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Con la muerte de Ettore Scola el pasado 19 de enero, a los 84 años, el cine italiano pierde a otro de sus grandes clásicos. Y con él se despide también un cine militante y comprometido, un cine humanista y nostálgico que retrató fielmente al l’uomo comune de Italia.

El gran cineasta italiano Ettore Scola

El gran cineasta italiano Ettore Scola

Scola llegó al cine en los años cincuenta, y empezó escribiendo guiones tras finalizar sus estudios universitarios. Su primer compañero de aventuras cinematográficas fue, si no recuerdo mal, el también guionista Ruggero Maccari, una de las personas que más contribuyó al nacimiento y a la consolidación de un género tan popular como fue la comedia all’italiana. Como director debutó en 1964 con Parliamo di donne, y al año siguiente ya había logrado cierto reconocimiento con El millón de dólares y El diablo enamorado.

Pero su década prodigiosa fue la de los setenta: El demonio de los celos, Un italiano en Chicago, Una mujer y tres hombres, Brutos, feos y malos o Buenas noches, señoras y señores en 1976… Sólo tres años más tarde, regaló al mundo una de las joyas más importantes del cine italiano de todos los tiempos: Una giornata particolare, película protagonizada por Sophia Loren y Marcello Mastroiani que narra la relación entre ambos personajes durante la visita de Hitler a Roma en 1938, y que se ha convirtido en un clásico del séptimo arte.

Sophia y Mercello

Sophia y Mercello

‘Una jornada particular’ aspiró a la estatuilla al mejor filme de habla no inglesa, premio al que fueron nominados películas de Ettore Scola en otras cuatro ocasiones. Fue ganador, así mismo, del premio al mejor guión en el Festival de Cannes en 1980 por La terrazza.

En los años ochenta y noventa, ya asentado como cineasta de prestigio, siguió con su mirada a la historia y a Italia a través de personajes muy humanos y a menudo anónimos: La terraza, Entre el amor y la muerte, La noche de Varennes, Macarroni, La familia, Splendor, ¿Qué hora es?, Mario, María y Mario, Historia de un pobre hombre, La cena, y ya en 2001 Competencia desleal. En 2003 pareció decir adiós al cine con Gente de Roma, pero no fue así, ya que le faltaba despedirse de su gran amigo Federico Fellini.

Precisamente, diez años más tarde, su última película documental la tituló Qué extraño llamarse Federico, y en ella –desde la admiración y el cariño– Scola repasaba la figura de quien consideraba su hermano mayor, Federico Fellini. Ambos habían coincidido trabajando a finales de los años cuarenta en la publicación satírica Marc’Aurelio, y a pesar de las diferencias políticas y estéticas que existían entre ambos hay que reconocer que allí había dos almas gemelas. El trío lo completó Ruggero Maccari. “Con Fellini no podías insistir”, relataba Scola en ese documental. “Aun así le convencí para que interpretara el papel de sí mismo en Una mujer y tres hombres, pero me puso una condición: ‘Nunca me filmes desde atrás. Se me ve la calva”.

Mr. Arriflex

Las investigaciones de Thomas A. Steitz, Ada Yonath y Venkatraman Ramakrishnan, que fueron galardonados con el Premios Nobel de Química en 2009, han generado desde entonces un gran salto en la comprensión de la vida. Sus hallazgos abren posibilidades extraordinarias para la creación de una nueva generación de antibióticos que podrían combatir el desarrollo de las bacterias en nuestro cuerpo.

El Premio Nobel de Química Thomas A. Steitz (c), cuyas investigaciones han aportado claridad sobre la química de la unión de los antibióticos y los ribosomas y las mutaciones que provocan resistencias a estos fármacos, durante su intervención en un encuentro con periodistas, acompañado por el profesor del CSIC Enrique Gutiérrez-Puebla. EFE/Bernardo Rodriguez

El Premio Nobel de Química Thomas A. Steitz , cuyas investigaciones han aportado claridad sobre la química de la unión de los antibióticos y los ribosomas y las mutaciones que provocan resistencias a estos fármacos, durante su intervención en un encuentro con periodistas, acompañado por el profesor del CSIC Enrique Gutiérrez-Puebla. EFE/Bernardo Rodriguez

UN NOBEL POR ENTENDER LA VIDA.

No en vano, el profesor Måns Ehrenberg, miembro de la Real Academia Sueca de Ciencias, habría señalado en su discurso de presentación del Premio Nobel otorgado a estos investigadores en Estocolmo, “toda la vida del planeta tierra depende de la existencia de las proteínas. Las proteínas aceleran en el cuerpo humano las reacciones químicas esenciales para la vida, las controlan y nos permiten ver, oír, degustar, oler, sentir, experimentar, pensar y movernos y nos hacen menos sensibles al ataque de agentes patógenos”.

Recientemente, en un encuentro con medios promovidos por la Fundación BBVA, el premio nobel Thomas Steitz señaló que “el objetivo principal de la investigación era determinar la estructura atómica del ribosoma para descubrir cómo se produce la síntesis de proteínas”, el descubrimiento ha abierto nuevas posibilidades para la creación de una nueva generación de antibióticos ya que “el ribosoma funciona interrumpiendo los procesos antibacterianos”.

Steitz pasó por la capital de España con el objetivo de compartir experiencias y comparar el nivel en el que se encuentra cada país participando en el XXII Congreso Internacional de Cristalografía. Una reunión de alto nivel científico a la que asisten 2.800 personas de todo el mundo y dentro de la que se han proporcionado ayudas a alrededor de 170 estudiantes y profesores, de países considerados en vías de desarrollo.

COMBATIENDO LAS INFECCIONES.

ALEMANIA INFECCIÓN:MGB303 WERNIGERODE (ALEMANIA), 28/05/2011. Un empleado de un laboratorio comprueba muestras de bacteria "E. coli Enterohemorrágica" en una placa de Petri en el Instituto Robert Koch de Wernigerode (Alemania), hoy, sábado 28 de mayo de 2011. Las autoridades sanitarias alemanas informaron de que, con la muerte hoy de tres personas, son ya nueve los fallecidos por el brote de una variante de la bacteria "E. coli Enterohemorrágica", mientras que la cifra de afectados se mantiene en alrededor de mil. EFE/Matthias Bein

Un empleado de un laboratorio comprueba muestras de bacteria “E. coli Enterohemorrágica” en una placa de Petri en el Instituto Robert Koch de Wernigerode (Alemania). EFE/Matthias Bein

De acuerdo a las declaraciones de Patrick Sung, presidente del Departamento de Biofísica Molecular y Bioquímica y profesor de Radiología Terapéutica, a la Oficina de Relaciones Públicas y Comunicaciones de la Universidad de Yale, “las bacterias no sobreviven con un ribosoma que funcione”, por ello “los estudios de Steitz liderarán los tratamientos más eficaces de infecciones bacteriales vía el diseño de nuevos antibióticos que tengan como blanco el ribosoma”.

Steitz quien anteriormente recibió premios como el George E. Palade en 2006 y el de la Universidad de Harvard en 2004, entre otros; fundó hace 10 años en New Haven, Estados Unidos la compañía farmacéutica Rib-X (www.rib-x.com), que tiene como objetivo principal el desarrollo de una nueva generación de antibióticos para el cuidado de pacientes con infecciones graves. Aunque inicialmente están enfocando su trabajo en la lucha contra la tuberculosis.

“Tenemos la información y esto debería permitir el diseño de antibióticos contra la tuberculosis”, afirma Thomas Steitz. Sin embargo, Rib-X Pharmaceutical aún no ha iniciado la fabricación de este antibiótico. Para poder pasar a la etapa de desarrollo del fármaco, el Nóbel en química señala que están “en búsqueda de un socio capitalista”. Aunque asevera que “es muy difícil ganar dinero con antibióticos para la tuberculosis”.

La dificultad para concluir este proceso, concluye Steitz, “es que los antibióticos curan y las empresas farmacéuticas no quieren que la gente se cure. Este es el principal problema para llegar al tercer nivel”.

ANTIBIOTICOS UNIVERSALES.

“Nos resulta muy difícil encontrar una farmacéutica que quiera trabajar con nosotros, porque para estas empresas vender antibióticos en países como Sudáfrica no genera apenas dinero y prefieren invertir en medicamentos para toda la vida”, ha lamentado el experto.

Pero, a raíz de este descubrimiento, ¿podríamos hablar de una nueva generación de antibióticos que combatan definitivamente las bacterias? No, señala T. Steitz, “las bacterias cambian constantemente, evolucionan y seleccionan bacterias mutantes que puedan ir contra el antibiótico. Lo que sí se puede hacer es ralentizar este proceso”. De hecho, comenta el premio nobel que “el principal factor que incide en el desarrollo de cepas resistentes a un antibiótico concreto es el uso incorrecto del fármaco”.

Sin lugar a dudas, en la búsqueda de la salud humana, “es importante entender la complejidad de nuestro cuerpo. Por ello, es fundamental apoyar al desarrollo de la ciencia” asevera Martín M. Ripoll, vice-presidente del XXII Congreso Internacional de Cristalografía.

“Los países ricos, son ricos porque han dedicado mucho dinero a la investigación. España, por su parte, ha dedicado poco dinero a la investigación. España necesita triplicar o cuatriplicar este dinero para ponernos al nivel. Aunque en materia de cristalografía podemos decir que España está al nivel de muchos países del entorno”, añade Enrique Gutierrez-Puebla presidente del Congreso.

“La investigación básica permite el conocimiento del mundo y conduce al desarrollo de consecuencias prácticas, pero para lograrla necesita financiación”, remató Thomas Steitz.

DIANA BERNAOLA
EFE – Reportajes

El curtido reportero Bostjan Videmsek reflexiona sobre la dramática crisis de los refugiados sirios.

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¿Cómo es posible asistir al horror de los refugiados sirios sin sentirse culpable y avergonzado?

¿Cómo es posible que alguien pueda sentirse más valioso y digno que otro ser humano?

¿Cómo es posible que una vida tenga menos valor que otra?

¿Cómo es posible que en todas partes siempre haya un nosotros y un ellos?

¿Cómo es posible que el privilegio de haber nacido en un lugar en paz y próspero se dé por sentado para tanta gente?

¿Cómo puede haber una falta tan grande de empatía y compasión?

¿Cómo es posible que aquellos que viven una vida de comodidad y seguridad nieguen derechos, libertad y una vida mejor a millones de personas que nunca llegarán a saber qué es una vida de comodidad y seguridad?

¿Cómo es posible que nos podamos enfrentar a nuestro propio reflejo -como individuos, comunidad, nación, Estado, unión de Estados– y no nos importen los crimenes contra la humanidad, o nuestros propios crímenes?

¿Cómo es posible que la banalidad del mal se estrelle tan pocas veces contra las rocas de la bondad, con lo habitual que resulta hoy juzgar ética y moralmente a través de la retórica digital (esto último está tan extendido que a menudo parece una doble moral)?

¿Cómo es posible que, a un lado de la luna y de modo autocomplaciente, “necesite urgentemente hacerse algo” y entonces -una y otra vez- nos quedemos en palabras y una gigante ilusión de activismo de sofá en las redes sociales?

¿Cómo es posible que que el reflejo gane casi siempre y la autoreflexión sea una excepción a la regla?

¿Cómo es posible que después de tantos años de tiranía de las viejas políticas de la corrección –como un boomerang en el paisaje–, el discurso público esté dominado por la xenofobia, el racismo y el egoísmo nacionalista?

¿Cómo es posible que el país que hace veinte años acogió 70.000 refugiados (Eslovenia) encuentre hoy problemático aceptar más de 250 refugiados que huyeron del conflicto más sangriento de nuestro tiempo?

¿Cómo es posible que el gobierno de este país, como vasallos de una falsa autoridad marcada por Bruselas-Berlín y con el apoyo general de la población, esté arrasando nuestros últimos restos de humanidad (como ocurrió en Grecia con la crisis)?

¿Cómo es posible que una mujer que ha caminado kilómetros con la esperanza de encontrar la libertad, con su hija de tres años en brazos, sea acusada de terrorista?

¿Cómo es posible?

En periodismohumano


Bostjan Videmsek nació en Eslovaquia en 1975, estudió Sociología de la Cultura y de la Filosofía, trabaja como corresponsal en Eslovenia del periódico DELO y escribe regularmente para la web revolve-magazine.com. Lleva los últimos doce años cubriendo guerras y crisis por todo el mundo.

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El 6 de agosto de 1945 la muerte cayó del cielo en Hiroshima. Ese día, Estados Unidos lanzó la primera bomba atómica utilizada con fines bélicos en la historia. Tres días más tarde, una nueva detonación nuclear arrasaría Nagasaki. Se estima que hacia finales de 1945, las bombas habían matado a 166.000 personas en Hiroshima y 80.000 en Nagasaki, totalizando unas 246.000 muertes.

En la impresionante ceremonia conmemorativa, el actual alcalde de la castigada ciudad nipona, Kazumi Matsui, pidió a los líderes mundiales que “trabajen incansablemente para lograr un mundo libre de armas nucleares”. En el mundo aún existen unas 15.000 armas nucleares, recordó también Matsui, quien instó a la comunidad internacional a erradicar para 2020 estos artefactos “inhumanos y de maldad máxima”.

Tras la tragedia de Hiroshima, y hasta el fin de la Guerra Fría, el fantasma del desastre nuclear tuvo la amenazante forma de un hipotético misil atómico precipitándose desde las alturas; pero, a partir de los accidentes nucleares de Three Miles Island en 1979, en Estados Unidos, y muy particularmente —por su dimensión y efectos— de Chernobyl en 1986, en la entonces Unión Soviética, el espectro se encarnó en la aparentemente inofensiva imagen de una central nuclear erigida en el paisaje. Eso, al menos, a ojos del movimiento ecologista y de las corrientes de opinión —sociales, políticas y científicas— afines a una posición de crítica y denuncia antinuclear.

La patética lección que supuso Chernobyl en materia de seguridad no demuestra haber rendido aún sus esperados frutos, y ello queda traducido en una polémica que no cuestiona los beneficios de la energía atómica (por otro lado, menos contaminante que la producida a partir del gas, el carbón, o el petróleo, que contribuyen al efecto invernadero) ni su elevado grado de desarrollo y eficacia, sino que se apoya, justamente, en los escasos progresos obtenidos en la implementación de nuevos sistemas de seguridad y de modelos de capacitación de mayor fiabilidad; situación, esta, perfectamente ejemplificada en el caso de los accidentes nucleares en las centrales japonesas de Tokaimura y –años más tarde– en la de Fukushima I, otro de los más graves ocurridos hasta ahora pese a la sofisticada tecnología nipona.

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Además de las tesis que relacionan la aparición de enfermedades cancerígenas y de malformaciones en recién nacidos con la vecindad de centrales nucleares, y de las inherentes preocupaciones por la seguridad, el tema de los residuos tóxicos es el auténico talón de Aquiles de esta industria energética. Con un periodo de vida que puede alcanzar las decenas de miles de años, y un alto poder radiactivo, hasta ahora no se ha concebido un sistema que ofrezca completas garantías para su aislamiento, y en el debate internacional han concurrido alternativas tan dispares como el hundimiento le los desechos en el fondo submarino, su enterramiento en los hielos antárticos o en el corazón de montañas, el lanzamiento al espacio, e, incluso, la descabellada idea de convertir la Luna en un vertedero.

Por ahora, y habida cuenta de que los proyectados cementerios nucleares sólo son válidos para residuos de baja y media intensidad, y corta vida (aunque hablamos de cientos de años), la basura más contaminante espera depositada en piscinas especiales, de las propias centrales, un destino final que pudiera venir de la ya antigua idea del enterramiento a grandes profundidades en zonas geológicamente estables.

El debate está servido y, sin duda, se agudizará. Las organizaciones y partidos políticos comprometidos con el medio ambiente de Francia, Alemania y otros países europeos, han conseguido introducir la idea del desmantelamiento progresivo pero total de la industria nuclear. Las espadas están en alto, pero de parte de un bando actúa el omnipresente poder del dinero, y la lid se anuncia dura y larga. Lo que queda claro –y esperando que lndia y Pakistán no retornen a iniciar su macabro juego de amenazas y contraamenazas— es que mientras no se desarrollen suficientemente las tecnologías relativas a las energías alternativas —hidráulicas, eólicas y solares– a un nivel tan productivo como rentable, parece utópico pensar que el hombre prescinda de la tecnología nuclear.

El cineasta estadounidense David Lynch

El cineasta estadounidense David Lynch

A mediados de octubre de 2013, David Lynch –el mítico director de cine, pero también fotógrafo, pintor, escultor, diseñador, músico y moderno gurú de la meditación trascendental– participó en el festival Trans-Rizoma de Madrid, una muestra interdisciplinar que se celebra anualmente en la capital de España, y a la que entonces pude asistir.

La visita del realizador de obras maestras como Blue Velvet, Mulholland drive o Inland Empire, tenía como finalidad divulgar las virtudes de la Meditación Trascendental, que él lleva más de 30 años practicando. Pero, ¿cómo afecta la meditación trascendental en la creación artística?, le preguntaron al maestro. “Cuanto más feliz es uno, más creativo se vuelve”, respondió un Lynch sereno y luminoso. Y fue en ese momento cuando llegó la pregunta pertinente: ¿por qué, entonces, sus películas son tan inquietantes? “Es cierto que mucha gente afirma que mis películas son muy oscuras, pero yo estoy aquí hablando de la felicidad … Yo me enamoro de las ideas que me enamoro, y estoy convencido que para mostrar el sufrimiento, no es necesario sufrir”, defendió con total convenimiento.

Alejado del cine desde la película Inland Empire, David Lynch, sin embargo, adelantó en Madrid –y recientemente lo ha confirmado a través de su cuenta en Twiter– que volverá a dirigir una nueva temporada de la afamada serie Twin Peaks. Una obra televisiva que explora, como suele hacer en la mayoría de sus films, un mundo enfermizo y subterráneo, tan angustioso como sugerente. Y es que, definitivamente, el cine creado por Lynch es un cine de sensaciones, pero poseedor al mismo tiempo de una “lógica interna” y una rigurosidad encomiable.

Especialista en recrear atmósferas inquietantes y claustrofóbicas, sus películas no dejan a nadie indiferente. Es capaz de transmitir al espectador, en un mismo instante –y casi siempre con las soberbias bandas sonoras de Angelo Badalamenti– la más amplia gama de sentimientos: desde la más refinada dulzura hasta el dolor más intenso. Y para conseguirlo, el maestro de Montana construye un universo visual y sonoro absolutamente personal, partiendo del diseño de personajes excéntricos, muchas veces deformes, que bordean lo absurdo y lo surreal.

Secuencia de

Secuencia de “Blue Velvet”

Blue Velvet, por ejemplo, es la primera película donde Lynch hace una demostración de cómo hacer extraño cualquier hecho cotidiano. Sin duda, esta fue la obra que llevó a Lynch a la fama y que llegó en un momento adecuado para él, después del desastre que supuso Dune. La película es también un claro antecedente de Twin Peaks, ya que Lynch volvería a utilizar a muchos de los actores y actrices de Terciopelo azul (Kyle MachLachlan, Laura Dern, Jack Nance) y los eternos temas: las oscuras pasiones ocultas bajo la superficie de nuestra hipócrita civilización y la violencia sexual.

De su más conocida filmografía:  Eraserhead (1976), The Elephant Man (1980), Dune (1984), Blue Velvet (1986), Twin Peaks (1989), Wild at heart (1990) –Palma de Oro en Cannes–, Twin Peaks: Fire Walks With Me (1992), Hotel Room (1993), junto con J.Signorelli, Las français vus par … (1993), un filme de episodios, dirigido también por H.Herzog, A.Vadja y L.Comencini, Lost Highway (1996), The Straight Story (1999), Mulholland Drive (2001) e Inland Empire (2006), mucho críticos cinematográficos coinciden en señalar a Dune como su peor película o, mejor dicho, como la prueba palpable de que también los genios se equivocan. Lynch intentó plasmar en la pantalla este totémico clásico de ciencia ficción de Frank Herbert, pero a pesar de su grandiosidad y de su enorme presupuesto no deja de ser una obra confusa e incoherente.

Yo, personalmente, también creo que Dune –junto a Wild At Heart— pueden ser los eslabones más débiles de la obra de David Lynch, pero películas como la impenetrable Inland Empire, Eraserhead (que tras su fracaso comercial se ha convertido con el paso de los años en una obra de culto), la hermosa y desgarradora The elephant man o The Straight Story, que no es la típica película de Lynch, pero que en mi opinión es una de sus mejores obras. Por supuesto, en el top-ten de su filmografía –o mejor dicho, ocupando los tres primeros puestos de la lista– estarían Twin Peaks: Fire walks whith me, una película que parece mejorar con el tiempo; Blue Velvet y Mulholland Drive, que originalmente fue concebida como el regreso de Lynch a la televisión, y posteriormente se convirtiría en su película más gratificante. Mulholland Drive es, para mí, su indiscutible obra maestra.

Mr. Arriflex

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Durante mi visita a Noruega –país al que viajé por primera vez el pasado verano para asistir al “Den Norske Film Festival” en la idílica ciudad de Haugesund– tuve ocasión de conocer el impresionante Frogner Park de Oslo, el mayor espacio de esculturas del mundo creadas por un mismo artista. Se trata de una colección de 212 estatuas de piedra, bronce y hierro fundido esculpidas por Gustav Vigeland, el más importante y revolucionario escultor de los países escandinavos que, según muchos críticos de arte, representan aspectos ciertamente inquietantes de las teorías evolucionistas de Darwin.

Muchas de las esculturas a tamaño natural incluyen docenas de pequeñas figuras, como el puente con 58 hombres, mujeres y niños desnudos en todas la posturas imaginables. «Sinnataggen» (Niño Enfadado) — que representa a un niño dando una patada airada al suelo y que  es la escultura más querida del parque. A veces recibe el apelativo de «La Mona Lisa de Vigeland». No muy lejos de allí está «Livshjulet» (La Rueda de la Vida), un círculo de personas entrelazadas con un diámetro de tres metros.

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La entrada al parque también resulta impresionante: la amplia puerta se compone de esbeltas figuras masculinas en diferentes fases de la vida que se agarran a las columnas de granito coronadas por lámparas de hierro forjado. La escultura más emblemática del parque, en sentido literal y figurado, es el «Monolitten» (Monolito). Se trata de una columna de 14 metros situada en el punto más elevado del parque; una reproducción gigantesca a la cual 3 picapedreros dedicaron 14 años de trabajo diario bajo la supervisión de Vigeland. Hecha a partir de un único bloque de granito macizo, parece como si las 121 figuras de la escultura treparan las unas encima de las otras para alcanzar el cielo; una metáfora del anhelo de las personas por lo divino y lo espiritual.

La mayoría de esculturas está agrupada en 5 conjuntos que recorren la avenida de 850 metros de largo. En la parte sur del parque está el estudio de Vigeland, conservado en su estado original desde el fallecimiento de este en 1943.

 


 

El escultor más famoso de Noruega

 

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Gustav Vigeland (1869-1943) nació y creció en Mandal, al sur de Noruega. De niño, sintió fascinación por las cuestiones espirituales, por dibujar y esculpir. Esta combinación marcó el resto de su vida. Sus padres le mandaron a Oslo para que aprendiera un oficio (grabado de madera) en la escuela técnica. Consiguió una beca estatal que utilizó para viajar por Europa. Pasando por Copenhague, Berlín y Florencia, consiguió llegar a París, donde trabajó en el estudio de Auguste Rodin. Ya de vuelta en Oslo, siguió trabajando para convertirse en el escultor más conocido y productivo que Noruega jamás haya tenido.

A los 19 años se puso en contacto con el escultor Bergslien que se convirtió en su maestro y medio año después presentó, por vez primera, un grupo de esculturas en la exposición de Ontono. En 1890 decide viajar por Europa visitando Copenhague, París, Berlín, Florencia y Roma, entre 1900 y 1901 viajó a Francia e Inglaterra. Se interesó por el arte egipcio, el clásico griego y por las esculturas de Miguel Ángel y de Rodin.

Vigeland se destacó enseguida como el escultor mas dotado de Noruega entre otras cosas por sus retratos y monumentos llenos de fantasía. La otra peculiaridad de la obra de Vigeland es el tema elegido para su obra: representa a hombres y mujeres que narran el ciclo completo de la vida, desde la infancia hasta la vejez y no solo eso, narra también las penas y las alegrías, el amor y la indiferencia, el entusiasmo y la resignación, el gozo y el dolor, todo reflejado en los hombres y mujeres, padres e hijos, jóvenes y viejos.

¿Qué mayor obra de arte podría desear un escultor? Durante 20 años, Gustav Vigeland trabajó en una exposición al aire libre en el patio de su casa y estudio en Frogner, un barrio de Oslo. Finalmente, se convirtió en el parque de esculturas más famoso del mundo, pero jamás pudo disfrutarlo en todo su esplendor, ya que la mayoría de las obras terminaron de trasladarse aquí en 1950, siete años después de su muerte.

Mr.  Arriflex

Algunos de los 600 niños supervivientes del campo de concentración de Auschwitz muestran los números de identificación tatuados en sus brazos.

Algunos de los 600 niños supervivientes del campo de concentración de Auschwitz muestran los números de identificación tatuados en sus brazos.

El 27 de enero de 1945, soldados del Ejército Rojo –pertenecientes al primer frente ucraniano– franquearon las puertas de Auschwitz, el mayor y más cruel campo de exterminio que haya conocido la humanidad. Unos días antes, y al constatar que no podían hacer frente al avance de los rusos, los guardias alemanes decidieron evacuar el campo en lo que se conoce como “marchas de la muerte”, dejando atrás a los prisioneros que no podían continuar con las marchas por sus problemas físicos, provocados por la situación a la que se habían visto sometidos en dichos campos.

Más de sesenta mil prisioneros fueron forzados a marchar hacia el oeste, de los que se calcula que unos quince mil murieron en el camino. En los días previos a evacuar el campo, los soldados nazis asesinaron a miles de prisioneros. Estas marchas se realizaron en todos los campos de concentración del este, y tenían como objetivo reubicar a los presos en otros campos para exterminarles allí.

Era un típico día de invierno en el sur de Polonia, la nieve lo cubría todo y aún se podía respirar el humo que salía de los crematorios, que las SS habían dinamitado para borrar las huellas del crimen. Todo lo que se encontraron los rusos fue una masa informe de almas deambulantes y esqueléticas que iban sin rumbo de un lado a otro, en espera de su inevitable final.

Aunque los atónitos soldados que habían llegado al campo todavía no lo sabían, en aquel rincón perdido y abandonado de la mano de Dios se había perpetrado el mayor asesinato en serie de la historia. Su nombre: Auschwitz-Birkenau. Su razón de ser: el exterminio total del pueblo judío. Borrarlo de la faz de la tierra; en silencio, dejando como único testigo las tupidas aguas del río Sola, adonde habían sido arrojadas, día tras día y durante años, las cenizas de los que morían de hambre, a manos de los guardias o en las cámaras de gas. Pero hemos de recordar que entre las víctimas no sólo hubo mayoritariamente judíos, sino también decenas de miles de gitanos, personas discapacitadas, comunistas y homosexuales entre otros. Se calcula que en total murieron cerca de un millón y medio de personas en Auschwitz, la mayoría de ellos ejecutados.

El balance era estremecedor. En el campo principal, el de Auschwitz, sólo quedaban unas mil personas con vida; en el de Birkenau, la factoría de la muerte, 6.000; en el tercero, el de Monowitz, dedicado al trabajo esclavo, 600, que se refugiaban como animales asustados en la fábrica de IG Farben, una de las empresas alemanas que se habían aprovechado de la abundante mano de obra que proporcionaba el Reich. Menos de 8.000 supervivientes en un lugar donde, en menos de un lustro, habían sido asesinadas a mansalva más de un millón de personas inocentes.

Aunque el de Auschwitz fue uno más de toda una constelación de campos consagrados al exterminio, es, por méritos propios, el símbolo inmortal del Holocausto, del asesinato premeditado y planificado de millones de seres humanos, condenados a muerte por el mero hecho de ser judíos, de pertenecer a otra etnia o de mantener una ideología contraria al nazi-fascismo. En su interior se dio cita toda la crueldad y la infamia que puede caber en el alma humana. Nuestra lengua carece de adjetivos para aproximarse siquiera al dolor y al sufrimiento que unos fanáticos infligieron gratuita y concienzudamente a tantos seres humanos.

Un banquillo de cómplices y mediocres


 

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Se calcula que entre 6.000 y 8.000 miembros de las SS participaron en la gestión y mantenimiento del campo de concentración de Auschwitz, pero sólo 24 acusados fueron juzgados en el primer proceso de Frankfurt. Un juicio bastante peculiar llevado a cabo entre el 20 de diciembre de 1963 y el 10 de agosto de 1965 y que tuvo una gran proyección mediática. Allí se enfrentó a la sociedad alemana con su pasado más reciente y atroz. Se miraron cara a cara perpetradores, y victimas sobrevivientes de los campos. Se escucharon por primera vez testimonios escalofriantes.

Cuando tuvo lugar este juicio, otros líderes nazi responsables de alto nivel de Auschwitz, incluyendo al comandante del campo Rudolf Höss, ya habían sido juzgados por las autoridades polacas en 1947. El propio Höss fue condenado a muerte y ejecutado en el campamento 1 de Auschwitz.

Curiosamente, y casi 70 años después, la agencia alemana que investiga los crímenes del nazismo anunció el 28 de agosto de 2013 que entregará a las autoridades policiales los documentos para que decida si se lleva a juicio a otros 40 exguardias del campo de exterminio de Auschwitz, muchos de ellos ya fallecidos, según un artículo publicado en el periódico francés ‘Le Figaro’.

El 30 de octubre de 1938, la emisora de radio estadounidense CBS transmitió un programa en directo desde el Mercury Theatre de Nueva York que fue escuchado por más de 12 millones de personas. Se trataba de la adaptación de «La guerra de los mundos», de H. G. Wells, dirigida y narrada por un joven de 23 años llamado Orson Welles, que años más tarde se convertiría en uno de los mejores directores de toda la historia del cine.

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Tan solo unos meses después de que la CBS le ofreciera llevar a cabo un programa semanal basado en la dramatización de obras literarias, Welles lograba alcanzar los 59 minutos de radio más famosos de la historia. En un contexto marcado por la Gran Depresión, Welles pensó que tal adaptación –contada en forma de noticiario de última hora– calaría en el seno de la audiencia. Y vaya si lo hizo.

“Señoras y señores, interrumpimos nuestro programa para dar lectura a un boletín informativo urgente de Intercontinental Radio News: Faltando veinte minutos para las ocho, hora central, el profesor Farrell del Observatorio de Mount Jennings, de Chicago, Illinois, nos informa que han podido ser observadas varias explosiones de gas incandescente, que se están produciendo a intervalos regulares en el planeta Marte … ”

Tras estas palabras y para darle aún mayor veracidad a la noticia, Welles retomaba la supuesta emisión de una orquesta desde el Hotel Meridian Plaza para volver a parar a medida que la ficticia invasión extraterrestre se iba desarrollando, «damas y caballeros, tengo que anunciarles una grave noticia. Por increíble que parezca, tanto las observaciones científicas como la más palpable realidad nos obligan a creer que los extraños seres que han aterrizado esta noche en una zona rural de Jersey son la vanguardia de un ejército invasor procedente del planeta Marte…»

La orquesta que supuestamente tocaba desde el Meridian Plaza continuó con su programa de baile, pero periódicamente la interrumpían para informar de la ficticia invasión marciana. En una de las intervenciones más dramáticas, uno de los actores que participaban en el programa hizo creer que transmitía en directo desde Grovers Mill, Nueva Jersey, y con voz temblorosa gritó ante los micrófonos:

“¡Señoras y señores, esto es lo más terrorífico que nunca he presenciado..! ¡Dios mío! alguien está avanzando desde el fondo de ese agujero. Alguien… o algo. Puedo ver escudriñando desde ese hoyo negro dos discos luminosos… ¿Son ojos? Puede que sean una cara. Puede que sean…”

Que comenzara a cundir el pánico entre la población fue cuestión de minutos, y el miedo se propagó con mayor intensidad según los ‘boletines’ de la radio se iban haciendo más preocupantes y los marcianos comenzaban su avance imparable y sangriento hacia Nueva York.

War-Of-The-Worlds-301244La gente comenzó a salir a la calle, presa del pánico. Miles de personas colapsaron las centralitas de la policía, y fueron centenares los que corrieron a buscar armas y esconderse en sótanos y túneles. Hubo incluso quienes acudieron a comisarías de policía con toallas húmedas en la cara para protegerse del ‘gas venenoso’ con el que atacaban los marcianos. El caos fue tal que llegó a la portada del New York Times y a otros medios estadounidenses al día siguiente. Pero ¿cómo fue posible que la gente no se diera cuenta de que se trataba de un programa de ficción?

Welles advirtió a los oyentes de que se trataba de una farsa al principio del programa, pero no volvió a hacerlo hasta 40 minutos después. Los expertos creen que gran parte de los oyentes no escuchó el comienzo de la función, puesto que la cadena de radio rival emitió en esos momentos el Show de Charlie McCarthy, el de más audiencia del país. A los diez minutos del comienzo de ese programa se hacía una pausa publicitaria, lo que miles de oyentes aprovecharon para cambiar de cadena. Fue entonces cuando se encontraron con los ‘boletines informativos’ que interrumpían la programación de la Columbia Broadcasting System. Y para cuando llegó la nueva explicación de Welles, muchos habían caído ya presas del pánico.

Después de desenmascarar el engaño, los periódicos de Nueva York describieron este programa como un episodio cruelmente engañoso y pidieron un castigo para la CBS. Sin embargo, el programa de Welles se convirtió en la más famosa transmisión de radio en la historia y aseguró la fama del posterior genio del cine. También las autoridades estadounidenses reaccionaron enfurecidas, aunque en realidad la cadena de radio que emitió el programa no había vulnerado ninguna ley. A pesar de ello, la policía hizo una visita a la emisora y se incautó de todo el material empleado en la obra. Todo, menos una copia del guión que se llevó a casa Koch, y que 50 años después adquirió Steven Spielberg para dirigir la nueva adaptación cinematográfica del clásico.

Se puede afirmar que el resultado final de este programa fue el acto más inmediato y tangible de la persuasión de masas en la historia humana. “La radio es un medio completamente nuevo de comunicación, fundamental como un medio de control social y de influencia sobre los horizontes mentales de los hombres”, aseguró el profesor Hadley Cantril en su libro La invasión de Marte: un estudio en la psicología del pánico (1940).

En este sentido, la Fundación Rockefeller financió varios trabajos de investigación sobre la guerra psicológica y la manipulación de la opinión pública durante las guerras mundiales. El último de ellos, “Psychological Warfare” Research and the Rockefeller Foundation, fue publicado el 29 de abril de 2012.

Habría, pues, implicaciones mucho más graves y más serias que la alegre despedida de Welles cuando finalizó el programa que pretendía celebrar su particular Halloween: “Soy Orson Welles, señoras y señores, liberado ya del personaje y dispuesto a asegurarles que La Guerra de los Mundos no ha tenido otra intención que la de celebrar un día de fiesta con esta versión radiada del Mercury Theatre. Sólo hemos querido cubrirnos con una sábana blanca, escondernos detrás de un árbol y aparecer de pronto para gritarles:  ¡Úuuuuh..! ¡Feliz Halloween, amigos!”

Underground_Music_by_cyndymessah

Alejandro Pichiano y Sergio Antonelli llegaron de Buenos Aires cargados de esperanza, una mochila con ropa, dos amplificadores y una guitarra eléctrica cada uno. Querían tocar en pubs, bares o al menos en “garitos”, esperar a que alguien apostara por ellos y estuviese dispuesto a contratarlos por la noche… Hoy es su primer día en el metro de Madrid y no hay “operación triunfo” que valga ni aplausos que los consuelen, sólo un guardia de seguridad que —menos mal— les dice con buenos modales que se olviden de los amplificadores.

Berardi y Antonelli formaron el grupo La Herejía hace algunos años; querían vivir de la música, pero la crisis argentina se llevó todo consigo. Es curioso, dice Pichiano, “me pone más nervioso tocar en el metro que en un escenario”. Por qué, le pregunto. Y bueno, dice, quizá porque me abochornaría mucho equivocarme aquí.

Para algunos músicos tocar en el metro es la única manera de sobrevivir en un mundo de inmigración perenne y crisis rotativas. Pero cada brete tiene su ritmo y así se puede pasar del son al tango, del flamenco al bolero y del blues a Vivaldi y sus conciertos para mandolina.

“Aquí puedes hacer un recorrido por Colombia”, dice Abel desafiante y educado cuando enumera los numerosos ritmos de su país: cumbia, joropo, bambullo, torbellino, danza, contradanza, fandango, merengue, folklore llanero. Y tienes sólo cinco segundos para que el caminante se entere. “Uno quiere hacer cultura a través de la música, del folklore y de los ritmos de Colombia y si, además, así nos ganamos la vida, pues qué mejor”, agrega Fredy, que acompaña a Abel en la guitarra con la quena y la flauta.

Tocar en el metro —me dice una amiga que no duró más de 48 horas en el intento— es “quizá la peor manera de arruinarse como músico”. “Lo que importa en el metro no es que toques bien, sino que toques fuerte; cuanto más alto lo hagas, más te escuchan”. Eso, dice, termina por perjudicar incluso al mejor del subterráneo.

Pero no necesariamente se cumple la teoría de que a más ruido más monedas. Hay una especie de justicia colectiva que premia el talento; un código en el que no hay misericordia con el que no la merece profesionalmente. A Luis Arenas no le va mal; es su ingenio y evidentemente su vocación lo que han hecho a este músico de Costa Rica sacar su día a día cantando en el metro. Y pese a que en más de una ocasión, tras escucharlo, alguien se ha acercado para contratarlo en fiestas privadas —“una vez me contrataron para una fiesta jipi en la que estuve cantando Led Zeppelin, Bob Dylan y los Beatles toda la noche”—, a el le gusta el metro. Su secreto es sencillo: “Si no tocas con alegría y no disfrutas lo que haces, la gente lo percibe; si no lo haces con gusto, te conviertes en un mendigo”. Arenas es de los pocos que han aprovechado tocar en el metro como un prolongado ensayo. “Aquí uno aprende a improvisar, a que se quite la vergüenza, a que saques la voz; aquí empecé a inventar historias para que se enrolle la gente, porque se dan cuenta de que estoy hablando de ellos”. La virtud de Arenas es justamente esa: sacar noticias de la vida cotidiana, del día a día e inventarse una historia, sea de la guerra en Palestina o de los tacones altos de una mujer con prisa que ha visto pasar. Tiene una canción peculiar, uno de sus mayores éxitos, lograda con frases en francés y portugués, cuyo significado sigue sin conocer en muchos casos.

Hay quien incluso, contradiciendo las normas de la prisa y el apuro, se ha detenido a aplaudir en medio del alboroto. “A veces la recompensa es más un guiño que una moneda”, dice Quique, un cantaor andaluz que no ve su trabajo como una carga, pese a que el clima, un calor insoportable en verano o una corriente fría en el invierno, pueden convertirlo en un desafío.

Tocar en el metro es tocar en el último escalafón de las aspiraciones musicales, en el sótano de la ambición artística; un lugar de paso y de prisa en el que la repetición es constante y el repertorio escaso; un espacio en el que el sosiego y la calma son palabras sin referente, y en el que resistir más de dos años es casi una proeza. Un chico en Avenida de América que toca el bandoneón no cambió de repertorio en dos horas de paseo por el subterráneo. Nadie lo percibe a menos que al final de la jornada se tenga que regresar por el mismo pasillo. Y sin embargo la cultura subterránea, el underground del que emergió la generación Beat o sacó a Bob Dylan del anonimato, tiene en su origen ese espíritu combativo de quienes, cargados con una guitarra, un micrófono de segunda mano y un chingo de esperanza, revitalizan el aire cansado de la banalidad más absoluta que emerge del escritorio de “audaces” comerciales como si fuera poesía: Europe is living a celebration.

Si todavía hay quien dude que en el metro puede gestarse la mejor música y el mejor el mejor arte, si no recuerda un cuarteto ucraniano de Príncipe de Vergara, dotado con un talento de orquesta nacional, le puede valer ver el glorioso documental The Underground Orchestra (1998), del holandés Heddy Honigmann, y sorprenderse de que Bajo el asfalto también hay vida, como ya nos lo enseñó Jennifer Toth en aquel libro hermoso sobre los túneles de Nueva York.

Juan Manuel Villalobos

posttrenes

Tengo por costumbre evitar la nostalgia del pasado con la típica frase “todo tiempo pasado fue mejor”. No es cierto, el tiempo pasado solamente fue distinto y el pasado y el presente tiene cosas buenas y malas como las personas. Ahora, reconocido esto, es mi derecho y opción el opinar que los Ferrocarriles de Chile de antes eran mejores, al menos existían.

Hay que ser muy imbécil para no ocurrírsele a uno que un país como Chile, largo y angosto, no debería estar comunicado de Arica a Punta Arenas por una línea de tren y por un servicio de buques de pasajeros con el mismo trayecto. En el pasado existieron y excelentes. Mi abuela iquiqueña y que se casó con mi abuelo que era de Los Ángeles en 1910, viajaba con su marido regularmente todo el año en vapores de la Pacific Steam Navegation Company o la Compañía Sudamericana de Vapores. No existía o recién estaba siendo inaugurado el ferrocarril al norte, que era un infierno, y no había buses ni aviones. Cómo no iba a ser más agradable ir de Iquique a Talcahuano en un cómodo vapor con comedores, salones, camarotes, empleados y amistades. No tuvieron hijos sino hasta años después de casados, y se casaron muy jóvenes, así es que pasaban la mitad del año en la casa de las salitreras, como llamaban a la casa de la calle Baquedano que todavía existe y el campo de Los Ángeles, que desapareció en las tormentas de la Reforma Agraria de Frei Montalva.

Volviendo al tren, la línea más cercana a mí era la de Viña del Mar a Santiago. Existían los trenes expresos de las 8.00, 12.00 y 18.00, que paraban sólo en las estaciones más importantes, los más modestos trenes ordinarios, que tenían horarios diferentes, paraban en todas las estaciones y casi doblaban el tiempo de viaje de los expresos, y el deslumbrante tren Rápido, que sólo paraba tres o cuatro veces en el trayecto y salía temprano en la mañana. Era el tren de los abogados y agentes de la Bolsa que iban a hacer sus trámites a la capital, no era un tren de familia.

El viaje en el expreso de 8.00 era un acontecimiento. Uno llegaba a la Estación de Viña tres cuartos de hora antes de la pasada del tren que venía de Valparaíso. En el edificio de la Estación había salas de espera para primera y segunda clase, además de boleterías, puestos de revistas y un buffet para los hambrientos. Se iban juntando en las salas de espera los viñamarinos, pero a medida que avanzaba el tiempo y se acercaba la hora de la pasada del expreso, iban llenando los andenes, todos mirando hacia las líneas que se perdían hacia Valparaíso para ser los primeros en ver al tren. Pero cuando se daban cuenta que faltaban 20 minutos todavía, la gente empezaba a pasearse lentamente, los matrimonios del brazo, los caballeros solos, con las manos atrás y El Mercurio debajo del brazo. Hasta que al final de los rieles, se veía el tren. Cuando esto sucedía y se veía diminuto en la lejanía el convoy, la gente lo anunciaba en voz alta como si se les hubiera comunicado especialmente por la Presidencia de los Ferrocarriles del Estado:”ahí viene”.

Esto era seguido por bajadas de barreras, campanas, luces rojas y verdes en unos gigantescos postes y la gente se encaminaba, ya sin ninguna lentitud ni parsimonia, casi corriendo por el andén hacia el sitio donde más o menos se iba a ubicar el carro que les correspondía, porque con el boleto, además se le entregaba un billete con la letra del carro que le tocaba y el Nº del asiento, además de la clase. Los de primera clase se iban hasta casi la punta del andén y los de segunda se quedaban en la mitad. No había tercera clase, sólo en los trenes Ordinarios. Y llegaba el tren, entrando lento a la estación, permitiendo a los viajeros ubicar sus sitios. Primero, la máquina eléctrica, lo que era un lujo, considerando que para el norte no había electricidad y para el sur sólo hasta San Rosendo. Esa máquina tenía nombre y se llamaba Serpiente de Oro y eran varias las que prestaban servicios, luego uno o dos carros de equipaje y el primer coche de pasajeros que era el coche Numerado, porque los que se querían asegurar un lugar y ser los primeros en llegar va Santiago, iban dos o tres días antes a comprar el pasaje. Luego venían los coches rojos de primera clase, fabricados en Alemania a fines de la década de los 20 y principios de los 30.

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Nuestro buen amigo Shoelane, ha tenido la gentilez de enviarnos esta estupenda crónica de su reciente viaje a España por si estimábamos oportuno publicarla en este blog. No sólo es un honor para nosotros el hacerlo, sino que –además– le quedamos eternamente agradecidos por su elegante detalle. Por cierto, le felicitamos por su magistral dominio de nuestra lengua.

La Alhambra de noche.

Acabo de regresar a Montreal –mi ciudad natal, donde ejerzo como profesor de Literaturas Hispánicas–después de mi vigésimo viaje a España. Pues bien, me reafirmo en lo que le respondí en cierta ocasión a un amigo neoyorquino que me preguntó por ese amado país: “Mira James, le dije, de casi todas las cosas que uno diga de España es posible afirmar lo contrario.” Hay, sin embargo, una sola cosa indiscutible: su pueblo es el más diverso e individualista de Europa. Su formalismo es un disfraz; los españoles son seres humanos hasta el límite máximo.

En realidad, no se puede hablar de una sola España, sino más bien de una amalgama de ocho a diez pueblos intensamente diferentes que viven en ocho o diez regiones (ahora conformadas por 17 Autonomías) y climas también diferentes y que hablan diversas lenguas. Hay tantas Españas como hay españoles… y éstos son 45 millones. “Cada español -escribió el ensayista Ganivet- lleva un pasaporte que reza: “Este español tiene derecho a hacer lo que le da la gana”.

En ninguna otra nación de Europa (España es el cuarto país más extenso del continente, tras Rusia, Ucrania y Francia) es tan pequeña la distinción de clases; no se hace hincapié alguno en la categoría social y, a despecho de las diferencias de riqueza, todos los españoles –su renta per cápita ronda los 32.000 dólares, siendo el octavo del mundo– inspiran sus actos en el principio general de la igualdad humana. He visto a un primer ministro abrazar a su jardinero con el tradicional abrazo masculino, ambos hombres en pie, pecho contra pecho, un brazo de cada uno apoyado en el hombro del otro. He visto a un camarero que regresaba de unas vacaciones abrazar a un cliente del mismo modo. Es una igualdad del corazón que nace de la idea fundamental sobre la cual se basan todas las relaciones entre españoles y consiste en la dignidad de ser hombre. «¡Hombre!” es la exclamación favorita del español. Hasta algunas mujeres la emplean al dirigirse unas a otras.

Los grandes temas de la vida española están representados –fundamentalmente– por tres ciudades: Madrid, Barcelona y Sevilla (aunque yo sienta debilidad por Granada). Madrid, la capital plantada en el centro de España, fue construida por mandato real en el siglo XVI. La parte más placentera, en torno a la antigua Plaza Mayor con sus soportales de arcos, pertenece a aquella época. El Madrid moderno se divide en los sectores del siglo XIX y el siglo XX. Este último es espectacular, abundante en rascacielos y lujoso. En los barrios del siglo XIX están las umbrosas avenidas, los Museos, los cafés bajo los árboles donde las gentes se sientan a conversar desde la mañana hasta la noche cuando hace calor. (El madrileño tiene fama de comentarista picante, ingenioso y aficionado a los chismes escabrosos.)

Barcelona, es un puerto industrial, una de las ciudades recias y activas, como Génova, del Mediterráneo. Los autobuses que recorren sus soberbias avenidas están llenos de anuncios. Vender, vender, vender … la pasión mediterránea por el tráfico al menudeo. La riqueza básica de Barcelona es producto de su industria y los catalanes calculan que trabajan diez veces más que el resto de los españoles. Uno siente que en el fondo de la vida barcelonesa late la cultura. Barcelona es famosa por su dinamismo, y cuenta con una vigorosa clase media.

Dice un adagio que “a quien Dios quiere bien le da casa en Sevilla”. Es una ciudad de delicias y placeres. Las casas –en sus barrios tradicionales– son blancas y están construidas alrededor de patios resguardados contra el sol, donde el agua bulle en las fuentes, las carpas doradas se crían a centenares en las cristalinas cisternas del palacio moro, las naranjas maduran en los árboles callejeros y el aire es como un bálsamo perfumado de jazmines y rosas. Los sevillanos, mayoritariamente, hablan de toros, mujeres, fiestas y diversiones. La gente siente afición por el canto y la poesía y está siempre propicia a la diversión y la risa.

El español trabaja largas horas, echa prolongadas siestas cuando aprieta el calor y se pasa de claro en claro la mitad de la noche. Se almuerza de las dos y media de la tarde en adelante; la cena nunca
toca a su fin antes de las diez de la noche, y a veces mucho más tarde. Las ciudades españolas reviven súbitamente a las ocho de la tarde; pero los jóvenes suelen salir de casa “para ir de marcha” a partir de las 11 o 12 de la noche, cosa que sorprende a todos los que llegan de fuera… incluyéndome a mí, con la diferencia de que no sólo me sorprende, sino que me encanta.

Siempre que llego a España percibo grandes cambios. Hace unos quince años que llegué por primera vez, pero nunca deja de impresionarme a la velocidad que estos cambios se producen. Se podría afirmar que el grado de libertad en cuanto a costumbres y tipo de vida supera a cualquier país de Europa, incluyendo a Holanda, Francia o Inglaterra. Además, el extranjero es acogedoramente recibido como turista en excelentes hoteles, y el turista descubre que España es uno de los países más diversos, interesantes y relativamente baratos (me refiero para el resto de europeos occidentales) que aún quedan, aunque en este viaje he notado un notable aumento en los precios, incluso comparado con los Estados Unidos o Alemania.

Pero sigue siendo –a pesar de los cambios tremendos que se han producido en los últimos años– tierra de singular honradez. Los españoles pueden dejar las cosas para mañana pero merecen la confianza absoluta. Su paciencia es su gran virtud; su dignidad y respeto propio son inolvidables.

-¿Cuánto gana usted? –le pregunté a un maduro empleado de un parking barcelonés.
-Mil trecientos euros –contestó con suave ironía. Un salario que casi no alcanza para vivir bien, pero sí para morir con dignidad.

Este artículo fue publicado previamente en nuestro blog en el mes de abril de 2008. Lo hemos rescatado de nuestro archivo con la única finalidad de felicitar a nuestro amigo Shoelane, que el pasado 27 de Julio contrajo matrimonio con una bella e inteligente andaluza de nombre Ana. La pareja ha fijado su residencia definitiva en Granada. ¡Muchas felicidades y nuestros mejores deseos para vosotros!

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Espero -con gran ilusión- recibir vuestras colaboraciones, comentarios, fotos, vivencias y correos, que puedan ayudarme a ir desarrollando este Blog. El Faro del Fin del Mundo pretende seguir una línea entretenida y diversa -aunque debo confesar mi debilidad por los temas náuticos- pero, al mismo tiempo, publicando narraciones, poemas y textos de calidad y, por qué no, también con historias divertidas. El humor, no lo olvidemos, es importante en nuestras vidas. Gracias de nuevo.

Luis Irles

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