonces. Cuando me encuentran, me dicen:
No has cambiado.
Me dan ganas de decir: no has mirado.
Esto es lo que le pasa a todo el mundo.
Al principio uno se hace más grande, sabe más,
después algo empieza a andar mal.
Uno es y uno dice: yo soy;
y uno fue.Yo he sido demasiado tiempo.

Ya sé, de nada vale decir que no,
pero lo mismo uno lo dice. No.

Versión de Raúl Racedo

Con una sonrisa cómplice, mi buen amigo Sergi, propietario de una pequeña y prestigiosa librería de Barcelona, me arrastró hacia la sección de poesía y me mostró una pila de libros, diciéndome satisfecho: “En menos de un mes hemos vendido más de cien ejemplares. ¿Qué te parece?”

El libro en cuestión –capaz de despertar tanto interés en medio de una crisis económica generalizada– no era un best-seller de Dan Brown, sino la obra literaria completa de Jaime Gil de Biedma, para muchos el mejor poeta de la llamada ‘Generación de Barcelona’ (1950-60), entre los que también se encontraban Carlos Barral y José Agustín Goytisolo… En un único volumen se puede leer toda la poesía que el escritor barcelonés –fallecido hace veinte años– reunió en Las personas del verbo, el Diario de 1956 y los ensayos de El pie de la letra.

El súbito interés de tantos lectores por un libro de poesía vendría a confirmar que el reciente estreno de la película “El cónsul de Sodoma” –un recorrido por la vida de Jaime Gil de Biedma– puede haber sido determinante en la difusión de la poesía de este gran escritor que no recibió en vida ningún reconocimiento oficial, ni galardones ni premios. Sin embargo, Gil de Biedma es uno de los escasos poetas necesarios, lo cual implica que es uno de los escasos poetas verdaderos. Toda su poesía está recogida en Las personas del verbo. En total 87 poemas, algunos muy breves, agrupados bajo tres epígrafes que se corresponden en su ensencia con tres de sus libros publicados: Compañeros de viaje, Moralidades, Poemas póstumos. Pura coherencia poética es lo que predomina en estas tres obras de un intelectual comprometido, burgués con mala conciencia de clase y poeta con sentido moral de la existencia.

Jordi Mollá en "El cónsul de Sodoma"

Aunque Gil de Biedma –desde el escepticismo y la ironía, no exenta de emoción y dolor– trata temas relacionados con la España social e histórica del momento, su poesía se centra en el yo personal e intransferible. En palabras de Pere Gimferrer: “La creación y consolidación de una poesía de la experiencia personal”. Y ese yo sensual, desdoblado en el espejo de poema es Gil de Biedma. Rigor y sensualidad alcanzan en su poesía categoría existencial. Vida y obra coinciden, se reflejan. Gil de Biedma es muchos poetas en una sola persona, o un poeta de múltiples ángulos: moral, antirretórico, homosexual (motivo por el cual no fue admitido en el Partido Comunista), cívico, sensual, exquisito, intelectual, irónico, social… Su preocupación fundamental fue el paso del tiempo y, cómo éste, afecta al hombre consciente, al yo.

Poeta de claras influencias. Poeta de la experiencia a la manera de Cernuda o Auden, pero con esa nota cínica del Quevedo clásico (Amor más poderoso que la vida). Poeta de excepcional sobriedad y afiliado al escepticismo, para quien, la poesía –aunque sea una mezcla de comunicación y conocimiento– no sirve para cambiar el mundo. Quizá por eso eligió el silencio frente a la repetición, frente a un tiempo que ya no le pertenecía. Tal vez por ello, con terca voluntad, decidió: “Vivir como un noble arruinado/ entre las ruinas de mi inteligencia”.

Mr. Arriflex

Cuando el poeta habla de sí mismo no sólo realiza un acto de amor sino también de poesía, aunque bajo una ineludible condición: que al hablar se crea ciegamente en lo que se dice. Es amor o poesía, pues, únicamente en la medida en que lo dicho se suscriba como una rotunda certeza.

Quisiera poner como ejemplo Je vivrai l’amour des autres (Yo viviré el amor de los otros), la excelente obra de Jean Cayrol que todavía no ha sido traducida al castellano. Toda la primera parte del poemario está marcada por un tema que, por lo recurrente, corre el riesgo de caer en lo obsesivo pero que, gracias precisamente a su reiterada invocación, subraya y da una clara modulación al motivo central: el recuerdo. El constante asedio de los “fantasmas” (léase deseos, temores, sueños anclados a esa memoria del dolor que brinda la ausencia) crea una larga y abierta conversaciónn consigo mismo, un monólogo que a medida que avanza salta destrozado por la súbita y bien calculada irrupción del pronombre ella, con lo cual, al tenor de la adición lírica, cambia el tempo del poema. ¿Qué hacer con todos esos recuerdos –fantasmas, insiste Cayrol– que asedian al solitario?

La presencia de todos los rostros con que la nostalgia disimula su irrupción hace que uno –el evocador– se vuelva sobre sí mismo, que se interrogue aunque sólo sea para comprobar el vano gusto de la archisabida respuesta. Todos esos fantasmas cambian a menudo de forma (su identidad quedó marcada para siempre por el pasado) y devienen indistintamente presagios, dudas, sueños con aroma de flores, con lo cual queda claro que el asedio no siempre es letal e inquietante. 

El autor francés Jean Cayrol

Cuando el pronombre ella irrumpe sugerentemente en el poema toda la causa que anima al monólogo cede parte de su espacio a esa presencia que, merced a la evocación casi sacramental, adviene creando una creciente promiscuidad de cuerpos, dudas, temores y pérdidas. Simultáneamente a la recreación de los gestos afectivos, en muchos de los textos de esta primera parte se filtra un acento marcadamente existencial: el poeta se interroga sobre su íntima condición, sobre su identidad, sobre su fortaleza y la respuesta revela como verdad única los recuerdos y lo que ellos suponen: el ser sólo tiene sentido cuando se lo retrotrae al pasado y es por eso que la nostalgia tortura con más violencia que la más compulsiva de las expectativas.

Jean Cayrol, probablemente sin advertirlo, parece ilustrar con su poesía uno de los tonos más líricos de la prosa de Proust, sobre todo aquél en virtud del cual Swan subraya el sentido vinculante de toda ausencia: “Es en el compañero perdido donde encuentro la plenitud, bien sea porque la fe creadora se ha agotado en mí, bien sea porque la realidad no se forma más que en la memoria.” Si el ser se descubre por la ausencia se afirma también por la presencia en la memoria del cuerpo: ausencia sobre presencia, tal es la dialéctica del autor.

Recuerdo luego existo, parece ser la justificación cartesiana del amante que, en su retiro, se pone a evocar aventuras de solitario, costumbres, vicios, hábitos de hombre abandonado: ligado a una ausencia irremediable, sólo le queda lo que el poeta magníficamente denomina “dolor de porvenir”. Lo que Aristófanes comentaba a sus beodos contertulios en el Symposio platónico viene a ilustrar aquí –a ratificar, más bien– la difícil carrera hacia atrás, en el tiempo y en la nostalgia, del amante que se sabe herido por la ausencia de su complementario. En el extenso poema Voyage mélancolie los amantes huyen de la muerte, se guarecen contra lo que no perdura, perseveran en la unión intemporal: al asedio de la muerte el poeta opone el recurso del renacer en el amor abriéndose cada vez más hacia un recóndito espacio interior, hacia la médula de la afectividad, hacia la noche de la especie y el verbo, en la que ha terminado por replegarse el hombre que, tras revivir los fastos idos, pasa a ser él mismo el súbdito más fiel de su memoria.

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Patria, mi patria, vuelvo hacia ti la sangre. 
Pero te pido, como a la madre el niño 
lleno de llanto. 
Acoge 
esta guitarra ciega 
y esta frente perdida.
Salí a encontrarte hijos por la tierra, 
salí a cuidar caídos con tu nombre de nieve,
salí a hacer una casa con tu madera pura,
salí a llevar tu estrella a los héroes heridos. 
Ahora quiero dormir en tu substancia. 
Dame tu clara noche de penetrantes cuerdas, 
tu noche de navío, tu estatura estrellada.
 
Patria mía: quiero mudar de sombra. 
Patria mía: quiero cambiar de rosa. 
Quiero poner mi brazo en tu cintura exigua 
y sentarme en tus piedras por el mar calcinadas, 
a detener el trigo y mirarlo por dentro. 
Voy a escoger la flora delgada del nitrato, 
voy a hilar el estambre glacial de la campana,
y mirando tu ilustre y solitaria espuma 
un ramo litoral tejeré a tu belleza.
Patria, mi patria 
toda rodeada de agua combatiente 
y nieve combatida, 
en ti se junta el águila al azufre, 
y en tu antártica mano de armiño y de zafiro 
una gota de pura luz humana 
brilla encendiendo el enemigo cielo.
– 
Guarda tu luz, oh patria!, mantén 
tu dura espiga de esperanza en medio 
del ciego aire temible. 
En tu remota tierra ha caído toda esta luz difícil, 
este destino de los hombres 
que te hace defender una flor misteriosa 
sola, en la inmensidad de América dormida.
Pablo Neruda (Canto General)

… Tristes somos aquellos que no hemos nacidos de los dioses
Teresa Wilms Montt

Teresa de las Mercedes Wilms Montt, nació el 8 de septiembre de 1893 en la ciudad de Viña del Mar, en el seno de una acomodada familia compuesta por Federico Guillermo Wilms Montt y Brieba, y su señora Luz Victoria Montt y Montt. Dado el contexto social de la época, su instrucción estuvo a cargo de institutrices y profesores particulares. Cuando Teresa tenía 17 años, contrajo matrimonio con Gustavo Balmaceda Valdés. En los años siguientes (1911 y 1913) nacieron sus dos únicas hijas, Elisa y Silvia Luz.

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A poco andar el matrimonio, comenzaron las desavenencias entre Gustavo y Teresa, principalmente debido a las molestias del primero ante la personalidad de su mujer, quien había comenzado a frecuentar tertulias y ateneos y se había adscrito a los ideales anarquistas y a la masonería. Gustavo reaccionó resguardándose en el alcohol y el juego; Teresa, por su parte, en su amigo y primo de Gustavo, Vicente Balmaceda Zañartu, El Vicho (al que se referirá más tarde en su diario como Jean). Tras numerosos conflictos conyugales, traslados y cartas de Vicente Balmaceda dirigidas a Teresa, Gustavo Balmaceda convocó a un tribunal familiar, el que decretó su enclaustramiento en el Convento de la Preciosa Sangre, al que ingresó el 18 de octubre de 1915 y del que escapó en junio de 1916 con rumbo a Buenos Aires, ayudada por Vicente Huidobro. Durante su estada en el convento, comenzó a escribir su diario, en el cual consignó sus sentimientos respecto a la pérdida de sus hijas, a su separación de Vicente Balmaceda y las motivaciones de su primer intento de suicidio el 29 de marzo de 1916.

En Buenos Aires, colaboró en la revista Nosotros, en la que también lo hicieron en su oportunidad Gabriela Mistral y Ángel Cruchaga Santa María, entre otros. También, publicó su primera obra Inquietudes sentimentales, un conjunto de cincuenta poemas con rasgos surrealistas que gozó de un éxito arrollador en los círculos intelectuales de la sociedad bonaerense. Lo mismo ocurrió con Los tres cantos, obra en la que exploró el erotismo y la espiritualidad. Dos años después de esta obra, tras viajes a Barcelona y Nueva York, volvió a Buenos Aires y publicó Cuentos para hombres que todavía son niños. En él, evocó su infancia y algunas experiencias vitales, en narraciones de gran originalidad y fantasía.

En la inquietud del mármol se publicó en Barcelona y constituyó una elegía de tono lírico, compuesta por 35 fragmentos, cuyo motivo central fue la muerte. Escrita en primera persona, enfocó su interés en el rol mediatizador del amor de la vida y la muerte. También publicó Anuarí, obra inspirada en un romance que mantuvo con un joven bonaerense que se suicidó. Además, en 1922 apareció Lo que no se ha dicho, en él, se incluyen “Páginas de mi diario”, “Con las manos juntas”, “Los tres cantos”, “Del diario de Sylvia” y “Anuarí”.

Luego continuó viaje por Europa, visitando Londres y París, pero manteniendo siempre residencia en Madrid. En el año 1920 se reencontró con sus hijas en París; pero tras la partida de ellas, enfermó gravemente. En esta crisis, consumió una gran dosis de Veronal y falleció el 24 de diciembre de 1921. En las últimas páginas de su diario, escribió: “Morir, después de haber sentido todo y no ser nada…”.


Datos y fotografía extractados de los libros “TERESA WILMS MONTT: UN CANTO DE LIBERTAD”, de RUTH GONZALEZ-VERGARA, (Ed. Grijalbo-Mondadori y Random House Mondadori, 1993 a 2009, seis ediciones), y de “LIBRO DEL CAMINO, Obras Completas de Teresa Wilms Montt”, recopiladas, prologadas y comentadas por la misma autora. (1994-1995, dos ediciones).

migueldepieRecordar a Miguel Hernández que desapareció en la oscuridad y recordarlo a plena luz, es un deber de España, un deber de amor. Pocos poetas tan generosos y luminosos como el muchachón de Orihuela cuya estatua se levantará algún día entre los azahares de su dormida tierra. No tenía Miguel la luz cenital del Sur como los poetas rectilíneos de Andalucía sino una luz de tierra, de mañana pedregosa, luz espesa de panal despertando. Con esta materia dura como el oro, viva como la sangre, trazó su poesía duradera. ¡Y éste fue el hombre que aquel momento de España desterró a la sombra! ¡Nos toca ahora y siempre sacarlo de su cárcel mortal, iluminarlo con su valentía y su martirio, enseñarlo como ejemplo de corazón purísimo! ¡Darle la luz! ¡Dársela a golpes de recuerdo, a paletadas de claridad que lo revelen, arcángel de una gloria terrestre que cayó en la noche armado con la espada de la luz!

Pablo Neruda

ANTE EL CENTENARIO DE SU NACIMIENTO

A pocos meses de conmemorarse el Centenario del nacimiento de Miguel Hernández (30 de octubre de 2010), son muchos los actos que se están organizando –tanto en España como en otros países del mundo– para elaborar una programación coherente y unitaria en los diversos campos culturales como el editorial, escénico, musical, artístico, etc. Cabe destacar la importancia del acuerdo adoptado unánimamente por el Congreso de los Diputados declarando el año 2010 como el Año Hernandiano. Una de las actividades cuya preparación se encuentra más avanzada –según podemos leer en la revista Silbos, que edita la Asociación de Amigos de Miguel Hernández– es el III Congreso Internacional sobre el poeta de Orihuela, que se celebrará precisamente en su ciudad natal, así como en las de Elche y Alicante. En este Congreso participarán prestigiosos especialistas hernandianos, pertenecientes a universidades de España, Francia, Estados Unidos, Puerto Rico, Cuba y México.

miguel.fotoPocos hombres se volcaron tan íntegra y apasionadamente en su creación lírica como Miguel Hernández. Su verbo cálido y enterizo va marcado con el sello imborrable de la sinceridad. Tal es su estilo humano y poético. Su actuación cotidiana, social o política, la llevaba a cabo con tal hombría y sin reservas como su quehacer artístico. Es la actitud radical de quien pudo decir en endecasílabos genialmente acuñados: “porque yo empuño el alma cuando canto” y “la lengua en corazón tengo bañada”. Todo el hombre íntegro e ingenuo, entusiasta y apasionado, profundo e intenso, se ha disparado de tal modo en la resonancia metálica de su palabra poética que aún lo tenemos ahí palpitando en el misterio de sus versos vigorosos y sangrantes.

Lejos de la ilustrada distinción orteguiana: “Vida es una cosa, poesía es otra … No las mezclemos”, la creación lírica es para él proyección artística de las más hondas preocupaciones humanas. Precisamente es lo personal, “lo más humano de lo humano”, el venero de su más conmovedora poesía. Su biografía, agitada y trágica, queda esculpida en poemas prodigiosos. El amor, la generación y maternidad, la esposa, son los más excelsos temas líricos. La guerra con sus heridos, sangre, muerte, soledad, hambre, inspira poemas impresionantes. El ronco tren maternal que “avanza como un largo desaliento” cargado de moribundos, dolor y sudor, empaña su verso, muy alejado de todas las purezas artificiales, pero en el que orean aires limpios de autenticidad y vibración cordial, viril y sin mixtificaciones.

Exactamente por todo ello Miguel Hernández tiene un extraordinario mensaje lírico y humano. Es capaz de levantar oleadas de entusiasmo, lo sentimos muy cerca de nosotros. A la distancia de ya algunas décadas su sensibilidad artística sigue siendo la nuestra y su poesía respira esa hombría y sinceridad que impregna toda su creación y que embriaga a todo ser humano de espíritu joven, limpio y sensible.

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   Habitación de Gabriela Mistral

Cumpliéndose hoy 120 años del nacimiento de Gabriela Mistral y encaminándonos al Bicentenario de Chile, cabe alegrarse por cuánto ganaremos gracias a la supervivencia de sus manuscritos. El celoso esmero de Doris Dana y la generosa inteligencia de Doris Atkinson permiten que Chile pueda ir recobrando los espléndidos filones de su obra.

Lo válido es averiguar cuándo, dónde y cómo se gestaron sus poemas, los editados y los inéditos, atendiendo siempre a la transmutación de su vida en arte. Es decir, catando su genio poético. La prosa tanto como la poesía. Ambas continúan en secuencia de aparición, de deleite por venir.

Fiesta aparte son sus copiosos y variados epistolarios. Permiten apreciar la mudanza de lo circunstancial a lo trascendente, y nos acercan a su habla escrita, asombrosamente expresiva, que camaleonizaba la carta según a quien iba. Y despliegan la historia de Chile en los trechos que le convivieran y asimismo desde la querendona distancia, un país reflejado en los percances de su política y de su economía. Poeta cónsul, propagó una versión subjetiva y objetiva, lírica y documentada de nuestro país ante lectores extranjeros.

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Su poesía nos convida a leerla más allá de “Desolación“, adentrándonos en “Tala” y en “Lagar” I y II. Su prosa convida a gozar el esplendor de sus ensayos o “recados” sobre pintura, escultura, literatura, viajes, educación, política y religión. El altísimo voltaje verbal de esa prosa en colores y en cinco sentidos acompaña la fuerza y musicalidad de su poesía. Son dos regiones expresivas que se iluminan mutuamente.

Aprovecharemos a Gabriela Mistral mediante su poesía y prosa recuperadas; nos puede a la vez atizar la indolencia y alhajar la mente, amadrinando a Chile para sus doscientos años. Y por doscientos años más.

Luis Vargas Saavedra
Académico y editor de “Almácigo”.

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Museo Picasso, Barcelona.

Bajo el título Poemas en prosa, se publica por primera vez en castellano la obra literaria de Pablo Picasso, uno de los genios del arte del siglo XX. Los más de 350 poemas del pintor malagueño fueron editados inicialmente en francés –idioma en el que fueron escritos– por Editions Gallimard, en 1989. Casi veinte años después, la española Plataforma Editorial presenta este hermoso libro que, según declaró Enrique Mallén, experto en la obra pictórica y literaria de Picasso y profesor en la Sam Houston State University de Texas, “contiene poemas en prosa que son como cuadros cubistas: tienen distintas interpretaciones según qué línea se lea, son textos abiertos. En términos literarios, Picasso me parece fascinante: sus poesías esconden múltiples significados, es innovador, de vanguardia, una mina sin explorar”.

Deconocidos en Francia hasta finales de los ochenta, los poemas en prosa de Pablo Picasso –que empezó a escribir a partir de 1935, cuando a sus 55 años y meses antes de que estallase la Guerra Civil española (1936-1939) tuvo a su hija Maya con Marie-Thérèse Walter y comenzó una relación con la fotógrafa surrealista Dora Maar– certifican la plural y sublime genialidad artística de su autor. «Me dicen que escribes. Te creo capaz de cualquier cosa. Si un día me dijeran que has oficiado una misa, también me lo creería.» Con estas palabras se dirigió su madre a Picasso cuando conoció su faceta como escritor. Y es que la genialidad artística del pintor malagueño no encontraba límites. Los poemas reunidos en este libro recuerdan mucho a sus cuadros: la sorprendente diversidad que caracteriza a su obra plástica también está presente en sus textos, que se nos ofrecen al más puro estilo del collage picassiano, y que adquieren una brillante y poética dimensión visual.

… gritos de niños gritos de mujeres gritos de pájaros gritos de flores gritos de maderas y de piedras gritos de ladrillos gritos de muebles de camas de sillas de cortinas de cazuelas de gatos y de papeles…

picasso

Así escribía Picasso. Saltándose todas las convenciones gramaticales y ortográficas. Pintando con las palabras, escribiendo con colores. Su “corpus literario” fue fructífero –además de los poemas también escribió tres obras de teatro–, sobre todo el que discurrió entre 1935 y 1936 y que después se fue atenuando hasta 1959, año en el que se fechó su último texto conocido.

Su espíritu experimental, al ensamblar y superponer imágenes buscando la musicalidad, lo consiguió a través de la repetición de palabras y la concatenación sin signos de puntuación como rezan las líneas: “La hija del ahijado la hija del papá la hija de mamá la hija de su hija y la hija mejor y la hija del padre y la hija de la madre …” ( 26-28 de septiembre de 1951).

El pintor malagueño, que según cuentan llegó a presumir de la edición de Gallimard, confesó, en los años 60, a su amigo el fotógrafo argentino Roberto Otero: “En el fondo, soy un poeta que se malogró. ¿No te parece?”

Esta tarde salí a dar una vuelta por los cerros de Valparaíso y, súbitamente, sentí el deseo de visitar “La Sebastiana”.  Llegué unos minutos después de las seis y la reja de acceso a la casa ya estaba cerrada. Caminé entonces cerro abajo y me encontré con la Plaza de Pablo Neruda, que no conocía. Había tres esculturas cercanas entre sí, en cobre envejecido. Neruda de pie, con su típica gorra de marino y el semblante pensativo. Frente a él –sentada en un banco de la plaza–  Gabriela Mistral.  A su derecha, también sentado, pude observar la frágil y distinguida figura de Vicente Huidobro. Los tres grandes de nuestras letras frente a frente. Caí en la cuenta, en ese momento, de que  no figuraba ningún poema de Gabriela Mistral en la sección de “Poesía” de nuestro Faro, así que tan pronto llegué a casa me apresuré a publicar su extraordinario Desolación. Mañana incluiremos un poema de Huidobro en la página poética de este blog. 

Luis Irles

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La bruma espesa, eterna, para que olvide dónde
me ha arrojado la mar en su ola de salmuera.
La tierra a la que vine no tiene primavera:
tiene su noche larga que cual madre me esconde.

El viento hace a mi casa su ronda de sollozos
y de alarido, y quiebra, como un cristal, mi grito.
Y en la llanura blanca, de horizonte infinito,
miro morir intensos ocasos dolorosos.

¿A quién podrá llamar la que hasta aquí ha venido
si más lejos que ella sólo fueron los muertos?
¡Tan sólo ellos contemplan un mar callado y yerto
crecer entre sus brazos y los brazos queridos!

Los barcos cuyas velas blanquean en el puerto
vienen de tierras donde no están los que no son míos;
sus hombres de ojos claros no conocen mis ríos
y traen frutos pálidos, sin la luz de mis huertos.

Y la interrogación que sube a mi garganta
al mirarlos pasar, me desciende, vencida:
hablan extrañas lenguas y no la conmovida
lengua que en tierras de oro mi pobre madre canta.

Miro bajar la nieve como el polvo en la huesa;
miro crecer la niebla como el agonizante,
y por no enloquecer no encuentro los instantes,
porque la noche larga ahora tan solo empieza.

Miro el llano extasiado y recojo su duelo,
que viene para ver los paisajes mortales.
La nieve es el semblante que asoma a mis cristales:
¡siempre será su albura bajando de los cielos!

Siempre ella, silenciosa, como la gran mirada
de Dios sobre mí; siempre su azahar sobre mi casa;
siempre, como el destino que ni mengua ni pasa,
descenderá a cubrirme, terrible y extasiada.

Gabriela Mistral

 

Puede resultar paradójico e incomprensible para muchos, pero Fernando Alegría –que vivió en los Estados Unidos durante más de treinta años– escribió en California Caballo de Copas, novela de un chileno en San Francisco, que según afirmó el crítico e historiador Carlos Hamilton, “tiene más sabor a Chile que ninguna obra escrita en el propio país y acusa una maestría definitiva en el arte de narrar con arte”.

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Rasgos biográficos

Nacido en 1918. Profesor de Castellano y Filosofía en la Universidad de Chile. Organizó durante los años sesenta encuentros de escritores en la Universidad de Concepción, fundando el primer taller de escritores. Creó la revista Literatura Chilena: Creación y Crítica (1974). Doctor en Literatura en la Universidad de Columbia. Director del departamento de Español y Portugués de la Universidad de Stanford. Ejerció la docencia en la Universidad de Columbia, Berkeley y Stanford de Estados Unidos. Perteneció a la Academia Norteamericana de la Lengua. Fue Premio Farrah y Rinehart de Nueva York, Premio Municipal y Atenea de Santiago de Chile, y realizó diversas colaboraciones en revistas norteamericanas. Alegría vivió la mayor parte de su vida en Estados Unidos.

El escritor

Novelista, ensayista, cuentista, crítico y profesor. Un escritor talentoso que incursionó en varios géneros de la literatura. Su mayor acierto en la novela fue su libro Caballo de Copas (1957), que concitó el aplauso cerrado de la crítica y el interés del público lector. También en la faz narrativa obtuvo éxito con sus libros Lautaro, joven Libertador de Arauco y Mañana los guerreros.

Fructífera fue su labor en el ensayo, especialmente derivado de su vasta trayectoria como docente en las universidades norteamericanas. Uno de sus mejores libros al respecto es Literatura Chilena del Siglo Veinte (1967) que en su primera edición se denominó Las fronteras del realismo (1962).

Fernando Alegría  fue un investigador “serio, bien documentado, de estilo pulcro y ameno” (Montes y Orlandi). Al decir de Maximino Fernández, “Alegría ha animado el escenario de las letras chilenas durante medio siglo con sus narraciones y estudios; apasionados, comprometidos y de buen nivel estético, las primeras; documentados, distintos y necesarios, los segundos“ ( Historia de la Literatura Chilena).

A Fernando Alegría, al igual que varios escritores chilenos que han tenido que permanecer por largo tiempo fuera de su patria, y, por consiguiente, ha provocado que su trabajo literario no sea advertido con facilidad por lectores y estudiosos de las letras, le costó obtener el reconocimiento que se merece en su país. Incluso, algunas veces fue nominado para el máximo laurel de Chile, El Premio Nacional de Literatura. Sin embargo, falleció a los 87 años -el 29 de octubre de 2005- en la ciudad de Walnut Creek, al norte de California, sin obtener este reconocimiento.                     caballo-de-copas2
“Me dolerá hasta el final no haber vuelto” decía.                                

Es una lástima, puesto que su obra, maciza, contundente, variada y vasta, le otorgan a Fernando Alegría méritos esenciales para lograr el correspondiente sitial de honor que se da en nuestro país a los grandes escritores.

Su obra es extensa. Publicó aproximadamente cuarenta y seis textos. Se destaca el cuento, la poesía, el ensayo, la novela. Comenzó en la narrativa a los 18 años, con la biografía novelada de Luis Emilio Recabarren. Publicó luego Lautaro, Joven Libertador de Arauco (1943) y “Caballo de Copas” (1957), acaso su mayor obra, por la cual obtuvo los premios Municipal, Atenea y Unión Panamericana. Le siguió Mañana los Guerreros (1964).

“Lo que me interesa rescatar es la historia de los héroes sin monumento, la de los verdaderos héroes, a quienes la historia oficial margina y que, sin embargo, viven en la conciencia social de nuestro pueblo”, diría.

Fuente: Escritores.cl

No sólo nuestros amigos del Movimiento Guachaca se dedican con ahínco a remover los cimientos de la cultura demodé en este Chilito lindo… También nosotros –Los Fareros & Fareras Dadaistas del Fin del Mundo– hemos decidido aportar nuestro granito de arena a la cada día más interesante movida porteña.

Les cuento: Llevamos un par de semanas preparando un jápenin. Así lo llamamos, jápenin. Se trata de leer poemas con cara de enojado y a volumen brutal –sí, justo al estilo de John Giorno– mientras un músico aficionado distorsiona detrás de ti con la guitarra. Un prodigioso y fascinante calidoscopio escenográfico que dará que hablar. Es algo que Tony me llevaba comentando desde hacía meses. Tony Lobo Seadog. “Mira, Lucho, tú te pones ahí a leer poemas de Timothy Leary, de Gorocca, de Pompas o de quien sea, desfasas un poco, y yo de fondo con la guitarra… ¿Qué te parece?”.

Quedábamos en llamarnos y nunca pasaba nada. El trabajo, las mujeres, las juerguecitas (no las mías, por supuesto). Siempre hay un amigo dispuesto a martirizarte. Iban pasando las semanas y mi vida, en particular, no salía de su habitual estado de atonía. Posteriormente, hace como un mes, vi al Guatón Pancho en el Brighton, y retomamos la historia.

Se me ocurrió involucrar en el asunto a Queno Scola, un poeta excelente y un tipo macanudo. Estaba a punto de salir de la imprenta su poemario En la calle Bandera nadie me espera. Así que nos pusimos a montar el tinglado. Loboseadog está leyendo un libro sobre la Velvet Underground, “Down-thigt” creo que se llama, aunque no estoy muy seguro así que no me hagan demasiado caso, y al gallo se le ha metido en la cabeza reproducir un espectáculo como el Exploding Plastic Inevitable de Andy Warhol. Un poco pasado de moda, cierto. Pero en Valparaíso tampoco hay que ser excesivamente original para llamar la atención un poco y montar una buena…. Y además a mí, aunque soy bastante reacio a subirme a un escenario, en el fondo me parecía una buena idea. Se trata, en resumidas cuentas, de hacer una especie de espectáculo “multimedia” en plan performance tipo “arte conceptual”, armar un escándalo declamatorio con distorsión electroacústica de fondo bajo un bombardeo de imágenes. Por lo menos, eso es lo que dice Tony que tiene en la cabeza. Supongo que tiene suerte de tener algo. De modo que llamé al Queno y se lo dije.

–Yo encantado –me dijo -. Incluso puedo llevar también unas películas. Estaría bien algo de cine mudo… “Cero en conducta”, de Jean Vigo, por ejemplo, ¿la conoces..?
–No, no la conozco. Ya sabes que soy un analfabeto en lo que respecta al cine mudo galo. Pero seguro que está bien…
-Sí; y si tienes otra guitarra, yo también sé tocar algunos acordes, acompañamiento rítmico nomás y alguna que otra cosa…..

Lo decidimos. Nos pusimos a buscar un sitio apropiado. Quedaban cuatro días hasta el Día “D”. Fuimos al Fu-Manchú, pero estaba cerrado por reformas. Fuimos entonces al Charlie Brown. Un mozo con cara de pocos amigos nos dijo que no estaba el propietario. Por fin, fuimos al Jamboree. Ese sitio tiene un aire rancio medio guachaca al principio, pero si te sientas y te tomas un cafecito, y el sol de primavera está entrando por los ventanales, te va atrapando, te relaja. Hace que hasta te encuentres bien.

Ernesto Butler, el dueño, un bohemio cincuentón de bigote y coleta, nos dijo que lo que hiciera falta. Cerramos el trato y nos marchamos.

Dos días antes del día “D”, llamé al Queno y no lo encontré tan seguro. Estaba trabajando en cuatro libros a la vez, o algo así, y viéndose obligado a quedarse hasta las doce de la noche todos los días, para dejar el viernes del recital libre. Y encima, tenía que venir de Temuco y, y… en fin: no lo vi muy seguro a mi amigo.

Y como yo imaginaba, ese mismo día por la noche llamó y habló con Tony y le dijo: “Dile a Lucho que el Queno es un cobarde. Se rajó”.

Por supuesto, cancelamos el “acto”. La cultura tendrá que esperar. Pero en octubre lo intentaremos de nuevo. Nosotros solos. Los Fareros no se rinden tan fácilmente. Y, además, la Gorokiña estará junto a los artistas ese día. Y con ella en el escenario, el jápenin no puede fallar.

UN BLOG SUMAMENTE ECLÉCTICO

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Espero -con gran ilusión- recibir vuestras colaboraciones, comentarios, fotos, vivencias y correos, que puedan ayudarme a ir desarrollando este Blog. El Faro del Fin del Mundo pretende seguir una línea entretenida y diversa -aunque debo confesar mi debilidad por los temas náuticos- pero, al mismo tiempo, publicando narraciones, poemas y textos de calidad y, por qué no, también con historias divertidas. El humor, no lo olvidemos, es importante en nuestras vidas. Gracias de nuevo.

Luis Irles

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