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“Me faltan algunos recuerdos todavía.
Estoy seguro de que existen.”

Albert Camus

 

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“Xanadú”, el barco de los sueños.

Mi viejo siempre me lo decía: “Deberías de llevar un diario personal en el que escribir todas tus aventuras”. Jamás lo hice. Posiblemente porque los papeles y el dinero siempre han sido enemigos naturales míos.

Yo, junto con mis compañeros-amigos-hermanos de la época, entre los que, cómo no, se encuentra mi queridísimo Luis Irles (Lucho 4 friends), tuvimos la suerte de pertenecer a una generación que saboreó la última época romántica de la navegación. Creo que es una generación de marinos, salida de la entrañable “Escuela de Náutica” (ahora se llama algo así como “Facultad Superior de Marina Civil”, nombre rimbombante y cursi donde los haya) de Barcelona, irrepetible.

Podíamos navegar en buques como el “Benito” de casco de remaches y calderas y maquinillas a vapor que, con buena mar hacia sus 9 nudos a toda máquina y si teníamos temporalillo de proa iba hacia atrás. Esto era un problema porque no teniamos congelador, de manera que si nos retrasabamos sobre el ETA (Estimated Time of Arrival, no confundir con la banda terrorista), nos quedábamos cortos de provisiones.

El “Benito” (indicativo de llamada: E A A T) era un viejo carbonero de la “Naviera Astur-Andaluza” y el segundo -después del “Genoveva Fierro”- más antiguo de la flota mercante española. Le habían modernizado la superestructura y tenía un inmenso puente y una amplia estación de radio con material americano de la II Guerra Mundial cuyo transmisor era de onda media solamente.

Yo embarqué en él porque siempre me he sentido hechizado por las antigüedades. Recuerdo que comenté a alguien: “Seguro que el viejo va con pantuflas” y, en efecto, acerté.

Afrodisio, Don Afrodisio, el capitán, ya estaba en edad de jubilarse. Asistía al puente con pantuflas y en su guardia (no llevábamos 1er. oficial) su esposa le hacía compañía tejiendo calceta y escuchando los trinos del canario que, encerrado en su jaula, era un serviola más.

En las maniobras de atraque y desatraque la cubierta se llenaba de vapor, se retiraba el canario del puente para que no se enfermase de una corriente de aire y Don Afrodisio salía al alerón con sus sempiternas pantuflas, boina calada hasta las cejas y una bufanda a cuadros que su esposa previamente le habia suministrado. Y, ¡ay de él que no saliese vestido de esa guisa!, tendria resonando en sus oidos la voz de ella: “Afrodisio ponte la bufanda y la boina que te resfrías..!!!”

Más de una noche, estando yo en estado “traspuesto” (como decia mi abuela) en el catre, he notado las manos de Don Afrodisio y su mujer que, con mucho sigilo habian entrado en mi camarote para arroparme.

Que El Jefe tenga en la gloria a los dos. Se lo merecen por nobles y excelentes personas.

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Nuestro buen amigo Shoelane, ha tenido la gentilez de enviarnos esta estupenda crónica de su reciente viaje a España por si estimábamos oportuno publicarla en este blog. No sólo es un honor para nosotros el hacerlo, sino que –además– le quedamos eternamente agradecidos por su elegante detalle. Por cierto, le felicitamos por su magistral dominio de nuestra lengua.

La Alhambra de noche.

Acabo de regresar a Montreal –mi ciudad natal, donde ejerzo como profesor de Literaturas Hispánicas–después de mi vigésimo viaje a España. Pues bien, me reafirmo en lo que le respondí en cierta ocasión a un amigo neoyorquino que me preguntó por ese amado país: “Mira James, le dije, de casi todas las cosas que uno diga de España es posible afirmar lo contrario.” Hay, sin embargo, una sola cosa indiscutible: su pueblo es el más diverso e individualista de Europa. Su formalismo es un disfraz; los españoles son seres humanos hasta el límite máximo.

En realidad, no se puede hablar de una sola España, sino más bien de una amalgama de ocho a diez pueblos intensamente diferentes que viven en ocho o diez regiones (ahora conformadas por 17 Autonomías) y climas también diferentes y que hablan diversas lenguas. Hay tantas Españas como hay españoles… y éstos son 45 millones. “Cada español -escribió el ensayista Ganivet- lleva un pasaporte que reza: “Este español tiene derecho a hacer lo que le da la gana”.

En ninguna otra nación de Europa (España es el cuarto país más extenso del continente, tras Rusia, Ucrania y Francia) es tan pequeña la distinción de clases; no se hace hincapié alguno en la categoría social y, a despecho de las diferencias de riqueza, todos los españoles –su renta per cápita ronda los 32.000 dólares, siendo el octavo del mundo– inspiran sus actos en el principio general de la igualdad humana. He visto a un primer ministro abrazar a su jardinero con el tradicional abrazo masculino, ambos hombres en pie, pecho contra pecho, un brazo de cada uno apoyado en el hombro del otro. He visto a un camarero que regresaba de unas vacaciones abrazar a un cliente del mismo modo. Es una igualdad del corazón que nace de la idea fundamental sobre la cual se basan todas las relaciones entre españoles y consiste en la dignidad de ser hombre. «¡Hombre!” es la exclamación favorita del español. Hasta algunas mujeres la emplean al dirigirse unas a otras.

Los grandes temas de la vida española están representados –fundamentalmente– por tres ciudades: Madrid, Barcelona y Sevilla (aunque yo sienta debilidad por Granada). Madrid, la capital plantada en el centro de España, fue construida por mandato real en el siglo XVI. La parte más placentera, en torno a la antigua Plaza Mayor con sus soportales de arcos, pertenece a aquella época. El Madrid moderno se divide en los sectores del siglo XIX y el siglo XX. Este último es espectacular, abundante en rascacielos y lujoso. En los barrios del siglo XIX están las umbrosas avenidas, los Museos, los cafés bajo los árboles donde las gentes se sientan a conversar desde la mañana hasta la noche cuando hace calor. (El madrileño tiene fama de comentarista picante, ingenioso y aficionado a los chismes escabrosos.)

Barcelona, es un puerto industrial, una de las ciudades recias y activas, como Génova, del Mediterráneo. Los autobuses que recorren sus soberbias avenidas están llenos de anuncios. Vender, vender, vender … la pasión mediterránea por el tráfico al menudeo. La riqueza básica de Barcelona es producto de su industria y los catalanes calculan que trabajan diez veces más que el resto de los españoles. Uno siente que en el fondo de la vida barcelonesa late la cultura. Barcelona es famosa por su dinamismo, y cuenta con una vigorosa clase media.

Dice un adagio que “a quien Dios quiere bien le da casa en Sevilla”. Es una ciudad de delicias y placeres. Las casas –en sus barrios tradicionales– son blancas y están construidas alrededor de patios resguardados contra el sol, donde el agua bulle en las fuentes, las carpas doradas se crían a centenares en las cristalinas cisternas del palacio moro, las naranjas maduran en los árboles callejeros y el aire es como un bálsamo perfumado de jazmines y rosas. Los sevillanos, mayoritariamente, hablan de toros, mujeres, fiestas y diversiones. La gente siente afición por el canto y la poesía y está siempre propicia a la diversión y la risa.

El español trabaja largas horas, echa prolongadas siestas cuando aprieta el calor y se pasa de claro en claro la mitad de la noche. Se almuerza de las dos y media de la tarde en adelante; la cena nunca
toca a su fin antes de las diez de la noche, y a veces mucho más tarde. Las ciudades españolas reviven súbitamente a las ocho de la tarde; pero los jóvenes suelen salir de casa “para ir de marcha” a partir de las 11 o 12 de la noche, cosa que sorprende a todos los que llegan de fuera… incluyéndome a mí, con la diferencia de que no sólo me sorprende, sino que me encanta.

Siempre que llego a España percibo grandes cambios. Hace unos quince años que llegué por primera vez, pero nunca deja de impresionarme a la velocidad que estos cambios se producen. Se podría afirmar que el grado de libertad en cuanto a costumbres y tipo de vida supera a cualquier país de Europa, incluyendo a Holanda, Francia o Inglaterra. Además, el extranjero es acogedoramente recibido como turista en excelentes hoteles, y el turista descubre que España es uno de los países más diversos, interesantes y relativamente baratos (me refiero para el resto de europeos occidentales) que aún quedan, aunque en este viaje he notado un notable aumento en los precios, incluso comparado con los Estados Unidos o Alemania.

Pero sigue siendo –a pesar de los cambios tremendos que se han producido en los últimos años– tierra de singular honradez. Los españoles pueden dejar las cosas para mañana pero merecen la confianza absoluta. Su paciencia es su gran virtud; su dignidad y respeto propio son inolvidables.

-¿Cuánto gana usted? –le pregunté a un maduro empleado de un parking barcelonés.
-Mil trecientos euros –contestó con suave ironía. Un salario que casi no alcanza para vivir bien, pero sí para morir con dignidad.

Este artículo fue publicado previamente en nuestro blog en el mes de abril de 2008. Lo hemos rescatado de nuestro archivo con la única finalidad de felicitar a nuestro amigo Shoelane, que el pasado 27 de Julio contrajo matrimonio con una bella e inteligente andaluza de nombre Ana. La pareja ha fijado su residencia definitiva en Granada. ¡Muchas felicidades y nuestros mejores deseos para vosotros!

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Quedarse callados

 

Habían practicado la literatura, que es una especie como otra de la delincuencia y el espionaje y, como ellos, sirve sólo para vivir, o para soportarse un poco. De su súbitamente removida adolescencia a uno le asaltó como imperativo y de pronto un verso: «porque el hombre es un límite del fuego», dijo. Mas se quedó entonces callado. Porque si ese verso un día fue una flecha era ahora un flecha cansada. Sin fuerzas ni fe para imaginarlo capaz de clavarse en algún sitio lo dejó sobre la mesa, para que hiciera al menos compañía al tabaco, y al abandonarlo así sintió que sobre él se hacía la tarde espesa, plural y tibia, como la carne de un sueño o las sombras de un niño con el que hay que extremar los cuidados, como una ausencia que quería ser amable y silenciosamente les ofrecía —ver para creer— que hundieran sus manos en su herida. Pero no hacía falta. Del vivir ya no les quedaba ni la herida.

El trazado de los sueños

 

Adentro nacen y como señores de un corazón perdido, otra agua detrás del agua buscan y agarrados a una estrellada cintura que la historia se enterca en apresar bajo la palabra adolescencia comienzan sus disparos. Y así indagan lavabos, cuerpos, agujeros, o son gusanos ahora y quedan después prendidos de un nombre de muchacha que podría tener también otro y que simplemente tiene nombre para acompañarse con algo, o son aire, espina, un ángel que duerme sobre un niño muy tímido y también el sol convertido en rebanadas y acaso sombra luego, floja cuerda por la que un destino quiere aún (creo que se dice de este modo) abrirse caminos, tener fuego y lento, hacer en el amor chup-chup, acribillar palabras y después de haber mordido de una legión de muchachas sus olvidos se dan cuenta que todo eso no fue sino un trazado, un puzzle, un camino o incluso una broma por la que acabar teniendo sólo el calor de un precipicio en el que encontrarse al fracaso dando muy cortés las buenas noches y además justo antes de tomar forma de balcón o de raíl o de pistola, que es la última forma o pájaro que los sueños se molestan en tomar por aquí cerca.

Tiempo muerto

 

«¿Fernando, es usted Fernando Quintana?», me dijo. Di un sorbo a la cerveza y, sonriente, le señalé la silla. «Sí, soy yo», respondí. Entonces dudó al sentarse, y me temo que lo que era ya una duda cierta le pareció una cursi pedantería, o una fantochada simplemente. Durante un tiempo breve pero que parecía tejido con lento aceite nos resultó obligado miramos como intentando desentrañar quién de los dos era el más imbécil. Pero la vida exige respuestas rápidas y teníamos trabajo. Así hablamos de libros y de los demás aburridos extremos sobre los que supuse que en estos casos resultaba oportuno conversar. Que al ir a pagar la cuenta no hubiera sucedido nada fuera de lo normal y que al despedirnos yo todavía conservara una cordialidad rayana en el entusiasmo es culpa de mi madre. Haber estado bien educado, y más si uno nació en un país zafio, es algo que se paga.

Limbo

 

Hacía tanto tiempo que no teníamos otra cosa que hacer que jugar, silenciosos y ajenos, con los pequeños cristales de colores que quedaron de unos nombres sin sentido que si cada una de las estaciones de afuera de los muros fuera un verso del ave maría Dios podría haber dicho ya algunos cientos enteros. Nosotros, ya digo, barajábamos, sobre barros y muros, cristales pequeños que habían dicho amor, sábana, despedida, precipicio y anillo. Los mezclábamos con sombra y, a veces, si estábamos bien dispuestos, hacíamos ver que reían. Pero durante un larguísimo tiempo, ya que Dios aún no había venido. Por eso creo que cuando vino el ángel deshecho podríamos haberle cerrado la puerta, incluso haberle dicho que no, que no pasara. Pero también sabíamos que la noticia del ángel no tendría noticia, que es falso que haya para el hombre veredicto y que iba a resultar aun más pobre que nosotros. Que iba a disculparse y decimos que llegaba tan tarde porque tenía vergüenza de confesarnos que el destino de Dios es el más triste destino, que no tenía ni sitio, que o no lo había encontrado o no lo había. Como le vimos musgo de agua en los ojos, le invitamos a vino, le enseñamos los nombres con que jugábamos (todo lo que teníamos) y hasta tuvimos piedad nosotros. «No se preocupe, que ya lo sabíamos» obviamente fue lo que dijimos.

SANTIAGO MONTOBBIO

Santiago Montobbio nació en Barcelona en 1966. Poeta y profesor de Teoría de la Literatura y Crítica literaria, publicó por primera vez en la Revista de Occidente en mayo de 1988. Su libro “Hospital de Inocentes” (1989) mereció el reconocimiento de autores como Juan Carlos Onetti, Ernesto Sabato, Miguel Delibes, Carmen Martín Gaite o Camilo José Cela. Ha publicado también “Tierras” (1996), “El anarquista de las bengalas” (2005) y “Absurdos principios verdaderos”, recientemente editada en la colección Biblioteca Íntima. Ha sido traducido a varios idiomas.

A finales de mayo de 1944, mientras los servicios de contraespionaje nazis intentan descifrar el contenido de un importante mensaje escrito en clave, el doble espía “Garbo” despista al ejército alemán durante las horas previas al desembarco de Normandía. “Garbo” es el hombre que engaña a los alemanes en la Segunda Guerra Mundial. Les hace creer que el Día-D es tan sólo una maniobra de distracción. Les hace financiar –con cuantiosas sumas– una red de espías totalmente ficticia. Y, aun así, al final de la guerra le condecoraron con la Cruz de Hierro. Los alemanes le conocían como Arabel o Rufus. Los ingleses como Garbo. Pero en realidad se llamaba Juan Pujol García y era español. Ha sido reconocido por todos los historiadores y estudiosos del tema como uno de los mejores agentes dobles de toda la historia.

Desembarco en Omaha Beach, Normandía

Desembarco en Omaha Beach, Normandía

Juan Pujol, nacido en Barcelona el 14 de febrero de 1912, era hijo de un próspero empresario catalán. Cuando comenzó la guerra civil española, y debido a las ideas políticas que profesaba en aquella época, se escondió en casa de unos amigos, pero al cabo de dos años fue descubierto y detenido por las autoridades republicanas. Sin embargo, Pujol logró fugarse y atravesar las líneas, alistándose en el ejército de Franco.

Dos fotos de Juan Pujol, "Garbo"

Dos fotos de Juan Pujol, "Garbo"

Conforme pasan los meses, a Pujol no le gusta nada ver los flirteos de Franco con los totalitarismos del eje, llegando a la conclusión de que para que España se pueda librar de Franco y restaurar un sistema democrático al estilo anglosajón, es necesario ayudar a los aliados a ganar la guerra. Ganarse la confianza de los británicos le costó un par de años de eficiente trabajo por su cuenta. Tras los primeros rechazos, decide cambiar de táctica y se ofrece a los alemanes, que confían en él por ser un excombatiente del bando nacional. Inicialmente, su nombre en clave para los alemanes era Rufus. Para los británicos fue Bovril, pero tras comprobar éstos las grandes dotes persuasivas de sus imaginativos mensajes, lo renombraron Garbo, ya que pensaban que sus dotes interpretativas eran tan buenas o mejores que las de la actriz Greta Garbo.

En un pasaje de su apasionante libro, titulado Guerra Secreta, Francis Russel escribe: De todos los anti-nazis que prestaron servicios a los británicos en el mundo crepuscular de la defección, tal vez el más famoso fue un español tenaz, creativo y extravagante que utilizaba el nombre en clave de Garbo. Garbo era un anti-nazi ardiente que había ofrecido sus servicios como espía a los británicos en los primeros días de la guerra y había sido rechazado. Lejos de alentar voluntarios, el MI-5 y el MI-6 insistían en realizar su propia labor de reclutamiento para mantener el control sobre sus agentes. Impertérrito, Garbo cortejó a los alemanes, pero con un plan secreto anidado en su cerebro. Tan creíble resultó su presentación en la embajada alemana en Madrid, que las autoridades aceptaron patrocinarle en una misión de espionaje a Gran Bretaña, país que aseguró conocer bien pero que en realidad no conocía en absoluto. Provisto de papeles de identidad falsos, tinta invisible, dinero y direcciones de tapadera, Garbo se despidió de los alemanes en julio de 1941 y marchó a Inglaterra. Nunca llegó a la isla. En lugar de ello, se detuvo en Lisboa, donde durante los siguientes nueve meses, ayudado por una guía turística, un mapa y un viejo horario de trenes, inventó largos y convincentes informes de espionaje sobre las Islas británicas. Justificó los matasellos de Lisboa diciendo a los alemanes que contaba con los servicios de un correo, que llevaba sus informes de Inglaterra a Portugal (un piloto de líneas aéreas). Entusiasmándose con su trabajo, Garbo creó tres subagentes imaginarios que le enviaban información desde la zona occidental de Inglaterra, desde Glasgow y desde Liverpool.

Otro de los libros sobre "Garbo"

Otro de los libros sobre "Garbo"

Él y sus ayudantes inexistentes inundaron a los alemanes con informes convincentes sobre fortificaciones, concentraciones de tropas, envíos de armas por tren y movimientos de barcos británicos. Como esperaba, sus informes se aproximaban a lo que los alemanes esperaban oír, y tragaron el anzuelo por completo. En 1942, la iniciativa de un solo hombre se había acercado varias veces a los servicios secretos británicos, sólo para topar con frías negativas oficiales. Sin embargo, en febrero del mismo año Garbo jugó una carta que atrajo la atención de los británicos. Por el subagente imaginario de Garbo en Liverpool la armada alemana se enteró de que un gran convoy estaba a punto de zarpar del puerto para socorrer a la isla de Malta, un crucial puesto de avanzada británico en el Mediterráneo. Los aviones y barcos con base en Malta estaban causando estragos entre los convoyes del Eje que llevaban suministros al Afrikakorps en el desierto de África del Norte, y los alemanes estaban intentado eliminar el puesto de avanzada mediante un bloqueo aéreo y naval. Por consiguiente, era crucial que ningún convoy llegase a la isla. Incitado por el informe ficticio de Garbo, el eje realizó elaborados preparativos para interceptar el convoy imaginario en el Mediterráneo. No se sabe cómo reaccionaron los alemanes al no encontrar ningún convoy, pero sin duda las búsquedas inútiles eran lo bastante comunes para no arrojar sospechas excesivas sobre Garbo. Cuando la noticia de la jugada de Garbo llegó a Londres a través de un diplomático neutral, el MI-5 cobró simpatía por el espía independiente. “Para entonces habíamos comprendido”, escribiría más tarde Masterman, “que Garbo estaba mejor dotado para ser un valioso colaborador que un competidor inconsciente”. En abril Garbo fue introducido en Gran Bretaña –donde los alemanes creían que había estado todo el tiempo- y allí continuó su interpretación de virtuoso. “La banda de un solo hombre de Lisboa se convirtió en una orquesta”, diría mas tarde Masterman, “una orquesta que tocaba un repertorio cada vez más ambicioso.

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Para Tony & Co. 

Ahora que ya no necesito la constancia de noches difusas en el Barrio Gótico, de músicas dispersas, de viejos amigos que pasean sonámbulos sus meditaciones de siempre; justo ahora que ya no necesito esto, ir alguna que otra vez de copas y reflexionar no tienen por qué ser actividades incompatibles, ni siquiera a altas horas de la madrugada, después de no haber conseguido tocar el cielo de la noche. Lo malo es cuando te da por pensar en lo que cuesta un trago (no lo que vale, que es cosa de necio confundir valor y precio) y concluyes que resulta un verdadero despropósito que la suma nocturna de un refresco y un poco de ron, en ocasiones de dudosa procedencia y destilación, cueste lo mismo que un menú de dos platos, bebida y postre en un restaurante, por no hablar de su equivalencia en kilos de arroz o botellas de ese mismo refresco a precio de supermercado. Ese pensamiento ha perseguido a más de cuatro en sus noches de juerga (sin necesidad de acordarse del hambre que hay en el mundo), y ha sido rotundamente cruel cuando ya no quedaba en sus bolsillos ni un solo euro más para destinarlo a carísimas consumiciones. La rebeldía ante esa situación sólo puede llevar a la melancolía abstemia, al clandestino mundo de la petaca o, peor aún, a entender y justificar las razones del botellón como forma de vida, relación social y unidad de destino en lo universal, aunque no se compartan sus consecuencias sobre el paisaje urbano ni el carácter compulsivo que muchas veces aqueja a quienes lo practican en las más concurridas plazas públicas.

Escandalizarse por el precio de un gin-tonic en los locales de moda es una costumbre que data incluso de antes del famoso mayo del 68. El camino está lleno de vestiduras rasgadas y rostros estupefactos de quienes, por generosidad u osadía, cuando no para impresionar, se han aventurado a pagar una ronda completa sin reparar en el número de beneficiarios. Demasiada pasta para tan poco líquido, habrá pensado quien no acierte a entender las profundas y últimas razones que otorgan todo su valor añadido a esa mezcla casi nunca sabia y casi siempre chapucera de refresco, bebida alcohólica, hielo y limón, en un local de luz tenue y música de fondo. La categoría del establecimiento no suele ser causa mayor. Tampoco es normal que el incremento de precios al consumo se decrete directamente proporcional al contoneo rumboso, al escote inmenso o a los ardientes y rojo sangrantes labios de esa camarera tan arrebatadoramente hermosa. Suele ser vacilona pero no siempre maleducada, y en cualquier caso no justifica que el coste del producto en origen se multiplique casi por diez al pasar por sus manos… Para mí que estás pagando el clima favorable para la sociabilidad y el encuentro, aunque muchas veces dé la impresión, como en la película, de que nadie conoce a nadie.

Bohemian Ink

El Gourmand del Faro recomienda, para aquellos que viven en la Ciutat Condal o piensan visitarla próximamente, un nuevo y magnífico local culinario —El Raconet de la Petita Cuina de la Meva Casa (Carrer de les Olives, s/n)–, donde podrán degustar la auténtica cocina vasco-catalana, además de un amplio surtido de tapas y vinos jumillanos acompañados de un buen pan a la brasa.

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Tomen nota, por ejemplo, del menú que tienen preparado para hoy en su reducido pero acogedor salón-comedor atendido por ocho amables y serviciales camareros:

Ensalada de habas Goroketes, merluza koskera, almejas a la marinera, pimientos rellenos, pisto a la bilbaína, bacalao al pil-pil (especialidad de la casa), gran variedad de arroces –no menos de 25–, sepionet revuelto con albóndigas en salsa verde, asado de lechazo, nugat de rapé, caldereta de langosta y huevos fritos con patatas. Típica repostería de pueblo: Pá amb tomaca, flan de Flandes, arroz con leche de camella, sopa de cebolla y natillas con champiñones cubiertas con trufas al chocolat.

Y todo por 12,50 euros, IVA incluído.

Bon apetit!

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BIENVENIDOS AL FARO…

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Espero -con gran ilusión- recibir vuestras colaboraciones, comentarios, fotos, vivencias y correos, que puedan ayudarme a ir desarrollando este Blog. El Faro del Fin del Mundo pretende seguir una línea entretenida y diversa -aunque debo confesar mi debilidad por los temas náuticos- pero, al mismo tiempo, publicando narraciones, poemas y textos de calidad y, por qué no, también con historias divertidas. El humor, no lo olvidemos, es importante en nuestras vidas. Gracias de nuevo.

Luis Irles

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Nuestro entrañable amigo Tony T., miembro del grupo Café & Blogs, nos ha sorprendido muy gratamente al crear EL FARO MAGAZINE, una bitácora en la que ha comenzado a publicar una selección de artículos aparecidos en este Faro desde su inicio. Desde aquí le damos las gracias por el hermoso detalle que ha tenido con nosotros.

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Tiachea, desde su Bitácora de Melusina nos ha honrado con este hermoso premio. Le agradecemos muy sinceramente su hermoso gesto. Así mismo, mil gracias a mi colega y amigo Jon Kepa, que ha tenido la gentileza de volver a compartirlo con nosotros.

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